Como
se ve, la globalización involucra varias dimensiones,
pero todas cruzadas por un eje común: se ha
erosionado una premisa esencial de la primera modernidad,
en palabras de Beck (10):
"la idea de vivir y actuar en los espacios cerrados
y recíprocamente delimitados de los Estados
nacionales y sus respectivas sociedades nacionales".
Un rasgo recurrente en la bibliografía sobre
el tema (11)
es el de que las distintas dimensiones de la globalización
están marcadas por un doble signo. "Oxímoron"
es la figura que elige Marcos para definirla, y habla
de una globalización fragmentada; "rostros
paradójicos" de la globalización
los llama Martín Hopenhayn (12).
¿Cuáles son estos rostros paradójicos?
Si, por un lado, en la dimensión económica,
hay una interdependencia progresiva producto de la
ampliación de las fronteras en que opera el
capitalismo financiero a medida que todas las economías
nacionales se abren al mercado mundial; por el otro,
se produce una vulnerabilidad progresiva ya que un
desastre financiero en una Bolsa produce efectos materiales
inmediatos en puntos muy alejados del planeta (lo
que conocemos por "efecto dominó").
Algo
similar ocurre en la dimensión comunicacional:
dice Hopenhayn (13)
"no hay límite espacial ni demora temporal
entre emisores y receptores de mensajes. Los flujos
de información y la circulación de imágenes
en la nueva industria comunicativa son instantáneos
y globalizados. Esto imprime en quienes participan
percepciones paradójicas: de una parte, sensación
de protagonismo porque a través de Internet
son muchos los que hacen circular sus discursos con
un esfuerzo mínimo. De otra parte, sensación
de anonimato al contrastar nuestra capacidad individual
con el volumen inconmensurable de mensajes y emisores
presentes a diario en la comunicación interactiva
a distancia. Para los que sólo acceden a la
televisión y no a la pantalla del monitor (y
que son la aplastante mayoría), el protagonismo
creciente por la decodificación propia de los
múltiples mensajes ajenos y, en contraste con
ello, la conformidad con el hecho de que no serán
nunca ellos quienes decidan sobre qué imágenes,
qué textos y qué símbolos se
imponen en el mercado cultural". De modo que
mientras el dinero circula concentrándose (las
tres personas más ricas del mundo poseen más
dinero que el PIB de los 48 países más
pobres), las imágenes lo hacen diseminándose
(aumenta la cantidad de televisores en todo el mundo).
Con lo cual señala "se agiganta
la brecha entre quienes poseen el dinero y quienes
consumen las imágenes". Relacionado con
esto está la cuestión de las expectativas
de consumo que se generan desde los medios. En particular
en América Latina o en la periferia en general
hay un gran desfase entre el consumo simbólico
y el consumo material al que es posible acceder. "Las
manos vacías y los ojos colmados de imágenes",
sintetiza el autor.
¿Cuál
es la experiencia subjetiva de estas transformaciones?
¿Cómo se conforma el sujeto contemporáneo
en este magma caótico de ideas, imágenes,
experiencias? Escena A: un hombre se encadena a un
árbol para que no lo despidan / Escena B: seis
personas se dejan tatuar la espalda a cambio de una
remuneración (14)
/ Escena C: un hombre se inmola para evitar que lo
desalojen de una vivienda ocupada. Tres escenas dos
de ellas conocidas por todos, la primera en Buenos
Aires, la segunda en la Habana, la última en
un barrio de Neuquén (Argentina). Tres ejemplos
radicales porque encarnan en el cuerpo mismo
de las personas del dinero como "fatum
incuestionable (15)",
como único valor significante. El cuerpo se
transforma en mercancía y la última
opción que queda es desear la explotación
para no transformarse en desecho del sistema. En este
sentido, Casullo señala "la evidencia
de una economización como código re-ontologizador
social de antiguas representaciones: sujeto, conciencia,
mundo de la vida. Insondable lenguaje hacedor en tanto
economización de la vida en todas sus esferas
y facultades, en tanto oferta del consumo-vida sobre
el deseo, sobre lo no-económico, sobre el andamiaje
democrático, sobre la información de
lo real, sobre los campos culturales, sobre la propia
sobrevivencia académica, sobre los espacios
asfixiados del arte. Economización existencial
totalizante en abismo con la política".
La
transformación del horizonte de presuposiciones
y expectativas promovida por el neocapitalismo liberal
se articula con la emergencia de una razón
comunicacional. La comunicación ha pasado a
ocupar un lugar estratégico en la configuración
de los nuevos modelos de sociedad (16),
"cuyos dispositivos la fragmentación
que disloca y descentra, el flujo que globaliza y
comprime, la conexión que desmaterializa e
híbrida agencian el devenir mercado de
la sociedad", dice Casullo. "La comunicación
transnacionalizada, su perfil informativo globalizado,
trabaja sobre la reducción, sobre la compactación
temática, sobre una iconografía simple
y de fuerte impacto. Dispositivos que descansan fundamentalmente
sobre la operatoria del suceso permanentemente nuevo.
El suceso o acontecimiento deshistoriza los conflictos,
(
) con lo que se toca el espacio nodal de la
representación subjetividad-mundo en la sociedad
del presente". En otras palabras, lo que impone
centralmente lo massmediático es la extinción
de la historia de las cosas, de sus pasados, de sus
inscripciones. Economización de todas las esferas
de la vida y deshistorización de los acontecimientos.
_________________
(10)
Beck, op.cit. pp. 41-2.
(11) Ver, por ejemplo
Hopenhayn, op.cit.; Subcomandante Marcos (2001) "Oxímoron",
en Marcos, la dignidad rebelde. Buenos Aires. Le Monde
Diplomatique.
(12)
Op.cit. pp.59-60.
(13)
Op.cit. p.61.
(14) En diciembre de
1999, el artista español Santiago Sierra convocó
en La Habana para su obra de arte conceptual a seis
trabajadores que se dejaron tatuar una línea
de 250 cm (citado en "Santiago Sierra. Un arte
de la cotización", en Milpalabras.
(15)
Letras y arte en revista. Número 3. Buenos
Aires. 2002).
(16)
Sierra, op.cit. p. 41.
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