0

banner 18

 

 

La construcción de los personajes posee una complejidad psicológica que intensifica cada una de sus palabras y muchos de sus movimientos.

____________________________________________________________

Nacionalismo radical y coherencia extrema. Reseña de El sueño del celta de Mario Vargas Llosa

por Lenin Pantoja Torres

 

Mario Vargas Llosa.
El sueño del celta
.
Lima: Alfaguara, 2010.


Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936), Premio Nobel de Literatura 2010, ha publicado su última novela: El sueño del celta (2010), confirmado una tendencia novelística particular en los últimos años. Precisamente, esta novela consagra una de las principales características del escritor peruano cuando aborda temas de temática histórica: la detallada, pormenorizada, aguda y climatizada documentación pretextual. Por este motivo, El sueño del celta se ubica dentro de un conjunto de producciones donde la historia cede a la ficción toda una gama de posibilidades en la construcción de mundos posibles totalmente autónomos. Así, esta novela se ubica, por sus virtudes y defectos y su homóloga estructura, al lado de otras creaciones como: Conversación en La Catedral (1969), La guerra del fin del mundo (1981), Lituma en los Andes (1993), La fiesta del Chivo (2000) y, sobre todo, El paraíso en la otra esquina (2003).

El sueño del celta narra la vida y obra de Roger Casement (1864-1916), viajero y diplomático irlandés, en torno a su papel controversial por su denuncia de las atrocidades contra los habitantes del Congo y los indígenas del Putumayo. Asimismo, describe el cambio moral y político de Casement frente a la posición colonial de Inglaterra sobre Irlanda. Un personaje comprometido, primero, con la causa civilizatoria liderada por Leopoldo II (rey de Bélgica), que pretendía llevar —en palabras de Casement— las “tres C” (cristianismo, civilización y comercio) al Congo. Notará, después, la verdadera intención del rey belga: apoderarse del caucho a costa de todo, incluso de la vida de los congoleses. El cambio llevará a Roger a comprometerse con la defensa y la denuncia de dichos abusos humanos, además de a viajar a la Amazonía peruana por las polémicas noticias sobre abusos similares a los indígenas, expuestos a otra empresa depredadora del caucho: La Peruvian Amazon Company, de Julio C. Arana. Finalmente, Casement se percata del estado colonialista en que vive sumida su Irlanda natal, para terminar ahorcado, por orden del gobierno inglés, por traición a la patria (solicitó el apoyo de los alemanes como la única forma de debilitar a Inglaterra y conseguir, finalmente, la independencia de Irlanda).

La novela está conformada por quince capítulos, organizados en tres secciones (“El Congo”, “La Amazonía” e “Irlanda”), que describen el espacio donde se producen la mayoría de las acciones narradas. De otro lado, la estructura interna se divide en dos coordenadas temporales distintas: Roger Casement preso en Pentonville Prison, en los capítulos impares; y Roger Casement desde su niñez hasta su muerte a través de un extenso flashback, en los capítulos pares. Asimismo, la presencia de estos saltos al pasado acompaña el desarrollo de todos los capítulos originando una repetición de muchas acciones, algo que vuelve predecible muchos de los acontecimientos. El objetivo es claro: producir intriga al mostrar los sucesos de manera segmentada, ya que solo leyendo el desarrollo completo de los hechos se obtiene una visión total de la historia. Sin embargo, a veces se cae en una reiteración que puede incomodar al lector. En efecto, la intención de generar un impulso tensivo en el relato se ve aminorada por las extensas páginas donde los datos históricos obstruyen la fluidez de la trama. Pese a ello, el lenguaje goza de una buena construcción, debido a una armonía entre las oraciones largas y cortas, así como en el uso de adjetivos y la minuciosidad con que se detallan muchos aspectos: “El regreso a la celda le resultó interminable. Durante el recorrido por el largo pasillo de pétreas paredes de ladrillos rojinegros tuvo la sensación de que en cualquier momento tropezaría y caería de bruces sobre esas piedras húmedas y no volvería a levantarse” (16). De esta forma, por muchos momentos, la lectura se hace ágil y rápida, lo que es una virtud en la novela. Por el lado de la historia narrada, el protagonista posee una vida interesante y atiborrada de experiencias, lo que produce a su vez un efecto de complejidad. Asimismo, cuenta con una buena profundización psicológica y moral de los personajes, alejándose por completo de un insustancial acopio de datos históricos. A lo anterior debemos sumar la presencia del narrador omnisciente que, muchas veces, monologa las intervenciones del protagonista. Existe, en este sentido, un compromiso y comprensión por lo que dice y hace Casement, nunca abiertas discrepancias que posibilitarían una concepción dialógica entre el narrador y el héroe.

La novela también incide en algunos puntos claves que van a marcar el desarrollo de la trama. Cuando se hace un repaso de la vida de Casement, el narrador se detiene en sus nueve años (muerte de su madre), doce (muerte de su padre) y veinte (primer viaje al Congo), los cuales condicionarán la psicología de Roger. Son ejes del relato los momentos decisivos: la conversación con el pastor Theodore Horte (con quien se convencerá sobre lo que sucede en el Congo), la lectura “simbólica” de la independencia de Irlanda por Patrick Pearse (la historia está llena de símbolos, le diría una amiga historiadora), la agria conversación con su amigo Herbert Ward (quien discrepaba de su nacionalismo radical), la azarosa reunión con el espía noruego Eivind Adler Christensen (quien lo traicionaría en su conspiración contra Inglaterra). Del mismo modo, hallamos uno de los momentos de excesiva tensión en las contundentes palabras de Plunkett, un joven nacionalista radical, para justificar el alzamiento suicida de Semana Santa en aras de la independencia:

—Permítame hablarle con franqueza, sir Roger —murmuró, por fin, con la seriedad de quien se sabe poseedor de una verdad irrefutable—. Hay algo que usted no ha entendido, me parece. No se trata de ganar. Claro que vamos a perder esa batalla. Se trata de durar. De resistir. Días, semanas. Y de morir de tal manera que nuestra muerte y nuestra sangre multipliquen el patriotismo de los irlandeses hasta volverlo una fuerza irresistible. Se trata de que por cada uno de los que muramos, nazcan cien revolucionarios. ¿No ocurrió así con el cristianismo? (420).

Por otro lado, es protagónico el oscuro y desconocido contenido de los “diarios” de Roger, los cuales aportarán para su condena. Si bien hay una pretensión de generar el dato escondido, el lector ya conoce de antemano el contenido de esos diarios, pues el narrador los muestra al desarrollarse los episodios de la novela.

Como hemos señalado, la construcción de los personajes posee una complejidad psicológica que intensifica cada una de sus palabras y muchos de sus movimientos. Desde el inicio, podemos advertir que el trabajo documental de Vargas Llosa no solo se ha centrado en conocer todos los acontecimientos en torno a Casement y los demás personajes, sino también en cómo eran, cómo se comportaban, qué manías tenían, etc. No sostenemos que el logro haya sido emular la realidad, sino, más bien, construir una paralela. Casement es un personaje dinámico, varía su condición psicológica, ética y política a lo largo del discurso. En él se evidencia, en una primera instancia, una creencia ingenua en el proyecto civilizatorio (que provoca risas entre sus compañeros de viajes). No obstante, esta cierta ingenuidad evoluciona hasta convertirse en un nacionalismo radical, cuya única solución es el levantamiento de las armas. De esta manera, el protagonista no es un intelectual de escritorio, pues luchará en todos los campos posibles llevando su pensamiento a un grado extremo de coherencia. Es esto lo que finalmente el narrador resalta: la coherencia extrema de un personaje que jugó todas sus posibilidades por una causa que pudo desistir y gozó de la simpatía de la corona inglesa por su trabajo diplomático. Sin embargo, una de los riesgos que afronta la novela es que Casement absorbe toda la atención del lector, produciendo una banalización de los otros actores, hecho que ocurre en muchos pasajes del texto.

Los personajes restantes no solo aparecen para acompañar y permitir el desenvolvimiento del protagonista, sino que poseen una profundidad que los hace particularmente interesantes. Aunque el sheriff de Pentoville Prison se muestra duro y reacio ante la situación de Roger, dará un giro brusco en su personalidad y se abrirá al encarcelado confesándole su eterno sufrimiento por la muerte de su hijo en la batalla de Loos. Asimismo, la crueldad de los personajes (villanos) no llega a constituir un estereotipo; por el contrario, si bien poseen una atmósfera negativa por sus acciones no dejan de ostentar rasgos humanos muy marcados. Por ejemplo, el verdugo Mr. Ellis, a pesar de estar acostumbrado a enviar al otro mundo a muchos hombres, irradia cierta ingenuidad que lo lleva a proferir palabras imprudentes en momentos tan tensos y dolorosos como los precedentes al ahorcamiento de Roger. En cuanto a los personajes que no intervienen directamente, es decir, los negros del Congo y los indígenas del Putumayo, no hay intensión del narrador en dotarles de diálogo. Se les muestra a través de escasos interrogatorios (filtrados siempre por un traductor) y, sobre todo, acciones violentas en los que ellos resultan ser las víctimas. También los percibimos en su total inseguridad y temor ante lo moderno, así como en las descripciones realizadas por Casement o el propio narrador: “… caciques semidesnudos, tatuados y emplumados, a veces con espinas en caras y brazos, a veces con embudos de carrizos en sus falos…” (39). En ese sentido, no se observa una intención de hacer hablar a estos personajes, porque el desconocimiento de su idiosincrasia está explicitado en la omisión de sus palabras. Es decir, no se observa una impostación de voz que resultaría perjudicial para la configuración del mundo representado.

Los escenarios en la novela gozan de una gravitante importancia. Ellos son finalmente los que condicionan todo lo que sucede a los personajes. De esta manera, advertimos, en primer lugar, un influjo físico y, luego, una repercusión psicológica. Veamos un ejemplo acerca de los efectos que produce la malaria en Casement: “Tendría diarreas, hemorragias y la debilidad lo obligaría a guardar cama días y semanas, atontado y con escalofríos” (36). La geografía es un personaje más, pues genera embates entre aquellos que no logran aclimatarse. Así, por ejemplo, cuando los miembros de la Comisión, enviada desde Inglaterra al Putumayo para evaluar la certeza de las múltiples denuncias sobre la Casa Arana, padecen los males del clima amazónico. El único que posee una actitud estoica es Roger (su experiencia en el Congo lo había preparado para tales dificultades). Asimismo, las múltiples descripciones de los espacios también son gravitantes para dibujar las coordenadas geográficas por donde se moverán los sujetos:

Parecía increíble que en una ciudad tan pequeña y tan poco atractiva, una inmensa barriada enfangada con rústicas construcciones de madera y adobe, cubiertas de hojas de palma, y unos cuantos edificios de material noble con techo de calamina y amplias mansiones de fachadas iluminadas con azulejos importados de Portugal, proliferaran de tal modo los bares, tabernas, prostíbulos y casas de juego, y las prostitutas de todas las razas y colores se exhibieran con tanta impudicia en las altas veredas desde las primera horas del día (141-142).

Una de las consecuencias de la buena documentación es la fina construcción de los escenarios. La forma como son descritos parece reproducir, incluso, el olor del terreno.

Por el contenido monumental (muy extenso) de la novela notamos una gran cantidad de temas tocados, tratados y enfrentados. Así, pues, el eje central del discurso no está dado por la opresión a esas almas cándidas (negros e indígenas), ni la lucha política de Irlanda por independizarse. Estos son temas fundamentales pero que son consecuencia del tema medular: la coherencia moral, intelectual, política, sexual y humana de Roger Casement. Un personaje que lidera una doble lucha: con su época, a través de su nacionalismo radical; y con su interioridad, por el paulatino convencimiento de su homosexualidad (es un ser que solo conoció el placer, mas no el amor). De este modo, el discurso adopta la opción de centrarse en un tema que se origina de las múltiples personalidades que puede tomar el personaje. Esto puede resultar paradójico teniendo en cuenta la coherencia referida, pero precisamente esas múltiples aristas se presentan a través de un sujeto que cree ciega y tercamente en un ideal. De esta forma, la coherencia es doble: con su época (muere murmurando “Irlanda”) y con su vida (nunca se arrepiente de aquellas prácticas homosexuales). Sin embargo, la coherencia de Casement no es un elemento que lo sume en las constantes dudas a lo largo del texto, sino una certeza desde un inicio (la novela comienza con el protagonista encarcelado). Roger lucha contra una sociedad y no contra sí mismo. No obstante, lo que se muestra como una batalla interior de menor importancia (su homosexualismo) será la responsable de asegurar su condena (por el impacto mediático que generaron sus diarios). De esta forma, lo insignificante se vuelve fundamental para el desenlace.

Sin embargo, la novela toca otros temas como la paradójica seguridad de saber quién es el bárbaro y quién el civilizado. También está presente la política que desconoce y destruye amistades (Joseph Conrad y Edmund Morel, amigos de Roger que nunca firman la petición de conmutar su pena). Otro punto fundamental es el precio que se debe pagar cuando se instaura la modernidad en espacios ajenos o contradictorios a su naturaleza: la Casa Arana en la Amazonía trajo el progreso pero a un alto costo humano. En ese sentido, lo interesante de la novela es que totaliza un sinnúmero de eventos a través de la vida de Casement, aunque banalice otros aspectos de la trama. Finalmente, los mejores momentos de El sueño del celta son aquellos en que se muestra el ya señalado protagonismo de la psicología, es decir, en los intensos diálogos (sobre todo en Pentonville Prison). También debemos llamar la atención acerca de la segunda sección de la novela, pues “La Amazonía” posee las páginas más entretenidas, donde se nota una mayor agilidad en la descripción de los acontecimientos. En ellas el narrador se coloca en el proceso de la historia, dejando, en menor medida que en las otras dos secciones, el gran número de datos históricos. Precisamente, esta documentación resulta, al final, un arma de doble filo: por un lado, ayuda a generar las respectivas complejidades de los protagonistas, los espacios bien delineados y las acciones tensivas; y, por el otro, produce momentos en los que la repetición de ciertos datos y situaciones genera un cansancio y una interrupción en la fluidez de la trama, únicamente superada por el lenguaje manejado. De este modo, El sueño del celta es una novela que, por momentos, cansa al lector y, por otros, lo atrapa. Precisamente, esta irregularidad es una marca presente en algunas de las últimas novelas de Vargas Llosa. Con todo, este libro afilia al escritor con una tradición novelística de la segunda mitad del siglo XX, donde él es un referente.

© Lenin Pantoja Torres, 2010

__________________________________________________________________

Lenin Pantoja Torres: (Lima, Perú) Estudiante de Literatura de la UNMSM. Formó parte del comité organizador del concurso de cuento y poesía Manuel Scorza, de las tres jornadas de los recitales Ese puerto existe, también del Congreso sobre Literatura y Violencia Política. Homenaje a Óscar Colchado Lucio. Ha colaborado como reseñista en la bitácora de la revista virtual El Hablador. Actualmente se desempeña como Orientador en la Casa de la Literatura Peruana, asimismo es el nuevo administrador de la bitácora de la revista virtual El hablador. .

__________________________________________________________________

 

 

1

home / página 1

contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2010 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting