Octavio
Paz en La llama doble ha señalado la
estrecha vinculación que existe entre el erotismo
y el lenguaje poético, al punto de afirmar
que el primero sería una "poética
corporal" y la segunda una "erótica
verbal". El erotismo deviene en metáfora
de la sexualidad y la "poesía erotiza
al lenguaje y al mundo porque ella misma, en su modo
de operación, es ya erotismo" (10).
Si consideramos lo erótico como un tipo de
relación, una categoría de la percepción,
una manera de estructurar lo real y consecuentemente
de comportarse en relación a él y que
según esto el universo sólo es accesible
gracias a la mediación de los cuerpos presentes,
entonces el erotismo planteado por Moro es realmente
problemático pues el juego que se produce entre
el eje presencia/ausencia es realmente desestabilizador.
Un erotismo en ausencia evoca una situación
fantasmática.
Para
mejor mojar las plumas de las aves
Cae esta lluvia desde muy alto
Y me encierra dentro de ti a mí solo
Dentro y lejos de ti
Como un camino que se pierde en otro continente
(11)
La
naturaleza, que como ya hemos visto, prefigura el
cuerpo del amado, se aleja del poeta y lo aísla.
Está dentro y a la vez lejos. Lleva dentro
de sí al otro pero al mismo tiempo se consume
por la distancia. Esta aparente contradicción
podría resolverse si escapamos de la racionalidad
y nos adentramos en los laberintos del deseo y consideramos
que el mundo es conocido e interpretado a través
del cuerpo.
La
participación y asimilación de los principios
surrealistas establece una huella imborrable en la
escritura de Moro. La contraposición frente
al logocentrismo occidental y su cerrada racionalidad,
explica la centralización erótica de
textos como La tortuga ecuestre o las Cartas
a Antonio. El rechazo de Moro hacia esta racionalidad
no es una negación de la posibilidad del conocimiento.
La construcción de metáforas de gran
carga sensorial y su relación con los cuatro
elementos naturales (especialmente el agua y el fuego),
revela un universo pasional que aspira a lograr la
unidad de un mundo que se presenta fragmentado.
En
las Cartas a Antonio el sujeto enunciador se
configura como el que espera, signo de su fatalidad
(12).
Toda carta espera su respuesta, pero la correspondencia
(¿cabe aplicarle este nombre?) de Moro hacia
Antonio participa del goce, pues pareciera no esperarla,
deteniéndose en la escritura en sí misma.(13).
A partir de la tercera carta, fechada el 28 de febrero
de 1939 a la medianoche, se define más claramente
la manera en que el poeta define su relación
deseante, en el nivel del Imaginario: "Estoy
libre de deseo. Vivo al interior de él y siendo
él ya no sufro de él. Ya no es múltiple
en los fines, si polifacético en el deseo.
Ya no vivo sino en el deseo. Desearte es ver todos
los árboles y el cielo, el agua y el aire en
ti. Mi vida se ha hecho simple, clara, ardiente, limpia".
(14)
Esta
inclusión del yo en el orden del deseo, intenta
amortiguar el dolor de la pérdida. Pero hemos
visto ya que la presencia del amado era de índole
devastadora, de tal manera, su ausencia instaura una
marca lacerante, pues en El fuego y la poesía
nos habla de la naturaleza de su amor y de sus efectos:
Amo
la rabia de perderte
Tu ausencia en el caballo de los días
Tu sombra y la idea de tu sombra
Que se recorta sobre un campo de agua
Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo
Que me deshace y te recrea
El tiempo que amanece dejándome más
solo (15)
Otras
imágenes como la hecatombe o la puñalada
señalarán el profundo dolor que marca
el alejamiento del ser amado, tiñendo sus versos
de una honda, pero apasionada melancolía. La
poesía de Moro se configura como un canto elegíaco,
nombrando el sufrimiento, escribiendo el duelo para
lograr conjurarlo, haciendo de la noche el espacio
central, es también aquel en que se restituye
el recuerdo de la felicidad perdida. Tal hecatombe
pasional emparenta a Moro con uno de los más
elevados poetas místicos españoles:
San Juan de la Cruz. Cito unos versos de "Llama
de amor viva" para ilustrar este punto:
¡Oh
llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
¡Oh
cauterio suave!
¡Oh regalada llaga!
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
que a vida eterna sabe
y toda deuda paga!
Matando, muerte en vida has trocado.
La
naturaleza destructiva de la pasión amorosa
en Moro está estrechamente ligada con la palabra,
con el uso de la lengua materna. El exilio al que
lo somete el amado llevará a Moro al autoexilio
de su patria lingüística, en un peregrinaje
al territorio del francés, que le sirviera,
como señala Martha Canfield como una "lengua
de salvación".
(16)
En buena parte de su obra escrita en francés,
Moro todavía acusará los estragos de
su pasión amorosa por Antonio. Veamos estos
versos de Lettre d'amour:
Je
n'oublierai pas
Mais qui parle d'oubli
dans la prison où ton absence me laisse
dans la solitude où ce poème m'abandonne
dans l'exil où chaque heure me trouve
(17)
El olvido aún es imposible, la falta continúa
manteniendo al hablante poético en una posición
de exilio, de destierro. La figura del abandono se
cierne como una prisión. El poema es signo
del abandono.
En
los poemas escritos a partir de Pierre des Soleils,
Moro centraliza su apuesta por la poesía. Lanza
un grito de "Todo por la belleza" y todo
surge desde la página abierta, donde la escritura
(lo escrito) siempre es el nombre del amado. Los elementos
naturales que antes sirvieron como elemento de metaforización,
ya no serán los elementos dinámicos
y vitalizantes, sino que la piedra irá tomando
el lugar central. Surgirá además una
variación, donde aquel cuerpo ausente que antes
se mostraba como objeto de deseo, irá cediendo
su lugar a la propia escritura:
Ne
pas être l'abandon
Ni l'attente métaphysique l'hiver colosal de
la pensée
Ne pas être celui qui devient
Être
la pierre l'aveuglement la surdité
Le froid du lieu désaffecté
Portes ouvertes à la nuit (18)
La
noche, que en los poemas en español había
sido considerada como privilegiado espacio del encuentro
amoroso, toma ahora un nuevo rostro. El cuerpo amado
queda de lado, el nuevo refugio enunciado será
la poesía. El deseo adquiere así una
connotación exiliante, dejando al poeta a la
merced del vacío o de la nada:
La
vie quel festin
- Les fleurs la nuit-
Auquel nous participons si peu
Le blanc se meurt
Le noirparfume et tout brûle
Néant dans le néant (19)
Como
habíamos señalado líneas arriba,
el fulgor pasional es seguido en los últimos
poemas por una estabilidad que podría equipararse
a una especie de nirvana poético. El deseo
se retira, de manera que la nada asalta su escritura.
Los últimos poemas tienen un aire más
reflexivo, meditación sobre la vida. La metáfora
sensorial va cediendo el paso a un tono que por veces
parece sentencioso. Parece que el francés llevara
a Moro a seguir el camino de despersonalización
proclamado por la poesía moderna, apareciendo
de una manera más evidente la voz de una conciencia
lúcida. Esta conciencia lúcida propone
no sólo una estética, sino también
una ética, una manera de reaccionar frente
al alboroto del mundo y al reconocimiento del caos
como elemento primordial del universo.
Hemos
visto que a través de la mediación del
cuerpo lo erótico se manifiesta; manifestación
de deseo que tiende a la totalidad, a la unión
con el universo envolvente. En los versos moreanos,
abundan las referencias a la segunda persona, señales
de la presencia del cuerpo en la escritura donde el
propio sujeto poético se refleja y constituye
el interior del microcosmos erotizado. Es sobre todo
en los poemas de mayor tono melancólico y en
las reflexiones sobre la poesía y la belleza
que el yo lírico se manifiesta como un ser
deseante esparciéndose en las cosas y en el
mundo. Es justamente en la metaforización del
cuerpo del otro donde se encuentran los elementos
claves del universo poético del autor: los
elementos primordiales y las referencias a lo animal,
construyendo un rico bestiario particular. El deseo
es desplazado por momentos por el goce.
Para
no ceder al estancamiento del goce, Moro elige el
francés como nueva lengua de escritura. El
distanciamiento se realiza a través de una
nueva búsqueda en la única patria que
consideró realmente suya: la patria de la belleza
y la poesía.
©
Claudia Salazar Jimenez*, 2003 
______________
(10)
Octavio Paz. La llama doble. Amor y erotismo. Seix
Barral, Barcelona, 1993.
(11)
"El
mundo ilustrado", en La Tortuga ecuestre,
p.74.
(12)
Roland Barthes: "La identidad fatal del enamorado
no es más que ésta: yo soy el que espera",
op.cit., p.126.
(13)
En
este punto, destaco unas ideas de Rocio Silva Santisteban,
a partir de la teoría de género. Considerando
que históricamente el discurso de la ausencia
es pronunciado por la mujer, Moro estaría asumiendo
una posición femenina tanto en las Cartas
como en La Tortuga ecuestre. (Propuesta presentada
el 19 de Agosto de 2003 en la Alianza Francesa de
Lima).
(14)
Carta III, p.435.
(15)
"El fuego y la poesía", en La tortuga
ecuestre, p.89.
(16)
"El español [...] abría en él
una profunda llaga y lo dejaba ante un abismo en el
que temía precipitar; el riesgo de perderse
allí era, como se deduce de sus mismos poemas,
lacerante y permanente". Martha Canfield, op.
cit., p. 64.
(17)
Ya
nunca olvidaré
Pero quién habla de olvido
en la prisión en que tu ausencia me deja
en la soledad en que este poema me abandona
en el destierro en que me encuentra cada hora.
Lettre
d'amour, op.cit.,p.166
(18)
No
ser el abandono
Ni la espera metafísica el invierno colosal
del pensamiento
No ser aquel que cambia
Ser la piedra la ceguera la sordera
El frío lugar desamparado
Puertas abiertas a la noche.
Pierre
des Soleils, op.cit., p.190.
(19)
La vida qué festín
-Las flores de la noche-
Donde participamos tan poco
Lo blanco se muere
Lo negro se perfuma y todo arde Nada en la nada.
Derniers
Poèmes, op.cit., p.258.
|