0

 

 

En Conversación en La Catedral, los criollos siempre conforman sus relaciones sociales mediante algún tipo de soborno, chantaje o corrupción; consideran natural que un cholo o negro u otro criollo acceda a sus demandas a través de un favor o una suma de dinero

____________________________________________________________

Conversación en La Catedral: Corrupción, desclasamiento y crisis del orden criollo

por Richard Parra Ortiz

 

Por otro lado, Fermín pierde poder político frente a los cholos cuando es obligado a pedir clemencia por su hijo. En primer lugar, acude a Odría para solicitar su liberación, pero este se niega, argumentado que “estaba durmiendo” (212). Para Fermín, la negativa de Odría es entendida como una falta de reconocimiento social y político. Por otro lado, Fermín hace evidente que ha perdido posiciones e influencia en el Gobierno; por ello, se ve obligado a recordar a Cayo Bermúdez que merece un mejor trato: “Yo soy amigo del régimen, y no de ayer, de la primera hora, y se me deben muchos favores” (209). Ambos hechos dan cuenta de que Fermín Zavala ha sido desplazado del espacio político. Es decir, el orden criollo ha perdido poder y lugar en la esfera pública.

La prueba de que el orden criollo ha sido desplazado del poder está constituida por la nostalgia con la que sus miembros se refieren al gobierno del presidente Bustamante. Chispas, hermano de Santiago, refiriéndose a dicho gobierno, sostiene que “el país era un caos” por culpa de los comunistas y los apristas, y que “la gente decente no podía vivir en paz” (39). Por otro lado, la madre de Popeye Arévalo, futuro cuñado de Zavalita, sostiene que Bustamante, aunque políticamente débil, era “una persona decente y había sido un diplomático. Odría, en cambio, es un soldadote y un cholo” (35). Por lo tanto, lo que añora el orden criollo no es un buen gobierno, sino que uno de ellos, decente por naturaleza, administre el país. Por consiguiente, para el orden criollo, el poder y el capital simbólico están determinados por la condición racial.

Por otro lado, la reacción de Fermín ante la humillación pone en evidencia la dimensión racista del orden criollo. No soporta que Bermúdez, “el hijo de puta este”, le haya faltado el respeto; quiere, asimismo, vengarse enseñándole “cuál es su sitio y cómo “tratar a sus señores” (210). Lo primero que Fermín expresa es que, además de despreciar a los cholos, entiende que debe guardar una relación señor/siervo con ellos. De otro lado, los cholos deben permanecer en un lugar social inferior, sin derecho a cuestionar la posición de los criollos. En este sentido, niega la posibilidad de que los primeros puedan desplazarse en el espacio social. De hecho, uno de los temores de Fermín y del orden criollo es que los cholos asciendan al poder.

Sin embargo, esta imagen contradictoria, dentro del espacio familiar, solamente es conocida por Zavalita. Por ello, solo él vive en una rivalidad imaginaria con el padre y, en consecuencia, solo él termina desclasado y expulsado del orden criollo. Pero, además, Santiago empieza a sentir una culpa, porque, en primer lugar, considera que, por su negligencia, conspirar utilizando el teléfono de casa (210), ha permitido que Cayo Bermúdez humille a su padre.

La culpa aparece, también, porque, para Zavalita, su conciencia criolla no puede tolerar que un cholo haya obligado a su padre a perder posición social. Santiago no puede soportar que su padre sea desclasado. Ante este hecho, también traumático, cree que, de nuevo, por su responsabilidad, se “ha choleado” a su padre; que, por su culpa, la doble cara del padre, como centro de identificación y como prohibición, se ha puesto en evidencia y ha generado la rivalidad imaginaria entre ambos. Zavalita, por consiguiente, empieza a verse a sí mismo como la causa de la humillación paterna. En consecuencia, se siente responsable de la caída simbólica de Fermín.

Pero esta culpa trasciende la relación con el padre. Posee una dimensión política y social de mayor alcance. En efecto, la culpa se incrementa cuando Santiago toma conciencia de que, por un descuido suyo, una conspiración contra Odría, en la que participaba Fermín, ha sido desmantelada. Zavalita siente, entonces, que se ha estropeado una oportunidad para derrocar a Odría. Esta situación da cuenta de que no solo ha jodido a su padre, sino a otros criollos, “militares, senadores, mucha gente influyente” (215). Ha jodido, en un sentido, a su clase; clase esta que, como he mencionado, no quiere a los cholos en el poder.

La culpa produce que Zavalita abandone el hogar. Rechaza al padre, pero tan solo en su dimensión prohibitiva y humillada. La contradicción de Santaigo descansa en el hecho de que, si bien se exilia del orden criollo, no puede dejar de estar ligado al padre ideal. Como he discutido, Fermín ya no cumple esta función para su hijo.

El efecto de la culpa sobre Zavalita es el desplazamiento a una posición marginal respecto del orden criollo. El espacio principal con respecto al cual queda marginado es su propia familia. La marginalidad se explica por dos razones: la primera, como ya he mencionado, es por iniciativa del propio Santiago, quien se deshereda por motivos políticos; la segunda, se debe al efecto del reacomodo de la familia a las nuevas condiciones sociales y políticas en las que se encontrará tras la muerte de Fermín.

Es un hecho que una vez que Fermín Zavala muere, el orden familiar sufre modificaciones. La pérdida del padre, centro de idealización del orden criollo, produjo una severa crisis. Como respuesta a esta, la familia se acerca entre sí para evitar la disolución. Sin embargo, la ruptura del núcleo familiar ocurre de todos modos: “los almuerzos familiares cesaron, y más tarde no se reanudaron ni se reanudarán más” (652). La familia criolla, entonces, pierde unidad y se enfrenta a una crisis que puede originar su completa desintegración.

Sin embargo, la familia Zavala no se jode ni se desclasa. Es un hecho que la han jodido otros (los cholos o Zavalita), pero no que se joda ella misma. Se ha producido una ruptura dentro del núcleo familiar, pero también emerge un movimiento reflejo que intenta recomponer el orden familiar criollo. En otras palabras, la familia Zavala busca reacomodarse en el espacio social con la intención de recuperar los capitales perdidos. Aunque pierde poder económico y político, logra renovarlo, con lo cual, finalmente, evita joderse.

Así, para la familia Zavala, la figura del padre no se cancela; más bien se actualiza. En principio, el llamado a ocupar el lugar del padre es Chispas, el primogénito. Sin embargo, es Popeye Arévalo, su cuñado, quien se encargará de devolver ciertos capitales perdidos al clan Zavala. En primer lugar, Popeye reproduce los valores racistas sobre los cuales Fermín articulaba su visión del orden social. De otro lado, Popeye ha recuperado pactos políticos y contratos con el Estado. En efecto, se menciona que “A Popeye le van muy bien los negocios ahora con Belaúnde en la presidencia” (657-658). Por consiguiente, si bien Fermín ha muerto, la lógica y modos de producir riqueza que practicó siguen vigentes dentro de la familia criolla. Esta situación da cuenta de que, para el orden criollo, la riqueza no es producto de una respetable lógica empresarial, sino de relaciones corruptas con el Estado.

Por otro lado, la recomposición de la familia Zavala implica el reacomodo de sus relaciones sociales. La madre, por ejemplo, se reinserta a su vida pasada: “Antes de un año se había recobrado del todo, Zavalita, retomado su agitada vida social, sus canastas, sus visitas, sus tele-teatros y sus tés” (652). Pero así como parte de la familia Zavala ha retomado sus costumbres criollas, la recomposición del clan exige que se rechace a aquellos miembros que no reconoce como iguales. Por ello, el orden familiar excluye a Zavalita y su esposa, Ana, “la huachafita”; los desplaza a los márgenes, dada su condición chola, “jodida”. De allí que la relación entre Zavalita y su familia se convierta en “distante pero cortés, amistosa más que familiar” (652). Por consiguiente, el vínculo familiar se ha debilitado: ya no se entienden como una familia. Dicho de otro modo, Zavalita ha perdido los derechos que por sangre le correspondían.

En efecto, Zavalita y Ana ya no forman parte del clan. El orden criollo parece brindar especial atención en reconstituir sus rechazos antes que anularlos. Por ello, Santiago y su esposa se convirtieron en una especie de vergüenza no solo para la familia, sino para sí mismos. Eso explica, por ejemplo, que se retirasen de las reuniones familiares “antes de que llegaran las visitas” (653). Es cierto que Santiago rechaza el orden familiar criollo de una manera conciente; pero también es cierto que no soporta sentirse al margen, por ello, precisamente, siente vergüenza. La marginalidad, entonces, para Zavalita, es tanto una opción moral como un castigo social.

Pero Zavalita no es expulsado del orden criollo solo por su familia, sino también por agentes marginales a ella como, por ejemplo, el sambo Ambrosio, chofer y amante de su padre. Al terminar la conversación en el bar La Catedral, Santiago intenta sobornarlo, ofreciéndole un empleo, a cambio de conocer si Fermín ordenó el asesinato de la Musa (28). Sin embargo, Ambrosio se niega. La resistencia del sambo a decir la verdad proviene de una fidelidad a Fermín y al orden criollo. Ambrosio es consciente de que al revelar que la muerte de la Musa fue ordenada por Fermín, la figura de este perdería significación. De este modo, aunque marginal, Ambrosio es quien realmente se preocupa por mantener la autoridad simbólica del padre. Reconoce que Zavalita pone en peligro el orden criollo, por ello desconoce el capital social de este y, en consecuencia, lo desclasa: “Sépase que usted no se merecía el padre que tuvo… Váyase a la mierda, niño”. En consecuencia, Ambrosio niega a Santiago como hijo de Fermín y lo excluye del orden criollo. La reacción de Zavalita no puede ser más elocuente: llora (30). Esto da cuenta de que para él “estar jodido” significa, en un sentido, sufrir el rechazo del orden criollo.

Zavalita no es más miembro de la familia nuclear criolla, porque no participa ni de los negocios ni del deseo de acumular riqueza como sus hermanos. Tampoco pertenece a la familia Zavala en el sentido en que ha dejado de reconocer al padre como figura ordenadora. Santiago, de hecho, vive en una “rivalidad imaginaria” con él: no es más un Zavala, porque ni es aceptado ni quiere participar del “quehacer social” de la familia; porque es un empleado, cuyo destino económico no depende enteramente de él, y porque ha decidido juntarse con sujetos de menor jerarquía social como Ana y sus colegas de la redacción de “La crónica”.

Es posible que Zavalita viva como un marginal para su familia, pero nunca fuera del orden criollo. Para él, la principal forma para relacionarse con los agentes marginales consiste en articular un discurso en el que interactúan racismo, paternalismo y corrupción. En Conversación en La Catedral, los criollos siempre conforman sus relaciones sociales mediante algún tipo de soborno, chantaje o corrupción; consideran natural que un cholo o negro u otro criollo acceda a sus demandas a través de un favor o una suma de dinero. Cabe mencionar que si bien existen aparatos represivos que condicionan el acto de la corrupción, debe señalarse que esta se articula como un lenguaje, como una forma socialmente aceptada de establecer vínculos. En síntesis, la corrupción es el lenguaje del orden criollo y es vista como una característica fundamental de la peruanidad.

En este sentido, Zavalita es miembro representante del orden criollo, porque utiliza la corrupción como medio para relacionarse con los agentes marginales. Por ejemplo, intenta sobornar a Ambrosio; en otro momento, ofrece dinero a Amalia, trabajadora doméstica a quien él y Popeye habían intentado ultrajar (51), con la finalidad de que se olvide lo sucedido. En consecuencia, así como Fermín, para quien la corrupción es la manera de relacionarse con el poder, para Zavalita es normal corromper a los cholos, porque entiende que así obtendrá lo que desea y mantendrá su poder simbólico sobre ellos.

Zavalita, por consiguiente, no puede superar el racismo y la lógica señorial que ha heredado del orden criollo. Siempre se presenta a sí mismo frente a los agentes subordinados apelando a su mejor posición en el espacio social. Cuando Fermín sufre el primer infarto, Santaigo telefonea a su casa y una extraña “voz serrana” contesta (530). Santiago, entonces, se presenta a sí mismo como “el hijo del señor” (530). Lo mismo ocurre cuando se encuentra con Ambrosio en la perrera. Allí se presenta como “el hijo de don Fermín”. Hay aquí dos hechos significativos: que, a pesar de que ha rechazado a Fermín, siempre lo reconoce como “el señor”; que Zavalita intenta diferenciarse del marginal para mostrar su mayor posición social y simbólica. El sentido ideológico de estas frases es apelar a la estructura social que nunca ha dejado de reconocer y que lo configura como miembro del orden criollo. Para Santiago, el criollo siempre es “el señor”; y el marginal, “el sirviente”.

_________________________________________________

Richard Parra Ortiz: Bachiller en Literatura por la Pontificia Universidad Católica del Perú (Lima). Actualmente, estudiante del doctorado en Literatura Hispanoamericana en New York University.

_________________________________________________
home / página 2 de 3

contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2006 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting