Yo recuerdo una anécdota, que fue cuando viajé con un grupo de escritores a La Habana, a fin de participar en el Centenario de Rubén Darío. Era tan grave el estado de sitio que sufría Cuba que el avión nos llevó por Groenlandia o Alaska

 

 

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El pie sobre el cuello: Carlos Germán Belli, ahora

por Francisco Izquierdo Quea

Críticos, lectores avezados y entendidos lo sitúan como el referente vivo más alto e importante de la poesía peruana. Su obra total varía en muchos aspectos, desde el humor negro, el lenguaje familiar, el coloquialismo, la vuelta a lo clásico como una búsqueda de perfeccionamiento idiomático y de acentuar un estilo que en cada libro se presenta como inabarcable. Luego de Vallejo, es el segundo poeta peruano cuya obra ha sido traducida a distintos idiomas. Desde los emblemáticos Poemas (1958), Dentro & Fuera (1960), ¡Oh Hada Cibernética! (1962), Por el monte abajo (1967), a sus últimos libros Trechos del itinerario (1998), ¡Salve, Spes! (2000), En las hospitalarias estrofas (2001), El Imán (2003), La miscelánea íntima (2003), Carlos Germán Belli tiene aún mucho por decir.


I. SOBRE EL 50

¿Qué opinas acerca de los homenajes recientes a la Generación del 50?
Cierta complacencia, pues estos homenajes son realizados por la entidad máxima de la cultura en el país (INC). Es muy importante que se hayan acordado de los miembros de esta generación: es un realce a la calidad de todos los participantes que actuaron en diversos campos de la creación.

Sin embargo, ¿consideras que estos homenajes llegaron a tiempo?
Han llegado muy tarde, eso está claro. Por todo lo que hicimos los del 50 esta es una acción que ha debido de realizarse con anticipación, acompañada, por qué no, de un estipendio, de una pensión vitalicia para nosotros.

Esto último tiene que ver, en definitiva con la falta de reconocimiento…
Exacto, y además porque en el Perú no existen los premios nacionales de poesía, de narrativa, de nada ligado al arte. No es como en épocas pasadas, o como sucede actualmente en otros países latinoamericanos, donde estos estímulos continúan siendo otorgados. Es una lástima que en nuestro país se hayan suprimido estos reconocimientos. Te pongo por ejemplo el Premio Nacional de Poesía, que básicamente era un estímulo y una ayuda para el poeta laureado. Cuando yo lo obtuve (1962) el monto era algo jugoso. Recuerdo que por esa época recibí siete mil soles, aunque el premio no incluía publicación alguna.

¿Fue iconoclasta la Generación del 50?
Sí y no. Todo lo iconoclasta ha estado siempre en nosotros, más aún por ese entonces. Sin embargo, nunca hubo un espíritu parricida. Considero que lo más resaltante —aparte del número y diversidad de los integrantes— fue el propio factor histórico en donde nos instauramos: con los rezagos de las vanguardias, el contexto social de Lima, además de que era justamente la mitad del siglo XX.

¿Todos ustedes surgieron desde Lima?
Todo se originó acá, pero muchos eran de distintas partes del Perú, como Romualdo, que es de Trujillo; Zavaleta, que es de Huaraz; Reynoso, de Arequipa; Washington (Delgado), del Cusco; Juan Gonzalo (Rose), de Tacna.

¿Cuáles crees que sean las características que definan a la Generación del 50?
Como he dicho antes, el considerable número de sus miembros y su participación en los diversos aspectos del intelecto. A ello, habría que agregar un aspecto fundamental, como es la continuidad que han tenido a lo largo del tiempo.

¿La repercusión de Cuba también les tocó a ustedes?
Por supuesto. Yo recuerdo una anécdota, que fue cuando viajé con un grupo de escritores a La Habana, a fin de participar en el Centenario de Rubén Darío. Era tan grave el estado de sitio que sufría Cuba que el avión nos llevó por Groenlandia o Alaska. La verdad ahora no recuerdo muy bien, solo me queda la sensación de frío y que parecía que estuviéramos dando la vuelta al mundo.

II. POESÍA

¿Cómo veías a Lima por esos años?
Bueno, cada cual tiene un cuestionamiento distinto sobre Lima. Recuerdo que era una ciudad bella, ordenada, pero con muchas carencias culturales: chata, intelectualmente, muy distante de otros polos como Buenos Aires, Ciudad de México, París. Por ese entonces, yo tenía mis nortes definidos: la Biblioteca Nacional y la librería Plaisir de France (donde conseguía, entre otras cosas, las últimas ediciones de Breton, Peret, Michaux, Eluard).

¿Cuál era el entorno inmediato para tu literatura?
Era y es la disciplina y el orden: vivir dentro de una torre de marfil, entre mi familia, mis libros, mis lecturas. Lo otro, era y continúa siendo la lucha eterna frente a la página en blanco.

Quizá estos son los orígenes de la tradición poética familiar en ti...
Quizá. Pero debo señalar que en los 50 había una especie de vergüenza por hablar del padre, de la familia, esto producido por una influencia de la Vanguardia.

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