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¿Son diarios los
“diarios”?
Los críticos han asumido que los llamados
“diarios” en la novela pertenecen en realidad al género
de los diarios íntimos. Es decir, que pertenecen a ese
género íntimo que generalmente se incluye en ese género
mayor conocido como autobiografía. Sin embargo, si vemos
las características de los diarios como género
discursivo, fácilmente podemos descartar que los
llamados “diarios” en la novela del escritor peruano no
sean tales.
En primer lugar, como lo ha dicho Roger Cardinal,
en un diario el autor lleva la cuenta de su vida día a
día, y el recuento que hace se refiere a un pasado
inmediato, generalmente lo que le ocurre en el día en el
cual escribe. Es decir, en un diario no se puede
escribir cosas de un pasado lejano. En un diario tampoco
se habla del futuro. En un diario generalmente se habla
de sí mismo (77). Los “diarios” de Arguedas son todo lo
contrario de lo que hemos dicho. El autor de Yawar
fiesta (1941) habla indudablemente del momento en
que escribe los “diarios”, pero habla también de hechos
ocurridos en un pasado lejano, lo mismo que se proyecta
hacia el futuro. Arguedas corrige, relee, ordena y
selecciona sus “diarios”. Constantemente el narrador
dice o escribe: “voy a releer”; este método de escritura
se ve con mayor claridad en el “¿Último diario?”, pues
en él Arguedas agrega entre paréntesis “(trozos
seleccionados y corregidos en Lima el 28 de octubre)”.
Sin embargo, la fecha de la primera entrada en ese
“diario” es del 20 de agosto de 1969. El autor ha
corregido su “diario” más de dos meses después de
escribirlo.
Cabría preguntarse: ¿por qué razón alguien que
escribe un diario íntimo siente la necesidad de
corregirlo? Esto nos lleva a nuestro siguiente punto a
tratar.
Sólo con lo dicho anteriormente podríamos decir
que Arguedas corregía tanto sus “diarios” porque para él
no eran tales. Quiero decir que Arguedas no concibió
éstos como una autobiografía, sino como
ficción.
Siguiendo al teórico francés Philippe Lejeune en
su estudio sobre la autobiografía, y específicamente en
el dedicado al diario, dice que para que un diario sea
un verdadero diario, es decir, autobiografía, tiene que
cumplir con el esquema en el cual el autor es igual que
el narrador, así como el personaje representado en dicho
diario. Así es como se ha venido leyendo los “diarios”
de Arguedas. Pero una lectura atenta nos dice que no es
éste el caso. En la novela de Arguedas, el autor no es
el equivalente del narrador y tampoco del personaje;
quien dice “yo” en los “diarios” de esta novela no es
Arguedas.
Es cierto que el narrador se refiere a hechos y
personajes que podrían o tienen como referente la
realidad. El narrador menciona a personas y escritores
conocidos que nos hacen pensar que el narrador es el
autor.
Como sostuve anteriormente, Arguedas corrige
tanto sus diarios porque él los concibió como ficción y
pensaba publicarlos, y así lo dice muchas veces en los
propios “diarios”. En el “Primer diario” del 11 de mayo
dice: “ayer escribí cuatro páginas, lo hago por
terapéutica, pero sin dejar de pensar en que puedan ser
leídos”. Este es sólo un ejemplo de las tantas veces en
que se refiere al hecho de ver los diarios publicados y
así lo hace. La revista Amaru, en el numero VI
de abril-junio (1968), publicó el “Primer diario” como
el capítulo inicial de su novela en preparación. Es
bien sabido por todos que este primer capítulo de su
novela causó la polémica entre Arguedas y Julio
Cortázar, que al leer este “Primer diario” se sintió
ofendido por lo que el narrador peruano dice de él y
otros escritores latinoamericanos del momento, como
Vargas Llosa y Carlos Fuentes.
Cortázar criticó a José María Arguedas en una
entrevista concedida a la revista Life
aparecida el 7 de abril de 1969, a la cual Arguedas
contestó en el diario peruano El Comercio el 1
de junio de ese mismo año. En dicho artículo el narrador
peruano se refiere al “Primer diario” como un “capítulo
sui generis de la novela que estoy escribiendo”. Con
esto queda demostrado que Arguedas había planeado estos
“diarios” como ficción y no como
autobiografía.
¿Quién dice yo en los
"diarios"?
Como hemos dicho, todos los críticos asumen que
el narrador y el personaje de los “diarios” se
corresponden con el Arguedas de carne y hueso. Vargas
Llosa, en su artículo “Literatura y suicidio: el caso de
Arguedas”, llega a decir entre otras inexactitudes que
los “diarios” van firmados por el autor, lo cual no
puede estar más lejos de la verdad, en ninguno de los
“diarios” aparece el nombre del narrador de manera que
pueda ser asociado con el autor. Hay un narrador en
primera persona, un Yo que recuerda y dialoga, pero
nunca aparece un nombre que lo identifique.
La confusión la causa precisamente el hecho de
que Arguedas deliberadamente no ha puesto un nombre al
narrador de los “diarios”, lo cual hace difícil definir
quién dice Yo en el texto. Con toda seguridad, lo que
condiciona la lectura de los “diarios” como
autobiografía ha sido que los editores agregaron en el
epílogo una carta dirigida al editor argentino Gonzalo
Losada, una carta al rector de la Universidad Agraria y
algunas notas, que sí van firmadas por Arguedas, pero
que no estaban incluidas en el plan de la novela. Este
epílogo es el que ha contribuido a crear el carácter
autobiográfico de los “diarios”, y es esto lo que hace
decir a Vargas Llosa que los textos van firmados por
Arguedas y que el escritor se suicidó apenas terminadas
de escribir las últimas páginas de su novela. En
realidad, Arguedas había perdido las esperanzas de
terminar su novela y no escribía desde julio de 1969.
Esto se lo dice a su hermano en carta escrita en
Valparaiso (Chile) y fechada el 18 de agosto de 1969:
“te escribo porque muy pronto estaré con Uds., yo algo
más de seis semanas que no escribo”. Lo último que
escribió Arguedas fue una nota antes de dispararse, en
la que expone por qué ha elegido ese día para
suicidarse. Esta nota sí va firmada por el
autor.
Por tanto, reafirmo que la inclusión de las
cartas y notas que no estuvieron en el proyecto
novelístico del autor de Los zorros han
desviado la verdadera intención de éste, de crear los
“diarios” como ficción.
Se sabe que el narrador o narradores de la parte
de la novela que no corresponde a los “diarios” son los
zorros mitológicos que Arguedas toma de la narración del
manuscrito quechua recogido en la provincia de
Huarochirí por el sacerdote Francisco de Ávila a fines
del siglo XVI, manuscrito que Arguedas tradujo y publicó
con el nombre de Dioses y hombres de
Huarochirí. Estos zorros míticos aparecen en la
novela como zorros y también tienen la facultad de
convertirse en personajes de la narración
(5).
Si los zorros son los narradores de los capítulos
denominados “Hervores”, cabe preguntarse por qué al
final del primer capítulo (“diario”) y como parte de
éste aparecen los zorros hablando. Creo que este hecho
importante determina el carácter de los
“diarios”.
En este caso, no podemos achacar a un error o
deseo de los editores el colocar el diálogo de los
zorros míticos en este “diario” en el que supuestamente
no tienen ninguna funcionalidad. En este caso, dicho
“diario” se publicó en vida del autor y en esa versión
aparece también el mencionado diálogo de los zorros,
pero aparece con diferente tipo de letra que el texto
del “diario” en sí. En cambio, en la edición póstuma de
la novela en 1971, Arguedas unifica el tipo de letra
tanto de los “diarios” como de los diálogos. Esto quiere
decir que es algo hecho por el autor con un propósito
definido. Además, en el diálogo, los zorros retoman el
tema de la historia entrecortada que viene narrando el
Yo narrador de los “diarios” sobre la Fidela. Por todas
estas razones me atrevo a decir que el narrador o los
narradores de los “diarios” también son los zorros
personificados en ese Yo de los “diarios”.
Dado el carácter mítico manejado en la novela, no
hay ninguna incoherencia en que así sea. Si los zorros
no son los narradores, este asunto causaría un problema
en la estructura de la novela.
Para Vargas Llosa, esta novela o el discurso de
esta novela no tendría sentido si Arguedas no se hubiese
suicidado. Para el autor de La guerra del fin del
mundo, el suicidio del autor, que es lo mismo que
narrador y personaje, le da validez al discurso de la
novela y sobre todo de los “diarios”, puesto que el
narrador ha venido hablando a lo largo de ellos del
deseo de suicidarse. Esta interpretación resulta de
asumir que los diarios son autobiografía.
Es cierto que es muy difícil disociar el discurso
novelístico de El zorro de arriba y el zorro de
abajo de la vida de Arguedas por las circunstancias
particulares. Creo que tendríamos una perspectiva
diferente de esta novela si dejáramos de ver los
“diarios” como la autobiografía del autor. Así podremos
evitar lo que Vargas Llosa ha llamado el chantaje final
de Arguedas en su intento de construirse una imagen a su
gusto.
© Christian Fernández*, 2004 ![descargar pdf]() |