Nº24
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Me gusta la idea de un escritor comprometido con su escritura pero con una relación tortuosa y por momentos ardua con todo lo vinculado con la literatura
 
 

Luego de la noticia del fallecimiento de Sergio Chejfec, vinieron a mi mente algunas escenas de su paso por Lima en el 2015. Recordé, por ejemplo, su constante presencia durante la Feria Internacional del Libro de Lima. En ese contexto, entre diversas presentaciones de libros, intervenciones en mesas de debate y reuniones con muchas personas, pude entrevistarlo. Nuestra conversación tuvo la inmediatez de quien pregunta por aquello que viene ocurriendo en ese momento, pero Chejfec tenía esa perspicacia para soltar ideas inmediatas que se fundían en la memoria y se resistían al paso del tiempo. Así, se convertían en pensamientos, reflexiones o introspecciones en mi cabeza. No miento al sostener que esta sensación es la misma que dejan cada uno de sus libros en la mente de sus lectores. Por ello, espero que esta entrevista sea una especie de homenaje a una persona comprometido con la escritura y vinculado con la literatura.

Sergio Chejfec (Buenos Aires, 1956 - Nueva York, 2022) fue un escritor y docente universitario.​ En sus novelas, a través de una narración lenta, se entrelazan y vinculan historias fragmentadas y cortas con una reflexión teórica que profundiza en las singularidades de la existencia. De manera caótica y creativa, en sus libros, se manifiestan la memoria, la violencia política, la cultura y la historia en constante tensión y retroalimentación. Sergio Chejfec escribió novelas, cuentos, poesía y ensayos. Entre sus publicaciones, destacan los siguientes libros: las novelas Lenta biografía (1990), Los planetas (1999) y Boca de lobo (2000); los poemarios Tres poemas y una merced (2002), y Gallos y huesos (2003); el libro de ensayos El punto vacilante (2005); y los cuentarios Hacia la ciudad eléctrica (2012) y Modo Linterna (2013). Sumado a ello, ha sido traducido al inglés, francés, alemán, portugués y hebreo, entre otros idiomas.​ Sergio Chejfec murió a los 65 años, el 2 de abril de 2022, en Nueva York, a causa de un cáncer de páncreas.

Boca de lobo y el estilo de escritura

Uno lee Boca de lobo y lo primero que se pregunta es si se sigue leyendo o no. Y no porque la lectura sea pausada, sino porque la precisión de sus frases genera un efecto tan hipnótico en el lector que francamente asusta, como si seguir leyendo fuese una decisión peligrosa de la que después se puede arrepentir. ¿Hasta qué punto fuiste consciente de ese efecto cuando escribiste la novela?

Supongo que no es bueno escribir pensando en el efecto que producirá en el lector. Recuerdo sí que esperaba escribir algo que se contara a sí mismo; incorporar la lectura del propio narrador a lo que está escribiendo. En gran medida, quien narra avanza porque lee constantemente lo que ha escrito, y lo va reconsiderando en el relato. Es la historia que se cuenta y la lectura de ella.

En Boca de lobo, el narrador protagonista relata su pasado y la relación que tuvo con una obrera–niña desde una perspectiva peculiar: narra los hechos y los matiza con interpretaciones racionales que enfatizan en detalles que pueden pasar inadvertidos, pero que el paso del tiempo curiosamente los ha revelado. ¿Hasta qué punto este relato es una invitación desde la literatura a ver el pasado de nuestras sociedades con otros ojos, por más trágico o desagradable que haya sido?

El punto es que la literatura no es solamente un discurso sobre la realidad o la historia; también se somete a fuerzas propiamente literarias. Cuando la literatura ve con otros ojos, no es solo para, acaso, mostrar una versión distinta de los hechos, sino también para interrogar la manera en que la comunidad habla sobre ellos. Cuando escribí Boca de lobo buscaba una forma de hacer una novela “social” que no tuviera las condiciones habituales que hacían, y hacen, que las novelas sociales o testimoniales me parezcan deleznables (paternalismo, superficialidad, voluntarismo, previsibilidad, etc.). Creo que el compromiso ético de la literatura pasa en parte por allí: una renovación de los formatos que apunte a desestabilizar la “naturalidad” con que la realidad se representa a través de lo escrito.

Moral, convicción y función de escritura

Hay escritores que escriben mucho y publican poco, y en ello se puede advertir una cierta reflexión (moral) sobre el lector y su recepción de la obra. En tu caso, ¿cómo asumes esto?, ¿qué te empuja a decir “tengo que publicar esto”?

Hay también quienes escriben poco y publican mucho. Eso también alude a una moral. Un problema pasa por el significado de “poco” o “mucho”. Son cosas que se sobreentienden, a veces demasiado, pero son relativas. En ocasiones hay una presión del medio por publicar frecuentemente: si no lo haces luego de determinado lapso, es como si hubieras decidido apartarte. Esa demanda puede llegar a actuar en contra, ya que cada quien tiene su propio tiempo. Pero creo que todos se acostumbran a esa relación con lo público que pasa por la publicación, de acuerdo a su temperamento. En cuanto a cuándo uno decide publicar una cosa u otra, yo tengo una relación demasiado pacífica con la noción de texto concluido. A veces creo que pueden terminar en cualquier momento; y por el mismo motivo, una vez terminados son capaces de admitir nuevos desarrollos.

Hace unos años, Philip Roth dijo que se había cansado de escribir y que, en adelante, se dedicaría solamente a la vida pública. Vargas Llosa, en cambio, siempre afirma que su ideal es morir escribiendo. ¿En qué lugar de este espectro te ubicas? En suma, ¿qué es para ti, para tu vida, escribir o seguir escribiendo?

Es una pregunta difícil. Los ejemplos que traes pertenecen a dos “hiper escritores”, de gran talento y prestigio. Tomando a ellos como base, o sea, suponiendo que los escritores en general comparten con Roth y Vargas Llosa sus condiciones de reconocimiento, visibilidad y ejemplaridad, diría que para un escritor es irrelevante dejar de escribir. Sigue escribiendo aunque no lo haga. Es uno de los aspectos más fascinantes. Lo hecho se recorta sobre lo no hecho, y viceversa. No solo me refiero a que muy probablemente habrá papeles pertenecientes a Roth y a Vargas Llosa que serán considerados literarios aun cuando ellos, acaso, los escriban sin esa intención (íntimos, ocasionales, utilitarios, domésticos, privados, formales, etc.), sino que, aun en el caso que no se vea una nueva línea de ellos, de ningún tipo, la ausencia de escritura, si prolongada mejor, connotará lo escrito en su momento. Un ejemplo claro es J.D. Salinger. No publicó deliberadamente, ni aparentemente escribió, desde 1963. Pero es como si al no hacerlo hubiese seguido escribiendo el mismo libro. 

En el Perú y en muchos países de la región, hubo una tradición literaria que trató de mostrar en la ficción las injusticias de la realidad, buscando transmitir aquello que las ciencias sociales no podían. Más allá de los aciertos y errores de esta posición, lo cierto es que las ficciones y sus autores cumplieron una determinada función en la sociedad de su época. ¿Cuál crees que es o debería ser la función actual del escritor (y su obra) en la sociedad?

Los escritores ya se descubren demasiado al escribir como para pedirles también un compromiso taxativo, como si fuera una etiqueta. La literatura oscila entre lo innecesario y lo relevante. Nunca es imprescindible, ni siquiera necesaria. De todo lo que se escribe en general (documentos, manuales, instrucciones, sentencias, discursos, proclamas, tratados, noticias, etc.), la literatura es lo que no sirve en principio para nada práctico, ni lo que nadie en particular espera. Se recorta siempre sobre esa inutilidad. Eso la hace peligrosa. Por ello, darle una función es agotarla por adelantado.     

Escritores jóvenes y modelos de escritura

Si en los próximos días alguien menor de veinte años te dijera “Sergio, quiero ser escritor, ¿qué le dirías o le recomendarías?

El clásico consejo es que lea. Para lo vinculado con la experiencia no sirven los consejos. En cuanto a la escritura, le diría que trate de no repetirse y que combine un cierto nivel de exigencia con un fondo de desconfianza hacia lo propio.

¿Cuál es el autor o los autores que hasta el momento te han marcado como escritor y como persona, o aquellos que te "cambiaron la vida"?

Como persona, no sé. Siempre me pareció irreal decir “Dante”, “Flaubert”, “Joyce”. Podría decir “Kafka”, pero mentiría. Creo que uno se engaña cuando menciona a autores importantes e ineludibles. En mi caso fueron decisivos dos o tres autores mayores que yo. También lo fueron otros, amigos y contemporáneos que han ido apareciendo. Uno no se hace escritor de una vez para siempre. Va renovando la forma de ser y de pensarse a sí mismo, y en eso influyen decisivamente los pares. Pero volviendo al sentido de la pregunta, los mayores fueron Antonio Di Benedetto, Juan José Saer y Juan Carlos Onetti. No solo he admirado sus libros, en su mayoría, desde que los leí, sino que representaron unas figuras interesantísimas. Me gusta la idea de un escritor comprometido con su escritura pero con una relación tortuosa y por momentos ardua con todo lo vinculado con la literatura. Para mí fueron modelos de trayectoria, para llamarlo de alguna manera, y a su modo de fracaso. Lo bueno de la literatura y del arte en general es que puede tener una relación virtuosa con el fracaso. Aunque, claro, lamentablemente, eso no garantice resultados. 
 
 
©Erick Abanto López, 2022
 
 

Erick Abanto López (Cajamarca-Perú, 1994)
Sociólogo y no-escritor. Ha publicado textos en Panorama Cajamarquino, Delirium Tremens, Revista La Ortiga y en la Bitácora de El Hablador. Actualmente prepara una reflexión larga sobre las condiciones sociales del trabajo artístico en Lima, y también, de paso, otra novela.

 
 
 
 
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