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Fue en pleno coctelito que me acerqué
a paso firme donde la señorita Masías.
Le dije lamento haberla incomodado. Me respondió
no, deja, yo también he sido periodista. Le dije
pero yo no soy periodista, solo hago una nota para mi
revista de literatura. Me respondió ¿qué?
Le dije nada, nada, que las labores de prensa son algo
complicadas. Cabrón de Oshima.
Entre todas la cosas que conversamos,
por un espacio de media hora, y secándonos cuanta
copa de pisco sour traían los mozos, la señorita
Masías me detalló algunos puntos. Primero,
que la Feria de Guadalajara tiene como propósito
ser un foco cultural y de promoción editorial.
Segundo, que para el Perú será una ventana,
a fin de que muestre su industria editorial (no es chiste,
tengo el casete en donde afirma esto). Tercero, que
la presencia nuestra no es ninguna locura, que ellos
han tenido muy en cuenta el desastre que hicimos en
Colombia, que para eso hay un comité organizador
y un consejo consultivo que saben muy bien lo que hacen,
o sea, qué país eligen. Y cuarto, que
esta vez con la Cancillería todo va a ir muy
bien, que no habrá papelones de por medio, que
van a ir las mejores editoriales peruanas, grandes escritores
y poetas, que el éxito es algo ya asegurado.
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Quien escribe ha intentado establecer
más de una vez contacto con el señor Rodríguez
Cuadros y los sucesivos cancilleres, a fin de buscar
detalles más precisos en torno a este tema. Es
una lástima que hasta ahora, debo afirmarlo,
el departamento de prensa de la Cancillería solo
revise mailes cada tres meses, y que nunca esté
nadie para atender el teléfono.
Así, mientras escribía
este texto, Jack Martínez, editor de El Hablador,
ha llamado para indicarme que tiene una declaración
exclusiva de Oswaldo Reynoso, que bien podría
adjuntarla a esta crónica. La he revisado y,
sin duda, comparto su opinión. Así que
ahí les va este aporte de uno de nuestros editores.
Bogotá: Historia de un circo
Este año se celebrará
la feria internacional del libro en Guadalajara y el
invitado especial será el Perú. Buscando
referencias sobre las participaciones anteriores, encontramos,
a través de la voz de un protagonista, un antecedente
desalentador en la última feria de libro de Bogotá.
Se fracasó rotundamente, y no por la calidad
de los invitados peruanos, sino por la desorganización
de los responsables en difundir y apoyar esta participación.
Oswaldo Reynoso, un invitado a la última feria
de Bogotá nos dice:
La Feria Internacional del libro
de Bogotá es una de las más importantes
y grandes de las que se desarrollan en el mundo de habla
española. Esta feria está dedicada cada
año, a un país en especial. El 2004 le
tocó al Perú. No es posible que no se
haya conformado una comisión organizadora que
promueva la participación de nuestro país.
Yo recibí únicamente la invitación
del INC para que, junto a otros destacados intelectuales
peruanos, demos conferencias y participemos en mesas
redondas, además de promover la venta de nuestros
libros.
Sin embargo, antes de viajar, se
produjo la primera dificultad. No se nos dio ninguna
facilidad para el traslado de nuestros libros. En consecuencia,
apenas se pudo llevar un número reducido de ejemplares.
Cuando llegué, la gente
comentaba las declaraciones de nuestro presidente Alejandro
Toledo, quien estuvo presente en la inauguración,
y que cuando le preguntaron por el último libro
que había leído, respondió que,
por su recargada agenda, no había tenido tiempo
de leer nada.
Luego vi el video de la presentación
de Bayly, como siempre, un payaso que hace gala de su
bisexualismo en forma de showman. Después de
ver algunas de sus presentaciones he llegado a la conclusión
de que se trata del más conspicuo de los homofóbicos
en el Perú, y hasta dudo de su opción
sexual. Creo que ha utilizado ese cartel de homosexual
para hacer un gran negocio, y que su actuación
espectacular en la televisión caricaturiza y
denigra a las personas verdaderamente homosexuales.
Regresando al tema, imaginé
que por ser una delegación oficial, nos iba a
recibir algún funcionario de la embajada, sin
embargo, ninguno apareció.
El mismo día de mi llegada,
había también, una mesa redonda sobre
la literatura peruana contemporánea.
Cuando llegué al auditorio
me encontré con una desagradable sorpresa: sólo
habían cinco personas. El embajador no había
hecho la necesaria y obligatoria campaña de difusión
a través de los medios de comunicación
sobre la valiosa presentación de intelectuales
peruanos.
Se decidió iniciar la mesa
redonda. La conformaban: Miguel Gutiérrez, Carlos
Eduardo Zavaleta, otro más que no asistió,
y yo. Finalmente, contamos con un público de
menos de nueve personas.
Al día siguiente me enteré
de que el embajador Forsyht sí había asistido,
pero había ido a buscar a un amigo, y al no encontrarlo,
se fue.
Escuché que cuando un periodista
colombiano le preguntó por los pocos libros que
se llevaron, él contestó: “Si en el Perú
nadie lee, de qué libros me habla”.
Al día siguiente fui a ver
el pabellón peruano, era un gran espacio, casi
de las dimensiones de la feria que se lleva a cabo en
Lima. A la entrada había un gran stand de libros
en miniatura, luego pequeños stands de algunas
editoriales y universidades. En gran parte de la sala
se exponían las fotografías de una señorita,
no recuerdo su nombre. También se expusieron
algunos cuadros de Szyszlo. Y un espacio donde se reproducían
documentales turísticos referidos al Perú.
En la zona de los libros, había
una muestra muy pobre, no de calidad, sino de cantidad.
Mientras me encontraba revisando
algunos títulos, llegó un gran número
de estudiantes y sus respectivos profesores, lapicero
y cuaderno entre las manos, se acercaron a una mesa
destinada a brindar información sobre el Perú.
Me acerqué al joven encargado de dicha mesa,
le pregunté de dónde era. Colombiano,
respondió. Le pregunté qué es lo
que sabía él del Perú, me dijo
que nada.
Indignado, una vez más,
le pedí que me cediera su lugar. Me quedé
toda la mañana respondiendo las interesantes
preguntas de los estudiantes colombianos. Preguntas
que mostraban un gran interés por la geografía,
la historia, la cultura y los lugares turísticos
del Perú.
Durante los siguientes días
que permanecí allí, ningún funcionario
de la embajada se hizo presente en las conferencias
y mesas redondas. Leíamos en grandes auditorios
con una presencia que no superaba las quince personas.
Gracias a la generosidad de un
amigo y gran escritor colombiano, Enrique Pozada, y
su esposa, me quedé algunos días más
en Colombia. Este escritor hizo gestiones en la Universidad
para que esta me invitara. Ahí di una conferencia
sobre la literatura peruana última. El auditorio
estaba repleto de estudiantes.
Recibí también la
invitación a cafés literarios, almuerzos
y comidas con destacados escritores colombianos. Esto,
que debió hacer la embajada, lo hizo mi amigo.
El domingo por la tarde volví
a la feria, pues me habían pedido que presentara
un libro.
Antes de esto fui a visitar el
gran stand peruano. Habían instalado una exposición
del Señor de Sipán. Pero también,
y lo que más me sorprendió, fue encontrar
gran afluencia de público. Había dos colas
extensas. Luego me percaté de que esas personas
esperaban su turno para recibir una copita de pisco
que dos chicas repartían. Me acerqué a
conversar con una de ellas, me tomó como a cualquier
otra persona, y yo le pregunté quién era.
Cuando me respondió, tuve que contener un gran
CARAJO que se sintiera en todo el stand. Se trataba
de la encargada de asuntos culturales de la embajada,
quien sólo había llevado el pisco como
representación de la cultura peruana. Le dije
que iba a presentar una demanda en el Perú y
me fui.
Esta ha sido una de las experiencias
más dolorosas y amargas de mi vida, claro que
siempre he sabido que la cultura en manos de la gente
que detenta el poder, es un desastre. Sin embargo, nunca
imaginé que se llegaría a estos límites
de ignominia.
Cuando llegué al Perú,
un periódico me preguntó por la feria.
Me concreté a decir que el Perú había
llevado como máximos representantes a una momia
y un payaso.
Es la primera vez que hablo de
esto extensamente, siempre lo he comentado entre mis
amistades, pero ahora creo necesaria su difusión
Dada la proximidad de la feria del
Libro de Guadalajara, es necesario tomar en cuenta esta
denuncia testimonial de Oswaldo Reynoso. La desastrosa
participación peruana en Bogotá el año
pasado, no se debe volver a repetir.
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Quizá en esta ocasión,
en México, el riesgo de caer en otro escándalo
internacional, sea mucho menor. Esto, al menos en el
nivel organizativo, pues felizmente estamos en manos
de una feria con un prestigio enorme, y que, como bien
lo adelantó Nubia Masías, ya ha realizado
las consideraciones respectivas, y definitivamente no
va a poner de regalo su bien ganada trayectoria. Sin
embargo, con lo expuesto solo buscamos poner en claro
el hecho de que la triste historia de Bogotá
nunca más se debe volver a repetir. Que la Fuerza
los acompañe, señores miembros de la Cancillería.
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| Francisco
Izquierdo Quea (Lima-Perú,
1980)
Bachiller en Literatura Peruana y Latinoamericana
por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
Desde el 2002 realiza trabajos de edición
para las áreas de Publicaciones de distintas
entidades, como ESAN, Editorial Norma y los diarios
El Comercio y La Primera. Es
codirector de la revista El Hablador
y del periódico de poesía La
Unión Libre. |
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