La comparación con Estados Unidos se torna, una vez más, inevitable. Erico Veríssimo se permite algunas conclusiones: “O mexicano de certo modo não perdoa ao americano sua prosperidade, seu conforto, seu desafogo financeiro”.

 

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Imágenes de México en los relatos de viajes de Rodrigo Octávio y Erico Veríssimo

por Elizabeth Rochadel Torresini

 

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Este esquema comparativo de las ciudades mexicanas y norteamericanas guarda tanta riqueza que puede ser aprovechada en los días actuales. Es sabido que la mayoría de las ciudades norteamericanas siguen desiertas. Recientemente ha sido publicada en México la novela Ciudades desiertas, de José Augustín, en que el personaje Elígio, extrañando la ausencia del pueblo en las ciudades norteamericanas, se sorprende con su limpieza, la belleza esterilizada de las calles. “(...) Siempre hace falta aunque sea un buen perro; muerto, claro, pudriéndose en la calle”. (19) En otro pasaje, Agustín vuelve a la ausencia de pueblo en la ciudad: “Reiniciaran el camino y llegaron a una zona que Susana desconocía. Por allí absolutamente nadie caminaba en las calles, pues sólo en torno a la universidad había peatones, explicó Susana, y eso sólo estudiantes, porque los demás toman el coche hasta para ir al excusado”. (20) A los personajes sólo les resta comprar un coche porque en Estados Unidos, deducen Susana y Elígio, si alguien quiere pasear el domingo y no tuviera un coche queda fuera de circulación. (21) Pero Erico Veríssimo está en México y vive la experiencia del contacto con el pueblo en todas las ciudades por donde pasa. Las calles de la capital, afirma, son salas de visitas y comedores del pueblo. “Aqui eles passam a maior parte do tempo, aqui se encontram, conversam, se visitam e comem”. (22) Los domingos, los parques quedan coloridos y llenos de niños y familias.

La Plaza Garibaldi recibe una verdadera multitud a la noche. El Tenampa (famoso y autorizado café) representa el más bello recuerdo que alguien puede llevarse de la música mexicana, de sus cantores: los mariachis.

Os coiotes do Tenampa erguem para o ar os focinhos bronzeados, uivam — ui... ui... ui... ui... — soluçam ai... ai... ai... — guincham convulsivamente e eu peço a Deus, numa conversinha particular, que jamais permita que o México mude. Sim, que progrida, enriqueça, resolva o problema da miséria, o da fome, o da distribuição das terras, mas que jamais perca o seu estilo, a sua cor, o seu caráter. (23)

Así se refiere Erico al pueblo mexicano encontrado en las ciudades, sobre todo en la Ciudad de México. Él guarda de su vivencia una rica imagen del movimiento del pueblo en el espacio público y registra lo inédito de su experiencia. En un sentimiento de profunda admiración por el hombre mexicano, Veríssimo nos habla de las imágenes de personas, cosas, lugares, fiestas. Las descripciones toman cuenta de su relato. Aspectos del mundo de los aztecas, su artesanía, las artes, la escultura, la arquitectura, el diseño, las joyas, música, danza y de la cosmogonía anterior a la conquista de Hernán Cortés. El mundo precolombino es recorrido en sus minucias.

Otras imágenes

Erico viaja a Puebla y se encanta con el barroco mexicano, Cholula y Oaxaca. Se encuentra con el escritor José Vasconcelos, con quien mantiene largos diálogos. En Ciudad de México, admira la obra de Orozco, Siqueiros y Rivera. Una vez más, vuelve a la ruta para visitar Toluca (la localidad de la mejor cestería), Metepec, Cuernavaca y Taxco.

En el capítulo XI, Erico Veríssimo describe aspectos generales de México. Presenta los grupos étnicos, el habla española del mexicano y su cortesía. Hace mención a la figura de Cantinflas, del pelado; (24) se refiere a la desconfianza, la susceptibilidad, el patriotismo, el gusto de los mexicanos por las fiestas y por las tardes de toros. Recuerda su estoicismo y sentido del humor, su culto a la muerte, a los ritos en los días de los muertos y la inmensa devoción a la Virgen de Guadalupe.

Al final de México: Historia de un viaje, la comparación con Estados Unidos se torna, una vez más inevitable. Erico Veríssimo, un extranjero en las dos naciones, se permite algunas conclusiones:

O mexicano de certo modo não perdoa ao americano sua prosperidade, seu conforto, seu desafogo financeiro. O americano inquieta-se um pouco com a presença do vizinho turbulento e instável. Repetirei o que venho sugerindo em todo este livro: o americano é um povo lógico, o mexicano um povo mágico. Como têm mais dinheiro, os lógicos viajam mais. A atração exercida pelo mundo mágico é poderosíssima. No fundo, os americanos sentem a nostalgia, para eles pecaminosa, duma vida boêmia e despreocupada, cujo símbolo parece ser os relógios derretidos do famoso quadro de Dali. Já o fascínio que o mundo lógico exerce no espírito do homem de pensamento mágico está tingido de medo — medo à máquina, à disciplina, à obrigação, ao horário, à desumanização. (25)

Al tratar de la atracción que México ejerce sobre los estadounidenses, de la imagen que los gringos hacen de los mexicanos, del modo de ser de uno y del otro, Erico vuelve a su indagación inicial y siempre presente en sus reflexiones: “Até que ponto se está o México modificando sob a influência americana?”. (26)

Sí, hay influencias, afirma. Con las mercancías, también son exportadas las costumbres y la filosofía de vida. No obstante, el pueblo mexicano ofrece resistencia que

Só poderá ser mantida, e acho que está sendo, por tudo quanto representa o México Moderno, que, repito, nasceu dolorosamente da Revolução de 1910, e que se exprime na arte, na literatura e na vida. É a sua extraordinária pintura mural, as suas audácias arquitetônicas tão bem consubstanciadas na nova Cidade Universitária. É a sua literatura de raiz e inspiração mexicanas. É um nacionalismo racional, consciente de suas possibilidades, orgulhoso de suas raízes índias, confiante na sua força cósmica, animado pela certeza de que, bem ou mal, o México é uma nação diferente de todas as outras do mundo, senhora dum caráter e de um estilo próprios. (27)

Al final de la jornada, como Rodrigo Octávio, Erico revela todo su amor por México. En una frase sintetiza ese sentimiento: “Quantos anos precisarei para digerir o México? Quantas vidas deveria viver para compreendê-lo? Mas um consolo me resta e basta. Não preciso nem mais de um minuto para amá-lo.” (28)

Erico vuelve a Estados Unidos con fuertes recuerdos. Instalado en su oficina en Washington, hace un inventario de su experiencia.

É bom estar de volta. Tenho de confessar a mim mesmo que já sentia falta desta ordem, desta limpeza, desse conforto. Mas ai! O tempo passa, a saudade do México começa a assaltar-me com tanta freqüência que termino numa confusão de sentimentos. Eu sabia que o epílogo deste livro não podia ser feliz! Estou talvez condenado a oscilar o resto da vida entre esses dois amores, sem saber exatamente o que desejo mais, se o mundo mágico ou o mundo lógico. Só me resta uma esperança de salvação. É a de que, entre a tese americana e a antítese mexicana, o Brasil possa vir a ser um dia a desejada síntese. Y quien sabe? (29)

Coda

Rodrigo Octávio estuvo en México hace setenta y nueve años; Erico Veríssimo, hace cuarenta y nueve años. Desde entonces hasta hoy día, México ha pasado por grandes transformaciones. Es difícil describirlas. Sólo me resta mencionarlas. El país se ha industrializado y un importante contingente poblacional se ha desplazado del campo a la ciudad. La Ciudad de México se ha transformado en una experiencia urbana con pocos precedentes en la historia. El aumento espantoso de la población ha generado una metamorfosis, quizás nunca imaginada por los brasileños que allá estuvieron en las primeras décadas del siglo XX. No obstante, la cultura mexicana se mantiene diferente a la de otros países latinoamericanos y de los países del norte. Las ciudades no son desiertas como en Estados Unidos y el pueblo mexicano permanece silencioso, gentil, colorido, múltiple y resistente.

© Elizabeth Rochadel Torresini, 2005

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Notas bibliográficas

(19) José Agustín. Ciudades desiertas. México: Alfaguara, 1997, 82.

(20) José Agustín, op. cit., 79.

(21) Ibid., 78.

(22) Erico Veríssimo, op. cit., 64.

(23) Ibid., p.72

(24) “Cantiflas simboliza o pelado”, dice Erico, “o representante duma categoria social ínfima: o marginal, o refugo da grande cidade, um tipo que, segundo a definição de Samuel Ramos, sendo economicamente menos que um proletário, é intelectualmente um primitivo” (263).

(25) Erico Veríssimo, op. cit., 283.

(26) Ibid., 285

(27) Ibid., 286

(28) Ibid., p. 298.

(29) Ibid., p. 299.

1 - 2 - 3 - BIBLIOGRAFÍA

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Elizabeth W. Rochadel Torresini Es historiadora y profesora de la Pontificia Universidad Católica de Rio Grande do Sul. Posee un doctorado en la Universidad Federal de Río Grande do Sul. Es autora de Editora Globo: uma aventura editorial nos anos 30 e 40 (Editora da USP; Editora da UFRGS, 1999), Hospital Moinhos de Vento (HMV, 2002) e História de um sucesso literário (Literalis, 2003).

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