El
deseo, lo es de carecer lo que se tiene y de dar lo
que
no se tiene: cuestión de suplemento,
no de complemento.
(Lacan,
citado por Roland Barthes)
Confesión
de parte: escribir del deseo es una sobreescritura.
Escribir acerca de la poesía de César
Moro y su relación con el deseo, es todo un
riesgo. Su escritura comienza en una falta, el lugar
donde se inicia toda escritura
(1).
El
intento de hacer crítica de la poesía
de César Moro me produce la sensación
de estar recorriendo un campo minado. Conociendo su
peculiar opinión respecto al academicismo,
al que veía como poco menos que una actividad
conservadora, se hace necesario afinar el oído
y la vista para sortear lugares comunes e intentar
decir algo sobre el deseo y su poesía. Pero,
¿acaso hay algo más común en
lo humano que el deseo?
La
crítica más reciente ha saltado la valla
del biografismo, seducción tan poderosa en
el caso de la escandalosa vida de Moro, presentando
interesantes enfoques. Se destaca su relación
con el grupo surrealista de André Breton y
la manera en que se distanció de éste
para elaborar una poética más personal.
También se han realizado aproximaciones a las
reelaboraciones de los mitos prehispánicos
y de la modernidad que manifiesta la escritura moreana
(2).
Recordando
el doble código en que Moro escribió
su obra poética (español y francés),
propongo mostrar los caminos que sigue el deseo a
lo largo de su escritura. Cada fase reúne características
propias, relacionadas con el aspecto de la deshumanización
propuesta por los poetas fundadores de la modernidad:
Baudelaire y Rimbaud
(3).
Esta
propuesta de despersonalización, de alejamiento
de los sentimientos, se presentará en Moro
de manera distorsionada, ya sea que hablemos de su
poesía en español o de la que escribió
en francés. El deseo traza en la escritura
de Moro un movimiento que va desde la exacerbación
de lo pasional hacia la estabilidad de los significantes.
Los
poemas que constituyen La Tortuga ecuestre,
así como las Cartas a Antonio, datan
de la misma época: los años 1938 y 1939.
Todos estos textos fueron escritos en español,
llevándolo a la manifestación de esa
pasional experiencia que fuera su breve relación
amorosa con el mexicano Antonio. Independientemente
de este indicador biográfico, los mismos textos
están signados por una falta, de la cual se
constituyen en caja de resonancia a través
del empleo de diversas metáforas y figuras
de repetición que conjuran el grito deseante.
El
yo poético de la escritura moreana asume una
posición enunciativa de exiliado frente a la
tradición epistemológica occidental,
a la concepción y conservación clásica
del conocimiento y las formas que adquiere el amor
en nuestra cultura. Los típicos discursos amorosos
no son suficientes para decir lo singular de sus sentimientos,
lo particular de su deseo. Se hace necesario entonces
quebrar todo lo establecido para lograr una nueva
manera de conocer y elaborar un cuerpo propio de conocimiento.¿Cuáles
son los caminos que transita su escritura en esta
búsqueda?
El
inicio de este recorrido nos enfrenta directamente
con el descubrimiento de la riqueza metafórica
de su poesía. Hablar de la metáfora
nos lleva a una lectura que deviene en la búsqueda
de equivalencias, a lo largo de las repeticiones obsesivas
y el intento de una paráfrasis que nos devele
sus misterios. La metáfora, esta célula
bella (4),
será la piedra de toque para comprender las
formas en que el deseo es expresado.
Caben
entonces dos preguntas: ¿qué tipo de
metáforas utiliza César Moro? y ¿cuáles
son los ejes de la metaforización en cuanto
su escritura es la manifestación de su deseo?
A la primera pregunta ya ha dado respuesta Yolanda
Westphalen señalando que "la metáfora
sinestésica se presenta en la obra de Moro
como un procedimiento constitutivo esencial de su
poética, propuesta para un método de
conocimiento alternativo" (5).
A diferencia
de los trabajos críticos anteriores que remarcaban
exclusivamente la importancia de la mirada, la poesía
moreana pondría en juego toda la red de los
sentidos, en una estrecha relación con el mundo
natural:
El
olor fino solitario de tus axilas
Un hacinamiento de coronas de paja y heno fresco cortado
. con dedos y asfódelos
y piel fresca y galopes lejanos
. como perlas
Tu olor de cabellera bajo el agua azul con peces negros
y
. estrellas de mar y
estrellas de cielo bajo la nieve incalculable
.
de tu mirada
Tu mirada de holoturia de ballena de pedernal de lluvia
. de diarios de suicidas
húmedos los ojos de tu mirada
. de pie de madrépora
(6)
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(1)
Roland Barthes: "Saber que no se escribe para
el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no
me harán jamás amar por quien amo, saber
que la escritura no compensa nada, no sublima nada,
que es precisamente ahí donde no estás:
tal es el comienzo de la escritura." En: Fragmentos
de un discurso amoroso. Siglo XXI Editores, México,
1999, p.122.
(2)
Sobre estos temas, véase principalmente los
trabajos de: Yolanda Westphalen: César Moro:
la poética del ritual y la escritura mítica
de la modernidad. Fondo Editorial Universidad
Nacional mayor de San Marcos, Lima, 2001; Martha Canfield:
"Los mitos de la modernidad en La Tortuga
ecuestre" y Camilo Fernández: "La
poesía de César Moro y el pensamiento
mítico. Una aproximación", ambos
en Fuegos de Arena, Revista de Literatura,
Nºs. 2/3, Lima, septiembre de 2003. pp. 51-64
y 65-73, respectivamente.
(3)
Cf. Hugo Friedrich: La estructura de la
lírica moderna. Seix Barral, Barcelona,
1974.
(4) Cf. José Ortega
y Gasset: La deshumanización del arte y
otros ensayos de estética. Alianza, Madrid,
1987.
(5)
Yolanda Westphalen, Op. Cit., p.55.
(6)
Todos los poemas de Moro se citarán según
la edición de Ricardo Silva Santisteban, Prestigio
del amor, Pontificia Universidad Católica
del Perú, Lima, 2002. El fragmento citado corresponde
al poema "El olor y la mirada", en La
Tortuga ecuestre, p.70.
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