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Reinhard Huamán Mori

Jorge Giraldo

Ximena Figueroa Flores

César López Núñez

Dante Ayllón Bulnes

Diego Alonso Sánchez

Denisse Vega Farfán

Miguel Ángel Vallejo Sameshima

Sebastián Kleiman

a Ana Xochitl Ávila

a Jennifer Thorndike

a Alejandro Neyra

 

____________________________________________________________

 
por Jorge Giraldo



Ya que nos escupiste la desdicha en forma de vientre, madre
Y nos regalaste la cordura como un racimo de lluvia que se desprende
Un poco de agua no vendría mal, no?
Sí, torpes son las horas del que nace necesitando
Ya no recuerda cuando niño golpeaba las escaleras de casa en busca de flores
Resucitados ejercicios de inocencia
Ahora eres hombre, y tus glándulas crecen como el ombligo de un lobo que se asfixia
Es como si en un momento repentino se te hubieran cansado la vida y el alma
Y los animales de tu carne repitieran un solo himno desastroso
Apuras un trago de calma como un ron bien hediondo, desmenuzado
Sí, seguridad en las venas
Un abrazo contundente

 

 

 

Por qué no te sanas cuerpo?
Porquería de cascos y tierra fértil pero inútil
Si en otras mentes la carne por si sola se glorifica y sus flores siguen el curso precioso de las aguas
Y tú en cambio
Podrido
Crees estarte bien de toda hora
Y no llegas a ver que te alimentas de atajos y bulla
Y duermes de lado cerrando para siempre el precipicio del sueño
Y suplicas la sal el hermano y aquel juego estúpido con los padres
Por qué no te curas?
Ni que estuvieras condenado sin haber resuelto el acertijo de los arroyos
Inocente eres cuerpo y te estas acá ya cuantos años?
Avinagrado de esperar la salida del astro uniforme
Mirando el canal que te recorre como si fuera el ansiado trofeo de guerras abandonadas
Acá sigues, piadoso ante tus carnes porque llegan gentes pero tú nos los ves, cuerpo
Sánate ya, qué esperas?
No ves que tarde cae la madrugada con su vestido de arrepentimiento?
No ves acaso que te necesitas para saltar?
Para desear nuevamente las piernas de tu mujer, que has dejado abandonada al hambre de los espejismos solo por un capricho de tu podredumbre?
Con ojos de bestia miras a Cristo en la herida abierta de la habitación
Es tu solemne reloj de espera
Tu cura de mayor

 

 

 

Ya no le temo al aguijón del magnífico celador de estas tierras. Él es un pobre animal sin dientes y desarmado que nunca supo de la santidad de los obreros ni pudo en su solemne ferocidad de gallardo trashumante cantar las canciones que de memoria pintarrajeábamos en los centros comerciales señal del abandono de los pueblos. Mientras tanto, en los confines del hueso, mi cuerpo ha decidido de manera autónoma, casi revolucionaria, ser solamente el bosquejo de la sangre, clara y tibia; autosuficiente. Y desde el litoral que define los contornos de mi enfermedad, afectado en la vida, por la vida, sudando hambriento, atornillado de aguijones, los veo manipular el acero de un lado a otro de la avenida macilenta. Y ya no temo a ese sol que inocente se pudre de los pies a la corona, ni al aguijón del magnífico, no temo. Ya dan las 2 de la tarde. Ya vienes con tu falda de aguardiente.

 

 

 

 

 

Reconozco nuestro amor en la amable carcajada de Lima
Y porque no pensamos en el tiempo es que nos encontramos así: saciados de él.
Juntos y acechados rebalsando miel por las fuentes
Pensando la vida dios y sus energúmenos ídolos de cloruro de sodio
Porque juntos estamos, no?
Hueso contra el hueso
Y no contra como si de una venganza sorda dijéramos
Si no violentos de abrazo, tercos de apego
Disfrazada de santa me coges los dedos
Te has puesto los guantes de aluminio
El de las grandes batallas
Y la sonrisa tan idéntica, tan esposa
Ya creo en la vida

 

 

 

 

 

 

 

Si has hallado de nuevo un cuerpo
Y este se marchita frente a ti
Desnudo
Opaco
No claudiques
Que de repente el verano y sus noches
Tranquilas
Volverán para mejor adormecernos
Lo sabes
Ese cuerpo tuyo que hallaste a la sombra de mis brazos
Sigue ahí
Superando el escollo de los trigos marchitos y la inundación
No vuelvas pues los ojos hacia mi orilla
Por mí dormido y derrotado
El escándalo de tus piernas me asegura la vida
Y ya no entiendo cómo has de aparecer en la letanía que ejercen los demonios y sus cómplices, aherrojados esclavos de rencor.
Sabia eres
Y me apuestas lo preciso
Perdóname el invicto paso del tiempo
El amor.

 

El paseo alrededor de los parques y la mirada que envuelve envidiosa al otoño como un capullo no están más
Hicimos promesas, si, sentados sobre la horma que direcciona al sol y nos dimos forma de amantes
Clarísimos estábamos en la noche que no termina, casi niños
Descifrando sobre el esqueleto cuadriculado de los periódicos la sabiduría del mundo
Y  enroscado al tallo de tu cuerpo, me santifico
Porque siendo anciano ya no vas a amarme
Ni siquiera sembrarás en la tumba de mi cabeza la espina que justifica las acciones torpes del pecador
Así llegamos y así nos hemos juntado lentos y asfaltados en la calle con nombre de agujero
Toman rumbo los defectos
Así se aman donde sea

 

© Jorge Giraldo, 2010

 

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Jorge Giraldo: Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado el poemario Seamus con la editorial Ojosonàmbulo (2006). Actualmente está desempleado.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/poesia18_2.html
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