Nº 20
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Artículos
 

Nadando hacia el canon
La recepción crítica de El pez de oro de Gamaliel Churata(1)

 

Introducción

La literatura ha sido siempre un espacio de comunión entre dos sujetos: el autor y el lector. Cada uno de ellos da de sí mismo numerosos factores que ayudan en la interpretación del discurso y en la visión que tenemos de una obra al interior del espacio social en la que se halla inscrita. El pez de oro, por ejemplo, fue una novela que apareció en 1957 en Bolivia, pero de la que poco supimos sino hasta los años 90, cuando un estudiante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos dedicó su tesis a desenmarañar los recovecos discursivos de este inusual libro. Y es que una novela publicada en Bolivia y reeditada en Puno 30 años después tenía que naufragar en la desatención y el olvido de la crítica literaria.

En el presente ensayo buscamos realizar un acercamiento a la recepción crítica del único libro publicado por Arturo Peralta Miranda (más conocido por su profético seudónimo de Gamaliel Churata), El pez de oro, con el objetivo de indagar el proceso por el cual dicha novela ha ido insertándose en el canon académico durante las últimas décadas. Indagaremos los motivos por los cuales ha sido vencido el centralismo limeño, generándose un espacio de investigación que busca rescatar obras antes marginadas por las voces intelectuales hegemónicas.

Iniciaremos con un breve estudio de los principales aspectos, a nivel formal, estructural y temático, que han hecho de esta obra una novela calificada como “hermética”, no comprendida por la crítica tradicionalista. Posteriormente, ahondaremos en las distintas etapas de la recepción crítica, poniendo énfasis en fijar el tránsito por el cual esta obra ha ido introduciéndose en el ámbito académico limeño.

A raíz de las numerosas publicaciones en torno a El pez de oro surgidas recientemente, se hace necesaria una revisión de la recepción de esta novela desde su escritura hasta el presente. Dicha revisión puede iluminar algunos de aspectos fundamentales de la obra ya que una novela es, en gran medida, el resultado de las sucesivas lecturas que hacemos de ella.

 

1. El pez de oro: ¿Un texto hermético o una literatura otra?

El pez de oro se publica por primera vez en Bolivia en 1957(2), su segunda edición es peruana (Puno: Editorial CORPUNO) y data de 1987. La existencia de estas dos únicas ediciones podría responder a varios factores: la ignorancia de la crítica, el escaso desarrollo editorial peruano o, la más importante, la complejidad excesiva del texto.

No estamos ante un libro de fácil lectura, al factor escritural de vanguardia se aúna una visión de mundo particular: la utopía del hibridismo. Es un texto que está doblemente codificado; Thomas Bosshard, al respecto, menciona: “se trataría de un texto doblemente provocador, operando no solamente con un código vanguardista formal, sino que remite al mismo tiempo a  un código cultural que se basa en la cosmovisión indígena” (2007: 535). Esta doble codificación ha hecho que este libro sea calificado por la crítica como un texto incomprensible. A continuación, enumeramos las características que hacen de este discurso una voz diferente, atípica e incomprendida al interior de la vanguardia:

  • Posee una lengua híbrida conformada por vocablos castellanos, aymaras, quechuas y latinos.
  • Mezcla diferentes géneros, como el ensayo, la poesía, el drama y la novela, entre otros.
  • Su escritura es la expresión de corrientes contrapuestas (Indigenismo, surrealismo, expresionismo).
  • Es, más que un discurso comunicativo, un conjunto de imágenes estéticas basadas en la cultura indígena, por lo que resulta casi imposible establecer una relación entre la expresión y el contenido.
  • No posee un argumento explícito, es sólo la mitología andina la que crea un nexo entre los capítulos.

Gamaliel Churata fue un intelectual que buscó no sólo la ruptura con la literatura precedente por medio de mecanismos estéticos; él fue más allá: exploró los límites de la palabra en busca de una literatura propia y enmarcada en sus raíces culturales. Así, postuló la existencia de una nueva lengua americana, que sería la base para la nueva literatura del continente(3). Dicha lengua tendría que contener todos los idiomas usados por el sujeto indígena: el español, el aymara y el quechua (el latín sería sólo usado para un interlocutor occidental). De este modo, lo que propuso Churata fue la instalación de una lengua híbrida que fuera capaz de producir un arte nuevo, propio de América Latina. Así, su tesis traspasó la esfera del idioma para construirse como una opción que brindaría identidad al nuevo sujeto americano: el nuevo indio(4). Todo lo que hemos visto hasta aquí ya no pertenece simplemente a una propuesta de ruptura vanguardista: esta propuesta idiomática es, también, una propuesta de identidad continental.

El segundo aspecto que hace de este libro un texto complejo es el uso de diversos géneros en su elaboración. La afirmación de una identidad múltiple e híbrida del indio se asume por medio de su escritura, por lo que estamos ante una obra “que subvierte el concepto de género, en ella encontramos hayllis, harauis, pensamientos, poemas líricos, fragmentos narrativos, historia, crítica, mitologías, ideología, etc.” (Beltrán 1998: 73). La obra de Churata implica la presencia de un nuevo género denominado tinkuy(5): su unidad es la unidad de contrarios en una ligazón tensiva. Podríamos decir, entonces, que si la genial obra de Martín Adán pulveriza los límites convencionales entre la estructura poética y la estructura novelista, siendo una estupenda renovación vanguardista de la novela, El pez de oro va más allá en su osadía y en su insularidad al proponer una escritura en la que la tensión, y no la coherencia, es el eje discursivo.

La mezcla de géneros era solamente uno de los aspectos de renovación de la vanguardia, otro de ellos lo fue la unión de diversas manifestaciones literarias. Se daba una articulación de la escritura moderna con “lenguajes que pertenecen a otras estéticas y corrientes literarias” (Bueno 1995: 40). En este sentido, la incorporación de elementos de la tradición (como el paisaje andino o el hacer del sujeto indígena) no era un “síntoma de pasatismo incompatible con el afán de la novedad” (Chueca 2009: 30), sino un rasgo propio de la vanguardia latinoamericana. La conjugación de diversas manifestaciones culturales fue, entonces, un rasgo propio de nuestra vanguardia que asumió Churata para expresar, una vez más, su hibridismo ontológico.

El pez de oro, y aquí ingresamos al cuarto rasgo, busca expresar, no comunicar. Una prueba de ello es el uso de las numerosas interjecciones, exclamaciones e interrogaciones a lo largo de la obra. El discurso churatiano se instala como una escritura casi hecha al azar, pero plena de vitalismo; no estamos ante una escritura subordinada a patrones analíticos ya establecidos por la escritura occidental, sino ante una escritura que se basa en la sensibilidad indígena, telúrica. Esto ocasiona una confusión en el lector, quien no logra establecer una relación entre la expresión y el contenido, ya que el libro se construye en base a imágenes estéticas: el proceso de escritura se queda en una “apreciación fragmentaria, en esporádicas impresiones de sentido y destellos de ininteligibilidad” (Huamán 1994: 31). Se trata de un discurso autónomo, destinado a sí mismo, no a los otros que intenta revelar y expresar la esencia del sujeto indígena, no comunicarla.

Finalmente, hallamos la ausencia de un tema global y un argumento explícito. El texto es concebido como un retablo de palabras, como una superposición de espacios cuya única coherencia está dada por el ente mítico, simbólico y omnipresente: el pez de oro. Así:

el crítico tradicionalista, anclado en esquemas foráneos, se desconcierta ante la particular geografía del libro de Churata. Intenta establecer un orden y una coherencia espacial correlativa a su concepto de tiempo y verdad; ausculta desconcertado abismos y montañas, ve sombríos en quebradas inaccesibles y se sorprende, no atina a ver senderos donde su lectura sólo ve enmarañadas aristas, contradictorios paisajes, convivencia pasmosa de sembríos y páramos baldíos. (Huamán 1994: 59-60)

El texto nos lleva de la mano por personajes y paisajes andinos, por reflexiones filosóficas y sociales, por mitos altiplánicos y discursos identitarios y nacionales. Aparentemente no existiría una coherencia interna, pero sí la hay y está dada por el mito. El pez de oro es, así, no sólo un motivo literario, sino también el elemento cohesionador. Simboliza tanto el discurso tradicional andino como el magma vital que lo abarca todo; no se trata de una leyenda osificada, es un ser pleno de vitalismo cuyo significado recorre las latitudes del texto mostrándonos su esencia, que es tanto vanguardista como indigenista.

Todo lo ya mencionado hace de El pez de oro un discurso atípico, cuya insularidad deviene de numerosas estrategias usadas por su autor con un único objeto: el de elaborar una literatura distinta, una literatura otra. No se trata, entonces, de un texto “hermético”, sino de una escritura que nos impone el abandono del “colonialismo mental”. Estamos ante una “escritura deconstructiva”(6), escritura que implica una reivindicación del significante en tanto expresión lúdica. Es un texto que no se lee: se dramatiza, se oye. No es un libro, sino un “retablo de palabras” que incluye una actitud de participación por parte del lector, quien debe realizar un rito: la activación de un modo cognitivo de raíces indígenas. Rito, pero también tarea ardua iniciada por uno de los escritores más inventivos al interior de la narrativa vanguardista: Gamaliel Churata.

 

2. La escritura y el descubrimiento de El pez de oro: la recepción crítica entre las décadas de 1950 y 1980

El pez de oro fue publicado en la ciudad de La Paz por la editorial Canata hacia finales de la década de los 50. El mismo año de su publicación, 1957, aparecieron algunos artículos en diarios bolivianos como La Nacióno Última Hora que intentaron un acercamiento crítico a la novela. En el Perú, lugar de nacimiento de Gamaliel Churata, no hubo noticia alguna en el ámbito oficial hasta 1969(7), cuando un amigo de juventud del autor le dedicó una página en el suplemento de El Comercio, “El Dominical”.

Fernando Diez de Medina publicó en El Diario un artículo extenso titulado “Gamaliel Churata y El pez de oro”. En dicho artículo Churata es concebido como un autor prolijo en el ámbito periodístico: son de su autoría “seis mil artículos y crónicas desperdigados en diarios y revistas de Bolivia” (1957: 393). Asimismo, Churata es visto por Diez de Medina como un escritor americano, entendiendo América no sólo como una filiación territorial, sino como un sentimiento y una fuerza creadora. El pez de oro es visto como un texto de bagaje mestizo, pero de un mestizaje particular que aúna el elemento indígena al occidental sin restar valor a ninguno de los dos. De América se toma la fuerza vital de los Andes y de Occidente las “savias culturales en el episodio y la técnica”.

Diez de Medina se permite, también, críticas a la obra de Gamaliel. Nos habla de la necesidad de un argumento cohesionador y de un estilo más directo: “Si fuera más ceñido el tema, menos reiterada la expresión ideativa, más directo el estilo, alcanzaría a verdadera obra maestra” (1957: 395). Líneas más arriba, sin embargo, demostramos que El pez de oro es no una obra hermética e incomprensible, sino  un texto de frontera, transcultural, que define su propio modo de lectura, desafiando a la crítica occidental tradicional. Esto no lo comprende Diez de Medina: el tema cohesionador es el mito y el estilo es el de un discurso deconstructivo.

Sin embargo, lo que sí entiende este crítico —y muy claramente— es que Churata es el “primer prosista indio”, si por indio entendemos “la melodía sanguínea de una América anterior al hecho hispano, que sigue latiendo en la célula individual a pesar de técnicas y aportes culturales trasatlánticos” (1957: 395). El pez de oro es visto como un discurso cuya raigambre indígena se revela y se impone: no se trata de una aprehensión pasiva del elemento externo, sino de la latencia vital del discurso y cosmovisión andinos. Otro de los rasgos apuntados por este autor es la presencia de un género distinto, “americano”:

¿Pero qué es EL PEZ DE ORO? Difícil - si no imposible – clasificarlo. Novela no. Tampoco tratado filosófico Ni ensayo sociológico. Para prosa lírica, sobra sustancia. Para interpretación histórica, faltan sistema y método. Pero la garra del pensador y la zarpa del estilista prenden tan fuerte, que sean memorias, impresiones subjetivas, o retablos descriptivos, el libro surge con presencia mágica, para culminar en mensaje de presentismo inminente: parece, en verdad, el cubículo del brujo andino. (Ibíd., 396)

Este género insular y atípico podría equipararse a lo que Miguel Ángel Huamán denominaría años más tarde el género tinkuy, es decir, un género plagado de elementos contrarios que conforman una unidad tensiva.

Un último aspecto mencionado por el crítico boliviano es la hibridación idiomática, el libro estaría plagado de “trenos que recuerdan hablas de Gracianes y Calderones, junto a barbarismos, americanismos y modismos quechuas que esmaltan la parla del mestizo” (Ibíd., 398). Todos estos aspectos van delineando un mismo perfil en la primera etapa de la recepción de El pez de oro: Gamaliel Churata un autor insólito e impenetrable y lo único aprehensible de su insularidad es el rasgo de americanidad de toda su obra.

Un mes después aparece el artículo de José Viaña(8), titulado “El pez de oro”, como respuesta al de Diez de Medina. En él su autor afirma que el crítico olvidó aclarar el título del libro y da una hipótesis al respecto: “Para mí este libro se llama “Qori Challwa”, porque pretende… ser la iniciación de un nuevo sentido de ser…en América” (1957: 448). Para Viaña, el símbolo del pez representa tanto el origen mítico del hombre en la cultura Tiahuanaco como “el símbolo de Cristo en el nuevo vivir de Occidente” (Ibíd.), por lo que no debería sorprendernos que se haya elegido para representar el inicio de una nueva etapa histórica: la era indigenista. Así, para este autor, El pez de oro es entendido como un libro ideológico, más que estético: “es libro para ser pensado más bien que para ser leído” (Ibíd., 451). Y es, precisamente, esta carga ideológica lo que lo hace imprescindible en el ámbito de las letras bolivianas: “estamos en la obligación de conocer, de buscar el comprenderlo…para iniciar descubrimientos propicios para el reencuentro de América en nuestra tierra” (Ibíd., 452).

Hasta aquí hemos observado como la novela de Churata fue catalogada como una novela ideológica. La búsqueda de una esencia americana fue un rasgo que caracterizó el periodo de escritura de El pez de oro, por lo que no sorprende los numerosos aspectos resaltados por los críticos antes mencionados.

A la inesperada muerte de Churata en 1969 sucedieron cuantiosos artículos en diversos diarios peruanos. La mayoría fueron escritos por amigos de la infancia y de la juventud del narrador. Uno de ellos, titulado “El panindigenismo de Churata”, fue publicado en “El Dominical” el mismo año de su muerte. En él, Emilio Armaza afirma que Churata es uno de los autores más reconocidos en Puno: “el nombre de Churata es pregonado por los puneños, quienes ven en él a su más genuino intérprete en el siglo XX” (1969: 471). Asimismo, llama la atención a los editores ante el olvido de la obra churatiana y propone una posible solución para evitar la pérdida de los textos: “la obra inédita de Churata es muy extensa, copiosa en numerosos libros de títulos inspirados. Habrá que evitar que se pierda. Tomar precauciones reproduciéndola, provisionalmente, por ejemplo, en microfilms” (1969: 472-473).

Otros artículos publicados en esta etapa fueron “Churata y su obra” (1970) de Emilio Vásquez, “El pez de oro” (1970) de Luis Varcárcel y “Gamaliel Churata, el medio, el momento y el hombre” (1971) de Emilio Romero. Todos ellos fueron publicados en Lima y giran en torno a la vida de Gamaliel Churata y a su activismo cultural antes que a su obra literaria. Vásquez, por ejemplo, atraviesa la obra periodística y cultural de Churata durante las primeras décadas del siglo XX, pasando por la publicación de La Tea y la germinación del Boletín Titikaka en 1917, hasta llegar a la fundación del grupo “Orkpata” en 1926. Luis Varcárcel intenta, en cambio, hacer una descripción crítica de El pez de oro, sin embargo, su artículo está compuesto por 40 anotaciones acerca de la novela que, más que un registro hermenéutico, resultan ser fragmentos que parafrasean la obra de Gamaliel Churata.

La revisión hecha corrobora, entonces, nuestra hipótesis: la recepción crítica de esta época estuvo basada en meras impresiones y no en un trabajo exhaustivo de interpretación textual de El pez de oro. Así, nacen artículos de homenaje a Gamaliel Churata que nos narran su itinerario vital y su labor cultural en el Altiplano o artículos que intentan explicar la novela sólo afirmando su “americanidad”, sin un análisis de sus componentes discursivos.

Otra conclusión de este estudio es la afirmación del olvido que sufrió esta obra en su primera etapa de recepción. La mayoría de artículos mencionados fueron escritos por amigos y compañeros de Churata, lo que confirma la desatención del los intelectuales limeños ante esta insular novela.

En 1971 el Instituto Puneño de Cultura publica una antología en homenaje a la obra de Gamaliel Churata. El libro comprende fragmentos de El pez de oro, ensayos y poemas del narrador peruano, así como algunos artículos literarios que giran en torno a su obra y que aparecieron en numerosos medios entre 1928 y 1960. Este es el primer intento de acercamiento al canon literario que posee el texto, sin embargo, el origen de la edición hizo que los intelectuales limeños no atendieran a dicho homenaje, dejando en el olvido la obra del puneño.

Otra antología que incluye la obra de Churata es Poesía peruana: antología general dirigida por Ricardo González Vigil. En ella el compilador acepta el desconocimiento general que existe del autor en el ámbito académico peruano y afirma que esto deviene de la “inusitada originalidad de su obra”  basada en el hibridismo idiomático(9) y de su “tardía y magra difusión editorial” (1984: 41). Además, nos habla de la importancia que tiene Churata al interior del llamado indigenismo literario; él sería el “creador… más lúcido del Indigenismo durante el periodo en que esta corriente focalizó la reflexión sobre la cultura nacional: 1920-1935” (Ibíd.). Así, Arturo Peralta sería para González Vigil “una especie de puente entre Guamán Poma de Ayala y Arguedas, con la lucidez artística que le faltaba a aquel, pero todavía sin la plenitud expresiva de éste” (Ibíd.).

Las dos antologías antes estudiadas siguen la línea vertida por los artículos de este primer periodo de recepción crítica: se consolidan como un acercamiento a El pez de oro validando su bagaje indigenista o “americano”, no atendiendo a un análisis discursivo de la obra. Así, entonces, podemos afirmar que las décadas comprendidas entre los años 50 y los 80 conformaron un periodo de descubrimiento de la obra churatiana que no logró ir más allá de la revelación de un americanismo subyacente o de la rememoración de itinerarios vitales por parte de compañeros intelectuales de antaño.

 

3. Los años 90 o la afirmación de una escritura deconstructiva

La década de 1990 marca el segundo periodo en la recepción crítica de El pez de oro, en ella encontramos investigaciones más profundas que intentan esclarecer las estrategias discursivas y el modus operandi de la obra de Gamaliel Churata.

Esta etapa inicia con la publicación de las actas del coloquio internacional Avatares del surrealismo en el Perú y en América Latina realizado en 1991. En dicho evento, Ricardo González Vigil presenta un artículo titulado “Surrealismo y cultura andina: la opción de Gamaliel Churata”, en el cual intenta un acercamiento a El pez de oro desde otra óptica: la obra de Churata sería un “ejemplo de elaboración sui generis del surrealismo en diálogo con la cultura andina” (1992: 112). Para González Vigil, el surrealismo traería consigo no solo una nueva técnica, sino también una nueva sensibilidad capaz de adaptarse al ámbito latinoamericano. No se trataría, entonces, de un automatismo psíquico tal como lo concebía la vanguardia europea, sino de una reelaboración del psicoanálisis en base a una cosmovisión andina mítica y colectiva. Propone, así:

entender y sentir aquello del inconsciente, automatismo psíquico, sueño, locura, etc. No a un nivel de la psicología individual, de experiencias oscuras de una biografía secreta; sino a nivel de los genes biológicos, del instinto de la especie y la herencia histórico-cultural…de una colectividad” (González Vigil 1992: 125)

La herencia andina milenaria nos rodea, está en cada árbol y en cada laguna, es sólo que no sabemos escucharla: la mayoría de nosotros optamos por abrir los oídos a lo extranjero, dejando de lado nuestra propia alma indígena. Se trata sólo de abrir los sentidos, de dejar de recepcionar lo externo e inmiscuirnos en lo propio, en lo nuestro, en la célula madre. Así, según el autor, podremos conectarnos con nuestros ancestros y crear una forma de expresión nueva, telúrica, un surrealismo sui generis cuyo único objeto sea manifestar el ahayu, el ánima indígena que pervive escondida en la psiquis del indio.

Churata y, en general, el grupo Orkopata no abogaba, entonces, por un “indigenismo “arqueológico” que pretendía inmovilizar la herencia andina, y aislarla de los aportes culturales de otras latitudes (…) vivieron abiertos al mundo y gozosos se apoderaron de las más novedosas propuestas vanguardistas, ligándolas a sus raíces andinas” (González Vigil 1992: 119). El pez de oro sería, siguiendo esta línea, la mayor muestra de una “adaptación singular del surrealismo en el ámbito latinoamericano” (Ibíd., 118).

Pero la propuesta de Ricardo González Vigil sería solo el inicio de nutridos estudios que intentarán dar una explicación del fenómeno discursivo de la obra churatiana. El mismo año, un estudiante de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos decide dedicar su tesis de Bachillerato(10) al libro insular del cual venimos hablando, intentando dilucidar la complejidad discursiva de un libro de frontera, así como su cosmovisión de raigambre andina.

Miguel Ángel Huamán, sin duda, marca un hito al interior de la recepción crítica de El pez de oro al realizar el primer trabajo de investigación minucioso de la obra de un autor casi olvidado por la crítica. Así, si González Vigil postula un surrealismo sui generis basado en la cosmovisión andina, Huamán nos muestra la instalación de una literatura otra, de una escritura deconstructiva en el discurso churatiano.

Para este crítico, Churata activa la noción de una escritura deconstructiva, que se presenta como aquella que cuestiona la jerarquía del logocentrismo occidental y que implica una reivindicación de una cosmovisión distinta, en este caso la andina. El pez de oro, así, no se concibe como un libro, sino como un “retablo de palabras” que incluye una actitud de participación por parte del lector, quien debe realizar la lectura del libro como un rito: cada palabra instalada en el texto debe conllevar a la activación de un modo cognitivo indígena. Estamos, entonces, frente a una literatura otra, cuya lengua y formas se instalan como una nueva propuesta escritural que responde, a su vez, a una propuesta de identidad americana.

América es vista como un espacio que reclama un nuevo modo de comprensión distinto del modo occidental. Así, los aparentes “defectos” (la lengua y género híbridos, la mezcla de corrientes y la ausencia de un argumento explícito subsanada por la coherencia mítica) en el discurso churatiano no están haciendo más que presentarnos “la culminación de una primera etapa del proceso de apropiación por parte de sujetos subordinados del instrumento de dominación esencial desde la invasión española: la escritura” (Huamán 1994: 116). La escritura como instrumento de poder, entonces, es subvertida por una cosmovisión que responde a la cultura indígena y que sobrepasa los límites textuales.

La presencia de un modelo cognitivo andino planteado en El pez de oro es uno de los aspectos fundamentales planteados por Miguel Ángel Huamán. Dicho modelo se configura en torno a los once capítulos o “retablos” planteados por Churata, los cuales contienen una estructura de raigambre indígena. Nos dice el crítico que el texto “ha organizado su estructura externa de retablo en función del modelo del pensamiento social y religioso andino, el mismo que ha sido estudiado en los dibujos de los cronistas Pérez Bocanegra y Juan Santacruz Pachacuti” (1994: 53). Así, el esquema de organización

se estructura verticalmente a partir de la dualidad, de manera que se presentan cuatro pares de arriba para abajo siendo los elementos de la izquierda signados por la carga masculina y los de la derecha por la carga femenina. Sobre ellos coronando en el medio de la estructura aparece el elemento rector y suma vital de todos los otros ocho (Ibíd.)

A continuación incluimos la estructura gráfica del planteamiento de Huamán:

Esta estructura se basa en la planteada por Zuidema para el caso del texto de Santacruz Pachacuti y nos revela no sólo otro modo de construir la realidad presente en El pez de oro, sino también la vigencia de una estructura social y religiosa andina que logra subvertir a la escritura de herencia occidental.

Podemos afirmar, entonces, con lo expuesto líneas arriba que la década de los 90 fue un periodo sumamente fructífero en cuanto a la investigación de la obra de Churata. Todos los intelectuales que estudian El pez de oro coinciden en que están frente a un libro no solo inusual, sino también subversivo. Hablamos, en otras palabras, de un discurso deconstructivo que anticipa la emergencia de lo que posteriormente se denominaría “literatura indígena”. Dicha literatura no sólo vendría a constituirse como una literatura propia, sino que también implicaría el uso de un nuevo tipo de lengua nacional así como la instauración de una forma y género propios.

En 1996 Guissela Gonzáles Fernández y Juan Carlos Ríos Moreno presentan un trabajo de investigación conjunto en torno a la obra de Gamaliel Churata. El proceso americano: Evolución de una estética en los artículos Gamaliel Churata es el producto de años de una paciente labor de indagación en los diversos países recorridos por el autor puneño con el objeto de recopilar algunos de los “seis mil artículos desperdigados” en Puno y Bolivia anunciados por Fernando Diez de Medina. Si bien esta tesis no trata, específicamente, de El pez de oro, sí se la puede situar dentro del segundo periodo de recepción crítica del texto porque concibe al discurso churatiano, también, como una escritura deconstructiva.

Los investigadores proponen una división de la evolución estética de los artículos de Churata en dos momentos. Uno que va desde su incursión en el periodismo en las dos primeras etapas del siglo XX (con publicaciones en revistas como Gesta Bárbara, La tea y Amauta) hasta su colaboración en Semana Gráfica y La calle durante la década del 30. Y otro que engloba el periodo comprendido entre los años 40, con la colaboración en Cuadernos Literarios, y la muerte del escritor. La primera etapa es denominada la “Época del sujeto hegemónico” y se caracteriza por la influencia de discursos externos en la preocupación por lo americano; en ella tenemos una escritura caracterizada por la influencia  modernista, el cosmopolitismo y el influjo de diversas corrientes filosóficas occidentales. El segundo periodo es denominado la “Época del realismo psíquico” y está determinado por una nueva noción del sujeto indígena, que se logra construir por medio de una estética que pretende no “rescatar lo oral, sino la acción, la dinámica del mundo andino” (González Fernández y  Ríos Moreno 1996: 140).

El pez de oro es parte del periodo del realismo psíquico, etapa caracterizada por un nuevo pensamiento de raigambre indígena. El realismo psíquico, así, se presenta como una nueva epistemología, como una nueva forma de  conocimiento de la realidad, en este caso, de la realidad americana. Esta se origina en la cosmovisión andina pero es una lectura nueva, reelaborada, en la que también se articulan elementos occidentales (González Fernández 2009: 63)

Esta nueva epistemología consiste en una escritura signada por la irrupción de un inconsciente “americano”, por la regresión de la herencia andina oculta en el pensamiento del escritor. Lo que estamos presenciando es la conceptualización teórica de lo que Ricardo González Vigil denominó un “surrealismo sui generis”; para los investigadores se trata más que de una herencia surrealista, de una asimilación de categorías occidentales en pos de la creación de una epistemología propia, denominada “realismo psíquico”.

A las dos tesis ya citadas se sumarán numerosos trabajos de investigación como, por ejemplo, el de Manuel Pantigoso (1999), quien intentará explicar los esquemas mentales andinos que subyacen a la estructura de El pez de oro para probar la existencia de una nueva escuela artística de vanguardia: la ultraórbica(11). Su trabajo de investigación, no obstante, no logra tal cometido, ya que solo nos prueba las diversas manifestaciones que tuvo un fenómeno tan inusual como el de la vanguardia indigenista. Así, observamos como los diversos trabajos de recepción enmarcados en este periodo responden a un solo objeto: la aprehensión del discurso churatiano como un discurso otro, como una escritura rebelde que logra cuestionar el logos occidental, en fin, como un texto deconstructivo.

 

4. Los estudios recientes o la vanguardia híbrida

Tras la afirmación de una escritura deconstructiva desarrollada a lo largo de la década de los 90, se alzan algunas investigaciones que intentan un desarrollo de los principales aspectos que hacen de El pez de oro una novela perteneciente a una vanguardia híbrida.

En el 2000 Cynthia Vich publica su tesis de doctorado con el nombre de Indigenismo de vanguardia en el Perú. Un estudio sobre el Boletín Titikaka. En dicho libro la autora realiza un extenso estudio acerca del surgimiento y el desarrollo de la vanguardia indigenista en el Perú, haciendo énfasis en las publicaciones periodísticas del momento y en el análisis de algunos textos poéticos. Si bien es cierto que Vich no realiza un examen específico de El pez de oro, su investigación nos da cuenta de algunos aspectos fundamentales de la corriente a la cual se adscribe la obra churatiana.

El objetivo de la vanguardia indigenista era, según Vich, eliminar los límites que había entre la tradición y la modernidad, entre el regionalismo y el cosmopolitismo, entre el indigenismo y la vanguardia para plantear una modernidad que tomara en cuenta la heterogeneidad cultural de nuestro país. En esta manifestación surge un nuevo modo de construir y pensar el futuro de América, un modo basado en la confluencia de principios ideológicos y estéticos: se articula la tradición propia con un lenguaje y espíritu pertenecientes a la modernidad. Así, en obras como Ande de Alejandro Peralta o El pez de oro de Gamaliel Churata este doble código (el formal, bagaje de la modernidad estética, y el cultural de raíz indígena) se explicita de modo novedoso e inclasificable.

Con este estudio inicia una nueva etapa en el proceso de recepción crítica de la obra de Churata, la cual estará destinada a la investigación de la vanguardia peruana como un espacio atípico que propició diversas manifestaciones culturales antes ignoradas por la crítica. Lo fundamental de la vanguardia latinoamericana radicará, entonces, no en un mimetismo con respecto a la vanguardia europea, sino en la pluralidad de lenguajes o registros que se entrecruzan, así como el uso combinado de elementos pertenecientes a diversas corrientes. Esta pluralidad de registros y elementos usados al interior de la literatura vanguardista harán de esta una vanguardia híbrida y este será, precisamente, el rasgo que tomará en cuenta la crítica reciente en torno a El pez de oro.

Ricardo Badini sigue esta senda al presentar en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana una ponencia titulada “Los inéditos de Gamaliel Churata. Rutas para la construcción de una modernidad indígena”, en la cual intenta mostrar cómo en la obra churatiana emerge un nuevo “modelo de literatura que al hacer propia la herencia indígena trata no tanto de llegar a la modernidad sino de subvertir este mismo concepto partiendo de una mirada fuertemente anclada en una perspectiva indígena” (2005: 137).

Badini señala que Churata estaba obsesionado con la idea de escribir una nueva enciclopedia que se alejara de la aplicación inconsciente de los parámetros occidentales a la realidad americana. Dicha enciclopedia estaría regida por el uso de un nuevo lenguaje americano y por la utilización de esquemas propios de la cosmovisión andina que revelaran una nueva construcción discursiva, que posteriormente tomaría el nombre de literatura “transcultural” —caso similar al de Guaman Poma de Ayala y su Corónica—. La transculturalidad que venimos señalando corrobora lo mencionado líneas arriba: la vanguardia peruana fue una vanguardia que combinó elementos aparentemente disímiles, fue una vanguardia híbrida.

La hibridez de la vanguardia americana, así, estaría en el proyecto lingüístico de Churata, que consistía en rechazar la romántica recuperación de las lenguas indígenas y proponer, más bien, un nuevo idioma híbrido como idioma nacional y americano. Por otro lado, estaríamos frente a una obra que postula un nuevo sujeto híbrido, capaz de actualizar la herencia de sus antepasados con una forma de expresión moderna, parecida al fluir de una consciencia colectiva(12). Con todo lo cual El pez de oro se lograría instalar como un texto que logra la subversión del concepto de modernidad propio de la vanguardia, postulando la universalización de categorías indígenas afincadas no ya en el problema de la tierra sino en las  esferas psíquica y lingüística.

De este modo, y como bien lo menciona Thomas Bosshard, El pez de oro inicia “el traslado  al paradigma posmoderno de la hibridez en las letras peruanas” (2007: 536). Churata postula la necesidad de la integración del elemento indígena a la literatura moderna de principios del siglo XX, pero no como lo habían hecho sus predecesores: “No es lo andino como elemento temático lo que se integra a las formas europeas; son estas formas las que son modificadas. Churata intenta subvertir los componentes literarios occidentales y someterlos a la lógica andina” (Hernando, s/p). Esta subversión ya la hemos visto: la lengua americana y el uso del mito andino son sólo breves ejemplos de las distintas estrategias usadas por el autor para mostrarnos que la esencia de un sujeto no “está en el color de piel, está en el movimiento del alma, está en el impulso de la voluntad creadora” (Churata 1966: 64).

Doble codificación, literatura transcultural o vanguardia híbrida. Démosle el nombre que le demos estamos frente a un mismo objeto de estudio: una nueva forma de expresión nacida de dos instancias que no abogan por un mestizaje pasivo, sino por la reactualización de una tradición por medio de elementos modernos. Así, la crítica reciente en torno a la novela de Gamaliel Churata inaugura una nueva fase que consolida a El pez de oro  no sólo como un discurso deconstructivo, sino también como la manifestación de una vanguardia híbrida, como un intento de “acceder al centro de la cultura dominada pero para subvertirla, cuestionarla; un apropiarse de un espacio para instalar nuevas raíces culturales autóctonas” (Huamán 1995: 375).

Como vemos, el proceso de recepción de El pez de oro ha pasado por tres fases claramente definidas: una de descubrimiento y otras dos de comprensión e interpretación del texto. A partir de la década de los 90 se inaugura un periodo de análisis exhaustivo, que culminará con la inserción de la novela en un nuevo espacio de estudio: el de la vanguardia híbrida. Así, con el devenir del tiempo esta obra antes incomprendida ha ido ingresando al ámbito académico.

Quizá este ingreso paulatino se deba a la emergencia de las investigaciones en torno a la heterogeneidad literaria peruana dada en las últimas décadas. O, quizá, y esto es lo más probable, simplemente devenga de la conciencia de la función de una crítica literaria que, más que deconstruir textos, debería buscar la incorporación al conocimiento de obras y productos culturales cuyos contenidos y mecanismos textuales hayan impactado de algún modo el ámbito cultural y literario. No debemos olvidar que “el intento por revitalizar el ejercicio crítico, el rescate de autores olvidados o subvalorados, de obras sincréticas y conflictivas…juega un papel clave” (Huamán 1994: 20).

 

5. Camino hacia el Dorado: nadando por los límites del canon

Desde que Antonio Cornejo Polar afirmara en 1989 en una nota al pie de página que El pez de oro era “uno de los grandes retos no asumidos por la crítica peruana” (1989: 140, nota 97), han ido sucediéndose numerosos artículos y libros dedicados a la obra de Gamaliel Churata. Muchos de ellos, al catalogarla de “hermética”, nos han servido como incentivo para ingresar al universo insular de esta novela, mientras que otros nos han mostrado la complejidad y la magnitud de su discurso. Lo cierto es que desde el reto planteado por Cornejo Polar la crítica ha intentado tomar postura frente a este inusual texto; hoy en día, y como producto de este esfuerzo, parece haber ya un consenso: el de la necesidad de estudiar más a fondo esta obra para incorporarla a la tradición literaria, al canon académico.

El pez de oro, así, ha hecho denotados esfuerzos por nadar hacia el espacio de consagración y legitimación literaria: el canon. Como un pez sin agua ha ido naufragando en diversos mares, buscando siempre el lugar soñado de aceptación de la crítica. Su esfuerzo, como vemos, no ha sido en vano: durante los últimos años dos tesis y numerosos estudios han sido la corriente ideal que lo ha llevado a transitar por los límites del canon académico. Será, sin embargo, sólo el tiempo el juez que dictaminará su inserción en el espacio de poder.

Uno de los principales inconvenientes para la introducción de un libro como El pez de oro al canon ha sido el centralismo de la crítica peruana:

Las instituciones culturales y los medios masivos han construido el canon cultural y literario. Como resultado, dicho canon está constituido por obras artísticas y literarias producidas por capitalinos e inmigrantes de provincias que representan la cultura nacional y gozan de la atención de críticos y comentaristas (Zevallos 2007: 29)

La capital ha sido, y sigue siendo, el ónfalo cultural indeclinable por donde deben pasar escritores y artistas para lograr la difusión de su obra por el resto del país. Aunque el Perú cuente con ciudades como Puno o Cuzco, centros artísticos en distintos periodos históricos, la cultura, como un rito, se consagra solo en la capital y se difunde desde ella. Así, un libro tal insular como el de Churata tuvo que recorrer pedregosos caminos hasta llegar al ámbito académico. Si a esto aunamos el desconocimiento que tiene la crítica de manifestaciones tan atípicas como la vanguardia indigenista, el destino de El pez de oro hubiese sido aún más nefasto de no ser por la voluntad de algunos investigadores que buscaron el rescate de autores marginados por la tradición.

Otro de los problemas por los que ha tenido que pasar esta obra en su tránsito hacia el espacio canónico ha sido la comprensión de la singularidad de su género al interior de las primeras letras del siglo XX. El acercamiento de la crítica tradicional hacia el fenómeno de la vanguardia había privilegiado el análisis del discurso poético, considerándolo, en algunas ocasiones, como el único espacio de discusión. No obstante, algunos trabajos recientes (Jazmín López Lenci y Cynthia Vich, entre otros) volvieron la mirada hacia un espacio antes no considerado: las revistas literarias. Sin embargo, este reciente logro no debe alejarnos de la recuperación de un espacio ignoto: el de la narrativa vanguardista.

Espacio ignoto, pero también insular, y esto lo prueba el  discurso doblemente codificado, polifónico, dialógico y extraño de El pez de oro. Todas estas cualidades han hecho que este texto transite por los límites del canon, pero nunca logre ingresar a él. Sólo ha sido en los últimos años, y con las recientes investigaciones inauguradas por la tesis de Miguel Ángel Huamán, que este texto ha sido recuperado como un corpus válido para la crítica literaria y como uno de los tantos libros que deberá hacer cola para su ingreso al espacio de poder, hoy denominado “canon literario”.

 

BIBLIOGRAFÍA
(Por orden cronológico)

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1971 Antología y valoración. Lima: Instituto Puneño de Cultura.

1987 El Pez de oro: retablos del Laykhakuy. Puno: Corpuno.



Fuentes secundarias (por orden cronológico)

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1991 HUAMÁN, Miguel Ángel. Deconstrucción de una utopía (claves para la lectura de "El pez de oro" de Gamaliel Churata). Lima, Tesis UNMSM.

1994 _____. Fronteras de la escritura. Discurso y utopía en Churata. Lima : Horizonte.

1996 GONZÁLES FERNANDEZ, Guissela y RÍOS MORENO, Juan Carlos. El Proceso americano: evolución de una estética en los artículos de Gamaliel Churata. Lima, tesis UNMSM.

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1999 PANTIGOSO, Manuel. El pensamiento ultraórbico en  el pensamiento de Gamaliel Churata. Lima: UNSMP.

2009 GONZÁLES FERNANDEZ, Guissela. El dolor americano. Literatura y periodismo en Gamaliel Churata. Lima: Fondo editorial del pedagógico San Marcos.

b. Artículos

s/f  HERNANDO MARSAL, Meritxell. El hibridismo (im)posible: El pez de oro de Gamaliel Churata. En: http://skepsis-wilmer.blogspot.com/2007/11/meritxell-hernando-marsal-viene.html.[Consulta: 15 de noviembre del 2009]

1957 DIEZ DE MEDINA, Fernando. “Gamaliel Churata y El pez de oro”. El Diario. La Paz, junio de 1957. Reproducido en CHURATA, Gamaliel: Antología y valoración.

1957 VIAÑA, José. “El pez de oro”. Del diario Última hora. La Paz, julio de 1957. Reproducido en CHURATA, Gamaliel: Antología y valoración.

1957 RODRÍGUEZ, César. “El pez de oro de Gamaliel Churata”. Arequipa. Reproducido en CHURATA, Gamaliel: Antología y valoración.

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1970 VÁSQUEZ, Emilio. “Churata y su obra”.  Lima, enero de 1970. Reproducido en CHURATA, Gamaliel: Antología y valoración.

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1983 TORRES, Ángel. “Retorno a las raíces”.  Del diario Última Hora. La Paz, 23 de setiembre de 1983. Reproducido en GONZÁLES, Guissela: El dolor americano.

1992 GONZALEZ VIGIL, Ricardo. “Surrealismo y cultura andina: la opción de Gamaliel Churata”. En: Avatares del surrealismo en el Perú y en América Latina = Avatars du surrealisme au Pérou et en Amérique Latine. Actas del coloquio internacional. Lima: Instituto Francés de Estudios Andinos: Pontificia Universidad Católica del Perú.

1995 GONZÁLES FERNANDEZ, Guissela y RÍOS MORENO, Juan Carlos. “Apuntes para una reconstrucción de la categoría del realismo psíquico de Gamaliel Churata”. En: Memorias JALLA, La Paz 1993. La Paz: Plural editores.

1995 HUAMÁN, Miguel Ángel. “Un pez sin agua. ¿Cómo saborear El Pez de Oro de Churata?”.  En: Memorias JALLA, La Paz 1993. La Paz: Plural editores.

2005 BADINI, Ricardo. “Los inéditos de Gamaliel Churata. Rutas para la construcción de una modernidad indígena”. Memorias de JALLA 2004. Lima: Fondo Editorial UNMSM. Tomo I.

2005 USANDIZAGA, Helena. “Cosmovisión y conocimiento andinos en el Pez de oro de Gamaliel Churata”. En Revista andina.  Nº 40. p. 237-259

2005 ARANTO ARAGÓN, David. “El pez de oro de Gamaliel Churata”. En: Revista de Literatura Peruana. Nº 3. Ene-Mar.

2007 BOSSHARD, Marco Thomas. “Mito y mónada: La cosmovisión andina como base de la estética vanguardista de Gamaliel Churata”. En: Revista Iberoamericana. Vol. 73.  Nº 220. Jul.- Set. p. 515-539

c. Antologías

1971 CHURATA, Gamaliel. Antología y valoración. Lima : Instituto Puneño de Cultura.

1984 GONZÁLEZ VIGIL, Ricardo. Poesía peruana: antología general. Tomo III. De Vallejo a nuestros días. Lima: Edubanco.

1997 “Centenario de Gamaliel Churata”. En: Palabra en Libertad. Año 1, Nº 1.

1998 BRAVO, José Antonio. Fundadores de la narración en el Perú: nacidos entre 1805-1905. Lima: Banco Central de Reserva del Perú. Fondo Editorial.

2004 IDELFONSO, Miguel. 21 poetas peruanos. Lima: Zignos.

 

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1995 “Apuntes sobre el lenguaje de la vanguardia poética hispanoamericana”. Hispamérica Nº 71. Maryland. Agosto, 1995.

CHUECA, Luis Fernando.
2009 “Aproximaciones a la poesía de vanguardia en el Perú”. En: Poesía vanguardista peruana. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú. 2 tomos.

CORNEJO POLAR, Antonio.
1989 La formación de la tradición literaria en el Perú. Lima: Centro de Estudios y publicaciones.

GARCÍA, Uriel.
1927 “El nuevo indio”. En revista Amauta. Año 2, Nº 8. Lima, abril de 1927. p. 19,20 y 25.

LÓPEZ LENCI, Jazmín.
1999 El laboratorio de la vanguardia literaria en el Perú. Trayectoria de una génesis a través de las Revistas Culturales de los años veinte. Lima: Horizonte.

VICH, Cynthia.
2000 Indigenismo de vanguardia en el Perú. Un estudio sobre el Boletín Titikaka. Lima: Fondo editorial de la PUCP.

ZEVALLOS AGUILAR, Juan.
2007 “Culturas de las periferias internas en la región andina. El grupo Okopata (1926-1930)”. En: Intermezzo tropical. Año 5, Nº 5. Diciembre, 2007.

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1 El presente ensayo se realizó en 2010. Actualmente se ha publicado una edición crítica de El pez de oro a cargo de José Luis Ayala (Lima: A.F.A. Editores Importadores, 2011)  que no ingresa en la presente compilación.
2 Cabe mencionar que la escritura de este libro data de la década del veinte. Los primeros ejemplares fueron quemados en la imprenta a causa de un incendio provocado por revueltas sociales en 1927. De aquí que se rescata a El pez de oro como parte de la vanguardia peruana.
3 Para Churata no es posible la existencia de una literatura americana sin un lenguaje americano: no hay literatura nacional sin lengua nacional. Lo que persigue El pez de oro es, entonces, la hibridación del español en una lengua nueva que refleje la realidad multicultural del indio. Al respecto, Churata menciona: “Para que nuestra literatura pueda ser nacional, pueda ser americana, es necesario que parta del principio del que partieron los españoles. Los españoles poseen un idioma, no es el latín que engendró la cultura de la península, es la hibridación del latín con los idiomas aborígenes. Y entonces surge el romance español (…) Mientras esto no sea posible, los pueblos no tendrán personalidad literaria” (Churata 1966: 61).
4 Para mayor información acerca de la propuesta del nuevo sujeto americano, véase el artículo de Uriel García titulado “El nuevo indio”. En: Amauta. Año 2, Nº 8. Lima, abril de 1927. p. 19,20 y 25.
5 Véase al respecto la propuesta de Miguel Ángel Huamán en Fronteras de la escritura, p. 60-65.
6 Una escritura deconstructiva es aquella que cuestiona la jerarquía del logocentrismo occidental, al instaurar un modo de lectura que difiere de los paradigmas usados por los lectores occidentales.
7 En 1957 César Rodríguez publicó un artículo titulado “El pez de oro de Gamaliel Churata”, no lo consideramos, sin embargo, por ser un artículo de poca extensión que no tuvo mucha difusión en el medio periodístico. Fue publicado en un diario de Arequipa.
8 Viaña fue uno delos integrantes del grupo Gesta Bárbara, dirigido por Gamaliel Churata.
9 Ricardo González Vigil afirma, retomando la afirmación hecha por Ángel Torres un año antes en el diario Última Hora de Bolivia,que “El pez de oro buscó “quechuizar y aymarizar” el español” (41).
10 La tesis de Miguel Ángel Huamán lleva el nombre de Deconstrucción de una utopía (claves para la lectura de "El pez de oro" de Gamaliel Churata), aquí, sin embargo, haremos referencia a la edición de la misma publicada en 1994 denominada Fronteras de la escritura. Discurso y utopía en Churata, por ser esta de fácil acceso al público no perteneciente al ámbito sanmarquino.
11 El ultraorbicismo, concepto muy próximo al de indianismo, está concebido como una nueva escuela vanguardista que se opone al indigenismo en tanto se expresa desde la conciencia misma del sujeto indígena y no como dicho sujeto. Esta escuela se caracterizaría por establecer relaciones entre elementos contrarios como el mundo de arriba/mundo de abajo, el más allá/más acá, el hombre andino/el cosmos,  la lejanía/la proximidad en una síntesis o totalidad tensiva que no anularía uno de los contrarios.
12 Ricardo Badini postula que Churata crea un nuevo tipo de surrealismo, basado en el fluir de una consciencia de tipo colectivo, cósmico. Esto demostraría la concepción de una nueva modernidad afincada en conceptos enraizados a la cosmovisión andina.
 
 
© Brenda Acevedo Guzmán, 2012
 
Brenda Acevedo Guzmán (Lima - Perú, 1988). Es bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus áreas de interés son la literatura del siglo XIX y la literatura escrita por mujeres. Ha publicado en el libro La República de papel. Política e imaginación social en la prensa peruana del siglo XIX y en la revista Crónicas Urbanas. Asimismo, ha participado como ponente en diversos coloquios y congresos. Actualmente realiza estudios de postgrado en Burdeos, Francia.
 
 
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