Los
lectores, la crítica, los medios, evalúan
la carrera de un escritor a partir de lo que publica,
de la cantidad de libros, siendo este el medio físico
a través del cual se conoce al autor. ¿Crees
que un escritor debe ceñirse a esta situación,
o consideras que debe primar la decisión personal
para publicar un libro?
Yo creo que un escritor tiene que dedicarse solo a
escribir y cuando considere que tiene un texto terminado,
como para ser mostrado, puede publicar. Si existe
el criterio de mantenerse a la vista de todos, por
lo cual tiene que publicar con cierta regularidad,
entonces, a no ser que coincida la voluntad con la
capacidad para tener un texto bien hecho, pues bien
por él.
Ahora,
eso de publicar cuando uno cree que un texto está
bien no suele suceder rápidamente. En mi caso
yo sé que no publicaré con cierta regularidad,
y es algo que no me desespera. En realidad prima en
mí presentar algo que valga la pena, sin tener
una presión externa. Me tomo mi tiempo, sin
pensar que estaré o no en boca de los demás.
Y esto porque soy muy lento para escribir y tener
algo listo. Por ejemplo, hace poco he tenido que descartar
una novela para dedicarme a otra, por el simple hecho
que de pronto me he sentido distante, no del todo
conectado con ese proyecto. Lo importante es no desesperarse
si pasan los años y no publica. Así,
yo vivo tranquilo, felizmente.
¿La
novela que mencionabas es tu actual proyecto?
Sí. Como te decía tengo una que he dejado
a medio acabar, y otra que está casi lista.
Mi problema es la inseguridad, pues a veces pienso
que he juntado historias independientes, como para
un cuento, y que quizá les vaya mejor en ese
género; en fin, supongo que esto es parte de
la desventaja que tengo frente al resto. Pero lo importante
es que sigo escribiendo. Y sí me interesa publicar,
cómo no. Si uno escribe es porque quiere trasmitir
o hacer llegar sus ideas e impresiones a otros, y
ese medio es el libro. Quiero publicar, pero ahora
no tengo nada que valga la pena, según mi criterio.
Háblanos
de tu transición del cuento a la novela
Bueno, esto surge con la misma historia. El argumento
requería desde un principio que fuera una novela.
La primera comprobación que hice al iniciar
este proyecto fue que el hecho de haber escrito cuentos
no te asegura efectividad con una novela: este es
otro género, el cual tuve que aprender. En
el caso de los cuentos, yo obtuve cierta comodidad.
Ahora estoy aprendiendo de nuevo. La novela requiere
un aliento más largo, lento y pausado, a diferencia
del cuento en donde empiezas a escribir y ya vislumbras
el final, todo el corpus; en cambio en la
novela, a pesar de que puedas tener establecido el
argumento hay muchas cosas que varían, ya que
la dimensión requiere de otra estrategia. Los
efectos que se logran con un cuento no son los mismos,
las descripciones, las elipsis, las narraciones mediatizadas,
los diálogos, son recursos que van a ser tratados
en relación con la dimensión. En la
novela hay que desarrollar, a diferencia de un cuento
en donde puedes sugerir un sentimiento o una emoción
en tres o cuatro líneas. Aquí es muy
importante la atmósfera, la dosificación
de información. Imagino que sucederá
lo mismo para quienes quieran pasar de la novela al
cuento, y es que, definitivamente, son dos géneros
distintos.
¿Cuáles
son tus lecturas recurrentes?
Absalón, Absalón de Faulkner.
De Rilke me gusta mucho Los Cuadernos de Malte
Laurids Brigge. Pero ante todo prefiero a los
italianos, como Italo Svevo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa,
Moravia y Calvino. De los peruanos tengo siempre a
la mano los libros de Vargas Llosa, Arguedas. En el
caso de cuentos me quedo con Otras tardes,
de Luis Loayza, un libro que lamentablemente aún
no ha sido valorado a plenitud. También Ribeyro;
y Zavaleta, quien es un gran ejemplo de constancia.
Tú observa mi caso, que tengo un solo libro,
y el caso de él, que cada año saca uno
nuevo. De Zavaleta admiro mucho su disciplina, su
oficio de escritor.
¿Cómo
has sabido conjugar tu lado de escritor con el aspecto
laboral en tu vida?
Bueno, mi trabajo ha estado ligado a la prensa, a
los diarios, básicamente escribiendo y corrigiendo
artículos. Además he estado enseñando,
aquí en Lima y ahora fuera del país.
Bajo una óptica general, no creo que haya mucha
dificultad en compaginar el trabajo con la escritura:
siempre habrá tiempo para poder escribir. El
hecho que no haya publicado últimamente no
es porque no tenga tiempo, sino que soy un escritor
muy lento e inseguro. Si uno tiene una vocación
no la cambia nadie. Si uno sigue en la literatura
es porque eso le gusta, y lo hará de por vida,
sin buscarse excusas.
¿Qué
consejos darías a los jóvenes que empiezan
a escribir?
Para la escritura es importante creer en lo que uno
hace, forjar la confianza personal. Así uno
no esperará o estará al tanto de la
opinión de terceros que rijan tu futuro como
autor. Cuando uno consigue esto, las opiniones que
descalifiquen lo que escribes no importan. La otra
opción es publicar de prisa y esperar cruzando
los dedos la opinión del resto. En la poesía
uno puede ser precoz, pero en la narrativa eso es
muy difícil, uno tiene que madurar necesariamente.
La mirada del narrador es panorámica, no solo
interior, lírica, como generalmente aparece
en la poesía.
¿Qué
opinas de la literatura en Internet?
Me parece una buena opción, por la comodidad
y facilidad de difusión. La literatura no podía
quedar fuera de todo lo nuevo que ha traído
la globalización y la modernidad en general.
Ahora la gente más joven está acostumbrada
a leer en pantalla, y no solo revistas o periódicos,
sino hasta un libro. Por ejemplo, yo recién
me acoplo a eso, a leer un determinado tipo de letra
que presenta la computadora y las distintas webs.
A propósito de esto, recuerdo a un amigo que
decía, hace muchos años, refiriéndose
a las letras de las máquinas de escribir eléctricas:
“Si yo hubiera tenido una de esas máquinas
ganaba todos los concursos”, y cuando le preguntábamos,
respondía que con esa letra tan bonita cualquier
cuento es bueno (risas). Y es que uno lee influido
también por la belleza de la diagramación
y la tipografía. Actualmente yo escribo en
computadora, y creo que es la mejor invención
hecha por el hombre.
©
Francisco Izquierdo*, 2004 
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