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En
la escena local la producción de diarios íntimos
es casi inexistente. Sin embargo, textos como El
pez en el agua (Vargas Llosa: 1993), Permiso
para vivir (Bryce Echenique: 1993), Siempre
extraño (Igartúa: 1995) y Autobiografía
fugaz (Zavaleta: 2000), por citar algunos, pertenecen
a un género mayor llamado géneros de la
intimidad, géneros autobiográficos o géneros
introvertidos que incluyen a las memorias, la correspondencia,
la autobiografía y al diario.
Pero en cuanto a diarios, o lo que aparecen bajo ese
rótulo propiamente, tenemos: el Diario íntimo
(García Calderón: 1969), Sobre mi
propia vida. Diario (Ríos: 1993), Diario
de un peruano (Pareja Soldán: 1978) y La
tentación del fracaso (Ribeyro: 1992, 1993
y 1995).
Afirmar la existencia de un estatuto ribeyriano del
diario implica la representación y demostración
de un conjunto de indicios que evidencian un estilo
particular, como en la producción literaria de
Ribeyro. Su práctica introspectiva y la carencia
de toda trama preconcebida, sumado a la constante presencia
de ironía y sarcasmo, muestran en los diarios
a un Ribeyro implacable consigo mismo y, sobre todo,
su gusto por el lenguaje conciso y exquisito, que lo
diferencia de García Calderón y Juan Ríos,
principalmente.
Nuestro artículo pretende hacer un corte transversal
a través de tres de los diarios registrados en
el corpus literario nacional: Diario de Juan
Ríos Rey, Diario íntimo de José
García Calderón y Diarios personales
de Julio Ramón Ribeyro.
La escritura diarística en los Diarios personales
presenta una perspectiva de lo cotidiano. El narrador
en primera persona permite al autor despojarse y dejarse
llevar por la escritura anotacional que se alimenta
de lo fragmentario, como resultado de un recuento que
se refiere —en algunos casos— a un pasado
inmediato.
Esta
práctica define y delimita a Ribeyro con un estilo
particular, que aparece como una especie de “filtro
seleccionador” de cada palabra que va a contener
cada anotación, evidente en lo escrito el 08
de enero de 1960:
Creo
haber encontrado el estilo del diario íntimo:
un estilo apretado, expresivo que interesa no sólo
como testimonio, sino como literatura. Si continuo
por el mismo camino creo que mi diario, de aquí
a algunos años, será probablemente la
más importante de mis obras.
(1)
Ese
mismo estilo revela un gusto por lo literario, por la
concisión y exquisitez del lenguaje, enunciado
en la anotación del 3 de agosto de 1957:
Es
una crisis de otro orden y donde veo una influencia
hasta cierto punto nefasta de Valery: la concepción
de un estilo geométrico, transparente y precioso,
la necesidad de decir cosas inteligentes y decirlas
de la única manera como pueden ser dichas.
En resumen: el sacrificio de la fuerza a la lucidez.
(2)
Esta
evolución en cuanto al estilo se da de forma
paralela a la producción de todo el corpus ribeyriano.
Para demostrarlo habría que repasar las primeras
anotaciones en el diario y compararlas con las anotaciones
finales. Asimismo, cotejar las publicaciones de la década
de 1950 y 1960 con lo publicado en la década
de 1970, 1980 y 1990.
¿Pero
que es un diario para Ribeyro?
El
diario es para mí una especie de sucedáneo
de los demás. El diario se convierte en un
comentario de la esterilidad y la impotencia, de la
falta de creatividad. Pero de todos modos, es siempre
un buen instrumento para analizar y observar a los
demás y para registrar sensaciones, pensamientos,
reflexiones, que son a veces muy fugaces y que, si
uno no las anota, quedan perdidos para siempre
(3).
Ribeyro
presenta una evolución en su escritura diarística,
se va perfeccionando en el manejo de la palabra, en
la concisión, lo que le permite elaborar fragmentos
con un tono cada vez más íntimo. Se nos
presenta como un agudo crítico de su producción
literaria, que incluye cuentos, novelas, prosas, aforismos,
piezas teatrales y el propio diario. Los tres tomos
publicados forman una secuencia que se va desarrollando
para configurar finalmente una unidad de estilo.
El registro que realiza Ribeyro no es cotidiano, es
más bien vital y existencial o mejor aún
por necesidad.
En sus anotaciones iniciales se vislumbra a un “proyecto
de escritor”. Con el tiempo y con el fortuito
viaje que realizaría Ribeyro a Madrid se irá
perfilando el más célebre cuentista peruano
y osado escritor dispuesto a dejar las imposturas para
asumir la condición que le confiere.
Cuando
decimos imposturas nos referimos a la carrera de abogado
que tuvo que estudiar para continuar con la tradición
familiar. Esta primera parte está signada por
detalles de los lugares conocidos y explorados, como
Munich, París, Amberes, Berlín y Ayacucho.
En el segundo volumen, Ribeyro se concentra en su producción
literaria con más vehemencia que antes. Las anotaciones
en este tomo son más bien existenciales, dejan
de ser apuntes rápidos y de refilón, para
ir convirtiéndose en anotaciones con sentido
y estructura, con unidad y ritmo. El autoanálisis
caracteriza la segunda y tercera parte de sus diarios.
Los fantasmas del pasado —el escepticismo y la
racionalidad exacerbada— subyacen en cada anotación
para configurar su estilo.
Mientras que, para el caso de José García
Calderón, lo recopilado bajo el rótulo
de Diario Íntimo (desde el 12 de setiembre de
1914 hasta el 3 de mayo de 1916) no es sino un conjunto
de correspondencia con una única destinataria:
su novia. Comprobable en lo señalado el 12 de
setiembre de 1914: “En cuanto pueda, es decir
en cuanto el servicio me lo permita (soy soldado) te
escribiré largamente y podrás ver que
tengo las ideas más claras”. (4)
La fecha que marca en la parte superior de cada “anotación”
alude al envío de la carta. Este conjunto de
misivas posee una trama preconcebida: en este caso solicitar
determinadas cosas y, sobre todo, presenta un destinatario
real. En cambio, el único destinatario que presenta
un diario es quien lo escribe.
Asimismo, en el prólogo al denominado Diario
íntimo, Alberto Jochamowitz destaca el carácter
familiar, pero la pregunta es por qué tiene que
aparecer ese texto bajo el título de diario si
no lo es, porque un diario no presenta destinatario
y el de García Calderón sí lo hace:
Si
tú no recibes con más frecuencia que
yo, debes estar fastidiada. Yo estoy sin noticias
tuyas desde Ruell y estoy seguro que me has escrito
a menudo y mandado paquetes pero el correo no puede
estar bien servido cuando nos movemos tanto.
(5)
No
me mandes más paquetes; ahora tengo lo suficiente
en alimentación, pues soy Sargento; lo único
que me urge es ropa interior.
(6)
En una casa de compra-venta de libros en París,
Jochamowitz halló una libreta empastada en cuero,
que pudo ser un conjunto de cartas enviadas a una tercera
persona pero que fue finalmente agrupada bajo un rótulo
diferente.
La introducción realizada por Alberto Jochamowitz
no hace sino corroborar lo que señaló
Julio Ramón Ribeyro en un artículo (7)
acerca de la denominación al texto como un diario-epistolario.
La intimidad que confiere la escritura de una carta
no lo incluye dentro de lo que es un diario, sino más
bien dentro de la correspondencia.
Es importante recordar que los hechos nos influyen,
a veces nos determinan y siempre nos delimitan; pero
hay temas esenciales, los esquemas estructurales que
se nos imponen a lo genérico, en este caso la
correspondencia de guerra de García Calderón.
¿Qué
caracteriza a un diario?
Un
diario es un conjunto de apuntes rápidos, espontáneos,
autocríticos y generalmente implacables. Es un
escrito autobiográfico en el que se mezcla el
discurso narrativo y descriptivo y en el que el autor
deja constancia de los acontecimientos relativos a su
persona y a su entorno, ocurridos en cada jornada (8).
De la estructura y conjunto narracional del diario deviene
lo íntimo. Pero primero, habría que identificar
lo narracional y después diferenciar lo íntimo,
privado y público.
Lo íntimo se reserva forzosamente al propio sujeto,
comprende su mundo interior, sueños, sensaciones
y fantasías a la que nadie sino él tiene
acceso. Los demás sólo pueden saber de
esta intimidad por el relato del protagonista, un relato
de imposible verificación. Existe en la medida
que se es consciente de ello y comprende su sentido.
Lo privado se refiere a lo personal y lo particular,
esto es, aquello que se mantiene alejado de lo público
y que ha de estar libre de intromisión. Así,
una reunión íntima es un encuentro muy
cercano, donde existe proximidad afectiva, mientras
que en una reunión privada es un encuentro alejado
del público, o bien una reunión para tratar
asuntos de tipo particular. Y lo público es lo
que se abre a todos, el ámbito propio de la información
y la comunicación social.
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