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Como mujer, biblista y consultora de traducciones de las Sociedades Bíblicas Unidas quiero explorar las implicaciones de estos desafíos en el campo de la traducción bíblica. Mis premisas son las siguientes: parto no del etnocentrismo, sino de un pluricentrismo(9) en donde la interrelación cultural configura la alteridad: el otro es un sujeto, un yo, y yo soy el otro para ellos; se trata del respeto del otro como yo. Esto es importantísimo porque de lo contrario la dominación y violencia se hacen sentir (Walter Benjamín). Asumo las culturas no como esencias fijas sino como narrativas en permanente construcción y en relación con otras.(10) Culturas concretas, visualizadas como cuerpos abiertos en los cuales se entrecruzan la clase, el género, la etnia y la ubicación geopolítica. Culturas como textos polisémicos en los cuales se lee historias pasadas y presentes; anhelos y sueños. El pluriculturalismo no debe verse como fragmentos culturales de identidades cerradas, como ocurre a menudo en la globalización, porque se corre el riesgo de olvidar el derecho a la igualdad en nombre del derecho a la diferencia.(11)
Estos dos aspectos (el pluricentrismo y las culturas como narrativas), presentes en los debates del pensamiento filosófico, teológico y antropológico actual, son los cimientos que me permiten elaborar a manera de ensayo un marco teórico de traducción que toma en cuenta la diversidad de culturas y lenguas. Mi enfoque es interdisciplinario pero parto desde la hermenéutica ya que para mí el traductor es primero un lector, un intérprete.(12) Aplicaré algunas nociones que nos son familiares en la lectura popular o comunitaria de la Biblia, en donde aportes de Paul Ricouer y Hans-Georg Gadamer, popularizados por el biblista argentino Severino Croatto(13), han sido acogidos, lo mismo que los aportes de las teorías sobre el papel del lector.(14) No pretendo decir algo totalmente nuevo; mi intención es simplemente participar desde el campo de la traducción bíblica en los debates actuales provocados por la heterogeneidad cultural.
Tres instancias narrativas en el proceso de traducción
Asumo las identidades del texto bíblico, los traductores y los lectores como narrativas culturales en diálogo. El carácter de diálogo replantea el proceso de traducción. Porque no hay un solo emisor, un mensaje y un receptor; todos son emisores de mensajes y receptores, incluyendo el texto bíblico que se quiere traducir. Describiendo con más detalle las tres instancias tenemos:
Los traductores. Considero a los traductores como los intérpretes o lectores primeros de un texto cuyo mensaje se quiere conocer. Ellos son como narrativas vivientes en tanto seres marcados por historias particulares, personales y colectivas; con una lengua condicionada por sus cuerpos atravesados transversalmente por su cultura, género, etnia, clase, ubicación histórico contextual e ideológica; con una aprehensión del mundo o marcos categoriales que difieren de la lengua y cultura que se propone interpretar para traducir. La identidad de los traductores queda develada en su producto, es decir la traducción. A través de ella, por más bueno que sea la traducción, se podrá deducir quién es, su género, raza, clase, ideología, etc. Los traductores son los mediadores entre dos ámbitos culturales diferentes: el de la lengua del texto que se deja interpretar a través de un diálogo y el de la lengua de los lectores con que se quiere entrar en diálogo. Se trata de un mediador que si bien experimenta la tensión intercultural al final se parcializa inevitablemente por la cultura de su propia lengua.
El texto bíblico es una narrativa con historias de vida de distintas culturas; historias traspasadas por la clase, el género, la etnia, la ideología y el contexto; historias antiguas narradas en una lengua lejana, escrita por autores condicionados por su tiempo y cultura. Pero estas historias cobran actualidad y relevancia al ser compartidas con las demás narrativas (los lectores primeros y los lectores segundos) en una lengua actual. Creo que la narrativa del texto bíblico conserva un estatus privilegiado frente a las demás narrativas porque es un texto considerado sagrado para sus traductores y lectores cristianos. Es la lengua fuente, cuyo contenido se quiere conocer a través de un diálogo con el fin de reapropiarse de él.
Asumo a los lectores de la traducción como narrativas con cuerpos a veces multiculturales, cuando la lengua de la traducción es la dominante en un contexto multicultural (por ejemplo, el español leído por mestizos, blancos, afrodescendientes e indígenas); a veces biculturales, como los hablantes de la lengua de señas de la comunidad sorda (cultura sorda y cultura dominante donde viven), a veces monoculturales como los lectores de alguna de las lenguas indígenas. En todos estos casos se trata de cuerpos situados, sexuados, ideologizados y condicionados por su cultura y marcos categoriales.
Tres textos desdoblados en tres dimensiones
En la lectura popular de la Biblia que se practica en América latina, decimos que el texto bíblico, además de ser un texto en sí, tiene un detrás y un enfrente(15). El detrás es el contexto socio-histórico cultural y religioso que lo produce, el enfrente lo constituyen los lectores implícitos a quienes va dirigido el mensaje, y el escrito es el texto en sí que condensa el mensaje por medio del universo lingüístico y a través del cual se puede inferir el detrás y el enfrente. Es decir es el material con el cual el traductor- intérprete-lector tiene que dialogar. Pues bien, esto que vemos en el texto bíblico, puede ser aplicado también al “texto” del traductor y de los lectores.
Los traductores en tanto narrativas vivientes, también tienen un “detrás” y un “enfrente”. Su “detrás” es el contexto socio-económico cultural que condiciona su traducción, su “enfrente” es el imaginario de sus lectores potenciales, que moldea su traducción. Su traducción es su propio texto en sí, su recreación, producto del diálogo sostenido entre él y el texto fuente y entre él y sus lectores potenciales.
Los lectores últimos, es decir los lectores de la traducción, son quienes constituyen el enfrente del traductor. Aunque son el enfrente del texto traducido, ellos, en tanto textos vivientes, tienen un detrás: su contexto socio- económico y cultural, sus deseos y aspiraciones y todo aquello que condiciona su interpretación del texto traducido. A través de su interpretación podemos ver la identidad de estos lectores. Los lectores pueden ser sujetos plurales que interpretan desde distintas perspectivas el texto bíblico traducido. Por eso encontramos lecturas desde la perspectiva de los pobres, las mujeres, los afrodescendientes, los campesinos, los jóvenes, los indígenas, los homosexuales y otros. La traducción es clave en la interpretación que los lectores tendrán, pues esta puede tanto “empoderar” como oprimir. Ulrich Luz, biblista suizo, afirma que los textos y las interpretaciones de estos tienen poder tanto para liberar como para matar(16); la historia lo ha demostrado.
Tres narrativas en diálogo: el texto, los traductores y los lectores
Pensar las culturas como narrativas permite ver al “otro” como un acontecimiento imposible de apresar en conceptos rígidos o estables; unívocos o unidimensionales. Partir de este punto para una reflexión sobre la traducción en el contexto del pluriculturalismo, acarrea dos consecuencias: por un lado pone en jaque toda pretensión de equivalencia absoluta en las traducciones, cosa negada ya por las nuevas teorías de traducción. Y por otro, redimensiona los aportes de las equivalencias dinámicas y funcionales, radicalizándolas.
Ahora, para hablar de diálogo necesitamos hermanar las instancias que entran en juego, es decir el texto bíblico, el traductor y el lector. Por eso las figuras cuerpo y narrativa son importantes, lo mismo que texto, porque al fin y al cabo una narrativa también es texto, y un texto narrado es un cuerpo. El semiólogo Roland Barthes decía que en el círculo de los eruditos árabes se habla del texto como cuerpo(17). Si el cuerpo es texto, entonces el traductor y el lector también son texto ya que son cuerpos constituidos por infinidad de tejidos; el texto es tejido, al igual que los cuerpos, unos de carne y otros de signos lingüísticos, pero todos son narrativas, cuerpos y textos.
Esta terminología simbólica es importante porque rompe el fundamentalismo, da vida, concreticidad y espontaneidad a las tres instancias en el acercamiento que intentamos hacer en este ensayo.
De estas tres instancias narrativas la de los lectores constituye el motor que pone en movimiento el diálogo en el proceso de traducción. Porque no se traduce la Biblia porque sí, para imponer un mensaje, sino porque se quiere compartir un mensaje dignificador con determinada audiencia cuando ésta lo solicita. Cuando ésta quiere escuchar o leer en la propia lengua lo que ha escuchado o leído en otra. Y si estos lectores pertenecen a culturas marginadas, la satisfacción será mayor pues verá reivindicada a su cultura,(18) Porque la lengua materna es algo que se siente y no solo se comprende. Hablar o leer otro idioma no-materno, no abarca los niveles psicológicos y lingüísticos como acontece con la lengua materna. Una buena traducción es aquella que logra que sus lectores se apropien del mensaje. Esta reapropiación se logra en profundidad cuando se lee en la lengua materna y se comprende el contenido, un contenido recreado según la cosmovisión de la audiencia. Vemos en los lectores potenciales de determinada cultura a aquellos que indirectamente van indicando a los traductores el camino a seguir en las encrucijadas del proceso de traducción. Es su marco cognitivo y contexto específico lo que desafía al traductor a plasmar la lectura que él o ella hace de la narrativa bíblica a la narrativa que compartirá el mensaje. Por eso, habría que decir que en el momento en que se emite un mensaje de determinada lengua a determinados receptores, estos simultáneamente emiten mensajes en la cabeza del traductor de cómo ese mensaje podría expresarse. Aquí estamos delante de un diálogo implícito entre los lectores potenciales contextualizados y los traductores también contextualizados. Un diálogo en el cual se entrecruzan todos los elementos que conforman el detrás y el enfrente de las propias narrativas. Este diálogo implícito y permanente entre los traductores y los lectores estará siempre presente en el diálogo que el traductor entable con el texto bíblico.
El traductor inicia el diálogo con el texto fuente al explorar sus sentidos. Es en ese momento que el texto cobra vida, es decir en el momento en que se deja explorar por la mirada de su traductor, primer lector, quien no solo quiere leerlo sino recrearlo en otra narrativa. El texto responde exhibiendo su polisemia, desplegando sentidos que desbordan su discurso, porque el detrás y el enfrente, investigado por el intérprete (traductor), ya sea a nivel intratextual o extratextual, colaboran para que el lector primero (traductor) encuentre aquellos sentidos coherentes y pertinentes para los lectores segundos que tiene en mente. Nunca hay una sola posibilidad. La plurisignificación no lo permite. El traductor tiene que interpretar primero, tomar decisiones y optar. Sus opciones develaran su identidad, una narratividad cómplice de una audiencia particular. Encontramos pues en esa exploración de parte del traductor y en ese despliegue de posibilidades de parte del texto bíblico, tres narrativas en diálogo cuyo fin es el de dar a luz una nueva narrativa.
Como esta narrativa deberá estar enmarcada en los parámetros de una cultura diferente a la lengua fuente, no podrá haber una equivalencia exacta, algunas veces ni siquiera dinámica. Esto es así porque la lengua materna del traductor al reconfigurar el mensaje en la reapropiación, después de entrar en diálogo tanto con sus lectores como con el texto bíblico, lo transformó radicalmente en uno nuevo, actualizado, coherente y relevante para sus lectores. Es en este sentido que el teólogo africano, Kwame Bediako, señala que la lengua es una categoría teológica, pues cada lengua y cultura tiene una forma peculiar de aprehender y experimentar a Dios.(19)
Así, el texto bíblico, gracias al traductor, alcanza su cometido al compartir sus historias con los lectores, afectándolos para bien. Tal vez el efecto no fue el mismo que causó a sus primeros lectores, porque ese efecto no era relevante para sus lectores actuales, pero en tanto relevante en otros sentidos, comprensible y transformador de vidas, cumple su cometido como texto sagrado. Sabemos que cualquier texto guarda una reserva de sentido que es activada por la mirada de nuevos lectores.
Ahora bien, falta añadir que en el momento que se asume la traducción final, esta narrativa nueva, cobra autonomía. Su traductor, ahora convertido en autor, no la podrá controlar porque al igual que el texto fuente desplegará innumerables sentidos, en el momento que sus lectores, condicionados por su cultura, se acerquen para interpretarla. Los sentidos serán clausurados una y otra y otra vez, cada vez que den sentido a la vida de quien los lee, dependiendo de las circunstancias. Una vida situada: de mujer, de indígena, de afrodescendiente, de migrante, de personas de la comunidad sorda o de gente que lucha por la sobrevivencia.
No hay que temer a la pluralidad de sentidos o al pluriculturalismo en diálogo. No hay pérdida ni infidelidad, hay un enriquecimiento mutuo entre el texto bíblico, el texto del traductor y la interpretación de sus lectores. Este enriquecimiento se observa cuando sus lectores finales son “empoderados” en su propia lengua, cultura y contexto. Podríamos decir, personalizando el texto bíblico, que este se ufana al dignificar a sus lectores, sus traductores y sus intérpretes. Porque en este diálogo de narrativas de cuerpos y textos las tres instancias son, en algún momento autores, traductores y lectores. Los autores bíblicos leen, interpretan, lo que está a su alrededor y lo escriben. Los traductores, leen, interpretan y traducen el texto bíblico, pero al producir una traducción se convierten en autores, y los lectores, leen la traducción, la interpretan y traducen para su situación particular, pero al producir una interpretación se convierten en autores de determinada interpretación. Las identidades de todos ellos salen a flote a través de sus obras: un texto, una traducción, una interpretación.
© Elsa Tamez , 2009
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9 Asumo este paso debido al “hecho mayor de nuestro tiempo”, el cual es el policentrismo cultural según el teólogo español Juan José Tamayo: “El nuevo paradigma teológico no puede sustentarse en el predominio de una cultura sobre las demás que habrían de someterse o integrarse en aquella…. Eso choca con el hecho mayor de nuestro tiempo, del que se tiene una conciencia cada vez más acusada: el policentrismo cultural, que habrá de tener su reflejo en la teología cristiana”. Nuevo paradigma teológico, Madrid, Trotta, 2003, 31
10 Las culturas como narrativas y no esencias lo he sacado de Ian Chambers, Migración, cultura e identidad op. cit. y de Alejandro Grimson, Interculturalidad y comunicación, Bogotá, Ed. Norma, 2000.
11 Cp. Luis Ignacio Sierra Gutiérrez, “Globalización, multiculturalismo y comunicación”, en Comunicación, cultura y globalización, Bogotá: CEJA, 2006, p. 174s.
12 Cp. Eusebio V. Yacer Llorca, Sobre la traducción. Ideas tradicionales y teorías contemporáneas, Valencia: Universitat de València, 2004, 58s.
13 Especialmente en Liberación y libertad. Pautas hermenéuticas, Lima, Ed. CEP, 1978.
14 Reader perspectivas on the New Testament, Semeia 48 (1989).
15 Esta terminología surge primero en África del Sur, Cp. Gerald West, Biblical Hermeneutics of Liberation. Modes of reading the bible in the South African Context,Maryknoll New York, Orbis Books, 1991.
16 Ulrich Luz, Matthew in History. Interpretation, Influence and Effects, Minneapolis, Fortress Press,1994, p 33.
17 Roland Barthes, El placer del texto y lección inaugural de la cátedra de semiología literaria del collège de France,, México, SXXI, 1977, p.25.
18 Cp. William Mitchell, “Traducción Bíblica y culturas indígenas”, en Descubre la Biblia, Edesio Sánchez Ed., p. 348ss.
19 Kwame Bediako, “Las Escrituras en lengua materna y las teologías en lengua materna: algunos efectos derivados de la traducción de las Escrituras”, en Traducción de la Biblia, revista digital de las SBU (traducciondelabiblia.org)
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Elsa Tamez: Elsa Tamez, teóloga y biblista mexicana, es consultora de traducciones de las Sociedades Bíblicas Unidas; además enseña en la Universidad Bíblica Latinoamericana y es miembro del equipo del Departamento Ecuménico de Investigaciones, ambos en San José, Costa Rica. Entre sus obras se cuentan Contra toda condena: La justificación por la fe desde los excluidos, y La Biblia de los oprimidos. |
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