Cada sujeto tiene el derecho básico de construir su propio objeto y generar su propia teoría de la literatura, sobre la base, desde luego, de ciertos límites convencionales que le impone(n) la(s) disciplina(s) que nutren su propuesta teórica

 

 

 

 

Así, pues, consideramos que la fijación del objeto de estudio de las teorías latinoamericanas de la literatura debe ir en torno no al concepto de discurso, sino al de semiosis, que da una mayor cuenta de todos los distintos sistemas de signos que atraviesan, en especial, el mundo amerindio:

"Al extender el campo de reflexión a otras áreas, tales como la andina y la mesoamericana, es necesario dar cuenta de una amplia gama de interacciones semióticas que sobrepasan el dominio de la letra y la literatura, aun cuando por literatura entendamos en un sentido amplio todo lo alfabéticamente escrito. La noción de 'discurso' (...) no es quizás la mejor alternativa para dar cuenta de interacciones semióticas entre diferentes sistemas de escritura." (loc. cit., p.12)

Finalmente, queremos hacer notar una observación más del teórico argentino respecto del concepto de semiosis, y es que el surgimiento y aplicación de éste no hace sino revelar "la precariedad hermenéutica del sujeto de conocimiento y/o comprensión" (loc. cit. p.13). El cuestionamiento va directamente al grado de competencia del crítico intérprete enfrentado a un ámbito de interacciones semióticas que reclaman una aproximación que no puede ser otra sino plural. ¿Qué condiciones, entonces, debe cumplir el intérprete para ofrecer una honesta y fidedigna transmisión de conocimientos? ¿Cuál es la práctica hermenéutica ideal que debe realizar el crítico embarcado en un proyecto de traducción cultural y de qué tipo de pluralidad estamos hablando para la aproximación crítica? Las respuestas a estas preguntas aún las dejamos pendientes.

II. La propuesta teórica para América Latina

Una vez delimitados los conceptos de "teoría literaria" y "teoría de la literatura" y de optar por el segundo a propósito del multisemiótico caso latinoamericano, pasamos a recoger la propuesta teórica que muy claramente ha ofrecido Desiderio Navarro (1982) para esta parte del mundo. La nuestra no ha querido ser sino sólo una suscripción que desea justificar su adhesión a tal iniciativa, pero con el mayor rigor terminológico posible. En este sentido, cabría apuntar que dado que Navarro hace un uso indistinto de los dos términos en cuestión, toda vez que use el de "teoría literaria", nosotros lo leeremos siempre como "teoría de la literatura"; ello con el fin de que las perspectivas comunes de las distintas voces del debate académico queden adecuadamente registradas.

Navarro inserta su propuesta en el marco de las diversas reacciones que, en el campo de la teoría de la literatura, son posibles contra el eurocentrismo. Identifica tres: 1) un antagónico latinoamericanismo, afrocentrismo o asiacentrismo, que corresponde respectivamente a las tres regiones del orbe marginadas; 2) la "reivindicación" parcial de un lugar para la literatura nacional o regional propia en el "centro" (junto a la europea); y 3) la negación empirista de la posibilidad de constituir una teoría literaria que no fuera de una literatura nacional, zonal, o regional, es decir, la negación de la posibilidad de forjar una teoría de la literatura "en general". (Navarro, 1982:13). De dichas reacciones señala que todas ellas serían inaceptables. Las dos primeras porque no harían más que salvaguardar y perpetuar bajo otras formas el esquematismo "etnocentrista", que es, en esencia, el núcleo enfermo del eurocentrismo. Y la última, porque estaría negando esa unidad de las literaturas del mundo que el hallazgo de regularidades comunes (10) ha permitido establecer " (ibíd.). Surge, entonces, una cuarta reacción posible contra el eurocentrismo, que consiste en "la exigencia de que la teoría general de la literatura sea elaborada sobre la base del estudio comparativo de las distintas literaturas de todo el mundo" (loc. cit. p.14).

Esta reacción, no obstante, ya había sido prevista por Roberto Fernández Retamar, quien, luego de hacer notar las cercanías de ciertos caracteres y problemas propios de América Latina con los de los países de la periferia europea, reconocía que "no puede darse coyuntura más apropiada para que se propugne un desarrollo de los estudios de literatura comparada entre nuestras literaturas respectivas" (Fernández Retamar, 1975:65). El hecho es que esta cuarta reacción ya se ha presentado —según Navarro— en tres variantes a las que él añade una cuarta, que constituye finalmente su propuesta.

La primera variante está "interesada exclusivamente en establecer lo verdaderamente universal, sólo exige que la teoría general se elabore sobre la base de la comparación de obras de las literaturas del mundo entero (sin desaprovechar las generalizaciones nacionales, etc., ya existentes)." (Navarro, 1982:14). La segunda, "interesada ante todo en conocer lo particular y específico regional, zonal y nacional, demanda que primeramente se elaboren las teorías particulares, 'no-universalmente generales', esto es, regionales, etc., y que sólo después, sobre la base exclusiva del estudio comparativo de esas teorías de las literaturas de todo el mundo, se inicie la construcción de la teoría verdaderamente universal" (ibíd.). Por último, la tercera variante

"coincide con la primera en que no concede prioridad a la elaboración de las teorías regionales, etc., y se orienta directamente hacia la teoría general de la literatura, pero se diferencia de ambas en que (...) no cree necesario hacer tabla rasa de todas las tesis presuntamente universales ya existentes y quedarse en espera de las que surgirán en el estudio comparativo de obras o teorías de las teorías de todo el mundo. (...) Ella no exige que la teoría general sea construida exclusivamente por una vía inductiva [sino que] admite la contrastación de construcciones hipotético-deductivas por la vía del estudio comparativo de material literario universal." (loc. cit. p. 16)

Luego de reconocer que esta última variante ahorra un tiempo y esfuerzo valiosos que, en cierta medida, las otras dos pierden; Navarro añade, por su parte, una cuarta variante. Su planteamiento —que no hace sino recoger los aciertos de las variantes anteriores y establecer la complementariedad entre los mismos— se refiere a

"la necesidad de que se elaboren las teorías de las distintas literaturas regionales, zonales e incluso nacionales. Si tal elaboración de teorías particulares se basara no sólo en la construcción por inducción, sino también en la contrastación de hipótesis deductivas, no sólo en la construcción de nuevas generalizaciones, sino también en la revisión de "viejas" generalizaciones supuestamente válidas también o sólo para la literatura particular examinada, ella se hallaría en una íntima y dialéctica relación de enriquecimiento y perfeccionamiento mutuos con la elaboración paralela de la teoría comprobadamente universal. Ella está llamada a lograr que lo específico y lo particular regional, zonal y nacional no queden sin su reflejo en el dominio de la teoría, o sea, a construir algunas de las mediaciones necesarias para la investigación y la crítica de obras literarias concretas." (Navarro, 1982: 17,18)

En el planteamiento de Navarro, el término clave es "mediación". Lo auspicioso de su propuesta es la necesidad de la elaboración de un sistema de mediaciones, que contraste el proceso deductivo con la experiencia práctica concreta. Sistema que permita la elaboración de teorías zonales, regionales, nacionales, etc., tanto sobre la base de nuevas generalizaciones producidas por la observación y análisis de la experiencia concreta; cuanto también sobre la base de las generalizaciones supuestamente universales de la teoría general de la literatura elaborada por Occidente.

Es así que, en seguida, Navarro pasa a hacer una oportuna revisión de la división de la ciencia literaria y la definición de la teoría literaria ("la tradicional división según la cual la teoría literaria se ocupa de los problemas universalmente generales, 'comunes a todas las literaturas', en contraste con la historia y la crítica literarias, que se ocupan de 'los problemas de obras concretas de determinada literatura o grupo de literaturas'." [loc. cit. p.18,19]): Navarro considera que "La oposición 'universal' / 'singular o particular' como factor divisorio y definitorio, es echada abajo por la admisión de los problemas que no son universalmente generales (pero sí lo son o regional, zonal o nacionalmente) en calidad de legítimos objetos de la actividad generalizadora de la teoría literaria (12)". (loc. cit. p.19). Así, hay quienes, adoleciendo de una concepción incompetente de lo que es una teoría científica, pretenden negar la posibilidad de elaborar una "teoría de la literatura hispanoamericana" y, en general, de teorías de las distintas literaturas regionales, etc., pues consideran que

para que un sistema de hipótesis sea reconocido como un sistema de leyes, o sea, como una teoría, las hipótesis de ese sistema deben ser universalmente generales, esto es, válidas para todos los casos particulares y singulares de la clase dada de fenómenos en todo su alcance espacio-temporal. Tal concepción, que reduce la teoría al común denominador de todos los textos literarios que han existido en la historia de la humanidad, se basa en el desconocimiento de que el requisito lógico que en la ciencia se impone a las hipótesis para considerarlas leyes no es la 'generalidad universal', sino (...) 'la generalidad en algún respecto y en alguna medida', o (...) 'que por lo menos una de las variables que se presentan en la fórmula de la ley tenga prefijado el operador 'para todo', o el operador 'para casi todo' o el operador 'para la mayoría de' (...) [Entonces], por una parte se hallan las leyes más generales (válidas para todas las literaturas nacionales, zonas culturales, períodos, corrientes, géneros mayores, géneros, etc.) y, por otra, las leyes específicas (válidas para una sola literatura nacional, zona cultural, período, corriente, género mayor, género, etc., pero también con fórmulas que encierran el operador 'para todo': 'para toda novela', 'para toda obra literaria realista', ['para todo haiku' ], etc.). (loc. cit.)


 

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