"...
la teoría literaria, tal como se manifiesta
en este momento, es plural: más que una teoría,
hay diferentes teorías."
Graciela Reyes
Dado
por asumido el reclamo que hizo ya varios años
atrás Roberto Fernández Retamar acerca
de la necesidad de una teoría de la literatura
hispanoamericana (1)
(reclamo que el consenso crítico ha ampliado
al ámbito latinoamericano), recogeremos
en el apartado central de este trabajo el planteamiento
de Desiderio Navarro acerca de la necesidad, no de
una, sino de una pluralidad de teorías de la
literatura para el ámbito latinoamericano.
Para ello, previamente recogeremos en el apartado
inicial ciertas distinciones terminológicas
propuestas por Walter Mignolo (en especial, términos
como "teoría literaria", "teoría
de la literatura" y "semiosis"), con
el fin de aprovechar los aportes pertinentes más
productivos de ambas voces críticas, al conjugarlas
en un saludable debate académico que aspira,
en la medida de lo posible, al más arduo rigor
discursivo. Finalmente, el apartado último
esbozará una línea de acción
para la crítica no sólo literaria, sino
cultural. Se determinará la función
que debería cumplir la crítica sobre
la base, por supuesto, de las consideraciones expuestas
en los primeros apartados y del reconocimiento de
una facultad universal de teorizar y criticar sin
restricción geopolítica alguna.
I.
El deslinde teórico
Hay
una distinción conceptual que bien ha hecho
Walter Mignolo en enfatizar para esclarecer una confusión
común en el uso de términos como "teoría
literaria" o "teoría de la literatura",
tomados muchas veces como sinónimos.
¿Qué
entendemos comúnmente por "teorizar"?
Sería toda práctica reflexiva que realizan
artistas o escritores, en el mismo nivel en el cual
los miembros de una sociedad conciben sus propias
interacciones (Mignolo, 1989).
Es la actividad que nos lleva comúnmente a
hablar de la "teoría" o "poética"
de un escritor (Mignolo, 1986).
Sin embargo, si dotamos en el coloquio cotidiano
de un nivel "teórico" a la práctica
reflexiva mencionada, habría que diferenciarla
"del nivel en el cual teorizamos nuestras interacciones
y nuestra manera de concebirlo de acuerdo a ciertos
principios disciplinarios" (Mignolo,
1989:49). En otras palabras, distinguir el
nivel de la reflexión del nivel de la observación.
El primero, propio de una comprensión
hermenéutica que sirve de base para la
interpretación; y el segundo, propio de una
comprensión teórica, más
ligado "a la explanación de los principios
generales de la literatura (no a su definición)
y a la explicación de textos particulares,
pero no a la interpretación" (Mignolo,
1986:19).
De
no diferenciar los dos niveles mencionados, sucede
el uso ambiguo que se le da a los términos
de "teoría literaria" y "teoría
de la literatura", así que distingámoslos,
con Mignolo, ya mismo:
"Las
"teorías literarias" (...) serían
según esta elaboración
aquellas en las que se manifiestan los conceptos
de literatura que guían la producción
y la recepción (es decir, las opiniones sobre
la literatura vertidas en cartas, ensayos, entrevistas
o en la obra misma por los propios escritores, los
críticos no académicos y las conversaciones
sobre la experiencia literaria). En cambio, las
"teorías de la literatura" serían
aquellas en las que se formulan respuestas hipotéticas
a preguntas formuladas reconociendo (es decir, de
acuerdo o en desacuerdo) las normas de una actividad
disciplinaria (linguística, filosofía,
literaturología (2))
o ideológica (marxismo, estructuralismo,
desconstruccionismo)" (Mignolo,
1989:49)
Nosotros,
para el caso latinoamericano, estamos eligiendo quedarnos
con la segunda opción. Proponemos (en realidad,
nos aunamos a una propuesta ya sustentada (3))
no una teoría de la literatura, sino una pluralidad
de teorías de la literatura (4).
La
razón de nuestra elección estriba en
las características mismas que Mignolo atribuye
a tales teorías. En primer lugar, la teoría
de la literatura identifica una teoría por
el dominio de estudio y no en relación
con una disciplina (5).
Notemos que la identificación no es por el
objeto de estudio, puesto que éste,
si adaptamos las consideraciones de Ricardo Kaliman
a la caracterización de Mignolo, "está
todavía por ser construido" (Kaliman,
1993:308). Así, puesto que la identificación
es por el dominio de estudio, entenderíamos
"teoría de la literatura" como "teoría
de la sociedad" o "teoría del lenguaje".
Sin embargo, aun cuando Kaliman defiende la conveniencia
epistemológica de cierto concepto de construcción
del objeto de estudio de la crítica literaria
latinoamericana , él mismo observa que si se
acepta la naturaleza ya construida del objeto, será
porque es posible considerar también que
"el
objeto es relativo al sujeto que lo construye. Y,
en efecto, la institución de la crítica
literaria no gira realmente en torno a un inasible
referente del que como los místicos
dice todo lo que se pueda decir, sino que más
bien se parece a una formación althusseriana
en la que diversos sujetos mutuamente contradictorios
entrecruzan sus respectivos conceptos del objeto,
sobre la base de ciertos límites consensuados."
(Kaliman, 1993:309)
De ahí que pueda generarse una pluralidad de
teorías de la literatura. Podríamos
decir, entonces, que cada sujeto tiene el derecho
básico de construir su propio objeto y a partir
de él generar su propia teoría de la
literatura, sobre la base, desde luego, de ciertos
límites convencionales que le impone(n) la(s)
disciplina(s) que nutren su propuesta teórica.
En
segundo lugar, nuestra elección se basa en
el hecho de que las teorías de la literatura
responden, como ya se ha citado, no a una disciplina,
sino a varias (7):
pueden ser sociológicas, lingüísticas,
filosóficas, por supuesto literaturológicas,
etc. Además, también pueden depender
de distintas configuraciones ideológicas: marxista,
estructuralista, desconstruccionista, etc. Esta característica
de las teorías de la literatura nos parece
fundamental para abordar el fenómeno literario
en cualquier caso y no sólo en el latinoamericano.
De todos los frentes provienen los reclamos de estudios
interdisciplinarios para el asunto. Dejamos aquí,
por ejemplo, la sugerente voz del crítico británico
Terry Eagleton al respecto:
"No
siempre es así de fácil, ni necesario,
decidir si la teoría ilumina el texto o si
el texto desarrolla la teoría. Esta vigilancia
de la teoría literaria es en cualquier caso
una ilusión, pues tal teoría nunca
es meramente "literaria" en primera instancia,
nunca es inherentemente limitable al esquivo objeto
ontológico conocido como literatura. Sostener
que la raison d'etre de la 'teoría
literaria' no provien necesariamente del texto literario
no es caer en el teoricismo; es reconocer que los
efectos prácticos que pudiera tener se esparcirán
por un campo mucho más amplio de práctica
significativa." (Eagleton,
1999 [1996]:106)
Ese campo más amplio de práctica relevante
o significativa ha determinado como ha señalado
Graciela Reyes la característica más
notable de la teoría literaria (de la teoría
de la literatura) de los últimos años:
su expansión:
"...
se han ido incorporando [al
discurso de la teoría literaria] reflexiones
y perspectivas teóricas de orígenes
e intenciones diferentes, como el psicoanálisis,
el feminismo, la teoría del género
(gender criticism), la desconstrucción.
La expansión se produce mediante intercambios
en las dos direcciones: por un lado, estudiosos
procedentes de otras disciplinas reflexionan sobre
la literatura; por otro, críticos formados
en los estudios literarios acuden a teorías
procedentes de la filosofía o la psicología
u otra disciplina en boga." (Reyes,
1989:10)
Esta teoría de la literatura signada intrínsecamente
por su "expansión" disciplinaria
es la que ha desembocado en el amplio campo conocido
como estudios culturales. En este momento,
los "estudios literarios" se ven absorbidos
por los llamados "estudios culturales" cuando
pertinentemente Kaliman observa que "un paso
epistemológico decisivo en este sentido es
la propuesta de fijar el objeto de estudio alrededor
del concepto de discurso latinoamericano, cuya relativa
neutralidad permite hacer caso omiso de los tópicos
más controversiales adheridos al más
específico de literatura"
(loc. cit., p. 310). Tópicos
como los de decidir si tales o cuales géneros
son o no literatura.
Esta
conveniente relativización del concepto "literatura"
ha sido también señalada y aun superada
por Walter Mignolo (8).
Por un lado, el estudioso argentino ha observado que
el concepto de discurso no sólo trae la ventajosa
consecuencia de que se vuelva irrelevante decidir
si, por ejemplo, el graffiti, o el género
testimonial, o cronístico, o folletinesco o
cualquier otro son o no literatura, sino también
"trae la expansión de los criterios bajo
los cuales fue establecido el canon de la literatura..."
(Mignolo, 1992:11). Por
otro lado, como ya se mencionó, ha superado
la propuesta epistemológica recogida por Kaliman,
y ha propuesto, a su vez, el concepto de semiosis
(9) como preferible al de discurso. Ello,
debido a que
"
'discurso' es un término que se queda corto
para comprehender todas las prácticas semióticas
arriba mencionadas [se refiere
a las producciones semióticas no sólo
alfabéticas, sino también orales,
picto-ideográficas y textiles], puesto
que es un concepto que ha pasado a designar [sólo]
producciones orales y escritas en escritura
alfabética". (loc.
cit., p.12)
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