Escríbale al autor

Hugo N. Santander
(Bucaramanga, 1968)

 

Comunicador Social de la U. Javeriana de Bogotá y MFA en cine y televisión de la Universidad de Temple, Filadelfia, USA. Su interés por las artes y las lenguas lo ha vinculado a diversas universidades de EU, Portugal, Inglaterra y Asia
Central. Además de su labor como poeta, dramaturgo, guionista y novelista, escribe y dirige documentales y cortometrajes en español, inglés y portugués. Actualmente reside en Londres.

 

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IV

Ahora puedo ver las nubes
Me gustan
Pues aparecen de acuerdo a mis deseos
Sin ser nunca las mismas.
Ellas reviven mis recuerdos,
De cuentos
Libros que, cansado de conversar,
Leí durante mi juventud
Mi favorita
Es la historia de Ella y Él al cruzar la calle:
Ella desea a un hombre
Y él desea a una mujer.
Ambos se miran el uno al otro
Desde esquinas opuestas,
En cualquier calle,
En cualquier urbe.
Ambos podrían amarse perfectamente
Lo saben, y cruzan la calle
El problema
Es que ninguno desea tomar la iniciativa.
Desean amarse con equidad.
Ninguno se detiene
Y al cabo apenas intercambian posiciones.
Ella cree
Que en la vida no hay demasiadas oportunidades
Y quiere interrogarlo sobre una dirección.
Él cree
Que en la vida no hay demasiadas oportunidades
Y quiere invitarla a su apartamento.
Pero, probablemente.
Él piense que hay obligaciones más importantes que hacer,
Como llamar a su padre o ver televisión.
Entonces él se irá quebrando su corazón.
O, probablemente,
Ella piense que hay cosas más importantes que hacer,
Como llamar a su madre o ver televisión.
Entonces ella se irá quebrando su corazón.
Es el fin de la historia.
Quiereo decir, no hay fin.
Ambos permanecen ahí,
Interrogándose sobre su futuro
Inmóviles.
Así es la vida,
Así es el destino
Tampoco acaban;
Uno pude cavilar sobre una decisión por siempre

V

Supongo que copulan alrededor;
O cumplen con sus obligaciones con la vida.
Expelo gases.
Se van.
Sé que mi cuerpo apesta.
Tengo memorias confusas sobre mi vida adulta.
La limpieza me obsesionó -estoy seguro-.
Me desilusionó saber que era imposible
Limpiar algo;
Todo está podrido.
No somos sino seres que mueren.

VI

Tambien estudié derecho
No sé cómo,
Ascendí los peldaños del poder
Y dirigí mis opiniones a la gleba.
Al cabo caí en cuenta
Que no podía ser mejor que otros reyes o presidentes.
¡Dejo al mundo tan torcido e idiota como lo encontré!
¿Quién lo dijo?

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