Nº24
revista de literatura
 
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reseña    

Eunice Cortez

 

Identidades del español andino. Estudio sociolingüístico en Huancayo

Pakarina Ediciones, 2020, 152 pp.

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Intensidad, altura e influencia del español andino
en la sociedad huancaína actual


Los sucesos electorales de 2021 en el Perú cedieron a la comunidad académica la oportunidad de recobrar una importancia perdida o enclaustrada durante las últimas décadas. Uno de los casos más pertinentes para rescatar en este texto es el de la entonces primera dama Lilia Paredes al emplear la palabra “festejación” en una entrevista televisiva. Las redes sociales, en ese contexto, se dividieron en tres bandos: en primer lugar, el grupo clasista y racista que descalificó intelectual y hasta psicológicamente a la profesora; en segundo lugar, el que se escudó en la “ausencia del quechua” en la región de Cajamarca para descalificarla como hablante de un variedad del español andino; y, por último, la crítica especializada que intentó poner de manifiesto el desconocimiento de los dos primeros con explicaciones basadas en investigaciones académicas(1). Sin embargo, a pesar de ser esta última la opción ideal, se perdió entre el desconcierto de voces twitteras y las brevísimas notas televisivas y periodísticas.

Este caso nos permitió observar que en gran parte de la población existe una idea errada de la concepción del español andino: que este solo aparece en lugares donde el quechua es un idioma fuertemente arraigado en la actualidad. De igual modo, evidenciamos el poco alcance de las investigaciones académicas en el espacio público, aún más en un contexto tan álgido como el vivido por las elecciones presidenciales. Estos dos aspectos, que permanecieron vigentes durante largo tiempo y que recrudecieron en las últimas semanas, son abordados en la investigación de Eunice Cortez, Identidades del español andino. Estudio sociolingüístico en Huancayo (Pakarina Ediciones, 2020).

La aparición de este libro en la Biblioteca Qillqakuna de la editorial es una grata sorpresa, pues es el primero de su disciplina en intervenir en ella. Pero no es desconcertante si nos fijamos en la formación de la autora como lingüista en San Marcos y en su producción académica: “Yawar Fiesta de José María Arguedas: dos textos, dos aproximaciones”, artículo publicado en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, o “Negociaciones de la peruanidad en torno a Magaly Solier y la mujer andina”, en Racismo y lenguaje. De allí que la reciente investigación de Cortez, en el marco de la sociolingüística, repare en las problemáticas del mundo andino y sus particularidades del lenguaje.

Es precisamente el interés por la constitución de este espacio —el andino— el que lleva a la autora por los primeros caminos de su investigación: “Sin duda, esta experiencia [viaje a Tarma y Huancayo] empezaría a cambiar mi percepción reduccionista de la cultura andina en nuestro país y ampliaría mi entendimiento no solo del lugar sino también del cómo; es decir, de los modos de ser andino” (p. 19). En ese sentido, para huir de ese segundo bando mencionado al inicio de esta reseña, Eunice Cortez necesitó de la experiencia y la investigación para entender que la identidad andina no es homogénea, invariable, sino que es parte de una construcción que responde a diversos factores sociales. He allí el núcleo de la interrogante general de este libro: ¿qué constituye al español andino como tal?

Para responder a esta pregunta recurre a la investigación acerca de la variedad andina de la ciudad de Huancayo, especialmente a las dimensiones sociales, pues estas “parecen tener un impacto positivo o negativo en la utilización de aspectos lingüísticos considerados como representativos del español andino” (p. 20). Esta interrelación de lengua y sociedad es abordada desde la sociolingüística, por lo cual dedica los primeros dos capítulos a analizar estos vínculos con respecto a “El español andino en el Perú” y “La ciudad andina de Huancayo”. En el primero establece el concepto de lengua con el que trabajará en el libro: “Hablar de una lengua, por lo tanto, implica hablar de relaciones de poder y sojuzgamiento que esta puede mantener con otras lenguas en contacto, y que a lo largo de la historia varía en cuanto a su posicionamiento ventajoso o de subordinación frente a ellas” (p. 27).

La autora enfatiza especialmente en las relaciones establecidas entre la lengua y los fenómenos sociales, especialmente los de poder. En ese sentido, realiza un recorrido histórico que permita comprender aquello que se conoce como “español andino”: “Así como ocurrió con la formación y diversificación del español peninsular, el origen y formación de las hablas americanas estaría relacionado con el tipo de interacciones que se originaron entre los grupos de lengua española y aquellos donde el principal medio comunicativo era una de las lenguas amerindias” (p. 33). Estas interacciones jerárquicas explicarían la conformación histórica de un sistema lingüístico inestable en los primeros bilingües en el país, el cual continuaría adquiriendo “una fisonomía de más permanencia estructural, convirtiéndose así en característica común a un conglomerado social mayor” (p. 36). Es decir, lo que conocemos como “español andino” es una adquisición impulsada por “el contacto intenso, bajo ciertas circunstancias sociales” (p. 38) en un espacio determinado. Así, concluye: “El español andino es, por lo tanto, producto de una causación múltiple, que tiene sus antecedentes en las estructuras del español antiguo, los rasgos que se imprimieron del quechua (herencia de siglos de contacto), así como la historia social y económica de las comunidades de habla que tomaron parte en su conformación” (p. 39).   

El estudio de esta variante se hace más interesante en una zona como Huancayo, pues en ella “se funde [la urbanidad] con la ruralidad proveniente de sus alrededores, adaptando y asimilando los modos del campo a los modos citadinos” (p. 58). En este espacio la autora observará dos fenómenos característicos del habla andina y que, además, están marginalizados socialmente: la producción asibilada [ř] de las vibrantes simple /ɾ/ y múltiple /r/ y la variación en la abertura del sistema vocálico en el español de Huancayo. Para analizar ambos, Cortez recurre al análisis de 42 entrevistas realizadas a huancaínos que se reconocían a sí mismos como tales. En el caso de la primera característica, la autora señala que esta variación dialectal es una de las más destacables en tanto diferencian al español andino de las variedades estándar o no andinas. Su argumento, en el tercer capítulo dedicado a este fenómeno, consiste en que “el origen de la asibilación andina obedece a una causación múltiple que toma en cuenta el entorno social bilingüe de la variedad” (p. 83). Estos factores sociales que señala responden a la estratificación de la sociedad en Huancayo. De allí que el uso de las variantes mencionadas, según la investigación presentada en el capítulo asignado, respondan a la legitimidad que les otorgan los factores de origen, del grado de escolaridad y los lazos que se mantengan con la urbe huancaína. En ese sentido, la asibilación no es homogénea en todo el territorio, sino que varía de acuerdo con las relaciones de poder y de capital simbólico establecidas en él.

El último capítulo investiga la segunda característica mencionada: la altura vocálica en el español de Huancayo. Este fenómeno, conocido como “motosidad”, también es causa de discriminación por parte de las urbes en su relación de jerarquización. Esto sucede cuando “las fronteras distintivas entre /i/ y /e/, así como /u/ y /o/, son confundidas o no distinguidas en el mismo grado que lo hace el español en sus variedades estándar” (p. 113). Esta parte del estudio intenta deslegitimar, al igual que el capítulo anterior, la idea de una homogeneidad en el español andino: esta motosidad solo fue producida por los hablantes bilingües debido a su dominio básico del español y a factores de desventaja social, como el grado de escolaridad o la situación de género.

Eunice Cortez cierra su libro con una descripción acertada sobre el español andino: es “una variedad que debería entenderse no como un conjunto de características de tipo estructural que la definen y diferencian de otras variedades del español, sino como un conjunto de reglas de valoración y uso que cada comunidad de habla pone en práctica” (p. 133). Es decir, es preferible optar por una definición que responda a las relaciones sociales establecidas en el espacio andino antes que a una que imponga rigidez ante una comunidad dinámica en sus usos de lenguajes, así como en sus jerarquías. Como lo mencionó el lingüista Manuel Conde en conversación con la autora(2), Identidades del español andino. Estudio sociolingüístico en Huancayo es un libro que no está destinado a dormitar en una biblioteca, sino a intervenir en la sociedad y en los actos importantes como la lucha contra la discriminación, tan vigente en este bicentenario de la independencia.

 

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2 La conversación se puede ver en este enlace: https://fb.watch/7k7suZM9gZ/

 
 
 
©Alex Hurtado, 2022
 
 

Alex Hurtado (Lima-Perú, 1996)
Es licenciado en Literatura por la UNMSM. Trabaja actualmente en la UPC (Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas). Es miembro del grupo de investigación Esandino (Estudios Andinos de Interculturalidad: Quechua y Aymara) de dicha casa superior de estudios. Interesado en la investigación de literaturas de la vanguardia histórica peruana. Ha publicado el volumen Chirapu y el vanguardismo de las periferias internas (2022), basado en su tesis de licenciatura.

 
 
 
 
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