A ñ o 1 N º 1
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d i s t r i b u c i ó n g r a t u i t a
textos publ icados en la red
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En la época de oro de los blogs literarios peruanos (hace pocos años que parecen muchos) daba la impre-
sión de que nuestro medio literario nacional era un espacio donde las cosas (buenas y malas, productivas
e improductivas) no paraban de ocurrir: se escribía, se publicaba, se debatía, se elogiaba, se insultaba,
se señalaba con el índice, se daba tribuna, se pasaba por alto. El descubrimiento de las posibilidades de
difusión virtual facilitó las cosas para todos quienes, escondidos tras sus pantallas apagadas, esperaban
el espacio que les era esquivo en los medios tradicionales. Y el espacio llegó en forma de blogs, y de esa
manera se volvió fácil bajar al ruedo y decir unas cuantas cosas, las que teníamos guardadas y queríamos
compartir quién sabe desde cuándo. Ý todo funcionó muy bien: conozco a más de uno (en realidad a más
de tres, más de cinco, más de diez) cuyo hobby predilecto era visitar los blogs literarios, entrar varias veces
al día, comentar, crear seudónimos, mandar mails para hablar (con indignación, con interés, con rencor,
con alegría) de los posts más recientes, los links, las broncas, las nuevas chapas. Los blogs literarios perua-
nos de la década pasada crearon un paraíso perdido, un espejismo que parecía real si se le observaba de la
mano con la aparición de nuevas editoriales, narradores jóvenes, premios internacionales para escritores
peruanos, todo lo cual parecía probar que nuestro medio literario era real, que existía un sistema fuerte,
una industria en pleno proceso de desarrollo, gente interesada, críticos inteligentes, amplios grupos de
lectores, el medio literario como un campo de batalla donde se podía meter los codos y conseguir sacar la
cabeza sobre la de los demás. Pero fueron pasando los años, menos de los que parecen, y de pronto algo
se rompió. Y fueron los más asiduos, naturalmente, quienes dieron la voz de alerta, quienes con frases
sencillas lanzaron los primeros anuncios de la próxima e inminente desaparición: ya no pasa nada, ya dejé
de entrar a tal blog o a tal otro, ya no hay nada que leer. Ya fueron los blogs. Ya fueron.
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¿Qué pasó? ¿Flor de un día? ¿Juguete nuevo que se desgastó? ¿Estamos en una etapa de transición o se
volvió al estancamiento de antes? Podríamos suponer que los blogs permitieron que todos los que tenían
algo que decir de pronto lo dijeron en catarata, pero que una vez que eso ocurrió quedó un silencio ro-
tundo en nuestra sala virtual. No suena del todo descabellado. Aunque la mayoría se inclina a pensar que
la virtual muerte de los blogs (al menos tal como los conocíamos en sus buenas épocas) tiene su origen
en las llamadas redes sociales, y de manera especial en el avance incontenible de Facebook. Aunque no
creo que dicha popularización explique al 100% la caída de los blogs, sí es verdad que sentenció un fnal
que por ahora parece difícil de revertir. El problema es que del texto impreso al blog, y sobre todo del blog
al Facebook, no hemos cambia-
do simplemente de soporte, sino
que también se ha transformado
la manera de estar informado,
de enterarnos, de participar. Y
además, se ha alterado la velo-
cidad, se ha recortado el tiem-
po que estamos dispuestos a
dedicarle a una noticia o a una
opinión.
Un poco de historia: los blogs
funcionaron muy bien, en pri-
mer lugar, porque desterraron la
necesidad de ser aceptado por
un medio impreso (en rigor, la
necesidad de ser aceptado por
cualquiera que no sea nosotros
mismos) para compartir lo que
escribíamos con cualquier po-
tencial lector. Esta facilidad de
publicación no solo tuvo como
consecuencia una grata multipli-
cación de contenidos, sino que
estos nuevos espacios formaron
una red, con afnidades y desen-
cuentros, al interior de la cual
era moneda diaria comentar,
citar, apoyar u oponerse a otros
bloggers. Existía una especie de
canon bloguero que marcaba el
paso de la maratón. A algunos
les parecía bien que hubiera
blogs más “importantes” que
otros (más leídos, más comen-
tados, más citados). A otros no
tanto. Pero creo que esa mecá-
nica a la larga era benefciosa.
No se trataba solo de medios
aislados, sino que era posible
detenerse a debatir e incluso a
aprender. Hoy, en cambio, cada
uno anda perdido en sus propias
elucubraciones. La prueba está
en que antes si te juntabas con
gente más o menos interesada
en lo literario te dabas cuen-
ta de que todos entraban a las
mismas páginas. Pero no había
unanimidad porque cada uno
miraba de una manera distinta:
unos estaban a favor y otros en
contra, y por eso siempre había
algo que decir. Hoy te reúnes
con la misma gente y ves que
cada uno lee cosas distintas. Y
esta aparente pluralidad es en
realidad dispersión, ya que todo
es más superfcial, inmediato,
solitario y por tanto, a la larga,
improductivo.
Con una dispersión imposible de
controlar, lo único que llega a ser
más o menos conocido, paradó-
jicamente, es lo publicado en los
medios impresos y tradicionales,
nacionales o extranjeros. El Fa-
cebook, más que un productor,
pasó a ser un rebotador efectivo.
En este nuevo formato no pare-
Sobre la
muerte de los
blogs (en un
blog)
Blog - Columa
Por Francisco Ángeles
ce haber espacio para iniciar lar-
gas discusiones o para quedarse
enganchado con los comenta-
rios de un post. Por lo tanto, nos
quedamos con las manos vacías:
los medios tradicionales, elimi-
nando sus secciones culturales
o recortándolas hasta límites
ridículos, fueron dejando de
lado un espacio que de a pocos
iba siendo reemplazado por los
blogs. Hasta ahí todo bien. Pero
cuando los blogs también empe-
zaron a cerrarse o a sobrevivir
de una manera cada vez menos
articulada, no apareció reempla-
zo alguno.
3
Otro aspecto que se debe resal-
tar es que los blogs requerían
cierto compromiso de parte de
sus administradores (postear
al menos cada tanto, tratar de
redondear una idea, proponer,
informar, despertar polémica).
Pero también, y sobre todo, im-
plicaba un compromiso de par-
te de los lectores (entrar a los
blogs de uno en uno a ver qué
pasaba), compromiso que ahora,
sobreexcitados por la avalancha
de información, muy pocos pa-
recen dispuestos a asumir. Por
tanto, la caída de los blogs es
básicamente el resultado de no
haber sabido adaptarse a la nue-
va manera de estar conectados.
Ha sido asumir que haciendo lo
mismo, en esta época, se podía
conseguir la misma atención
que, por ejemplo, hace tres años.
Con los blogs era más fácil: se
posteaba como si fuera un artí-
culo de periódico o de revista; a
veces como si fuera radio o tele-
visión (podcasts, videoblogs). No
había nada nuevo que inventar.
Eran los mismos formatos, solo
que a través de otros medios.
Pero ahora la mecánica es muy
diferente (cientos de personas
en tu página de Facebook, ha-
blando al mismo tiempo de mil
cosas) y sin mucho tiempo para
dedicarle a ninguna. En este
nuevo escenario, ¿cómo recupe-
rar el debate, las discusiones, los
viejos circuitos? ¿Cómo podrían
los asuntos literarios volver a
instalarse en la rutina diaria de
los interesados en sus paseos
virtuales?
Habría que inventar nuevas for-
mas que vayan de la mano de
estas tecnologías que por ahora
han desbordado la capacidad
de respuesta. La solución obvia-
mente no la voy a dar yo. Pero
sí se puede proponer algunas
alternativas, que bien discuti-
das, podrían llegar a algo. Unas
probables salidas en la próxima
oportunidad.
http://www.elhablador.com/blog/2011/02/14/doble-click-2/