Uno
de los narradores peruanos más notables del
siglo XX; su obra cuentística,
sobre todo, es de las más fecundas y significativas.
Buena parte de ella, sin embargo, fue escrita y publicada
discretamente, sin recibir la atención
y el reconocimiento
que merecía. Eso quizá se deba
a su indiferencia ante las modas
literarias que dominaron en su tiempo
y a su fidelidad a modelos del realismo (Stendhal,
Maupassant, Chejov) para describir los ambientes
urbanos más miserables de su
país y los tragicómicos dilemas de la
clase media. Justo el año
de su muerte, Ribeyro ganó el premio literario
más importante de su vida: el Juan
Rulfo, otorgado en México. Aunque
la realidad peruana
y especialmente la de Lima, donde
nació, es el mundo al que su obra narrativa
está íntimamente ligada, la mayor parte
de su producción es europea, a donde llegó
en 1952 antes de publicar su primer libro de cuentos,
Los gallinazos sin
plumas (1955). Se estableció
en París y allí permaneció
hasta los últimos años de su vida. Aunque
su obra narrativa es la expresión más
destacada del realismo urbano que surgió en
el Perú durante los años
cincuenta, algunas de sus historias
ocurren en ambientes
rurales de provincia, como su novela
Crónica de San Gabriel (1960) o su
notable relato —quizá su obra maestra—
Silvio en el Rosedal (1976). Su extensa obra
cuentística puede leerse en los tres volúmenes
de la recopilación titulada La
palabra del mudo (1973-1977)
o en los Cuentos completos (1994) prologados
por Alfredo Bryce Echenique.
Ribeyro escribió otras novelas, piezas teatrales,
crítica literaria, textos aforísticos
Prosas apátridas, 1975-1978 y un diario
titulado La tentación del fracaso
(1992).
Julio
Ramón Ribeyro (1929-1994) / Texto tomado de
El
poder de la palabra