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La
intimidad —en cierta medida— de Ribeyro
ha sido exteriorizada voluntariamente; es decir, se
ha hecho pública a través de la publicación
de sus Diarios personales.
En el diario íntimo, el cometido es la introspección
y el descubrimiento de la propia personalidad. Se escribe
en dos tiempos: en el día a día de las
anotaciones y en el momento en que se prepara para la
publicación. Cuando un diario, debido a su carácter
póstumo —como es el caso de García
Calderón—, es editado por una persona distinta
del autor, deja de ser exclusivamente suyo y se convierte
en una obra en colaboración. Seleccionar, cortar
y ordenar es también crear. Incluso la censura
o autocensura puede ser una eficaz forma de creación.
La fecha de cada anotación en los diarios forma
parte de su sentido. Un diario sin fechas suele acabar
convirtiéndose en algo diferente a un diario,
como un conjunto de reflexiones sobre asuntos muy diversos.
En Sobre mi propia vida de Juan Ríos
Rey, el diario sí cumple su cometido. Se realiza
en cuanto a estatuto de forma y sentido. Resulta un
conjunto de comentarios especializados sobre música
clásica, historia, religión (Ríos
es ateo), pintura, política (tratada con ironía)
y literatura.
Anotaciones con un inicio como: “de mi antiguo
diario” o “tampoco sé que fecha”
(9) constituyen
una oposición a lo señalado en relación
con García Calderón y más bien
una aproximación con La tentación
del fracaso.
Ríos Rey se configura y delinea como portador
de un buen gusto por lo clásico, en especial
por la música y la historia. Domina y descubre
el orden de ejecución y los movimientos orquestales
en cada sinfonía. De su diario se extrae una
denuncia constante de la soledad espiritual y existencial.
Se refiere a amigos y conocidos con nombre propio, salvo
dos menciones femeninas con una primera inicial. Sus
frases cortas y breves aforismos atisban a convertirse
en célebres pensamientos.
Las entradas que posee el diario de Ríos son
variadas, sus gustos reflejados en ese registro lo convierten
en un conocedor de su tiempo. Casi toda su obra poética
permanece inédita, a excepción de Canción
de siempre (1941), Cinco poemas a la agonía
(1948) y Cinco cantos al destino del hombre (1953).
Anotaciones como:
“Si
no puedo destruir a mis demonios interiores, ¿por
qué no trato de usar su obscura fuerza para
mi más altos fines?”
(10)
“He
querido realizar con mi vida un peligroso experimento:
¿Qué cantidad de soledad puede aceptar
un hombre? Actuar y escribir sin preocuparme si mis
contemporáneos me conocen o no me aprueban,
sin hacer el menor esfuerzo espúreo para ello”
(11)
Parecería
que quien escribiera sería Ribeyro, pero es Ríos.
La neurastenia que padece Ríos es análoga
al cáncer que padeció Ribeyro y motivó
muchas anotaciones.
Las anotaciones iniciales refieren aventuras de corte
erótico diluido con metáforas que resultan
finalmente en un registro implacable. Se pregunta filosóficamente
sobre su razón de ser en este mundo, nos relata
su romance con Rosa (quien sería su futura esposa)
y los avatares de su vida, esencialmente. A diferencia
de Ribeyro, que escribe y nos deleita con un diario
de escritor, el de Ríos es más bien sencillamente
un diario, con más detalles de vida propia que
de poeta.
Ríos se perfila como un diarista que emerge de
lo universal y cosmopolita. En él la evolución
es más bien fragmentaria y concisa. Cuanto más
pasan los años su escritura se reduce y simplifica
en aforismos y pensamientos cortos. Elude plasmar, a
diferencia de Ribeyro, el proceso de creación
literaria y los avatares que éstos implican.
Escrito durante 51 años, resulta ser un registro
básico que a veces deviene a un cuaderno de bitácora,
porque se registran lecturas, percepciones de determinadas
obras de arte y sentencias que, sin duda, harían
retroceder al más osado lector.
Ahora bien, efectuada una breve sinapsis de los tres
diaristas mencionados, es evidente la existencia de
un estatuto que designa a un texto como diario: la fecha
que aparece en la parte superior de cada anotación,
la ausencia de destinatario y el carácter introspectivo
y confesional, principalmente.
Señaladas las diferencias genéricas de
los diarios de Ríos y García Calderón
en contraste u oposición al de Ribeyro, se deriva
el nivel temático y formal de La tentación
del fracaso, registro que lo sindica como único
diario de escritor en el canon literario peruano. 
©
Sandra Granados, 2004
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