El rechazo inicial del libro, que parece casual o anecdótico, no lo es tanto. El libro en su relación con la sociedad, muchos años después del encuentro entre Atahualpa y Pizarro, se mantuvo distante

 

____________________________________________________________

El libro en el Perú

por Jack Martínez Arias

 

La relación incompatible entre libro y sociedad en la etapa de la conquista y la colonia, fue producto de un resquebrajamiento inicial. Desde la independencia hasta nuestros días, la situación no ha mejorado ostensiblemente. El Estado no asume su rol. Los colegios, que representan la base de la educación peruana, tienen una pobre formación académica que repercute en los hábitos de lectura. Las editoriales, que son las encargadas de difundir la cultura a través de la producción de libros, no se sienten respaldadas.

Estos son algunos de los puntos que desarrollaremos en adelante. Servirán para aclarar cuál es el lugar que ha ocupado el libro en la sociedad. Y qué lugar ocupa ahora. Finalmente, incluimos una interesante entrevista a José Luis Acosta (Cerlalc), quien nos dará algunos visos de solución, correspondientes a este tema.

El libro no ingresa, el libro irrumpe en nuestro territorio

El 16 de noviembre de 1532, en Cajamarca, el Inca Atahualpa y Francisco Pizarro protagonizan un encuentro crucial. Del lado occidental, el padre Valverde, con respecto a la cosmovisión andina, desmiente la existencia de las divinidades adoradas en el imperio. Atahualpa, incrédulo, le pregunta quién se lo había dicho:

Responde fray Vicente que le auía dicho el evangelio, el libro. Y dixo Atahualpa: “Dámelo a mí el libro para que me lo diga”. Y ancí se lo dio y lo tomó en las manos, comenzó a oxear las hojas del dicho libro. Y dize el Inca “¿Qué, cómo no me dize? ¡Ni me habla a mí el dicho libro!” Hablando con grande magestad, asentando en su trono, y lo hechó el dicho libro de las manos el dicho Inca Atahualpa.

Felipe Guamán Poma de Ayala
Nueva Crónica y Buen Gobierno, 1615

Los españoles se sienten ofendidos (aun cuando ni siquiera ellos podían leer el texto, porque se encontraba escrito el latín, y la mayoría, apenas sabía el castellano), creen que es una muestra de hostilidad, e inician el ataque.

Enrique Cortez, en su ensayo "Del libro o la censura: poética para una lectura crítica" (1), se refiere a este hecho como el inicio de una cultura del libro marcada por la violencia y la censura. Agrega que: “Allí donde el libro normalmente aparece como registro, como ayuda para inscribir el efecto de una situación en una subjetividad, en el momento inaugural que supuso el encuentro entre el Inca Atahualpa y Francisco Pizarro, su ingreso adquiere aspectos inéditos. Desde su aparición en Cajamarca, el libro se inscribe en nuestra historia cultural como un objeto, por lo menos huidizo, que nada tiene que ver con la lectura”.

El rechazo inicial del libro, que parece casual o anecdótico, no lo es tanto. El libro en su relación con la sociedad, muchos años después del encuentro entre Atahualpa y Pizarro, se mantuvo distante. Cortez señala acertadamente que el libro en nuestra historia se ha caracterizado por ser, reiteradamente, objeto de censura. Por citar un ejemplo: se refiere a la época de la contrarreforma, y resalta en ella el impedimento de publicar textos que no estén a favor de los asuntos sagrados de la Iglesia.

Tuvo que transcurrir largo tiempo para que la lectura adquiera notoriedad popular. Esto se dio recién a finales del siglo XVIII con el virrey Gil de Taboada, quien propició la aparición del Mercurio Peruano. La publicación de mayor trascendencia en aquella época. Lamentablemente, este diario duró lo que duró el virrey Gil en el gobierno.

A partir de ahí, las publicaciones, y por ende, la lectura, se hicieron más frecuentes. Sin embargo, cuando éstas representaban una amenaza para el poder, eran censuradas. Cortez concluye: “La lectura (...) no podía ser sino reprimida en la época colonial para garantizar el orden. En este sentido, la censura es la mejor manera de describir los alcances de la lectura, que en las primeras décadas del siglo XIX pudo mostrarse en toda su dimensión crítica y subversiva”.

El libro y la lectura en el Perú de ahora

Este carácter del libro, en disociación con el lector, se parece haber constituido como un mal endémico. A más de 450 años de lo sucedido en Cajamarca, el libro sigue siendo (aunque por otros motivos) un objeto raro e inaccesible para un gran sector de la sociedad peruana.

Sin embargo, la Biblioteca Nacional, a partir de un estudio encargado a la Universidad Nacional de Ingeniería denominado: “Cómo y cuánto leen los peruanos”, ha dado a conocer cifras, en apariencia, alentadoras.

El 77% de los peruanos ha comprado libros en los últimos tres meses. Al 89.6% le gusta leer. Y el 90.8% lo hace por iniciativa propia. Maravilloso.

Pero entones: ¿Cómo se explica la situación crítica en la que se encuentra nuestra industria editorial? ¿Cómo entender que los nuevos escritores tengan que autofinanciar sus publicaciones? ¿Por qué las librerías son pocas y, además, están centradas en los distritos limeños de alto poder adquisitivo?

¿Qué es lo que se lee?

Según esta encuesta, el universo de lectores es amplio. Pero ¿qué es lo que ellos leen? Encontramos que un altísimo porcentaje da como respuesta los diarios. La mayoría de estos periódicos, con titulares de lenguaje vulgar y fotografías grotescas en la portada. Fiel reflejo de una cultura morbosa y chabacana.

Y si hablamos de libros. Se observa que los lectores tienen mayor preferencia por los denominados textos de autoayuda. El mercado editorial ha encontrado en este tipo de producciones, el sustento económico que le permite mantenerse. “Debemos priorizar lo que más se vende” es el pensamiento lógico de los editores. Mientras tanto las novelas (que no sean de Bryce o Vargas Llosa), los relatos, y los poemarios, se ven relegados en el mercado.

Una muestra concreta de esta tendencia, fue la interminable cola de gente que se formó a puertas del auditorio principal en la pasada Feria del Libro de Lima para oír la conferencia Es posible amar sin apego, de Walter Riso. A la misma hora, y en una sala más pequeña y con poco más de la mitad de las sillas copadas, se presentaba a Pedro Lemebel, notable escritor chileno.

El ambiente literario está contaminado. Lo alarmante es que esta propensión hacia los Chopra o los Coehlo, es creciente. Ante ellos, en el mercado editorial, la literatura tiene que replegarse y ampararse en un público cada vez más reducido.

La percepción inicial de libro en nuestra sociedad: La educación secundaria.

El distanciamiento de la sociedad con relación a la lectura (y en el mejor de los casos, la preferencia por los libros de autoayuda), tiene una explicación proveniente de la instrucción secundaria: poco analítica y de aprendizaje tedioso, hace que el alumno, desde que se inicia en la lectura, se construya, sobre ella, una visión distorsionada.

Para Christiane Félip Vidal, escritora, educadora y formadora de docentes del cono sur de Latinoamérica, el problema principal de la educación en relación con la lectura, y por ende, con el libro, se encuentra en el sistema de enseñanza y, sobre todo, en la preparación docente. Ella nos dice:

“La deficiencia metodológica es determinante y la vemos reflejada en los textos escolares. Especialmente, en el curso de literatura, los libros están sobrecargados de metalenguaje. El alumno no puede entender, y solo con la primera impresión ya comienza a ver a la lectura como ejercicio difícil. Además, en sus temas, estos textos son repetitivos, aburren al alumno, ni siquiera los gráficos son adecuados. Pretenden encerrar todo el conocimiento literario en un solo libro: gramática, razonamiento verbal, historia de la literatura y otros capítulos se mezclan sin sentido.

Por otro lado, estos libros no desarrollan la crítica y el análisis. Son descriptivos. Se parecen a una clase magistral, donde se le da al alumno todos los elementos a ser estudiados, pero no se propicia la investigación. Ahora, estoy hablando del contenido que tienen libros editados por Norma o Santillana. Imaginemos entonces la calidad de los textos encargados por el Estado, con menos cuidado, y un presupuesto mezquino. Así no se puede despertar el gusto placentero por la lectura.

El otro gran problema, y para mí el más determinante, es la situación en la que se encuentra el maestro peruano. No tiene la posibilidad económica de adquirir los libros necesarios para una formación adecuada. Tampoco tiene el tiempo para leerlos. Así, su instrucción profesional se ve mermada, y es muchas veces insuficiente. Como resultante, el alumno no tiene al frente el guía idóneo que le indique el camino inicial hacia la literatura.”

_________________________

1 Obtuvo el segundo puesto en el concurso de ensayo El libro en la cultura humana, organizado por la PUCP. Ha sido publicada una recopilación de los artículos más relevantes.

 

1 - 2
home / página 1 de 2
______________________________________________________________________________________________________________________________________________________
contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2005 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting