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Este texto manifiesta el funcionamiento de metáforas orientacionales (centro-periferia) porque los espacios luchan entre sí, establecen oposiciones y, por lo tanto, son instancias que permiten establecer la pugna entre los sujetos. Hay un lugar llamado occidente (metáfora de civilización basada en los valores económicos y que ocupa una posición de centro y poder) y es sinónimo de farsa grotesca: la “sabiduría occidental” implica una mentira, pues si bien habla del espíritu, en realidad enfatiza el dinero como valor supremo. Se trata de una ética basada en la simulación y la hipocresía. Por eso, el locutor intenta desenmascararla y le dice a su alocutario: ten cuidado con tus bolsillos cuando los hombres occidentales hablan.
El poema argumenta que antes la casa (metáfora de la fraternidad entre los hombres y que representa la periferia) permitía que cada ser humano tuviera un lugar entre los demás; en otros términos, los lazos intersubjetivos se establecían sobre la base de la autenticidad, el trabajo y una subjetividad liberadora.
Además, en el pasado, el sol (metáfora de la justicia) iluminaba todos los espacios (arriba, abajo y adentro); no había jerarquías sino que reinaban la pasión y la fuerza como elementos complementarios. Desde el punto de vista del tiempo, la llegada del hombre occidental significó la primacía de otro tipo de valores: una ética falsamente igualitaria que esconde una preocupación obsesiva por el oro y por los valores fiduciarios. A ello se suma el funcionamiento de la tríada cárceles-obispos-soldados en el mundo terrenal y la promesa de la dicha y de la justicia después de la muerte.
Desde esa óptica, el título (“Sabiduría humana”) no deja de tener un matiz irónico, pues el saber fue enseñado por occidente y, en realidad, se basa en la exclusión del otro y en la imposición de una cultura a través de una verdadera tecnología del poder, cuyos principales procedimientos son la mentira y la demagogia.
2) Sistematicidad metafórica: destacar y ocultar en “Para vivir mañana”
Toda metáfora destaca algo y oculta algún otro aspecto del sujeto o del objeto, pues como dicen Lakoff y Johnson:
Al permitirnos concentrarnos en un aspecto del concepto (por ejemplo, los aspectos bélicos de una discusión), un concepto metafórico puede impedir que nos concentremos en otros aspectos del concepto que son inconsistentes con esa metáfora. Por ejemplo, en medio de una discusión acalorada, cuando estamos obcecados en el ataque de posiciones de nuestro oponente y la defensa de las nuestras, podemos perder de vista los aspectos cooperativos de la discusión (3).
Por ejemplo, en la metáfora orientacional “occidente es el centro de la civilización basada en los valores económicos”, el poeta destaca las características negativas de la cultura occidental (exclusión del otro, imposición, dictadura, mentira) y oculta los aspectos positivos de esta última. De otro lado, en la metáfora “la casa es la periferia y representa la fraternidad entre los hombres”, también se ponen de relieve los aspectos más fructíferos de la convivencia humana, pues el hogar periférico se asocia con el trabajo, la subjetividad enriquecedora y los lazos intersubjetivos, basados en la solidaridad como principio esencial.
3) Una metáfora ontológica en “Necesidad de la vida y el sueño”
Leamos el poema:
Es de día: y no hay modo
de retornar la luz
a sus orígenes
y destruir el mundo.
Es necesario comer, vestirse, saludar,
decir: te amo, te amo,
y volver a dormir
para que el mundo sea soportable.
Lakoff y Johnson afirman que:
Entender nuestras experiencias en términos de objetos y sustancias nos permite elegir partes de nuestra experiencia y tratarlas como entidades discretas o sustancias de un tipo uniforme. Una vez que hemos identificado nuestras experiencias como objetos o sustancias podemos referirnos a ellas, categorizarlas, agruparlas y cuantificarlas –y, de esta manera, razonar sobre ellas (4).
En el poema antes citado se observa el funcionamiento de una metáfora ontológica, es decir, una idea abstracta es concebida como un objeto que puede ser visto en términos cuantitativos. Por ejemplo, si se afirma que “la soledad es un tren”, se subraya que un concepto abstracto como el de la soledad es pensado como si fuera una cosa (“un tren”). Conceptualmente, ello implica que actuamos de acuerdo con la idea de que la soledad es entendida metafóricamente como si fuera un tren.
En el poema de Wáshington Delgado arriba citado se observa que el mundo (idea abstracta) es categorizado y cuantificado con el fin de poder ser destruido porque es concebido como una cosa que puede ser aniquilada. Toda metáfora muestra y oculta algo, por eso, los aspectos constructivos del mundo son dejados de lado para concentrarse en los componentes negativos de este último. En efecto, ejercer violencia sobre él queda, sin embargo, como una expectativa frustrada: el locutor no puede aniquilarlo sino que se limita a continuar con su rutina diaria. No se puede volver a los orígenes: sólo se debe decir “te amo” con el claro propósito de permanecer luchando en el centro de la vida.
4) Coda
Permítaseme terminar con una reflexión personal. Wáshington Delgado no sólo fue un gran poeta de la Generación del 50, sino un excelente maestro y amigo. Tuve la suerte de seguir con él un curso de literatura peruana contemporánea en la Universidad de San Marcos. Su erudición y sentido del humor eran de tal magnitud que el maestro asociaba libremente, con mucha elegancia y sutileza, los más diversos conceptos. Visité su casa innumerables veces y pude ser testigo de su admiración por Cervantes, Quevedo, Salinas, Vallejo, Lope, entre otros. Fue siempre un devoto de la libertad, por eso, me gustaría terminar con los siguientes versos:
Ansia, ternura, ausencia
vivieron en mis manos.
Amé la libertad
y no la vi jamás.
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(3) Ibídem, p. 46.
(4) Ibídem, p. 63.
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Camilo Fernández Cozman: (Lima,
1965) Doctor en Literatura Peruana y Latinoamericana, y profesor de la Escuela de Posgrado de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad San Ignacio de Loyola. Ha obtenido el primer puesto en los siguientes certámenes: Concurso Nacional de Ensayo Raúl Porras Barrenechea (1997), Premio Internacional de Ensayo sobre Poesía (2003), Primer Concurso Nacional del Libro Universitario (2003), Premio al Mérito Científico 2004 (UNMSM) y Premio Nacional de Ensayo Federico Villarreal (2005). Ha publicado Las ínsulas extrañas de Emilio Adolfo Westphalen (1990), Ritual del silencio (poesía, 1995), Las huellas del aura. La poética de J.E. Eielson (1996), Raúl Porras Barrenechea y la literatura peruana (2000), Rodolfo Hinostroza y la poesía de los años sesenta (2001), El cántaro y la ola. Una aproximación a la poética de Octavio Paz (2004) y La soledad de la página en blanco (2005). Han salido a luz sus traducciones de Poemas (1999), de Paul Éluard y de Bestiario (1999), de Guillaume Apollinaire. Ha dado conferencias en Santiago de Chile, Porto Alegre, Salamanca, Burdeos, Roma, Florencia, Siena, Bérgamo y Rímini. |
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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/est12_fernandez1.htm |
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