| Críticos,
lectores avezados y entendidos lo sitúan como
el referente vivo más alto e importante de la
poesía peruana. Su obra total varía en
muchos aspectos, desde el humor negro, el lenguaje familiar,
el coloquialismo, la vuelta a lo clásico como
una búsqueda de perfeccionamiento idiomático
y de acentuar un estilo que en cada libro se presenta
como inabarcable. Luego de Vallejo, es el segundo poeta
peruano cuya obra ha sido traducida a distintos idiomas.
Desde los emblemáticos Poemas (1958),
Dentro & Fuera (1960), ¡Oh Hada
Cibernética! (1962), Por el monte abajo
(1967), a sus últimos libros Trechos
del itinerario (1998), ¡Salve, Spes!
(2000), En las hospitalarias estrofas (2001),
El Imán (2003), La miscelánea
íntima (2003), Carlos Germán Belli
tiene aún mucho por decir.
I. SOBRE EL 50
¿Qué
opinas acerca de los homenajes recientes a la Generación
del 50?
Cierta complacencia, pues estos homenajes son realizados
por la entidad máxima de la cultura en el país
(INC). Es muy importante que se hayan acordado de los
miembros de esta generación: es un realce a la
calidad de todos los participantes que actuaron en diversos
campos de la creación.
Sin
embargo, ¿consideras que estos homenajes llegaron
a tiempo?
Han llegado muy tarde, eso está claro. Por todo
lo que hicimos los del 50 esta es una acción
que ha debido de realizarse con anticipación,
acompañada, por qué no, de un estipendio,
de una pensión vitalicia para nosotros.
Esto
último tiene que ver, en definitiva con la falta
de reconocimiento…
Exacto, y además porque en el Perú no
existen los premios nacionales de poesía, de
narrativa, de nada ligado al arte. No es como en épocas
pasadas, o como sucede actualmente en otros países
latinoamericanos, donde estos estímulos continúan
siendo otorgados. Es una lástima que en nuestro
país se hayan suprimido estos reconocimientos.
Te pongo por ejemplo el Premio Nacional de Poesía,
que básicamente era un estímulo y una
ayuda para el poeta laureado. Cuando yo lo obtuve (1962)
el monto era algo jugoso. Recuerdo que por esa época
recibí siete mil soles, aunque el premio no incluía
publicación alguna.
¿Fue
iconoclasta la Generación del 50?
Sí y no. Todo lo iconoclasta ha estado siempre
en nosotros, más aún por ese entonces.
Sin embargo, nunca hubo un espíritu parricida.
Considero que lo más resaltante —aparte
del número y diversidad de los integrantes—
fue el propio factor histórico en donde nos instauramos:
con los rezagos de las vanguardias, el contexto social
de Lima, además de que era justamente la mitad
del siglo XX.
¿Todos
ustedes surgieron desde Lima?
Todo se originó acá, pero muchos eran
de distintas partes del Perú, como Romualdo,
que es de Trujillo; Zavaleta, que es de Huaraz; Reynoso,
de Arequipa; Washington (Delgado), del Cusco; Juan Gonzalo
(Rose), de Tacna.
¿Cuáles
crees que sean las características que definan
a la Generación del 50?
Como he dicho antes, el considerable número de
sus miembros y su participación en los diversos
aspectos del intelecto. A ello, habría que agregar
un aspecto fundamental, como es la continuidad que han
tenido a lo largo del tiempo.
¿La
repercusión de Cuba también les tocó
a ustedes?
Por supuesto. Yo recuerdo una anécdota, que fue
cuando viajé con un grupo de escritores a La
Habana, a fin de participar en el Centenario de Rubén
Darío. Era tan grave el estado de sitio que sufría
Cuba que el avión nos llevó por Groenlandia
o Alaska. La verdad ahora no recuerdo muy bien, solo
me queda la sensación de frío y que parecía
que estuviéramos dando la vuelta al mundo.
II.
POESÍA
¿Cómo
veías a Lima por esos años?
Bueno, cada cual tiene un cuestionamiento distinto sobre
Lima. Recuerdo que era una ciudad bella, ordenada, pero
con muchas carencias culturales: chata, intelectualmente,
muy distante de otros polos como Buenos Aires, Ciudad
de México, París. Por ese entonces, yo
tenía mis nortes definidos: la Biblioteca Nacional
y la librería Plaisir de France (donde conseguía,
entre otras cosas, las últimas ediciones de Breton,
Peret, Michaux, Eluard).
¿Cuál
era el entorno inmediato para tu literatura?
Era y es la disciplina y el orden: vivir dentro de una
torre de marfil, entre mi familia, mis libros, mis lecturas.
Lo otro, era y continúa siendo la lucha eterna
frente a la página en blanco.
Quizá
estos son los orígenes de la tradición
poética familiar en ti...
Quizá. Pero debo señalar que en los 50
había una especie de vergüenza por hablar
del padre, de la familia, esto producido por una influencia
de la Vanguardia.
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