Ahora la literatura de viaje se basa en las impresiones personales. Se apunta a una subjetividad, a la propia visión del autor. La literatura de viajes actual contiene mucho más de descripciones personales y menos de búsquedas objetivas.

 

 

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Edgardo Rivera Martínez: el viaje como testimonio

por Miguel Ángel Vallejo Sameshima

La nueva literatura de viajes 

Acaba de ser publicada una antología de cuentos peruanos del siglo XX, cuyo tema central es el exilio. ¿Es esto un ejemplo de un nuevo género de literatura de viajes?

Claro, pero es diferente. Ahora no se manifiestan las mismas preocupaciones que en el pasado. Existe la televisión, los medios de comunicación. La tecnología ha cambiado las cosas, todo se ha integrado. No hay nada nuevo que descubrir: ahora la literatura de viaje se basa en las impresiones personales. Se apunta a una subjetividad, a la propia visión del autor. La literatura de viajes actual contiene mucho más de descripciones personales y menos de búsquedas objetivas. No tiene sentido describir una ciudad.

¿Ahora es más importante la experiencia personal del autor?

Sí, y eso es interesante. Por ejemplo, desde el siglo XIX hay menos viajeros que escriban sobre el Perú en la manera anterior. Ahora son más lo que vienen a estudiar científicamente, desde la antropología, o las ciencias naturales. Vienen arqueólogos, antropólogos y, en menor cantidad, geógrafos. Como he mencionado, antes la narración tenía un fin descriptivo. Veamos el siguiente caso. Varios extranjeros hablan sobre el Perú de la década de 1950. Pero narraban cómo se sentían en su visita. Un ejemplo es Charles Wiener, a pesar del apellido, un francés que hizo observaciones sobre la sociedad, pero de modo impresionista. Esta es la subjetividad. 

¿Cuáles serían las similitudes entre la literatura de viajes anterior y actual?

Tengo un trabajo sobre la literatura de viaje del siglo XVI, tesis centrada en el testimonio que los europeos dejaron de nuestras costas y en ciertos casos de nuestras ciudades. Esto puede ser un antecedente de lo “real maravilloso”. Se relacionan estilísticamente por la forma de describir. Pero más son las diferencias. La literatura de viajes actual contiene sobre todo el punto de vista del autor. Cuando más original la diferencia, mejor. Describir Florencia o Ayacucho es trabajo para las guías turísticas. 

¿Se podría, en nuestro contexto urbano, hablar de una literatura de viajes desde el análisis de la arquitectura?

No, la descripción de la arquitectura también sería apropiada para una guía turística. Describir la catedral del Cusco, su estilo barroco, apoyaría a una guía que oriente al turista a los lugares donde debe ir, como los sitios históricos, los lugares de esparcimiento, etc. Para la literatura de viajes debe haber una visión personal. Las guías de viajes, en cambio, son información con fines turísticos. Propósitos informativos y comerciales. Información sobre los medios más apropiado para visitar ciudades. Además, incluyen elementos gráficos que son ajenos a la literatura.

¿Pervive en nuestros días el ideal del viaje como aventura de descubrir nuevos mundos?

En una época como la nuestra no tiene sentido. Quizá sería posible ver ese espíritu en algún viajero que logre convivir con una tribu amazónica, lo que mantendría ese fin subjetivo, de exploración, en medio de una aventura. Pero lo común es que no. La ciencia ha ocupado ese lugar, como mencioné, desde fines del siglo XIX, a partir de las observaciones arqueológicas. Y ni siquiera en la antropología encontramos elementos de la literatura de viajes. Ahora se buscan los criterios más objetivos posibles con un afán de conocimiento científico.

 

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