Acteón
Devorado por los perros
expiro entre la verde maleza del bosque
convertido en un tímido ciervo por mi ingenua curiosidad.
Las oscuras fauces de los hijos de Cerbero
desgarran la tersa piel de mi nueva identidad
y beben mi espesa sangre que se mezcla con las diáfanas aguas.
Solo me consuela la voluptuosa imagen
que guardo en la memoria de la diosa cazadora
sus turgentes formas emergiendo de las aguas del río
su mirada de pequeña ternera
sus senos de suave durazno
las insinuantes ondulaciones de su pubis
y sus ojos de adolescente sorprendida.
Preso de mi aciago destino
he de morir soñando con la doncella del arco de plata
aquella que no tolera la mirada furtiva de los mortales.
Artemisa
Nací como diosa virgen de la caza
hermana del enigmático Apolo
paseo como dueña del bosque
con mi legión de ninfas agrestes.
Me solazo en las celestes aguas del río
donde dibujo mis pasos y mi sombra
alejada de los dioses y los hombres
reflejo mi desnudez en los espejos acuosos
y en las pupilas de mis fieles compañeras.
Solo un hombre osó mirar mi prístina desnudez
guiado por sus perros el cazador creyó hallar su mejor presa
oculto entre la sombra verde del bosque
pudo ver las sinuosas formas de una diosa.
El infeliz príncipe de Tebas
ha dictaminado su suerte por su insolente actitud
convertido en un ciervo hubo de morir
como víctima de sus propios canes.
Así el secreto ha muerto entre las fauces sangrientas
de tu terrible jauría innoble Acteón.
Odiseo
Escucho el canto triste de las gaviotas
en esta prisión de agua
en esta isla desierta donde la sombra es una buena compañera
aquí donde el mar se asoma en cada suntuosa ola.
Prisionero de los níveos brazos de la diosa
soy víctima de su inmortal belleza
en las noches desiertas de la Luna
donde los lobos aúllan cansados.
Mi deseo se extingue
como las lágrimas saladas en la arena
una pequeña antorcha de fuego en la lluvia.
En la oscura vivienda de Calipso
suelo engañar a la tristeza
como pequeño juguete de la lasciva diosa
a cambio de su prometida inmortalidad.
Tras las apasionadas luchas nocturnas
el sueño se renueva en los brazos de mi amada mortal
allá en mi lejano lecho de Ítaca.
El amanecer me devuelve la pesadilla
condenado a la eternidad divina
clamo a los dioses por la muerte al lado de la fiel Penélope.
© Nehemías Vega, 2009 |