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Este
estudio forma parte de un proyecto mayor que trata de
las imágenes de América, (1)
concebidas por escritores brasileños, y divulgadas
en relatos de viajes en las primeras décadas
del siglo XX. En cuanto a la América del Norte,
hay algunos relatos importantes. En 1930, Rodrigo Octávio
publicó México e Peru, en la
colección Viajes, de la Companhia Editora Nacional.
Ahí él presenta el viaje hecho a estos
dos países en 1924, narrando sus impresiones
de las ciudades, del interior, de los monumentos precolombinos
y coloniales, del contacto con las poblaciones representativas
del país, así como de las manifestaciones
culturales. En 1954, el novelista Erico Veríssimo
también viajó a México, siguiendo
un itinerario semejante al de Rodrigo Octávio.
En México: Historia de uma Viagem, publicado
en 1957, Veríssimo presenta su visión
de la cultura mexicana, incluyendo aspectos sobre la
población de las ciudades y del campo, sobre
lo cotidiano, la historia, los monumentos, las artes
plásticas, entre muchos otros temas. Las comparaciones
de México con Estados Unidos y Brasil, elaboradas
por sus autores en estos relatos de viaje, sirvieron
de propuesta para reflejar, en los días actuales,
las imágenes de América con sus semejanzas
y diferencias culturales e históricas.
Rodrigo
Octávio en México
Rodrigo
Octávio Langgaard Meneses (1886-1944), profesor,
magistrado, cuentista, cronista, poeta y memorialista,
destaca en la vida pública por sus actividades
en Brasil y en el extranjero en torno al derecho internacional.
Completó su formación académica
en la Facultad de Derecho de San Pablo y empezó
la vida pública en la magistratura como secretario
de la Presidencia de la República en el gobierno
de Prudente de Morais (1894-1896). Ejerció la
abogacía hasta 1929, cuando el presidente Washington
Luís lo nombró Ministro del Supremo Tribunal
Federal, cargo en el que se jubiló en 1934.
Fue
profesor de la Facultad de Ciencias Jurídicas
y Sociales de la Universidad de Brasil. Como tal, dictó
conferencias en universidades de París, Roma,
Varsovia y Montevideo. También profesó
un curso sobre los salvajes americanos delante del derecho,
en la Academia de Derecho Internacional de La Haya.
Recibió el título de doctor honoris causa
de universidades de México, La Plata, Buenos
Aires, Lima, Arequipa y La Habana.
Ejerció
los cargos de consultor-general de la República
(1911-1929), subsecretario de Estado de las Relaciones
Exteriores en el gobierno de Epitácio Pessoa
(1920-1921). Vino a ser delegado plenipotenciario de
Brasil en diversas conferencias internacionales, como
las de La Haya, para el derecho relativo a letra de
cambio (1910 y 1912); y de Bruselas, para el derecho
marítimo (1909, 1910 y 1912). Participó
en la Conferencia Científica Panamericana de
Washington (1916); de La Paz, de París (1919),
cuando se firmó el Tratado de Versalles. Asimimó,
integró la vicepresidencia de la primera asamblea
de la Liga de las Naciones (1920) y de otras importantes
comisiones de derecho internacional. De igual modo,
destacó en la Academia Brasileña de Letras
como uno de sus fundadores, ya que se desempeñó
como secretario, presidente y miembro de comisiones.
Su
obra la componen libros de poesías, novelas,
ensayos, crónicas, libros de memorias, biografías,
estudios sobre el derecho y la política internacional.
En 1940, poco antes de su fallecimiento, Rodrigo Octávio
publicó México e Perú,
relato resultante del viaje a los dos países
en el año de 1924.
En
diciembre de 1923, Rodrigo Octávio se encontraba
en Nueva York, cuando recibió una invitación
del Gobierno mexicano para visitar el país. Partió
de la estación de ferrocarril de Pennsylvania
y atravesó Nueva Jersey, Ohio, Indiana, Missouri,
Arkansas y Texas. Después de San Antonio, llegó
al margen del Río Grande y a la ciudad de Laredo.
En su obra, declara, sobre su primer contacto con México:
Recebo
aí, na pessoa amável de um representante
do governo mexicano, que me vem esperar à entrada
da sua terra, a expressão de uma simpatia por
meu país, que circunstâncias históricas
e afinidades afetivas tem despertado e estimulado.
E, sob a proteção dessa companhia solícita,
prossegui a viagem: atravessa-se o rio, penetra-se
no México. (2)
Inicialmente,
el viajero se detiene en los aspectos de la conquista
española, al registrar hechos históricos
relacionados con Hernán Cortés —a
quien se refiere como a un conquistador de ambición
ardiente. Habla sobre la destrucción del Tenochtitlán
de Moctezuma y Cuahtémoc. Afirma que la nueva
Ciudad de México, resurgida de la conquista,
conserva los mismos elementos topográficos de
la vieja capital: en lugar del Teocalli y del Palacio
de Moctezuma son construidos la Catedral de la Asunción
de María Santísima y el Palacio Nacional.
Y añade:
A
cidade é, pois, a mesma, renascida do cataclismo
que para ela foi a conquista, cataclismo que não
se confinou nela, mas se estendeu a toda parte onde
se encontrava um monumento de religião ou de
arte asteca, o que não se limitou mesmo à
destruição sistemática de templos
e monumentos, mas afetou ainda outros e mais significativos
elementos de civilização e progresso.
(3)
Respecto
a la colonización española, Rodrigo Octávio
observa, por todo lo que ve y oye, que el esfuerzo colonizador
y dominador de España cogió escaso resultado.
Según sus impresiones, los mexicanos quieren
formar una nueva civilización, adelantándose
a su tiempo. No obstante, revelan desamor por España
y los españoles. No hay nada en México
que glorifique el pasado colonial. La estatua de Carlos
IV, erigida en el siglo XVII, magnífica obra
de estatuaria, fue colocada en una plaza de la Ciudad
de México, pero sin que eso corresponda a un
homenaje al rey. “Do monumento se retiraram as
inscrições existentes e foi nele colocada
uma placa de bronze em que se faz certo que aquela estátua
foi conservada simplesmente como obra de arte. E o sítio
em que a estátua se ergue é designado
pelo nome de El Cabalito”. (4)
Sobre
la figura de Hernán Cortés, no hay noticia
alguna que nos haga recordar su memoria. Rodrigo Octávio
enfatiza su percepción: “no Paseo de la
Reforma, a larga e formosa avenida que leva ao Bosque,
se reservou monumentos representativos de diversos momentos
fundamentais da vida da nação. Todos esses
monumentos foram levantados, menos um. O local destinado
no plano primitivo ao monumento comemorativo da conquista
e domínio espanhol está vazio”.
(5)
Recorrido
por un imaginario
Las
imágenes de la Ciudad de México, creadas
por el viajero brasileño, dan cuenta de avenidas
arborizadas, calles anchas y retas, del número
considerable de automóviles y de palacios magníficos
–Rodrigo Octavio se encanta con el castillo de
Chapultepec y sus bosques– y del progreso revelado
en el desarrollo de las artes, bajo la influencia de
los “jovens homens de Estado”, de pintores,
escultores y decoradores, bajo el fermentar de un mundo
nuevo.
En
la vida nacional mexicana sólo se conocen, fuera
de México y a través del noticiero internacional,
los ecos de la turbulencia y las revoluciones. Lo que
él encuentra, sin embargo, no es sólo
sangre y desorden, sino un movimiento de “consciência
nacional e sentimento artístico”. Concluye
tratarse de un
mundo
novíssimo e surpreendente, porque não
é ele simplesmente o produto da civilização
espanhola procurada implantar, desde quatro séculos,
pelos conquistadores, mas a adaptação
de alguns princípios dessa civilização
à índole, ao temperamento, às
aspirações e aos ideais indígenas
e que vem atingindo a extremos de rebeldia renovadora.
(6)
Desde
la capital, Rodrigo Octavio cumple un itinerario por
el interior del país. Visita Guadalajara, se
encuentra con el gobernador José Guadalupe Zuno,
acepta la invitación para una fiesta de estudiantes
en la escuela preparatoria y visita las escuelas de
Derecho, Medicina y Farmacia. Conoce Tonalá y
San Pedro de Taqueplaque, así como su numerosa
comunidad de indios alfareros.
Aí
visitamos diversas oficinas em pleno trabalho e fomos
desde logo levados à casa de José Ortega,
o mais famoso artista no gênero. Para obsequiar-me
tomou um vaso bojudo, pintado de azul escuro, já
pronto para receber adornos e, com uma segurança
absoluta, traçou uma cercadura de rendilhados
brancos, perfeitamente simétricos, entre os quais
escreveu meu nome, a data e assinou. (7)
Viajó
a Cuernavaca. Los ciento veinte kilómetros recorridos
de la Ciudad de México hasta la capital de Morelos
dependían de caminos ni “sempre bons, abertos
em terrenos acidentados e de pronunciada descida”.
Esa región, aseveró, fue en los últimos
tiempos teatro de violencia, notadamente del “sanguinario”
Zapata, que dejó
traços
ao longo da estrada em cujas margens só se
encontram casas queimadas e povoados destruídos.
Na cidade há diversos velhos templos e claustros,
que apresentam a particularidade de serem aparelhados
de ameias que lhes dão o aspecto marcial das
fortalezas, e interessantes restos de mansões
residenciais, o que tudo mostra a sua opulência
anterior. (8)
Recorriendo
el interior de México —Querétaro,
Guadalajara, Tonalá, San Pedro de Taqueplaque,
Chapala, Barrancas, Celaya, Morelos, Cuernavaca, Tampico,
Veracruz, Progreso—, Rodrigo Octávio registra
las características de las escenas de lo cotidiano,
los trajes típicos, la pasión por las
danzas y bailes, en donde los mexicanos aparecen vestidos
“das mais extravagantes fantasias”. Se impresiona
con el espantoso número de iglesias, casi todas
ricamente ornamentadas. “Sempre com suas torres
muito altas, são elas o índice eloqüente
não só do sentimento religioso e artístico
dos que habitavam o país no período colonial,
como da densidade da população para atender
a cuja crença foi preciso a ereção
de tantos templos, alguns dos quais se acham hoje solitários
e abandonados no meio de campos desertos”.
Rodrigo
Octavio permaneció seis meses en México
en 1924, durante el gobierno de Álvaro Obregón
(1920-1924), con quien se encontró otras veces
antes de su muerte, en 1928. El autor nos revela, en
las imágenes que se construyen a través
del relato, un país generoso con los visitantes,
preocupado con el futuro y con el progreso, pero marcado
por la destrucción y por la violencia tanto de
la conquista y del período colonial como de los
últimos acontecimientos históricos, relacionados
con la fase revolucionaria. Con todo, Rodrigo Octávio
concluye: “depois de outras e mais demoradas visitas
[ao México] posso dizer que, sob muitos aspectos,
México é o país mais interessante
dos muitos que tenho visitado”.
Tras
treinta años, el escritor brasileño Erico
Veríssimo también parte de tren de Estados
Unidos en dirección a México. De la misma
manera, escribe un libro sobre ese viaje, un voluminoso
ensayo sobre las características del país,
la historia y cultura mexicanas.
_______________________
Notas
bibliográficas
(1)
Creo que los viajeros brasileños, al relatar
y narrar sus experiencias de viaje, sobre todo en esas
décadas en que las comunicaciones todavía
eran precarias, contribuyen para la formación
del imaginario con respeto a los países visitados
y del propio acto de viajar. Trato el imaginario como
el conjunto de imágenes producidas, a través
del lenguaje, para dar sentido al mundo en que vivimos.
José Murilo de Carvalho afirma que (...) el imaginario
no es por eso mismo externo a las cosas y superpuesto
a la realidad. Él es la forma inteligible por
la cual las cosas existen para el ser humano. En este
sentido, imaginario y discurso son semejantes: son formas
de representación de la realidad (p. 15). José
Murilo de Carvalho. A nova historiografia e o imaginário
da República. Anos 90. Revista do Pós-Graduação
em História da Universidade Federal do Rio Grande
do Sul (Porto Alegre, Brasil) 1, (1993): 11-21.
(2)
Rodrigo Octavio. México e Peru. São
Paulo: Companhia Editora Nacional, 1940. Coleção
Viagens.
(3)
Op. cit., 15.
(4)
Ibíd., 50-52.
(5)
Ibíd., 47.
(6)
Ibid., 76.
(7)
Ibid., 81.
(8)
Ibid., 78.s
1
- 2 - 3
- BIBLIOGRAFÍA
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