Carlos Germán Belli
Roger Santiváñez
Chrystian Zegarra
Ezequiel D’León Masís
Alessandra Tenorio Carranza
Melania Menéndez Salazar

El profesor malgeniado / Jorge Eslava
Un instante para Aída / Rafael Sánchez Villegas
Don Quijote contra las trasnacionales / Giancarlo Stagnaro
La Estatua de Bronce / Roberto Roig
El adversario ambiguo / Martín Palma Melena
Sueño desde la jaula / César Pajuelo Moore
Heriberto El Enfermo / Manuel Aguirre

 

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Ezequiel D’León Masís

por Ezequiel D’León Masís

 

Postal, desde...

“Ella, que hasta ahora había permanecido indiferente y soñolienta, estaba como transfigurada”.

Alejo Carpentier, Los pasos perdidos, 1953.

Tampoco estuve lejos de sospecharlo,
lejos de voltear y clavar mi interés
en su ademán transfigurado.
Tan sólo calculo el gesto voluble a toda hora.
Luego, sin duda, sería la noche…
Intuyo la probabilidad de quedarme,
detenerme ahí,
eludiendo su presencia de mujer fortuita
y, en seguida, indicarle que regreso de inmediato,
que he olvidado en el lodo
mi poca certeza de animal exacto.
Así, ambos,
de súbito quizá,
repasaríamos el azar por un instante:
Yo, torpe. Ella, irresoluta.

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Repertorio urgente
en la noche alta

—Conjugaciones de la Postal—

A Ana Gabriela Padilla

I
No a los valles conjurados.
No he venido a eso.

II
Luego del punto ciego
de intuirnos en azar o sudor de acaso,
debimos —seguro— habernos sido descubiertos
y vueltos a cubrir
en esto que, sin tildes,
nos hace hoy sobrevolar el beso grave
por el límite suave de su peso.

III
Cosas hay que nos acusan…
El pómulo abierto
en su temblor entero.
La marca felina, su duro fervor voraz.
La garra del estrépito
en la ancha espalda.
Cierto hueco de hambre
a lo mutuo destinado.
No otra sino esta espiral sedienta
del nautilo que crece y nos conjuga adentro:
sed tuya en mí
y tuya de mí en vos.

Sed de Ella en él
—se dirá—
y suya de él en Ella:
La Sospechada,
la única amada desde antes.

IV
Porque detrás del averno
reducido a hielo por este fuego cierto,
un ritmo de asensos
nos atrae a sus fauces:
nuestro viaje
hacia el NO mayúsculo,
libre, inexplorado.
El sí reconquistado,
más allá del don cesante de la muerte.
La nada adánica, a secas,
con su soplo álgido de barro;
álgido Adán, yo mismo,
en tu soplo raudo.

A eso, ciertamente, fue que vine.

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Dora Maar

Harto de tanto segundo piso, yo,
individuo anónimo en el suburbio,
derivo la grisación del espacio.
Por la avenida recoleta, sigo.

El cese de lo visto abulta el ojo:
cero abolido es hoy sobre el asfalto,
resabio en voluntad devenido, así.
No el ocre denso del mimbresqueleto,
ni otras las horas de los otros. Nadie.

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Del Zen al Tsé-Tsé

A Julio Serrano

Verdugo de la vida,
el lenguaje: su opacidad de mosca,
eso que separa los objetos
sin rehuir de la materia.

(El trajín de tanta cosa hueca.

Ése que, flaco de sí y muerto,
decide esto por aquello
y nombra y ya se eleva
en inmodesto cacareo
hacia su empeño idiota de conceptos).

Nunca, Julio,

lo creímos nuestro. No.
Ni a su suerte.
Ni cuando, en la picota,
a nuestra hora, se nos dijo:
—¡Lenguaje nuestro, poetas…! —mientras ellos,
los enfáticos, los jergosos de su puta ciencia,
repartían los dones del disfraz y la carantamaula,
para que, pronto,
nada de esa calistenia
nos fuera sostén de qué, de quién,
a cuenta de cuál desesperanza.

Pero algo hay que supimos
cada uno por su lado:
antes del adjetivo
exacto y aplaudido

(antes del besuqueo estético
con la vedette estática),

vivir es necesario. Dolerse,
a su imagen, uno mismo.

Curados del sueño,
en la víspera,
no nos fue urgente código ninguno.
Se lloró, allí, lejos del tapujo. Hablamos
del plan de irme o de quedarme.
Hablamos del peso acre de quien
acecha mi cuerpo descompuesto:

Ella,

la de mi odio blando

contra el oído suyo. La

del signo encorvado e insoluble.

(¿Fueron sus ganas de ausentarse
mi moneda? ¿Acaso fue mi saldo
esta pinche sobrevida inútil?).

© Ezequiel D’León Masís, 2005

 
 
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Ezequiel D’León Masís (Nicaragua, 1983) Ha publicado un breviario de poemas titulado Trasgo (2000) y, con otros cuatro autores, El sinónimo antónimo (2002). Su poesía aparece en la muestra Poesía de fin de siglo: Nicaragua-Costa Rica (Perro Azul, 2001) y en la antología hispanoamericana El decir y el vértigo (México: Filodecaballos Editores, 2005). Además de poesía, escribe artículos literarios, relatos y teatro breve. Pertenece al consejo editorial de la revista nicaragüense 400 Elefantes.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/poesia8_4.htm


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