Esta teoría de la literatura signada intrínsecamente por su "expansión" disciplinaria es la que ha desembocado en el amplio campo conocido como estudios culturales

 

 

Teorías latinoamericanas de la literatura
por Andrés López Velarde
 
 

"... la teoría literaria, tal como se manifiesta
en este momento, es plural: más que una teoría,
hay diferentes teorías."
Graciela Reyes

Dado por asumido el reclamo que hizo ya varios años atrás Roberto Fernández Retamar acerca de la necesidad de una teoría de la literatura hispanoamericana (1) (reclamo que el consenso crítico ha ampliado al ámbito latinoamericano), recogeremos en el apartado central de este trabajo el planteamiento de Desiderio Navarro acerca de la necesidad, no de una, sino de una pluralidad de teorías de la literatura para el ámbito latinoamericano. Para ello, previamente recogeremos en el apartado inicial ciertas distinciones terminológicas propuestas por Walter Mignolo (en especial, términos como "teoría literaria", "teoría de la literatura" y "semiosis"), con el fin de aprovechar los aportes pertinentes más productivos de ambas voces críticas, al conjugarlas en un saludable debate académico que aspira, en la medida de lo posible, al más arduo rigor discursivo. Finalmente, el apartado último esbozará una línea de acción para la crítica no sólo literaria, sino cultural. Se determinará la función que debería cumplir la crítica sobre la base, por supuesto, de las consideraciones expuestas en los primeros apartados y del reconocimiento de una facultad universal de teorizar y criticar sin restricción geopolítica alguna.

I. El deslinde teórico

Hay una distinción conceptual que bien ha hecho Walter Mignolo en enfatizar para esclarecer una confusión común en el uso de términos como "teoría literaria" o "teoría de la literatura", tomados muchas veces como sinónimos.

¿Qué entendemos comúnmente por "teorizar"? Sería toda práctica reflexiva que realizan artistas o escritores, en el mismo nivel en el cual los miembros de una sociedad conciben sus propias interacciones (Mignolo, 1989). Es la actividad que nos lleva comúnmente a hablar de la "teoría" o "poética" de un escritor (Mignolo, 1986).

Sin embargo, si dotamos —en el coloquio cotidiano— de un nivel "teórico" a la práctica reflexiva mencionada, habría que diferenciarla "del nivel en el cual teorizamos nuestras interacciones y nuestra manera de concebirlo de acuerdo a ciertos principios disciplinarios" (Mignolo, 1989:49). En otras palabras, distinguir el nivel de la reflexión del nivel de la observación. El primero, propio de una comprensión hermenéutica que sirve de base para la interpretación; y el segundo, propio de una comprensión teórica, más ligado "a la explanación de los principios generales de la literatura (no a su definición) y a la explicación de textos particulares, pero no a la interpretación" (Mignolo, 1986:19).

De no diferenciar los dos niveles mencionados, sucede el uso ambiguo que se le da a los términos de "teoría literaria" y "teoría de la literatura", así que distingámoslos, con Mignolo, ya mismo:

"Las "teorías literarias" (...) serían —según esta elaboración— aquellas en las que se manifiestan los conceptos de literatura que guían la producción y la recepción (es decir, las opiniones sobre la literatura vertidas en cartas, ensayos, entrevistas o en la obra misma por los propios escritores, los críticos no académicos y las conversaciones sobre la experiencia literaria). En cambio, las "teorías de la literatura" serían aquellas en las que se formulan respuestas hipotéticas a preguntas formuladas reconociendo (es decir, de acuerdo o en desacuerdo) las normas de una actividad disciplinaria (linguística, filosofía, literaturología (2)) o ideológica (marxismo, estructuralismo, desconstruccionismo)" (Mignolo, 1989:49)

Nosotros, para el caso latinoamericano, estamos eligiendo quedarnos con la segunda opción. Proponemos (en realidad, nos aunamos a una propuesta ya sustentada (3)) no una teoría de la literatura, sino una pluralidad de teorías de la literatura (4).

La razón de nuestra elección estriba en las características mismas que Mignolo atribuye a tales teorías. En primer lugar, la teoría de la literatura identifica una teoría por el dominio de estudio y no en relación con una disciplina (5). Notemos que la identificación no es por el objeto de estudio, puesto que éste, si adaptamos las consideraciones de Ricardo Kaliman a la caracterización de Mignolo, "está todavía por ser construido" (Kaliman, 1993:308). Así, puesto que la identificación es por el dominio de estudio, entenderíamos "teoría de la literatura" como "teoría de la sociedad" o "teoría del lenguaje". Sin embargo, aun cuando Kaliman defiende la conveniencia epistemológica de cierto concepto de construcción del objeto de estudio de la crítica literaria latinoamericana , él mismo observa que si se acepta la naturaleza ya construida del objeto, será porque es posible considerar también que

"el objeto es relativo al sujeto que lo construye. Y, en efecto, la institución de la crítica literaria no gira realmente en torno a un inasible referente del que —como los místicos— dice todo lo que se pueda decir, sino que más bien se parece a una formación althusseriana en la que diversos sujetos mutuamente contradictorios entrecruzan sus respectivos conceptos del objeto, sobre la base de ciertos límites consensuados." (Kaliman, 1993:309)

De ahí que pueda generarse una pluralidad de teorías de la literatura. Podríamos decir, entonces, que cada sujeto tiene el derecho básico de construir su propio objeto y a partir de él generar su propia teoría de la literatura, sobre la base, desde luego, de ciertos límites convencionales que le impone(n) la(s) disciplina(s) que nutren su propuesta teórica.

En segundo lugar, nuestra elección se basa en el hecho de que las teorías de la literatura responden, como ya se ha citado, no a una disciplina, sino a varias (7): pueden ser sociológicas, lingüísticas, filosóficas, por supuesto literaturológicas, etc. Además, también pueden depender de distintas configuraciones ideológicas: marxista, estructuralista, desconstruccionista, etc. Esta característica de las teorías de la literatura nos parece fundamental para abordar el fenómeno literario en cualquier caso y no sólo en el latinoamericano. De todos los frentes provienen los reclamos de estudios interdisciplinarios para el asunto. Dejamos aquí, por ejemplo, la sugerente voz del crítico británico Terry Eagleton al respecto:

"No siempre es así de fácil, ni necesario, decidir si la teoría ilumina el texto o si el texto desarrolla la teoría. Esta vigilancia de la teoría literaria es en cualquier caso una ilusión, pues tal teoría nunca es meramente "literaria" en primera instancia, nunca es inherentemente limitable al esquivo objeto ontológico conocido como literatura. Sostener que la raison d'etre de la 'teoría literaria' no provien necesariamente del texto literario no es caer en el teoricismo; es reconocer que los efectos prácticos que pudiera tener se esparcirán por un campo mucho más amplio de práctica significativa." (Eagleton, 1999 [1996]:106)

Ese campo más amplio de práctica relevante o significativa ha determinado —como ha señalado Graciela Reyes— la característica más notable de la teoría literaria (de la teoría de la literatura) de los últimos años: su expansión:

"... se han ido incorporando [al discurso de la teoría literaria] reflexiones y perspectivas teóricas de orígenes e intenciones diferentes, como el psicoanálisis, el feminismo, la teoría del género (gender criticism), la desconstrucción. La expansión se produce mediante intercambios en las dos direcciones: por un lado, estudiosos procedentes de otras disciplinas reflexionan sobre la literatura; por otro, críticos formados en los estudios literarios acuden a teorías procedentes de la filosofía o la psicología u otra disciplina en boga." (Reyes, 1989:10)

Esta teoría de la literatura signada intrínsecamente por su "expansión" disciplinaria es la que ha desembocado en el amplio campo conocido como estudios culturales. En este momento, los "estudios literarios" se ven absorbidos por los llamados "estudios culturales" cuando pertinentemente Kaliman observa que "un paso epistemológico decisivo en este sentido es la propuesta de fijar el objeto de estudio alrededor del concepto de discurso latinoamericano, cuya relativa neutralidad permite hacer caso omiso de los tópicos más controversiales adheridos al más específico de literatura" (loc. cit., p. 310). Tópicos como los de decidir si tales o cuales géneros son o no literatura.

Esta conveniente relativización del concepto "literatura" ha sido también señalada y aun superada por Walter Mignolo (8). Por un lado, el estudioso argentino ha observado que el concepto de discurso no sólo trae la ventajosa consecuencia de que se vuelva irrelevante decidir si, por ejemplo, el graffiti, o el género testimonial, o cronístico, o folletinesco o cualquier otro son o no literatura, sino también "trae la expansión de los criterios bajo los cuales fue establecido el canon de la literatura..." (Mignolo, 1992:11). Por otro lado, como ya se mencionó, ha superado la propuesta epistemológica recogida por Kaliman, y ha propuesto, a su vez, el concepto de semiosis (9) como preferible al de discurso. Ello, debido a que

" 'discurso' es un término que se queda corto para comprehender todas las prácticas semióticas arriba mencionadas [se refiere a las producciones semióticas no sólo alfabéticas, sino también orales, picto-ideográficas y textiles], puesto que es un concepto que ha pasado a designar [sólo] producciones orales y escritas en escritura alfabética". (loc. cit., p.12)

 

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