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2.3. El plano del discurso
2.3.1. El español: identidad “imaginada” de lo inca
El empleo del quechua en los sujetos involucrados en la ficción tiene como función insertar la raíz cultural andina a partir del idioma, a pesar de que ello no está a la par del relato como corpus articulador del discurso, pues el quechua empleado por Tord tiende a ser artificioso y poco eficaz, donde algunas voces dependen exclusivamente de las crónicas de autores peninsulares (Araníbar 1999: 225), propios del dogma católico con el que se pretendía evangelizar a los indígenas. Si bien las oraciones recogidas por Santa Cruz Pachacuti tienen como eje religioso a Wiracocha en tanto ordenador del mundo andino, en Sol de los soles no puede hablarse de oraciones cristianas propiamente dichas, sino, antes bien, de una sacralización de la lengua para legitimar a la nación inca, donde “ciertas oraciones religiosas, que por haber sido trascritas en quechua suelen pasar por andinas y que un reexamen quizá revelen mejor su genuino componente hispánico” (1999: 226).
En definitiva, la construcción “imaginada” que el autor quiere otorgarle a la novela depende del idioma, por cuanto recrea a una civilización que necesita de la palabra hablada y escrita para subsistir. Por esa razón, los incas no se expresan en quechua sino en español, habida cuenta que su presencia dentro del imaginario colectivo nacional refuerza la identidad criolla antes que a las minoritarias comunidades indígenas desperdigadas en los Andes (3). La conciencia nacional en el Perú, desde el surgimiento de la República, tuvo como predominio y símbolo articulador a “la nacionalidad peruana, totalmente excluyente de la población indígena, a la cual teme y desprecia por igual” (Urrutia 2001: 360).
El español es la lengua que unifica a los personajes de la ficción; no los excluye, ya que españoles e incas están vinculados a partir de su condición de elite, conquistadora los primeros y nativos hegemónicos los segundos. La difusión de vocabularios en las lenguas vernáculas americanas no tuvo un fin nacionalista; contrariamente, su publicación circuló exclusivamente entre los sacerdotes doctrineros a fin de que acercara a los párrocos hacia los indígenas. En tal sentido, no debemos olvidar que “Las órdenes religiosas y la Corona estaban interesadas en crear cuando menos una clase de indios instruidos para inculcar tanto el dogma religioso como la legitimación misma del poder, de ahí los abecedarios y otros recursos usados para tal propósito” (González 2000: 82, n. 14).
El hecho de que la Corona auspiciara un apoyo a las elites indígenas de Cuzco y Potosí se entiende en el hecho de que las riquezas debían pasar definitivamente por las jerarquías andinas antes que por las españolas, poseedores originarios los primeros de las mayores encomiendas del Virreinato del Perú. No obstante, el uso del quechua en las oraciones y en ciertos diálogos impostados entre los incas de Vilcabamba, el español traza el rol documentario y testimonial de los personajes para verificar la autenticidad del proyecto mismo de la novela. El quechua queda relegado a una deformación del mismo y para las oraciones que habían ya establecido autores indígenas como Felipe Guaman Poma de Ayala y Joan de Santa Cruz Pachacuti, y que nuestro autor repite como modelo único de mimetización de las misas andinas.
2.3.2. La identidad imaginada y el discurso mesiánico en la novela
Es factible hablar de una ‘nación inca’ en Sol de los soles, en tanto modelo histórico y discursivo, en la medida de que en ésta convergen la idealización de un idioma secular, propio y sagrado, a través del cual se comunican los sacerdotes andinos, así como la concepción de un Estado inca —aunque similar en cuanto a la lengua de los conquistados— antes que una etnia política y cultural. Así por ejemplo, en la novela de Tord es posible advertir la fundación de una nueva nación de manos de los criollos, por cuanto se reflejan fuertes similitudes —como ya se mencionó en el acápite anterior— con la concepción decimonónica de la República. Es en la élite criolla peruana que empieza a surgir una identidad nacional con el modelo inca y, a la vez, con las potencias europeas, ya que “todos ellos eran ‘blancos’, cristianos, y hablaban español (…). Por tanto, eran el único grupo importante extraeuropeo sometido a Europa, que al mismo tiempo no necesitaba temer enormemente a Europa” (Anderson 2006: 266).
El proyecto milenarista que propone la novela se advierte en la restauración del orden cósmico, basado en ideales occidentales como el cristianismo u anglosajones; donde el retorno de Cristo o de algún rey enaltecido será para restituir el orden anterior. La transfiguración del Inca en mitos occidentalizados como el Incarrí “había hecho comprensibles nuestros emparejamientos transoceánicos sincrónicos estaba dejando sentir, cada vez más, que entrañaban una visión serial, totalmente intramundana, de casualidad social; y ese sentido del mundo estaba profundizando, con toda rapidez, su arraigo en las imaginaciones occidentales” (Anderson 2006: 269). Esta visión no es ajena, pues, en Sol de los soles, donde aun los españoles demuestran temor ante el advenimiento de un nuevo soberano, que sustituyera al fenecido Túpac Amaru:
”De él o el futuro de su casta deberán surgir las rebeliones del mañana. ¡Quién sabe si algún caudillo del provenir será de la estirpe del último rey de Vilcabamba! Ahí adentro, en el templo de sus antiguos dioses, está su cuerpo decapitado. Pero ¿su alma estará también allí?, ¿sus dioses la custodian?, ¿o el Dios del cristianismo la tiene ya consigo? Es ése un mundo, capitán, del que no nos llegan respuestas…
—Pero don Francisco —musité despaciosamente, mientras veíamos alejarse a esos indígenas perdiéndose al final de la calle lluviosa rumbo a los arrabales—, ¿qué herencia les queda ya?, ¿qué voz puede despertar sus energías dormidas?
[…]
—El día que reaparezca el Punchao aparecerá también la voz que despierte sus energías. ¡Esa imagen sagrada preserva la tradición!
[…]
—¿Quiere decir que perdurará escondida sin utilidad alguna? —preguntará asombrado.
—Quiero decir que esa imagen escondida posee un valor único digno de ella: permanecer oculta hasta que su pueblo la reencuentre y, hallándola, redescubra su destino. ¡En su oro, en su forma, en su nombre, en su significado, han estado y están contenidas todas las respuestas!” (330).
Como puede verse, el narrador se anticipa a los hechos y describe la futura rebelión de José Gabriel Condorcanqui, enalteciendo la nación inca y su papel refundador en el plan sociopolítico peruano, aunque sin alentar la inmensa participación indígena que viabilizó dicha sublevación. Esta identidad mesiánica, revelada en el último capítulo de la novela, no sólo inaugura el arribo de un nuevo movimiento hegemónico, del cual el grupo criollo será su más fiel depositario, sino, la vertiente ficcional de un país que será imaginado por este mismo grupo antes que por una masa indígena postergada.
III. El nivel discursivo en la novela
En Sol de los soles, los niveles discursivos dependen de la función del narrador que construye el espacio ficcional andino. En la novela de Tord es posible distinguir a un narrador omnisciente, que recorre todo el espacio discursivo del relato, asumiendo el papel de historiador y de conocedor absoluto de los personajes. Aunque en momentos, este papel deambula entre una focalización exacta de los datos históricos, por otros se pierde en diálogos desafortunados e inverosímiles; como sucede en la entrevista sostenida entre Carlos Paullu Inca y Marcos Uscamayta, de la panaca de Mayta Cápac:
—¿Y qué temes de él?
—Quiero ser claro en dos cosas, Carlos. Por última vez.
—¡Dilas, Marcos! ¡Dilas!
—La primera es que él es demasiado joven. Es inexperto y será dominado con facilidad por sus capitanes, los mismos que sirvieron a su hermano Titu Cusi. —¿Y eso por qué te preocupa?
[…]
—¡Vamos, Marcos! Te agradezco con sinceridad tu confianza. Tú sabes muy bien que te escucho siempre. Estoy atento, muy atento a lo que dices.
—Lo que quiero explicarte es más delicado… y no soy el único en nuestras panacas que piensa así. (142)
Las palabras de ambos miembros de la élite indígena no sólo pertenecen a la de dos caballeros medievales, sino que deslucen la intención fidedigna del autor. El discurso histórico expuesto en la novela prevalece sobre la mimesis en tanto estructura orgánica, antecedida por una notable investigación de los detalles iconográficos de las divinidades andinas, como “el Punchao” o los apus locales, ante una descripción que colinda con informaciones etnográficas, aportando estéticamente a la novela para conseguir pasajes de alta belleza:
En esta mágica quietud de la ciudad es resguardada por el vasto círculo que forman las altas montañas sagradas de nombres imperiosos: apu Huanacuare; apu Salcantay; apu Sacsayhuamán; apu Viracochan;apu Picchu; apu Senqa; apu Pukín; apu Pachatusan… que para los indígenas, desde tiempo inmemorial, conforman un anfiteatro de divinidades que, vigilantes de la gran urbe sacra, sustentan el orden cósmico (158).
Un primer concepto acerca de la narrativa hispanoamericana y su variante histórica —en opinión de Roberto González Ecehevarría— es que ésta “se derivó de las formas y regulaciones de la escritura jurídica (…). La manera del escribir del Inca [Garcilaso], y la razón por la que él y otros cronistas escribieron, tiene mucho que ver con el desarrollo de la retórica notarial que resultó de la evolución y expansión del Estado español” (2000: 77). A partir de esta premisa, es posible advertir la estrategia discursiva de Tord, puesto que la narrativa que propone en Sol de soles limita con la producción cronística de los siglos XVI y XVII; por ello, en esta producción escritural es factible hablar de una novela que alcanza los fronteras de muchas del género histórico, donde la descripción, antes que el diálogo, asienta los mejores pasajes de la narrativa peruana. Aunque distante de Garcilaso de la Vega y Mario Vargas Llosa, Luis Enrique Tord toma notoriedad por la belleza de una prosa que bien podría abrir nuevos caminos en un género que no ha echado raíces del todo.
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(3) La nación representada en la novela se imagina a sí misma desde algunos vocablos quechuas, mas no desde el uso oficial de la lengua indígena. Sin embargo, es muy común ver en la Lima actual locales lujosos y de ingreso restringido cuyo nombre tiene un vocablo quechua
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