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Erico
Veríssimo en México
Erico
Veríssimo (1905-1975), reconocido por sus novelas,
libros infantiles, libros de memorias y de viajes, empieza
su carrera de escritor en la década de 1930 con
la publicación del libro de cuentos Fantoches
(1932). Escribe de continuo hasta los años
setenta. Es autor de muchos éxitos literarios,
de entre los cuales, Mirad los lirios del campo
(1938), fue ampliamente divulgada en lengua portuguesa
y traducida al español, inglés, alemán,
francés; así como El tiempo y el viento
(1949-1961), trilogía sobre dos familias brasileñas
del sur y de la formación histórica del
Río Grande del Sur.
Escritor
consagrado por su producción, Veríssimo
es también respetado por haber sido consejero
editorial de la Librería y Editora Globo, una
de las grandes industrias de libros de Brasil, y por
la defensa equilibrada de las ideas de libertad. En
1941, viaja por primera vez a Estados Unidos y registra
sus impresiones en la obra Gato negro en campo de
nieve (1941). Tras dos años, es invitado
por el Departamento de Estado y realiza una serie de
conferencias en la Universidad de California (Berkeley)
sobre Brasil. En consecuencia, vive dos años
con su familia en Estados Unidos. Al volver, escribe
el segundo libro de viajes, El regreso del gato
negro (1946).
En
1952, siendo escritor famoso, Erico acepta la invitación
para dirigir el Departamento de Asuntos Culturales de
la Unión Panamericana, con sede en Washington.
En 1953, a los cuarenta y siete años de edad,
se hizo cargo de las tareas del departamento. Sobre
esa experiencia, comenta:
(...)
Necesité de un cierto tiempo para acostumbrarme
a la idea de que aquellas salas estaban pobladas de
competentes especialistas en Educación, Literatura,
Filosofía, Ciencias Sociales, Biblioteconomía,
Bibliografía, Música y Artes Visuales.
De entre los ochenta y pocos funcionarios de aquel
departamento, había un profesor de Filosofía
y un físico de renombre, ambos argentinos,
un antropólogo español, un novelista
mejicano, un crítico de arte cubano y un musicólogo
y director de orquesta colombiano, además de
varios americanos —incluso un Harvard man—,
teniendo algunos de ellos títulos de doctores
en Filosofía. Y toda esa gente estaba bajo
las órdenes de un sujeto que ni siquiera había
concluido la escuela secundaria del Colegio Crucero
del Sur [en Porto Alegre].” . (9)
Erico
Veríssimo permanece en Estados Unidos hasta 1956.
En su regreso a Brasil, escribe y publica México:
Historia de un viaje (10)
cuyo lanzamiento, en Porto Alegre, ocurre en octubre
de 1957.
Trabajando
arduamente en el Departamento de Asuntos Culturales,
Erico viaja por muchos países de América,
haciendo conferencias, participando en congresos, mesas
redondas y seminarios. En 1954, surge la oportunidad
de concretizar su sueño de viaje: conocer México.
Con Mafalda, su esposa, toma un tren en dirección
a Los Ángeles, hace el discurso inaugural de
una mesa redonda en la Universidad de California y,
después, alcanza Texas rumbo a México.
Al cruzar el Chihuahua en el tren Juventino Rosas, entra
en contacto con el contraste entre el mundo norteamericano,
en que vive, y el mundo mexicano que irá a conocer.
Agora
me branqueja na mente o monumento a Lincoln, que logo
desaparece para dar lugar a algumas faces americanas.
Como é possível —pergunto a mim
mesmo— existirem tão perto um do outro
dois países tão diferentes como o México
e os Estados Unidos? Até que ponto a influência
americana estará modificando o caráter
e os costumes mexicanos? É o que espero verificar
nessa viagem (11)
Durante
el viaje, se acostumbra al calor mexicano, al silencio
del pueblo y observa el paisaje. Su tren se descarrila,
obligándolos a convivir con el drama de los heridos
y con la falta de recursos para la atención a
los pasajeros. Erico observa la actitud de reserva del
mexicano delante de lo casi trágico, y concluye:
“A realidade está aqui. Salta-me na cara.
Aos poucos aprendo que não há país
mais substancial que o México, onde todas as
coisas são duma maneira intensa, sem meios rodeios”.
(12)
Tras
el largo y agotador viaje, Erico arriba a la Ciudad
de México, “cuatrocientos y treinta y cinco
años después de Hernán Cortés”.
En 1953, la población de la capital suma aproximadamente
tres millones de personas, en contraste con los quinientos
mil habitantes del inicio del siglo. Muchas son las
indagaciones de Erico Veríssimo acerca de los
misterios de esta ciudad:
Por
que terá esta cidade uma tão grandiosa
personalidade? Que é que a torna tão
diferente de todas as outras? De onde virá
a aura de drama que a envolve? Creio que são
vários os fatores, muitas as tintas que, combinadas,
produzem —apesar de todo o sol— esse tom
escuro, ominoso que nos dá a sensação
de que algo de trágico está sempre por
acontecer —um assassínio, um terremoto,
uma revolução... em primeiro lugar não
devemos esquecer que esta metrópole foi erguida
sobre o cadáver da Tenochtitlán assassinada
por Cortéz e seus soldados. (13)
El
mundo perdido de Tenochtitlán, los volcanes cercando
el paisaje, la posibilidad de temblores de tierra, la
circunstancia de ser una ciudad montañosa sobre
un lago drenado, dice Erico, forman un conjunto de elementos
que explican la sensación del desastre inminente.
Y añade: “E como se tudo isso não
bastasse para tornar a capital do México uma
cidade única, oferece-nos ela ainda a peculiaridade
de trazer a marca de cinco culturas diferentes”.
(14) La cultura
de las poblaciones precolombinas, los españoles,
los austríacos y su emperador Maximiliano, así
como los franceses, forma la autenticidad del mundo
mexicano. Erico vuelve a sus impresiones:
Já
falei páginas atrás, nesse estado de
espírito que produz a capital do México
no visitante: a impressão de desastre eminente
ou pelo menos de que algo de anormal vai acontecer
no minuto seguinte. Paralelamente a esse mal-estar
—não de todo desagradável, confesso—
sinto uma espécie de cordial irritação
ante esta cidade insubmissa que não se deixa
classificar, que repele todos os adjetivos que lhe
ofereço, apresentando-se-nos ora moderna ora
antiga; agora encantadora, logo depois sinistra; aqui
bela e logo ali adiante feia... Afinal de contas,
em que ficamos? Não ficamos. O melhor é
caminhar, beber o México, absorver o México,
pelos olhos, pelos poros, no ar que respiramos, nas
vozes que ouvimos, nos cheiros que nos entram pelas
narinas —gasolina queimada, pó de asfalto,
tortilla, frituras, fragrância de flores e ervas...
(15)
Al
caminar por el centro de la ciudad, Veríssimo
se encanta con el Zócalo, con la Catedral y con
el Palacio Nacional. De la misma forma, admira el Paseo
de La Reforma, el castillo de Chapultepec, el Palacio
de Bellas Artes, la Ciudad Universitaria y el Pedregal.
Deslumbrado con todo lo que ve y con la pluralidad de
las imágenes, nos revela la riqueza del entrelazamiento
de una ciudad que es, al mismo tiempo, colonial, típica
del siglo XIX, y moderna.
Multitud
mexicana y ciudades desiertas norteamericanas
Además
del aspecto cultural y físico, la Ciudad de México
llama la atención de Erico Veríssimo por
la presencia del pueblo en las calles. El pueblo, afirma,
siempre fue una “espécie de figura de retórica”.
Y añade: “Ouvi demagogos pronunciá-la
em praça pública milhares de vezes; outros
tantos milhares li essa palavra em artigos, poemas e
novelas. Nunca tinha visto o Povo. Como ele era? Onde
estava?” En México, sin embargo, su curiosidad
se satisfizo. Erico encuentra respuesta y la “palavra
povo ganha corpo, carne, sangue, em resumo: expressão
humana”. El pueblo está en las calles,
se mueve en todas las ciudades. Él se mezcla
entre la multitud mexicana y dice: “Vejo o povo
nestas ruas, acotovelo-me com ele, sinto-lhe o cheiro,
ouço-lhe a voz. E ele me encanta, me assusta,
me irrita, me fascina. Tem milhares de faces e é
capaz de todas as misérias, de todas as covardias,
de todas as grandezas, de todas as coragens”.
(16)
La
consecuencia de su descubrimiento es la comparación
con Estados Unidos. El ambiente de las calles, el pueblo
circulando, hace a México diferente, afirma Erico
Veríssimo. En Estados Unidos, país de
clase media, casi no se ve el pueblo, pero
(...)
indivíduos que acidentalmente se cruzam ou
se reúnem em grupos disciplinados ao redor
de mesas para, membros do mesmo clube, comer, ouvir,
e pronunciar discursos, lançar campanhas; (...)
E por se tratar sempre de reuniões de indivíduos
geralmente bem vestidos e bem-educados, com reflexos
condicionados mais numerosos que os dos latinos, essas
multidões norte-americanos nunca merecem, pelo
menos no meu dicionário particular, o nome
coletivo de Povo. Povo é o mexicano. (17)
La
comparación que Erico Veríssimo hace entre
Estados Unidos y México deriva en un interesante
esquema de análisis de estas dos sociedades.
Él añade otros elementos de comparación:
“O americano do norte apenas usa as suas ruas
para nelas caminhar ou passar de automóvel quando
vai às compras ou quando se dirige para o lugar
onde trabalha ou volta dele para casa”. (18)
_______________________
Notas
bibliográficas
(9)
Erico Veríssimo. Solo de Clarineta;
memórias. Porto Alegre: Globo, 1982. Sobre la
vida escolar de Erico Verissimo, se sabe que él
estudiaba en Porto Alegre cuando regresó en 1922,
por razones familiares, a su ciudad natal. No volvió
a la escuela como alumno regular.
(10)
Erico Verissimo. México: História
duma Viagem. Porto Alegre: Globo, 1957.
(11)
Ibíd., 22
(12)
Ibíd., 32
(13)
Ibíd., 42
(14)
Id.
(15)
Ibíd., 49
(16)
Ibíd., 63.
(17)
Ibíd., 64. La comparación de Erico Veríssimo
guarda mucha semejanza, en términos generales,
con el análisis del antropólogo brasileño
Roberto da Matta sobre las posiciones sociales reales
del Brasil, en que predominan las experiencias de ser
individuo o persona. Roberto da Matta: “Você
Sabe com Quem Você Está Falando? Um Ensaio
sobre a Distinção entre Indivíduo
e Pessoa no Brasil”. En: Carnavais, Malandros
e Heróis. Para uma Sociologia do Dilema Brasileiro.
Río de Janeiro: Zahar, 1979. O que Faz o
brasil, Brasil. Río de Janeiro: Rocco, 1986.
(18)
Ibíd., 64.
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