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Reinhard Huamán Mori

Jorge Giraldo

Ximena Figueroa Flores

César López Núñez

Dante Ayllón Bulnes

Diego Alonso Sánchez

Denisse Vega Farfán

Miguel Ángel Vallejo Sameshima

Sebastián Kleiman

a Ana Xochitl Ávila

a Jennifer Thorndike

a Alejandro Neyra

 

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por Ximena Figueroa Flores



Después de aquí-después de ahora

Después, después las sombras de los de antaño
Los murmullos callejeros que ahora anhelo.
La sangre derramada en humedales de esfuerzo;
La salvia y la ignominia
Y sus rostros, después sus rostros
Despojados del recuerdo de los míos,
Mis facetas enfrentadas
A ese umbral resiliente del tiempo y la deriva.
Después, después la casa
La de siempre
Natal en sus cuatro esquinas,
Y sus objetos, perdidos en la inutilidad.
Después la madre y el senil,
La imagen del exilio al fin evanecido, en el después
Ese que se empeña en postergarse hasta incluso
Desaparecer.
Después,
Después el viento.

 

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Presagios para Virginia Paz
 
Fue, Paz, tan denso el camino material
Que separaba tus coordenadas de las mías,
En ese Santiago enciclopédico, numinoso de contactos que
Nos atropellaron a nosotras el reencuentro.
 
Fuimos, dos muchachas de edades y orgullos similares
A las que no les favoreció nunca (en tiempo compatible)
La extensión de la patria,
O al menos la leyenda que hoy nos queda de ella.
Caminamos, sin embargo, (con los pies puestos en este Forum de la rebeldía)
–La astucia de nuestras pobres horas como estudiantes extranjeras– 
Las calles de un Valparaíso imaginario, fingido en estrellas multicolores,
Como suelen ser la hipocresía de tus cuadros
Y tu espantosa soledad.
 
Yo me iré “de esta ciudad con la resignación de los visitantes en tránsito”
Robándote un nuevo dolor, y con él
La pesadumbre de mi triste gloria en solitario.
Tú te quedaras envejeciendo entre tus pinceles y tus formas.
Y conscientes de nuestro hundimiento
Atropellaremos por separado este amor del presente:
Tu placer del ojo y mi sonoridad.
 
Yo me inventaré un futuro entre esos cerros lunares
Que nos trasformaron, en el acto de elucubrar,
El paisaje ajeno en bello.

Te encontraré en otras auroras,
Para recordar como verdugos,
Arruinados ya de tanto absurdo, que
Fue tan difícil  caminar una ciudad sin amor, pero
Fue más difícil caminar amando, como lo hicimos
Nosotras en París.

 

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Psicoanálisis breve e inquisidor                             

                                                               A María José Carrasco

Eras la muchacha del umbral
Del rezo y del gemido vergonzante
La anemia insaciable de un lapsus
Repetido infinitas veces
Te disfrazaste de Alondra
Una mañana gris y tormentosa
(El sol tuvo envidia de tus cabellos dorados)
Y ningún ser logró ver tu hazaña
Se la confiaste a los muertos
Espectadores del mundo
Según me dijiste
Tratando de justificar una vez más la condena

Es que nunca fuiste la madre
Amiga mía
Pues la memoria no prescinde de lo involuntario
Y para esas diminutas ánimas que tanto lloraste
Fuiste más olvido que dolor
Un recuerdo condicionado y torpemente perfectible

Porque sólo fuiste la hermana celadora
Y la hija pródiga
De las que tanto habíamos advertido
Por eso aquellos gatos miserables
Prefirieron el tejado a tus caricias

 

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Quisiera haberme salvado

Quisiera haberme salvado de aquellos mordiscos
Del afán de cazarlos a la vez pero en distintas entidades
Haber recompuesto con esa salvación inexistente
Mi cuerpo
Partido en dos
En lo vicioso en lo espumoso
De la sal que nos deja sin aliento

Haberme salvado
De la torpeza amable y voluptuosa del mancebo
Del contagioso pero agudo aburrimiento del suicida
Aunque fuese por respeto a lo sangriento
Que hay en toda hendidura

Quisiera haberme salvado
De la ingenuidad con la que iba y venía hasta el hartazgo
Por barrios contradictoriamente besadores
Gratuita
Devorada
Por el amor y por alguna muerte lenta

Quisiera que se hubiesen salvado
Del cadáver del flujo en el que se dispuso mi imagen
Febril e irresoluta
De la risa de la madre en sagrada mentira
 

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A imagen y semejanza

                                                                         A Natalia Figueroa

Te anduve buscando
Por las ácidas veredas del tiempo
Para luego de ocho años encontrarte y huirte
Por temor a confirmarme
En tales parecidos
Fui a buscarte entre los cerros
Las playas y los mapas
Pero nunca vi en mi sombra
La posibilidad más cercana
A nuestro encuentro

Hasta hoy mis sitios
Se configuran
A imagen y semejanza de los tuyos
Y mi tiempo se detiene
Esperando un reencuentro sideral
Más irreal que tu crónica inocencia
Pero no menos doloroso

Sé que cuando oyes tu nombre
En la orilla de tus sueños
Aún persiste mi altanera imagen
Pero la vigilia impone
El cruel engaño de creer
Que es otra
De las tantas semejanzas
Que la sangre nos otorga

No eres más que mi propio cuerpo
Desilusionado de su sombra
Que quince confirmaciones esparcidas
Sobre veintitrés temblores
La rebeldía veraz de lo que nunca
Me atreveré a maldecir

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A las piernas de un café o del cruel abecedario

Ahora escribo, pero cápsulas de tierra
Y bombas de saliva condenadas,
Pequeños gritos de espanto convincente
Semejantes a una lanza de carbón
Quebrajada por el golpe.
Escribo, me sumo a este "lenguaje otro"
En la vulgaridad más deliciosa de lo ajeno:
El rito hecho público a las piernas de un café.

Escribo, y si que duele esta práctica
Como el rol de Judas a causa del mandato,
Como el sudor sin recompensa
Que no entendimos los mortales
Tratando de sostener la gloria en el humano padecer.

Porque sólo lo que no cesa de doler
Permanece en la memoria,
Bienvenida eterna rebeldía
Ahogada en cruel abecedario.

 

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De esta ciudad y sus desencuentros

Esta ciudad es una pulsión corroída,
Un mal de ojo que me hicieron tus diatribas
Esa vez que intente matarte de arrebato.
Y tú, en el intento por salvarte,
Congelaste una quimera allí, donde mismo yo sufrí de infinitud.
Un charco de barro que te escupiste en el alma
Por esa rauda, por esa ingenua manía tuya de no llorar.

Esta ciudad es tan ominosa incluso.
Tan blanca y familiar es su sospecha,
Que me aterra y me sulfura,
Como antes,
Tus hojas sin mi nombre,
Tus sueños sin dolor.

Tan blanca y caprichosa deviene esta ciudad,
Este “sitio muy grande y lejano y otra vez grande”.
Un castigo medieval, un sofoco
Divinamente soportable.
El poema más conjetural que hemos hecho,
Nos es –ahora– ella.
La desaparición de los años, y los pasos
(Desencuentro de hojas secas)
Que asistieron sin reproches
Al olvido
Suicida
Del amor.

La bilis negra de cuando te fuiste
Y yo llegué.

 

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La búsqueda

Tal vez sería mejor invertir las cosas
O imaginarlas, más que sea,
Diferentes.
Mejor, que el sufrir la entrada a estos murmullos fatuos e indelebles
En tu nombre, pero sin ti.
Salir a buscarte nunca fue tan en vano como ahora. Pero tú crees ser,
En esta vida tuya tan laberíntica que hoy me otorgas,
El aire y el veneno,
La soga al cuello con la que me mataría si diera por pérdida
La batalla de tu encuentro.
Mejor sería invertir las cosas.
Morir aquí, bajo la llovizna de un agosto caluroso. Como antes,
Aquella llovizna de febrero en nuestro aparecer salvajes por Ollantaytambo,
Cuando eras tú quien me buscaba
Sin lograr deshacerme yo, de ese poder que me daban tus tristezas.
Sufro una caminata de este lado del mundo, en tu nombre y sin ti,
Pero no he muerto tantas veces como quisiera la crueldad.
No he muerto tantas veces de tu no fuego, de mi no dicha.
Tu sombra de antes acompaña los recuerdos de mi monarquía,
A la orilla de este río tan famoso,
Frente al que me la paso imaginando, más que sea,
La inversión de las cosas:
Tú, buscándome en un abril de primavera,
Mientras yo empapo de lluvia, aquellas piedras tristes
De Ollaytantambo.

 

 

© Ximena Figueroa Flores, 2010

 

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Ximena Figueroa Flores: (Santiago-Chile, 1982) Es egresada de Pedagogía en Historia y Ciencias Sociales por la Universidad Academia de Humanismo; Magíster en Arte, Estética y Estudios Culturales por la Universidad Paris I, Panthéon-Sorbonne; actualmente prepara un Doctorado en Literatura en la Universidad Paris III, Sorbonne-Nouvelle. Ha publicado parte de su trabajo en el folletín de poesía de la facultad de letras de la Universidad de Chile y en la revista latinoamericana Los poetas del 5. Tiene en proceso de preparación el poemario Del tiempo y nuestra muerte.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/poesia18_3.html
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