Porque
el largavistas del rebelde ni siquiera sirve para
ver unos pasos adelante. No es más que un calidoscopio
donde las figuras y los colores, cómplices
unas u otros con la luz, no son herramientas de profeta,
sino una intuición: el mundo, la historia,
la vida, tendrán formas y modos que no conocemos
aún, pero deseamos.
Subcomandante
Marcos
La
experiencia humana contemporánea: infinita
intertextualidad que nos obliga a abordar temas relacionados
con el arte, modos de acción política
o procesos educativos desde una óptica multidimensional
(2). Como señala
Marcos en el epígrafe citado, tenemos una intuición,
de contenidos difusos, y algunas certezas formuladas
en forma de preguntas, que son las que dejaremos planteadas
en este trabajo. Este breve ejercicio del pensamiento
se motiva en la sospecha de la urgencia de la investigación
sobre la configuración mundial de la producción
de mundos significativos y de símbolos culturales,
terreno de lo invisible, de lo que circula pero no
se ve y, al mismo tiempo tarea más difícil
aún, en la exploración de mundos
que no se dejan simbolizar y que exceden la representación.
Estos últimos aunque parezca un contrasentido
son los que llamaremos semióticas de contrapoder.
"Introducir
el análisis del espacio cultural dice
Jesús Martín Barbero no significa
agregar un tema más en un espacio aparte, sino
focalizar el lugar en que se articula el sentido que
los procesos económicos y políticos
tienen para una sociedad" (3).
Si, como señala Deleuze, "el capitalismo
es una empresa mundial de subjetivación",
habría que poner el foco especialmente en la
dimensión simbólica e imaginaria de
los procesos de formación de poder, lugar a
partir del cual sería posible imaginar formas
de actuar para la recuperación de las redes
sociales. En este orden de ideas, la cultura y la
comunicación resultan entonces el escenario
clave de lucha política contra la homogeneización
del poder. La tarea es, primero, entender cómo
funciona el capitalismo en tanto sistema hegemónico,
haciendo oscilar el análisis entre lo global
y lo local. Segundo, en palabras de Nicolás
Casullo, "cerciorarnos del nuevo cuadro de situación
de lo que fue desplegándose en el espacio de
aquello caído (4)".
El análisis del espacio cultural, por otra
parte, plantea de inmediato la dificultad de sistematizar
la reflexión, sobre todo al confrontar las
producciones discursivas de los investigadores socioculturales
"diversas y contrapuestas (5)",
con las experiencias de los actores directos y las
representaciones que de los hechos sociales producen
los medios de comunicación. De modo que, sin
omitir este megatexto, al hablar de cultura nos referiremos
al universo de sentidos en el que se entremezclan
representaciones colectivas, creencias profundas,
modalidades cognitivas, comunicación de símbolos,
juegos de lenguaje y sedimentación de tradiciones,
y no sólo a los aspectos que identifican a
la cultura como un suplemento, relacionada con las
bellas artes, visión directriz todavía
pese a los múltiples estudios de investigadores
de las políticas culturales, que subyace además
en museos y que venden los páginas de los diarios
dominicales, por ejemplo, bajo la etiqueta "Espectáculos
y cultura (6)".
Y,
claro, está la problemática de la globalización
En términos generales, la globalización
se puede describir como un proceso económico,
político y sociocultural de larga data (7)
que genera vínculos y espacios sociales transnacionales,
a la vez que revaloriza culturas locales. "La
singularidad histórica de la globalización
presente escribe Ulrich Beck (8)
radica en la ramificación, densidad y estabilidad
de sus recíprocas redes de relaciones regionales-globales
empíricamente comprobables y de su autodefinición
de los medios de comunicación, así como
de los espacios sociales y de las corrientes icónicas
en los planos cultural, político, económico
y militar". "Nuevo no es sólo continúa
Beck la vida cotidiana y las transacciones comerciales
allende las fronteras del Estado nacional al interior
de un denso entramado con mayor dependencia y obligaciones
recíprocas; nueva es la autopercepción
de esa transnacionalidad (en los medios de comunicación,
en el consumo, en el turismo); nueva es la translocalización
de la comunidad, el trabajo y el capital; nuevos son
también la conciencia del peligro ecológico
mundial; nueva es la incoercible percepción
de los otros transculturales en la propia vida; nuevo
es el nivel de circulación de las industrias
culturales globales"; nuevo es también
el surgimiento de regiones supranacionales como la
Comunidad Económica Europea, la Cuenca del
Pacífico, el Tratado Trilateral de Libre Comercio,
el Mercosur
(9); y, finalmente, nuevo es también
el nivel de concentración económica
que, pese a todo, se ve contrarrestado por la nueva
competencia de un mercado mundial que no conoce fronteras.
_________________
(1) Ponencia presentada
en las II Jornadas Patagónicas de Estudios
Latinoamericanos, realizadas en la Universidad Nacional
del Comahue, Neuquén, Patagonia Argentina,
los días 20, 21 y 22 de agosto de 2003.
(2) Dora Schnitman (comp.)
(1998). Nuevos paradigmas, cultura y subjetividad.
Buenos Aires, Paidós, pp. 16-17.
(3) Jesús Martín
Barbero (1998). De los medios a las mediaciones. Bogotá:
Convenio Andrés Bello, p. 224.
(4) Nicolás Casullo
(2002). "Apuntes sobre historia, dominios y políticas
(viaje hacia el centro de la noche)", en Sociedad
20/21. Revista de la Facultad de Ciencias Sociales
de la UBA. Buenos Aires: Manantial, p.88.
(5) Pensamos en autores
como Octavio Paz, Jesús Martín Barbero,
José Joaquín Bruner, Néstor García
Canclini, Renato Ortiz, Santiago Gómez Castro,
entre otros.
(6) José Joaquín
Brunner (1992). América Latina : cultura y
modernidad. México: Grijalbo, p.96.
(7) Leemos en el "Manifiesto
Comunista" de Marx: "Todas las industrias
nacionales establecidas desde hace tiempo han sido
destruidas o están siendo destruidas a diario.
Se ven desplazadas por nuevas industrias, cuya introducción
se convierte en un asunto de vida o muerte para todas
las naciones civilizadas, industrias que ya no continúan
trabajando con materia prima local, sino con materia
prima proveniente de las zonas más remotas;
industrias cuyos productos son consumidos no sólo
localmente sino en cualquier parte del globo. En lugar
de las antiguas necesidades satisfechas por la producción
del país, encontramos nuevas necesidades que
requieren para su satisfacción los productos
de países y climas distantes. En lugar de las
antiguas reclusión y autosuficiencia locales
y nacionales, nos encontramos con un intercambio en
todas las direcciones, una interdependencia universal
de todas las naciones. (
). Todas las relaciones
estables e inmutables, con su séquito de prejuicios
y opiniones antiguas y venerables, son dejadas de
lado, y todas las recientemente formadas se convierten
en anticuadas antes de que puedan osificarse. O en
"La voluntad de poderío", de Nietzsche:
"Abundancia de impresiones disímiles,
más que nunca: cosmopolitismo en comidas, literaturas,
periódicos, formas, gustos, hasta paisajes.
El tempo de este influjo es prestísimo; las
impresiones se borran unas a las otras; uno se resiste
por instinto a absorber cualquier cosa, tomar en profundidad
cualquier cosa, digerir cualquier cosa". Ambos
fragmentos aparecen citados por Martín Hopenhayn
(1999) en "Vida insular en la aldea global. Paradojas
en curso", en Jesús Martín Barbero
y otros 8ed.). Cultura y globalización I. Bogotá:
Universidad Nacional de Colombia
(8)
Ulrich Beck (2001). ¿Qué es la globalización?.
Barcelona: Paidós, p. 31.
(9)
Rubens Bayardo y Mónica Lacarrieu (1998). "Notas
introductorias sobre la globalización, la cultura
y la identidad". Buenos Aires: CICCUS, p.14.
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