Nº 19
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reseña    
Richard Parra  
Contemplación del abismo
Lima: Borrador, 2010.
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Vínculos secretos de la violencia política

Yo, Señor, soy su siervo. Líbreme de mi prisión y le haré
sacrificio. Mi corazón, mi lengua, mis sentidos y potencias
serán suyos. Usted es mi salud. Mi refugio. ¿Quién soy yo?
Pecado, deseo, voluntad. En lo profundo de la muerte,
yo estaba sumergido en la maldad de mi corazón, que era
un abismo de corrupción e iniquidad. Deme libertad para
sujetarme a su suave yugo.

Richard Parra,El Cristo en Aucayacu”

Nueve relatos conforman el conjunto denominado Contemplación del abismo. Lo primero que llama la atención es la diversidad de registros temáticos que el autor encara. En efecto, Richard Parra plantea intrigas que se desarrollan durante el período colonial o en pleno conflicto interno peruano. Esto sin contar con las historias de corte urbano-marginal que ambienta en barrios limeños como La Victoria o en otras latitudes, pienso en países como Italia o Estados Unidos. Es necesario señalar que el interés en abordar diversas realidades —sociales, culturales, espaciales y temporales— no se consume en el simple deseo de hacerlo sino que se cristaliza en textos bastante solventes. En ocasiones, incluso, Richard Parra se las arregla para enriquecer temáticas que ya han sido tratadas con anterioridad. Un ejemplo: el relato que da nombre al libro retoma uno de los tópicos que, de un tiempo a esta parte, son una constante en nuestra literatura y que se ha venido a denominar “literatura de la violencia interna”. Esta vez, sin embargo, se trata de darle un nuevo enfoque: a partir de elementos oníricos se refuerza el aspecto delirante tanto de los personajes como de la realidad representados.    

Acaso tenga mucho que ver en esto el estilo con el que Richard Parra aborda sus relatos y que, considero, hace de él un escritor diferente en el panorama de nuestras letras. Se trata de una escritura concisa, ágil, me atrevería a decir incluso espartana, una escritura que por momentos puede llegar a parecer demasiado árida o avara. En un horizonte literario donde abundan los debuts literarios inflamados de verborrea, la escritura de Parra reclama, por el simple hecho de su sobriedad, un lugar particular. Ahora bien, lejos de tener como contraparte una apuesta estética prosaica o banal, el lenguaje que utiliza, con toda su crudeza, es un lenguaje que misteriosamente lleva al lector a los límites de la experiencia, a esas regiones en las que la literatura busca metaforizar aquello que acaso ningún otro discurso puede representar de manera tan problemática: la naturaleza humana como estrechamente vinculada al mal.

De hecho, tengo la impresión de que es justamente este estilo lo que permite plantear de un mejor modo los motivos que, a juzgar por la manera en que aparecen en cada uno de los cuentos, obsesionan a su autor. Epígono estilístico de escritores norteamericanos como Hemingway o Carver, Richard Parra contempla, sin embargo, el mundo con la misma desesperada lucidez con la que lo hacen escritores de otras latitudes. Pienso sobre todo en Juan Carlos Onetti y en Louis-Ferdinand Céline. De ambos, hereda el desencanto vital y hasta cierta forma de cinismo, pero, sobre todo, esa ética de la corrupción que tanto fascinó a Bataille. En efecto, si la literatura nos permite vivir por procuración no sólo los destinos de personajes enfrentados a circunstancias extraordinarias, sino también abismarnos en situaciones que en otros contextos (no artísticos) serían éticamente reprobables o inadmisibles, la escritura de Parra busca hurgar en la naturaleza humana para descubrir y subrayar sus vínculos secretos con lo sórdido, lo bajo y lo inmoral. La experiencia estética resultante no es más es una filuda reflexión acerca de la violencia, sus múltiples aristas, sus diversos matices.     

La violencia emerge en cada página, en cada párrafo, en cada línea de sus relatos. Me refiero a una violencia declinada de mil formas, cada una más delirante y terrible que la precedente. La violencia de género, la violencia generacional, la violencia racial y, por supuesto, la violencia social. Confieso que a lo largo de la lectura me he sentido particularmente afectado por aquellos cuentos que representan, de un modo o de otro, nuestra realidad nacional. Si la literatura es indesligable de la política, entonces Richard Parra nos recuerda con sus textos cuán fracturados nos encontramos como sociedad. Lejos de ser una maniquea representación de la sociedad peruana, los cuentos “El Cristo en Aucayacu” y “Contemplación del abismo” plantean que los ejecutores de la violencia no son verdaderamente tales, sino que, más bien, ellos también son víctimas inocentes, desvalidas de ésta. La violencia fagocita todo vínculo, por más puro que éste sea, es más ella parece ser la condición sine qua non de la existencia. Sin violencia el hombre no existiría como tal; es más, otras expresiones humanas como el amor, la amistad, la justicia e incluso la literatura serían consecuencia de un ejercicio determinado de la violencia.

Los universos de Richard Parra se encuentran en permanente transformación. No se trata de una que se realice bajo un signo negativo cualquiera. En sus relatos se manifiesta, de un modo o de otro,  una degradación. De ahí que los universos familiares sean tan recurrentes en sus cuentos. Lo que interesa de las relaciones familiares son las tensiones, los conflictos, esos intersticios de locura que existen en todas las tribus y clanes.  Los personajes de cada uno de los relatos son los herederos de un mundo en escombros en la cual la redención, individual y familiar, es imposible. Esto, sin embargo parece no reducirlos al estatismo ni a la inanición: ellos reaccionan aunque sus gestos se consuman en la periferia y marginalidad desde la cual y para la cual existen. Nadie encuentra salvación o sale indemne de las realidades y situaciones que el autor plantea.

Contemplación del abismo es la primera publicación literaria de Richard Parra. Se trata de un debut prometedor no sólo por las razones anteriormente formuladas sino también por todo lo que anuncia, aquello que su autor todavía no ha publicado, pero que ya esperamos. Este libro muestra a un escritor en plena forma, susceptible de adaptar su voz a diversos registros y, sobre todo, lo más importante, con un universo personalísimo. En un momento en el que se habla tanto de joven literatura peruana, aparece la escritura de Richard Parra para llevarnos a las fronteras de la literatura, allá donde, como decía García Lorca, tiembla enmarañada la oscura raíz del grito.
 
© Félix Terrones, 2011
 
 
 
 
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El Hablador 2003-2011 © Todos los derechos reservados | ISSN: 1729-1763
           
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