Sin
embargo, frente a este penoso panorama, la inexorabilidad
de la globalización en todas sus dimensiones
se topa con la pertinaz rebeldía de la realidad.
Como señalamos al comienzo, además de
conocer en profundidad al enemigo, el estado de cosas
que rechazamos, es necesario estudiar en profundidad
el espacio de lo caído, lo quebrado por la
bestia capitalista, las subjetividades nuevas que
emergen en los desechos del sistema. Esquirlas de
sentido que todo el tiempo escapan a la lógica
de la rentabilidad del mercado y que conforman los
vínculos significativos entre las personalizadas,
"las solidaridades duraderas y personalizadas
(17)".
Son indicios claros de que la homogenización
que promueve la globalización no tiene una
fuerza que todo lo puede.
La
problemática de las subjetividades emergentes
en el universo neoliberal permite comprender las complejas
relaciones entre lo local y lo global. En particular,
es necesario analizar de qué manera se articula
el sistema de relaciones internacionales con la realidad
argentina de los últimos 30 años. Tenemos
un dato, la globalización. Está, por
otro lado, la desintegración moral y material
de los 70 planificada y concretada sistemáticamente
por la dictadura militar. Luego, "la derrota
nacional de una guerra exterior absurdamente decretada,
como vaciamiento de una cuantiosa carga histórico-simbólica
irreparable" (18).
En los '90, las funestas transformaciones en el aparato
estatal y en su relación con la sociedad: desregulación,
privatización de las empresas públicas
y del sistema de seguridad social. La constitución
de una "tecnocracia gobernante forjada al calor
de las visiones y el financiamiento externos, para
conformar paradigmas universales de sumisión
a los dictámenes del libre mercado neoliberal
(19)".
Además, la miseria que obliga a los niños
a alimentarse en los basurales y, por supuesto, la
desocupación masiva.
En
medio de esta realidad que constriñe, han surgido
diversos movimientos populares con orígenes
y desde motivaciones diferentes como, por ejemplo,
en Argentina, los piqueteros, el Movimiento de Trabajadores
Desocupados (MTD), las asociaciones de mujeres, los
obreros que se organizan para la expropiación
y estatización de las fábricas (caso
Zanon), el movimiento rockero, las Madres de Plaza
de Mayo, grupos que encuentran solidaridades con un
referente deportivo (pensamos en Maradona); o en México,
el Ejército Zapatista de Liberación
Nacional, entre otros. "Grupos de inconformes,
núcleos de rebeldes, bolsas de resistencia",
los llamaría Marcos. Tienen diferencias pero
también encuentros. Algunos identificados con
experiencias estéticas, otros con experiencias
políticas. La política, los partidos,
el Estado, en este sentido, se ven confrontados violentamente
por estos movimientos en su dimensión simbólica,
ya que han perdido su capacidad de representar el
vínculo entre los ciudadanos. Hay que redefinir,
por lo tanto, a luz de estos hechos, lo que entendemos
por política y analizar la configuración
de la nueva subjetividad política y su incidencia
en las instituciones.
Cabe
preguntarse, en este contexto, de qué sirven
las investigaciones, los encuentros, las publicaciones,
cuando se tiene la experiencia de que sólo
alimentan el mercado académico. Importa redefinir
también para qué estudiamos, para qué
enseñamos literatura, historia, filosofía,
con qué fines lo hacemos (20).
En particular, pensando en la literatura, la disciplina
que conocemos un poco más, es cierto que las
ficciones suelen expresar más acabadamente
lo que permanece disperso e informe en el imaginario
social y que no ha sido formulado aún por el
discurso histórico. ¿Pero se clausura
nuestra acción como docentes o investigadores
en el análisis textual? Los múltiples
dimensiones que es evidente hay que abordar
a la hora de enseñar o estudiar literatura,
nos señalan tercamente que no se cierra allí.
La literatura dice Aira es un sistema
entre otros, con los que a su vez forma sistema. Y
este último sistema es imaginario, un espejeo
de guiones mutuos (21).
De modo que parece urgente empezar a movernos en la
docencia, en la investigación, con un pensamiento
crítico que circule por la historia, la cultura,
la lengua, la sociedad, la economía, salvando
los obstáculos que plantean las disciplinas
dogmatizadas. Finalmente nos preguntamos discúlpenme
este final no feliz si acaso la universidad
tal como funciona no es parte de la cultura inactiva.
La urgencia, en consecuencia, no es sólo académica
sino fundamentalmente política.
©
Eva Verónica Barenfeld, 2003 
_________________
(17)
Op.cit, p. xxv.
(18) Casullo, op.cit.
p.75.
(19)
Mabel Thwaites Rey, "Qué Estado para qué
proyecto de país. Requisitos de una reforma
democrática y participativa", en Le Monde
Diplomatique, edición española. Año
V. N°50. Agosto 2003.
(20)
Retomamos aquí las preocupaciones planteadas
por Néstor García Canclini en "Preguntas
sobre el futuro del latinoamericanismo", en TodaVÍA.
Pensamiento y cultura en América Latina. Buenos
Aires: Fundación OSDE, p.7.
(21)
César Aira (1991). Copi. Rosario: Beatriz Viterbo,
p.61.
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