Fotografía: André Breton

La crítica más reciente ha saltado la valla del biografismo, seducción tan poderosa en el caso de la escandalosa vida de Moro, presentando interesantes enfoques. Se destaca su relación con el grupo surrealista de André Breton y la manera en que se distanció de éste para elaborar una poética más personal

 

 

 

 

Octavio Paz en La llama doble ha señalado la estrecha vinculación que existe entre el erotismo y el lenguaje poético, al punto de afirmar que el primero sería una "poética corporal" y la segunda una "erótica verbal". El erotismo deviene en metáfora de la sexualidad y la "poesía erotiza al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo de operación, es ya erotismo" (10). Si consideramos lo erótico como un tipo de relación, una categoría de la percepción, una manera de estructurar lo real y consecuentemente de comportarse en relación a él y que según esto el universo sólo es accesible gracias a la mediación de los cuerpos presentes, entonces el erotismo planteado por Moro es realmente problemático pues el juego que se produce entre el eje presencia/ausencia es realmente desestabilizador. Un erotismo en ausencia evoca una situación fantasmática.

Para mejor mojar las plumas de las aves
Cae esta lluvia desde muy alto
Y me encierra dentro de ti a mí solo
Dentro y lejos de ti
Como un camino que se pierde en otro continente (11)

La naturaleza, que como ya hemos visto, prefigura el cuerpo del amado, se aleja del poeta y lo aísla. Está dentro y a la vez lejos. Lleva dentro de sí al otro pero al mismo tiempo se consume por la distancia. Esta aparente contradicción podría resolverse si escapamos de la racionalidad y nos adentramos en los laberintos del deseo y consideramos que el mundo es conocido e interpretado a través del cuerpo.

La participación y asimilación de los principios surrealistas establece una huella imborrable en la escritura de Moro. La contraposición frente al logocentrismo occidental y su cerrada racionalidad, explica la centralización erótica de textos como La tortuga ecuestre o las Cartas a Antonio. El rechazo de Moro hacia esta racionalidad no es una negación de la posibilidad del conocimiento. La construcción de metáforas de gran carga sensorial y su relación con los cuatro elementos naturales (especialmente el agua y el fuego), revela un universo pasional que aspira a lograr la unidad de un mundo que se presenta fragmentado.

En las Cartas a Antonio el sujeto enunciador se configura como el que espera, signo de su fatalidad (12). Toda carta espera su respuesta, pero la correspondencia (¿cabe aplicarle este nombre?) de Moro hacia Antonio participa del goce, pues pareciera no esperarla, deteniéndose en la escritura en sí misma.(13). A partir de la tercera carta, fechada el 28 de febrero de 1939 a la medianoche, se define más claramente la manera en que el poeta define su relación deseante, en el nivel del Imaginario: "Estoy libre de deseo. Vivo al interior de él y siendo él ya no sufro de él. Ya no es múltiple en los fines, si polifacético en el deseo. Ya no vivo sino en el deseo. Desearte es ver todos los árboles y el cielo, el agua y el aire en ti. Mi vida se ha hecho simple, clara, ardiente, limpia". (14)

Esta inclusión del yo en el orden del deseo, intenta amortiguar el dolor de la pérdida. Pero hemos visto ya que la presencia del amado era de índole devastadora, de tal manera, su ausencia instaura una marca lacerante, pues en El fuego y la poesía nos habla de la naturaleza de su amor y de sus efectos:

Amo la rabia de perderte
Tu ausencia en el caballo de los días
Tu sombra y la idea de tu sombra
Que se recorta sobre un campo de agua
Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo
Que me deshace y te recrea
El tiempo que amanece dejándome más solo (15)

Otras imágenes como la hecatombe o la puñalada señalarán el profundo dolor que marca el alejamiento del ser amado, tiñendo sus versos de una honda, pero apasionada melancolía. La poesía de Moro se configura como un canto elegíaco, nombrando el sufrimiento, escribiendo el duelo para lograr conjurarlo, haciendo de la noche el espacio central, es también aquel en que se restituye el recuerdo de la felicidad perdida. Tal hecatombe pasional emparenta a Moro con uno de los más elevados poetas místicos españoles: San Juan de la Cruz. Cito unos versos de "Llama de amor viva" para ilustrar este punto:

¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!

¡Oh cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.

La naturaleza destructiva de la pasión amorosa en Moro está estrechamente ligada con la palabra, con el uso de la lengua materna. El exilio al que lo somete el amado llevará a Moro al autoexilio de su patria lingüística, en un peregrinaje al territorio del francés, que le sirviera, como señala Martha Canfield como una "lengua de salvación". (16)

En buena parte de su obra escrita en francés, Moro todavía acusará los estragos de su pasión amorosa por Antonio. Veamos estos versos de Lettre d'amour:

Je n'oublierai pas
Mais qui parle d'oubli
dans la prison où ton absence me laisse
dans la solitude où ce poème m'abandonne
dans l'exil où chaque heure me trouve
(17)

El olvido aún es imposible, la falta continúa manteniendo al hablante poético en una posición de exilio, de destierro. La figura del abandono se cierne como una prisión. El poema es signo del abandono.

En los poemas escritos a partir de Pierre des Soleils, Moro centraliza su apuesta por la poesía. Lanza un grito de "Todo por la belleza" y todo surge desde la página abierta, donde la escritura (lo escrito) siempre es el nombre del amado. Los elementos naturales que antes sirvieron como elemento de metaforización, ya no serán los elementos dinámicos y vitalizantes, sino que la piedra irá tomando el lugar central. Surgirá además una variación, donde aquel cuerpo ausente que antes se mostraba como objeto de deseo, irá cediendo su lugar a la propia escritura:

Ne pas être l'abandon
Ni l'attente métaphysique l'hiver colosal de la pensée
Ne pas être celui qui devient

Être la pierre l'aveuglement la surdité
Le froid du lieu désaffecté
Portes ouvertes à la nuit
(18)

La noche, que en los poemas en español había sido considerada como privilegiado espacio del encuentro amoroso, toma ahora un nuevo rostro. El cuerpo amado queda de lado, el nuevo refugio enunciado será la poesía. El deseo adquiere así una connotación exiliante, dejando al poeta a la merced del vacío o de la nada:

La vie quel festin
- Les fleurs la nuit-
Auquel nous participons si peu
Le blanc se meurt
Le noirparfume et tout brûle
Néant dans le néant (19)

Como habíamos señalado líneas arriba, el fulgor pasional es seguido en los últimos poemas por una estabilidad que podría equipararse a una especie de nirvana poético. El deseo se retira, de manera que la nada asalta su escritura. Los últimos poemas tienen un aire más reflexivo, meditación sobre la vida. La metáfora sensorial va cediendo el paso a un tono que por veces parece sentencioso. Parece que el francés llevara a Moro a seguir el camino de despersonalización proclamado por la poesía moderna, apareciendo de una manera más evidente la voz de una conciencia lúcida. Esta conciencia lúcida propone no sólo una estética, sino también una ética, una manera de reaccionar frente al alboroto del mundo y al reconocimiento del caos como elemento primordial del universo.

Hemos visto que a través de la mediación del cuerpo lo erótico se manifiesta; manifestación de deseo que tiende a la totalidad, a la unión con el universo envolvente. En los versos moreanos, abundan las referencias a la segunda persona, señales de la presencia del cuerpo en la escritura donde el propio sujeto poético se refleja y constituye el interior del microcosmos erotizado. Es sobre todo en los poemas de mayor tono melancólico y en las reflexiones sobre la poesía y la belleza que el yo lírico se manifiesta como un ser deseante esparciéndose en las cosas y en el mundo. Es justamente en la metaforización del cuerpo del otro donde se encuentran los elementos claves del universo poético del autor: los elementos primordiales y las referencias a lo animal, construyendo un rico bestiario particular. El deseo es desplazado por momentos por el goce.

Para no ceder al estancamiento del goce, Moro elige el francés como nueva lengua de escritura. El distanciamiento se realiza a través de una nueva búsqueda en la única patria que consideró realmente suya: la patria de la belleza y la poesía.

© Claudia Salazar Jimenez*, 2003 descargar pdf

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(10) Octavio Paz. La llama doble. Amor y erotismo. Seix Barral, Barcelona, 1993.

(11) "El mundo ilustrado", en La Tortuga ecuestre, p.74.

(12) Roland Barthes: "La identidad fatal del enamorado no es más que ésta: yo soy el que espera", op.cit., p.126.

(13) En este punto, destaco unas ideas de Rocio Silva Santisteban, a partir de la teoría de género. Considerando que históricamente el discurso de la ausencia es pronunciado por la mujer, Moro estaría asumiendo una posición femenina tanto en las Cartas como en La Tortuga ecuestre. (Propuesta presentada el 19 de Agosto de 2003 en la Alianza Francesa de Lima).

(14) Carta III, p.435.

(15) "El fuego y la poesía", en La tortuga ecuestre, p.89.

(16) "El español [...] abría en él una profunda llaga y lo dejaba ante un abismo en el que temía precipitar; el riesgo de perderse allí era, como se deduce de sus mismos poemas, lacerante y permanente". Martha Canfield, op. cit., p. 64.

(17) Ya nunca olvidaré
Pero quién habla de olvido
en la prisión en que tu ausencia me deja
en la soledad en que este poema me abandona
en el destierro en que me encuentra cada hora.

Lettre d'amour, op.cit.,p.166

(18) No ser el abandono
Ni la espera metafísica el invierno colosal del pensamiento
No ser aquel que cambia
Ser la piedra la ceguera la sordera
El frío lugar desamparado
Puertas abiertas a la noche.

Pierre des Soleils, op.cit., p.190.

(19) La vida qué festín
-Las flores de la noche-
Donde participamos tan poco
Lo blanco se muere
Lo negro se perfuma y todo arde Nada en la nada.

Derniers Poèmes, op.cit., p.258.

 

(*) Claudia Salazar Jimenez (Lima, 1976)

Es Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus intereses académicos son: la literatura iberoamericana del siglo XX en lengua española y portuguesa, la teoría literaria y la literatura comparada. Ha participado en diversos eventos académicos. Actualmente desarrolla su tesis de Licenciatura sobre el poeta portugués Eugenio de Andrade y el peruano César Moro. Tiene a su cargo la Dirección Editorial de la revista literaria Fuegos de Arena.

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