Antes
de señalar los que a mi juicio fueron los errores
más llamativos de las propuestas de Fernández
Retamar y Cornejo Polar las voces más
representativas en lo que toca al intento setentero
de erigir una "Teoría Literaria Latinoamericana",
empezaré por apuntar su más notorio
acierto.
Es
indudable la filiación ideológica de
ambos intelectuales, ahora, más allá
de que uno comulgue o no con su visión del
mundo, es serio aceptar, examen de por medio, que
fueron acertados y lúcidos sus cuestionamientos
y diagnósticos acerca de la situación
de la "crítica literaria" Latinoamérica.
Así como el marxismo atinó en las interrogantes
básicas que le planteó al kapitalism
(el señalamiento aún vigente, por ejemplo,
de las contradicciones al interior de aquel sistema),
de igual manera Fernández Retamar y Cornejo
Polar hicieron una atendible lectura del estado de
"supeditación conceptual" en el que
se encontraba (y encuentra) inmersa, en mayor o menor
medida, la "crítica y la teoría
literaria Latinoamericana".
Fernández
Retamar habló, por ejemplo, de que "ya
sabemos que a menudo los autores hispanoamericanos
de trabajos teóricos, al absolutizar determinados
modelos europeos, están convencidos de haber
arribado a conclusiones 'generales', que en algunos
casos pretenden ejemplificar con obras literarias
hispanoamericanas: lo que, lejos de sancionar el carácter
'general' de su teoría, por lo común
lo que hace es revelar su condición colonial".
Sólo se puede estar de acuerdo con esta opinión
porque en efecto, si de la interpretación de
algunos fenómenos literarios se trata, la mayoría
de "críticos literarios Latinoamericanos"
simplemente se han dedicado a trasladar las motivaciones
que rodearon a la génesis de tal o cual obra
de ultramar a las producciones latinoamericanas. Lejos
han estado de tomar en cuenta que las circunstancias
son distintas o muy distintas para la consecución
de las últimas, dejando así en evidencia
su nula capacidad para reformular o adecuar, por lo
menos, los instrumentos interpretativos europeos o
norteamericanos a la "realidad" de esta
parte del mundo.
No
pocos lastres, sin embargo, arrastraron ambos estudiosos
latinoamericanos en la fundamentación de una
Crítica, Interpretación y, más
aún, de una "Teoría Literaria Latinoamericana".
En principio, no esclarecieron convenientemente las
distinciones de estas ramas de los estudios literarios.
Esto creó a lo largo de sus ensayos una confusión
que deslució y despojó de rigor a sus
argumentos. En segundo término de discusión
tenemos su apuesta por una trasnochada metodología
para arribar a la "verdad" de todas las
implicancias literarias. Fernández Retamar
dijo al ocuparse de la función de la literatura
como elemento de comprensión cabal del "mundo
todo" que tal "comprensión"
sólo "puede obtenerse con el instrumento
científico idóneo: el materialismo dialéctico
e histórico". Por su parte, Antonio Cornejo
Polar escribió: "no parece posible comprender
la literatura al margen del proceso social del que
emerge y sobre el cual revierte".
El
problema se centra, en consecuencia, en el hecho de
que dichos autores hablaban indistintamente de "interpretación",
"crítica" y "teoría"
literaria intentando aplicarles, en conjunto, semejante
sistemática. Es obvio que nuestro desacuerdo
principal viene por el lado de asignar a una "Teoría
Literaria Latinoamericana" una metodología
de interpretación marxista-historicista que
poco o nada tiene de "científica",
y por lo mismo, que en nada ayudaría a erigir
una Teoría Literaria "autóctona",
si es que ella es posible.
Pero
vayamos en orden en cuanto a los cuestionamientos
(y más allá del error de considerar
a la Literatura Latinoamericana como una y coherente,
según reconoció el propio Cornejo Polar),
en principio, es una grave contradicción el
que por un lado hayan censurado el uso por parte
de nuestros críticos y teóricos latinoamericanos
de métodos, categorías y teorías
"importadas" y "colonizadoras",
y que por otra parte, o a reglón seguido, invocaran
a una metodología como la del materialismo
histórico que es tan foránea como las
que los autores recusaban. Para ser consecuentes,
deberían haber aconsejado que nuestros estudiosos
de literatura crearan sus propias categorías,
marcos conceptuales y teorías para el análisis
de "nuestros" objetos literarios.
En
segundo término, llama la atención que
aconsejaran el uso del "materialismo histórico"
como medio para llegar a la "verdad" y obtener
así un estudio "verdaderamente científico".
No está demás recordar aquí que
ciencia es un término que se emplea
para referirse al conocimiento sistematizado en
cualquier campo, pero que suele destinarse básicamente
a la organización de la experiencia sensorial
objetivamente verificable. ¿Puede el
materialismo histórico en vistas a lograr
una Teoría Literaria Latinoamericana
proporcionarnos un saber sistematizado, y, sobre todo,
objetivamente verificable?
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