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hay simetría entre los dos mundos en cuanto a su estructura interna, puesto que ambos se definen por un doble conflicto: el español, por Pizarro y los hombres que deciden trasponer la línea en el suelo frente a los que no están dispuestos a seguir adelante, y también por el propio conflicto interno de los conquistadores, quienes dudan si continuar ante las penurias a las que se ven sometidos; el indio, por un conflicto mucho más visible y relevante: el enfrentamiento entre Huáscar y Atahualpa, y también por las cuitas amorosas de los personajes secundarios de las élites indias.

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La Conquista de España. Una lectura a la Loa a La conquista del Perú de Francisco del Castillo

por Francisco Ángeles

 

El siguiente trabajo gira en torno a la obra dramática La conquista del Perú de Francisco del Castillo (1716 – 1770), y de modo especial a la Loaque precede al texto propiamente dicho. Se trabajará sobre la siguiente hipótesis: si el tema de la obra, como su título indica, es la conquista del Perú, la Loainvierte las posiciones y presenta de manera implícita lo que consideraremos una “conquista peruana de España”. A fin de intentar la demostración de la hipótesis planteada, se analizará la Loaa la luz de la comedia, buscando las similitudes que existen entre ambas; y posteriormente, un análisis textual de la Loa, que no descartará la atención sobre el subtexto implícito en ella.

La conquista del Perú fue representada originalmente en 1748, fecha que coincide con las celebraciones por la coronación de Fernando VI como Rey de España. Del Castillo no pasa por alto esta circunstancia histórica y escribe para su comedia una Loa, que pretende ser una fiesta más en el marco de dichas celebraciones. Para ello no tiene mejor idea que crear ocho personajes, cada uno de los cuales tiene por nombre una palabra cuya inicial, en perfecto acróstico, irá a formar en conjunto el nombre del nuevo rey: la Fama, la Europa, el Regocijo, la Nobleza, el Amor, la Nación Peruana, la Dicha y la Obligación. Adicionalmente, y para comprobar el carácter festivo de la reunión, se incluye un noveno personaje: la Música.

Lo que se intentará comprobar es que dentro del conjunto de La conquista del Perú, la Loafunciona como algo más que mera ornamentación o una no demasiada sutil pasada de mano al nuevo monarca. La Loa, desde la perspectiva que planteamos en este trabajo, es el necesario complemento del cuerpo de la obra.

LOS DOS EJES DE LA CONQUISTA DEL PERÚ

La conquista del Perú se articula en dos planos claramente diferenciados: el indio y el español, planos que corresponden a los dos mundos que irán a encontrarse en el acontecimiento que da título a la obra. Resaltemos, en primer lugar, que la circunstancia histórica en la que cada uno de estos mundos se encuentra al momento de su aparición no es aleatoria: el mundo andino está contextualizado en medio de la guerra civil que están a punto de sostener Huáscar y  Atahualpa por la supremacía del Imperio; el mundo hispano, por su parte, viene determinado por el célebre episodio de la Isla del Gallo. Las situaciones se presentan, por tanto, en lo que podemos definir como puntos críticos de la historia, en espacios temporales destinados a funcionar como goznes en el proceso histórico. En segundo lugar, debemos precisar que las representaciones de los mundos andino y español no tienen la intención de ser totalizantes. No hay, en el caso andino, nada que se asemeje a una mímesis de la vida en el Tahuantinsuyo. El universo incaico se limita, en la obra, a dos bandos que luchan  por el poder; es decir, Huáscar, Atahuallpa y las élites indias que los rodean. En el caso español, la figura es incluso más puntual: todos los personajes son conquistadores.

Por tanto, la obra de Del Castillo se articula alrededor de los protagonistas de la conquista, de quienes la ejecutan (los conquistadores españoles) y de quienes son su objeto (los indios conquistados). Ambas historias corren paralelas, tanto en el tiempo cronológico como en el tiempo del relato. El encuentro se anuncia inminente incluso para aquellos hipotéticos (e improbables) receptores que no conozcan el desenlace. La amenaza del choque entre culturas surge de la misma estructura y de la tensión de la obra, y el conocimiento previo que tenemos de ello sólo apuntala lo que ya es claramente perceptible. 

Por otro lado, hay simetría entre los dos mundos en cuanto a su estructura interna, puesto que ambos se definen por un doble conflicto: el español, por Pizarro y los hombres que deciden trasponer la línea en el suelo frente a los que no están dispuestos a seguir adelante, y también por el propio conflicto interno de los conquistadores, quienes dudan si continuar ante las penurias a las que se ven sometidos; el indio, por un conflicto mucho más visible y relevante: el enfrentamiento entre Huáscar y Atahualpa, y también por las cuitas amorosas de los personajes secundarios de las élites indias. En lo que sigue, se analizará con mayor detalle la presentación de estos dos planos.

 

EL MUNDO ANDINO

La Primera Jornada está referida en su totalidad al mundo incaico. La obra se inicia con Huayna Cápac resaltando la grandeza y esplendores del territorio imperial (en algún momento, en claro anacronismo utiliza la palabra “Perú” para significar dicho territorio), y hace hincapié en que esta riqueza y opulencia se vio robustecida desde el momento en que se dejó atrás la antigua oscuridad y salvajismo, y se instauró al culto al Sol. En esta pequeña introducción, que parece más un guiño de Del Castillo al receptor de la obra que parte de la misma, el autor sigue fielmente el modelo de las behetrías del Inca Garcilaso (1), autor que retomará en la idea de “conquista pacífica”, como se verá más adelante.
  
La línea argumental propiamente dicha se inicia a continuación, y para ello cuenta con dos protagonistas centrales: Rumiñahui, allegado a Huáscar y parte de su élite, y Huacolda, muchacha de la que está enamorado y que no le corresponde. Puesto que Rumiñahui sabe que el corazón de Huacolda pertenece a Culliscacha, capitán del ejército de Atahualpa, y por tanto, enemigo suyo en más de un sentido, aparece ante la muchacha con una máscara y aparenta ser Culliscacha.

En este episodio, cuyo análisis a fondo no es relevante para los objetivos de este trabajo, se condensa la línea central de toda la Primera Jornada. Las dificultades de  Rumuñahui al pretender a  Huacolda no son la excepción, sino la regla de esta Jornada. De modo análogo, Mama Huaco, prima de Huacolda, tiene interés en Rumiñahui; y Titu, hermano de Atahualpa, en la misma Mama Huaco. Es decir, cada uno de los miembros de estas élites incas está enamorado de alguien que no le corresponde, puesto que sus intereses son por otra persona, donde el esquema se repite.  El único caso atípico, donde sí observamos correspondencia en interés amoroso, es entre Huacolda y Culliscacha. Hay interés mutuo, pero no realización. Y las esperanzas de lograrlo parecen mínimas desde que éste encontró a aquella desmayada en brazos de Rumiñahui (fingiendo ser Culliscacha).     

No vamos a detenernos en detalle en estas alambicadas y esquemáticas relaciones en cadena que presenta la obra. Lo relevante, dentro de la argumentación que proponemos para la hipótesis inicial, es observar que de esta recurrencia se puede extraer un núcleo al que llamaremos “conflicto interno”; es decir, las penurias que pasa cada personaje en la imposibilidad de acceder al objeto de sus deseos amorosos, y que quedan bien resumidas en una cita que tomamos de Rumiñahui:

“... no hay resistencia a tus arpones.
Dígalo yo, pues ya de mí triunfaste
siendo piadosa, para mí homicida,
pues por despojo el alma me llevaste;
y así mi voluntad pide rendida
que, pues darme vida me mataste,
porque no muera no me des mi vida”. (Del Castillo, 1996:244)

Rumiñahui, contándole sus penas a Huáscar, habla como si estuviera haciéndolo frente a Huacolda, pero también como si fuese el mismo Amor (el sentimiento encarnado en un ser superior) el que lo escuchara. En este sentido, la cita que hemos tomado es representativa de lo que sienten los personajes involucrados en las cuitas amorosas de la obra, y por tanto, sirve para resumir el carácter de lo que hemos denominado “conflicto interno”.   

En contraparte a ello, a los conflictos de la vida privada, se presenta uno externo, del mundo de afuera, de la vida política y en sociedad, que sirve de marco a la anécdota antes precisada. Lo interesante es observar que a este marco, que es en sí mucho más importante para el tema de la obra (la conquista del Perú), son destinadas menos páginas que las dedicadas al conflicto de la vida privada.

El conflicto de afuera, de la vida pública, que por simetría llamaremos “conflicto externo” se articula, a su vez en dos ejes: por un lado, la lucha fraticida entre Huáscar y Atahualpa tras el retiro (y anuncio de muerte) de su padre Huayna Cápac; y el vaticinio de la caída del Imperio ante la inminente llegada de fuerzas de otra nación, por el otro. Sobre este último, que dentro del mundo andino sólo aparece con fuerza al final de la obra, se alerta a Huayna Cápac ya en la Primera Jornada (el rey es Huayna Cápac):

Mágico               ¡Inca!
Indio                    ¡Señor
Rey                     ¿Qué tenéis
                            que tan turbados estáis?
Mágico               Señor, tu madre la Luna...
Indio                   En tus costas, Rey, está...
Rey (aparte)      ¡Qué destino es éste, cielos,
                            que cruel me influye fatal!,
                            ¿que hasta los hombres conmigo
                            enigmas vengan a hablar?
(a ellos)             Hábleme solo cada uno,
                            que así entenderse podrán.
Indio                   Pues sábete que en tus costas
                            otras naciones están.
Rey  (aparte)    El vaticinio parece
                           que cumpliéndose va;
                           si el Pachacamac lo quiere,
                           ¿quién conforme no ha de estar? (231)

Posteriormente, al final de la Primera Jornada, el mismo Huayna Cápac pone en conocimiento de Atahualpa y su élite, la próxima llegada al Imperio de gente ajena a él:

Rey                     De una noticia es preciso
                            daros participación,
                            la cual muchas veces
                            me dijo mi padre el Sol:
                            Es, a saber, que a este Imperio
                            vendrá una noble Nación,
                            que os hará muchas ventajas
                            en gobierno y en valor.
                            A estos os rendiréis luego
                            sin mostrar alteración,
                            siendo la obediencia ley
                            a quien tendrá ley mejor.
                            En mí el número se cumple
                            de doce Reyes, que son
                            los que están vaticinados
                            por tanta declaración
                            por los oráculos hecha,
                            y así estad con prevención,
                            no de armas, de rendimientos,
                            que éste es decreto del Sol (254).

Como es evidente en esta cita, Huayna Cápac deja de lado los temores iniciales, los que tuvo cuando le fue anunciada la llegada de hombres de otra nación, y parece aceptar lo pronosticado por el oráculo, o al menos resignarse a ello. En todo caso, advierte a Atahualpa que no se debe luchar con ellos y deja en claro que el cambio que está por llegar será para bien. Con ello, da la orden de acatar lo que será la “conquista pacífica” (la segunda idea de Garcilaso que toma Del Castillo).

Finalmente, nos referiremos al segundo plano de lo que hemos llamado “conflicto externo”: la lucha entre Huáscar y Atahualpa. Tras el anuncio de muerte de Huayna Cápac, el inca decide dejar en su lugar a su hijo Atahualpa como rey de Quito:

Rey                     A mi cuerpo sepultad
                            en el Cuzco, en el panteón
                            que para los cuerpos reales
                            la Majestad preparó.
                            A mi querido Atahualpa,
                            con eficaz persuasión,
                            os encomiendo de modo
                            que le tengáis por señor,
                            advirtiendo que, aunque muero,
                            vivo en mi Atahualpa estoy. (254)

Ya en la Segunda Jornada, tiene lugar la guerra fraticida. Empieza a perfilarse el conflicto cuando Huáscar envía un emisario a su hermano con el propósito de obligarlo a jurar vasallaje y a renunciar a nuevas conquistas, puesto que “no puede ser loable / que un Rey vasallo pretenda / a su Rey adelantarse” (268). Atahualpa considera que, por una cuestión estratégica, es mejor responder con sumisión. Por tanto, finge aceptar los deseos de Huáscar, pero en realidad se prepara para la guerra. Con un ejército de treinta mil hombres, sale de Quito dispuesto a hacer frente a su hermano.

La victoria de Atahualpa es contundente y Huáscar, al ver la manera en que ha sido aplastado su ejército, en un gesto de obvias reminiscencias cristianas, exclama: “Dime, Sol ¿cómo permites / acción tan cruel y tirana?” (286). Esta frase no sólo implica la aceptación de su derrota, sino que derrumba la fe en su dios. La correspondencia con una de las célebres palabras del Cristo en la cruz (“Dios mío, por qué me has abandonado”) no es más que el inicio del cambio ya anunciado hacia la cristianización. Huáscar, al reclamar al Sol por el injusto triunfo de la tiranía, pierde la fe en él, lo que se comprueba con la última frase de esta Segunda Jornada, cuando dice: “¡Oh, justo Pachacamac, a ti entrego esta causa!” (287), cita que demuestra un tránsito remarcable: de la fe en el Sol (que permitió la injusticia) hacia la fe en Pachacamac (un dios “justo”). Este desplazamiento, que en una lectura superficial puede pasar desapercibido, adquiere suma importancia al ser relacionado, una vez más, con Garcilaso (53 - 55).

En el Libro Segundo de Los comentarios reales de los incas, Garcilaso afirma que los incas rastrearon al verdadero Dios, y que el nombre que le dieron fue, por supuesto, Pachacámac. Sostiene que dicha palabra quiere decir “el que da ánima al universo”, lo que corresponde con la noción del Dios cristiano. Significa también, cita Garcilaso a Pedro Cieza, “hacedor del universo”, lo que apunta en la misma dirección.  Por último, afirma que a Pachacámac le tuvieron mayor adoración que al Sol. Por tanto, este desplazamiento que Huáscar realiza, del Sol hacia Pachacámac, no es gratuito: es del dios falso, y vencido, hacia el verdadero, al de religión monoteísta, al que abrió el camino para la acogida del Dios cristiano. A partir de esto, podemos reconocer que el camino hacia la evangelización (y en consecuencia, la conquista) estaba ya trazado.        

 

EL MUNDO ESPAÑOL

En comparación con el mundo andino, las referencias al mundo hispano son cuantitativamente menores. Se inician sólo en la Segunda Jornada, y en uno de esos momentos que hemos llamado puntos críticos: el episodio de la Isla del Gallo. Pizarro, como es conocido por todos, traza una línea en el suelo e insta a cruzarla a quienes tengan la voluntad de seguir adelante con el proceso conquistador. Tenemos aquí un primer conflicto, que para seguir con la simetría que planteamos a modo de argumentación, definiremos como “conflicto externo”: la decisión objetiva de seguir con Pizarro o desentenderse de él. Pero a esta decisión, a la que responden positivamente trece soldados, se contrapone otra, una decisión subjetiva, la de los mismo conquistadores que dudan si persistir en el intento. A esto la llamaremos, una vez más, “conflicto interno”.

Hernando            ¡Oh, cuánta aflicción, hermano,
                              esta conquista nos cuesta!
Francisco            Para alcanzar tanta gloria,
                              Aun es poca tanta pena (272)

La diferencia entre estos dos conflictos es muy sutil, y puede parecer gratuita. Sin embargo, es necesario distinguir entre la decisión subjetiva, “interna”, de los líderes de la empresa conquistadora, de la otra, la “externa”, la realizada por soldados anónimos e intercambiables, cuya importancia individual es nula y que sólo en conjunto adquiere relevancia. Es externa bajo la mirada de Pizarro (es un conflicto ajeno a su voluntad y cuyo único saldo trascendente es su resultado) y porque lo único que importa de ella es el dato empírico, objetivo, de cuántos deciden seguir adelante. Por otro lado, precisemos que los conflictos en el mundo español  están desprovistos del carácter violento que poseen en el mundo andino. No hay aquí una guerra análoga a la de Huáscar y Atahualpa, y tampoco penas de amor. El único y gran inconveniente es la dificultad de llevar a buen puerto la empresa conquistadora, y si no son pocas las peripecias a soportar en busca de tal fin, no es menos la fe que impulsa las acciones y la certeza de tener a Dios de su lado (la idea del providencialismo).  El otro gran aliciente que impide desistir es la gloria:

Francisco            Pues ¿quién teme a los peligros
                              cuando a las glorias aspira,
                              si suelen ser los trabajos
                              las vísperas de las dichas? (288)

Que Dios está del lado hispano queda confirmado casi de inmediato: Pedro de Candia se ofrece de voluntario para arriesgarse a penetrar en tierras indias, y apenas es descubierto por unos aborígenes es ya considerado un dios. Buscando comprobar el carácter divino que le atribuyen, los indios llevan un tigre y un león, y al ver que las fieras se inclinan ante Candia, confirman que ese hombre extraño es un dios.

Indio 2            Claramente testifica
                       este hombre ser hijo del Sol,
                       pues así se docilitan
                       con su presencia las fieras,
                       depuesta toda su ira.
                       Vamos a adorarle todos (290)         

Cuando vuelve Candia con Pizarro y los demás conquistadores, les relata las maravillas que los indios le llevaron a observar: templos magníficos, riquezas deslumbrantes y un palacio suntuoso. Sin embargo, hay un detalle que no sobresale demasiado, un detalle oculto entre el relato de las riquezas del imperio, pero que Del Castillo no olvida anotar: Candia cuenta que las fieras venían amenazantes hacia él, pero que se replegaron y amansaron cuando les puso al frente la Cruz de Cristo. Con esto, Del Castillo se inscribe dentro de la perspectiva providencialista y deja el campo libre para describir a continuación esa conquista pacífica, esa sumisión justa, que se venía anunciando también desde el mundo andino con las indicaciones de Huayna Cápac.     

 

LA SIMETRÍA ENTRE LOS DOS MUNDOS

Antes de analizar el tema central de la obra (la conquista del Perú) y de proponer la Loacomo el necesario complemento de la comedia, recapitulemos las simetrías que hallamos en la obra de Del Castillo. En primer lugar, son dos mundos los representados: el indio y el español, y cada uno de ellos es visible sólo a través de un número limitado de personajes. Estos mundos son definidos por un doble conflicto, uno externo y otro interno: en el caso español, los soldados que continúan con Pizarro o desisten de ello (conflicto externo desde la perspectiva de Pizarro y la élite conquistadora), y la decisión íntima de cada uno de los conquistadores que dudan ante las tribulaciones que se presentan en el camino. En el caso indio, existe una subdivisión adicional. El conflicto interno se da en las difíciles relaciones de amor entre los personajes de la élite incaica, mientras que el conflicto externo tiene dos facetas: uno que se mantiene dentro del mundo andino (la guerra de Huáscar y Atahualpa) y otro que trasciende sus fronteras (la inminente llegada de fuerzas de otra nación).

Pongamos en un esquema lo hasta aquí dicho, a fin de hacer más visible lo que estamos proponiendo:

MUNDO ANDINO

 

MUNDO HISPANO

Conflicto interno (imposibilidad en las relaciones amorosas entre los miembros de las élites incaicas)

 

Conflicto interno (la duda íntima de los conquistadores sobre seguir adelante o no con la empresa conquistadora)

Conflicto externo
    -Conflicto externo interior (guerra entre Huáscar y Atahualpa)
    -Conflicto externo exterior (la llegada de conquistadores de otra nación)

 

Conflicto externo (entre Pizarro y sus  soldados, respecto de quiénes van a seguir y quiénes no).

Más allá de la cuestión terminológica (donde, por ejemplo, puede ser muy discutible e incluso de mal gusto definir algo como “externo exterior”), se debe resaltar la simetría entre uno y otro mundo, y en todos los casos partiendo de la división entre un adentro y un afuera. Sería muy arriesgado, de manera semejante a la de Mercedes López Barralt con los dibujos de Guamán Poma de Ayala (2), afirmar tajantemente que en la comedia de Del Castillo se mantiene el esquema dual que caracterizaba la cosmovisión incaica. Pero en todo caso, la división entre un adentro y un afuera es clara, muy especialmente en el caso del mundo andino.

Tenemos allí un diálogo entre las partes que componen cada pequeña totalidad: el conflicto externo exterior (la conquista) se vio facilitado por el conflicto externo interior (la guerra entre Huáscar y Atahualpa). El conflicto interno, por su lado, funciona como metáfora del conflicto externo interior: recordemos que Culliscacha, capitán de Atahualpa, era enemigo de Rumuñahui en más de un sentido. Es decir, el odio que podían sentir los dos hijos del inca uno por el otro se veía representado por el que se tenían sus respectivos subalternos por cuestiones más terrenas y pasionales (el amor de Huacolda). Reparemos en que el diálogo entre las partes del adentro y afuera respeta incluso ciertos detalles: la manera en que el conflicto en ambos despega tiene su origen en el engaño: Rumiñahui utiliza una máscara y se hace pasar por Culliscacha ante Huacolda; Atahualpa finge ante el emisario de Huáscar que acepta sus condiciones. Estos dos engaños sirven como soporte para desencadenar la acción. Por último, entre los dos mundos representados el diálogo se sostiene desde un inicio. Aunque no toman contacto sino al final, es evidente desde la Primera Jornada que las dos historias transitan hacia el entrecruzamiento. Lo que sucede en una tiene repercusión en la otra. Si en la isla del Gallo todos abandonaban a Pizarro, no había conquista; si Huáscar ganaba la guerra quizá la conquista hubiese resultado tortuosa (Huayna Cápac le advirtió sólo a Atahualpa que debía someterse al poder externo que estaba a punto de llegar). Lo concreto es que la obra guarda exacta unidad, como un rompecabezas cuyas piezas se integran en perfecto mosaico.  Sin embargo, a la comedia precede una Loa que aparentemente no encaja. Para algunos, lo más razonable puede ser  ignorarla, considerar que nada tiene que ver con el cuerpo de la obra y se puede prescindir de ella. Este trabajo busca demostrar lo contrario. Puesto que La conquista del Perú presenta una estructura dual (dos mundos, dos conflictos en cada uno, dos subconflictos en uno de ellos) no hay razón para descartar a priori que lo que Del Castillo escribió en realidad es una obra en dos partes, en dos partes que se complementan: la primera, la Loa; la segunda, La conquista del Perú. Y si respetamos la simetría, esta primera debería contar una conquista peruana, la conquista de España.

 

LA DOBLE CONQUISTA

En este capítulo se propondrá que el conjunto de la obra La conquista del Perú (incluyendo la Loaque la precede) está integrada de acuerdo a una lógica de doble conquista: la del Perú, como el título indica, visible y explícita; y la conquista peruana de España, implícita en la Loa. En primer lugar haremos breve referencia a la conquista explícita, para luego analizar la Loa y comprobar si es pertinente o no la hipótesis que sirve como eje a este trabajo.

La conquista del Perú

La conquista del Perú que presenta la obra homónima de Del Castillo es, como ya se dijo, pacífica; en sentido estricto, no es una conquista. Ya desde un inicio, cuando los españoles son recibidos por Titu, se evidencia la armonía que caracterizará el encuentro de las dos culturas:

Titu                        Ilustres hijos del Sol
                              cuyas supremas hazañas
                              vuestro clarísimo origen
                              demuestran por ser tan claras;
                              mi Soberano sabiendo
                              que ya estáis en sus comarcas,
                              dice que vuestra venida
                              es tanto lo que le agrada,
                              que sólo siente molestia
                              porque en veros se dilata (318).

            Lo que sigue no es muy difícil de predecir. Las frases de Atahualpa, altisonantes y declamatorias, son también guiños de Del Castillo al receptor de su obra, intentos de dejar en claro la idea garcilasiana de conquista pacífica, de no- conquista:

Atahualpa            Ahora sólo es conveniente
                              que en el establecimiento
                              de las leyes se prosiga,
                              porque ésta es orden del cielo (321).

          Luego aparece Fray Vicente Valverde y le habla a Atahualpa de Jesucristo, de que fue nacido de María que era virgen, de un dios Uno y Trino, y lo conmina a aceptar la fe del cristianismo, con la amenaza de, que en el caso de no aceptar, “hará la guerra / lo que la paz no ha podido” (336). De un modo inverosímil, que no sólo se opone a otros testimonios históricos, sino también a la lógica humana de respuesta a un invasor tan prepotente, Atahualpa accede de inmediato, y además agradece. Por último, proclama con alegría el fin del Imperio y el relevo histórico que deja en manos occidentales:

Atahualpa              ... ya el fin del Imperio mío
                              ha llegado, de mi padre
                              cumplióse ya el vaticinio;
                              mas, pues tienen ley mejor
                              estos hombres que han venido,
                              por ganar mejor imperio
                              abrazarla determino (337)

 

La Loa como conquista de España

En la introducción a este trabajó se señaló que la Loaescrita por Del Castillo a La conquista del Perú se inscribe en el marco de las celebraciones por la coronación de Fernando VI como rey de España. Se indicó, también, que hay ocho personajes, cuyas iniciales forman el nombre del nuevo rey: la Fama, la Europa, el Regocijo, la Nobleza, el Amor, la Nación Peruana, la Dicha y la Obligación.

Hasta aquí, este trabajo ha intentado poner evidencia las simetrías que contiene la obra, simetrías de carácter dual que no requieren mayor discusión, y se ha cuestionado acerca de la Loa, con respecto al lugar que puede ocupar dentro de esa estructura dual. Si por un momento olvidamos su brevedad, sería evidente que algún rol debe cumplir dentro del universo total de La conquista del Perú. Nos adelantamos, entonces, a una primera objeción: que la obra en sí no se puede poner al mismo nivel que una pequeña Loa destinada a homenajear al nuevo rey. Pero ante la crítica de la brevedad, debemos recordar que la obra, como su título indica, está llamada a contar la conquista del Perú; es decir, las acciones de los conquistadores más que las de los conquistados. Sin embargo, y esto es decisivo, el mundo andino copa la mayor parte de la obra, dejando en un segundo plano, en cantidad de páginas y escenas, al mundo español (el de los conquistadores). Se podría argumentar, y con cierta razón, que el contexto del imperio incaico es importante para comprender la empresa conquistadora. Aunque no creemos que ello sea razón suficiente para dar primacía al mundo andino, responderemos como si fuese una crítica del todo fundada. En este caso, basta recordar que, dentro del mundo andino, más es el espacio dedicado a describir las cuitas amorosas de las élites indias (lo que llamamos “crisis interna”) que el otorgado a la situación del Imperio como conjunto, a la vida política del mismo (la “crisis externa”). Con todo esto, queremos dejar en claro que la extrema brevedad de la Loa en comparación al cuerpo de la obra no es razón suficiente para anular la posibilidad de que pueda ser su contraparte.

Pasemos ahora a analizar las marcas textuales que permiten proponer la Loacomo una “conquista de España”. Como es evidente, los personajes de esta parte de la obra encarnan la virtud (o la esencia, en un sentido más general) del nombre que los identifica. Por tanto, el personaje llamado Fama funciona como símbolo de la misma, y es, por tanto, un personaje europeo – la idea de fama, como la de honra, son claves dentro de la visión de la sociedad europea medieval-. De igual filiación es el personaje llamado La Europa, cuyo nombre impide cualquier duda o discusión. De los otros seis personajes, sólo La Nación Peruana es de obvia pertenencia al Nuevo Mundo. Quedan cinco personajes que intentaremos filiar: El Regocijo, La Nobleza, El Amor, La Dicha y la Obligación. 

El Regocijo se pone del lado europeo de propia confesión, al explicar que su nombre es el efecto que produce en Europa la coronación del nuevo rey:

Regocijo              Por eso el gran Fernando al coronarse,
                              quiso Europa gozosa demostrarse,
                              siendo de esto que digo
                              por ser el Regocijo, yo el testigo,
                              pues en cada europeo parecía
                              que yo sólo asistía (204).

Como demuestra la siguiente cita, El Amor forma parte del mundo andino:

Europa                 Pues dinos, ¿cómo te nombras?
Amor                     Amor a Fernando el Sexto.
Europa                 Pues yo afirmo que no puedes
                              tú ser amor verdadero.         
Amor                    ¿Por qué?
Europa                 Porque amor fue siempre
                              hijo del conocimiento;
                              Fernando no es conocido
                              de esta Nación, ¿luego es cierto
                              que no puede ser amado? (205).

La Dicha es un personaje sincrético, que oscila entre los dos mundos, pero que sin embargo, no nos atreveríamos a llamar mestizo. Citemos el fragmento que lo demuestra:

Dicha                     Dices bien, la Dicha soy.
Nación                   Alégrome de saberlo.
                                ¿Y no dirás de quién eres?
Dicha                     Soy de quien con más empeño
                                su gratitud consagrare
                                a nuestro Monarca excelso.
Nac. y Eur.            Siendo eso así ¿serás mía?
Dicha                     ¿Cómo de las dos a un tiempo?
Nac. y Eur.            Como que a un tiempo las dos,
                                tiempo ninguno perdiendo,
                                le gastamos igualmente
                                en el obsequio que hacemos (212-213).

La Nobleza es un personaje que no se define a sí mismo, pero que podemos considerar también ambivalente (hay nobleza española y nobleza inca). Y el último personaje, La Obligación, decisivo para la hipótesis planteada, es el más problemático. Dejándolo un momento de lado, tenemos que los otros siete se clasifican de la siguiente manera:      

  • Personajes españoles: La Fama, La Europa, El Regocijo.
  • Personajes andinos: El Amor, La Nación Peruana.
  • Personajes oscilantes o de doble filiación: La Dicha y La Nobleza. 

En el inicio de la Loa, aparece en escena la Música (el noveno personaje) y de inmediato sale a acompañarle la Fama, y luego La Europa y El Regocijo. Los cuatro celebran la coronación de Fernando VI, hasta que hace su aparición un personaje extraño a ellos: La Nación Peruana. La primera reacción de los personajes europeos es de sorpresa:

Regocijo                ¿Qué es esto?
Fama                     ¿Quién eres y a qué has venido?
Europa                   Lo mismo saber deseo (204).

La Nación Peruana les da a conocer su deseo de sumarse a las celebraciones, y la sospecha que esto suscita en los personajes europeos se disipa con la aparición del Amor (el segundo personaje andino que salta a escena).  Encontramos aquí el primer rasgo de “conquista de España” que proponemos para la Loa. Siguiendo con la simetría, podemos observar que en La conquista del Perú los primeros personajes que aparecen en la obra son andinos; es decir, los conquistados. De igual manera, en la Loa, en la conquista de España, son europeos los que dan inicio a la obra.  En los dos casos se da la irrupción de un personaje extraño al mundo del que se trata (Pizarro y La Nación Peruana, respectivamente, ambos metonímicos). Y en las dos situaciones, también, surge algo que soluciona las diferencias: en la conquista del Perú, la religión; en la conquista de España, el amor. Es muy significativo que El Amor, que funciona como conciliador entre los personajes europeos de la Loa y La Nación Peruana (el invasor en sus celebraciones) es el rasgo esencial de la doctrina cristiana. Por lo tanto, ocupa una posición no sólo análoga, sino también metafórica con respecto a la religión, lo que constituye una obvia simetría. En la conquista del Perú, la llegada del cristianismo permite la sumisión de Atahualpa; en la conquista de España, la intervención del Amor hace que se acepte a la Nación Peruana como parte de las celebraciones. Sin embargo, lo que hasta aquí tiene la apariencia de una simple aceptación (los españoles permitiendo que la Nación Peruana se una a ellos) es, como evidencia la siguiente cita, una conquista, la conquista de España (subrayado nuestro):

Nación                   ... a mi me pertenece
                                y no a ti Fernando el Sexto.
Europa                   Pues si sabes que cabeza
                                y corte soy de sus Reinos,
                                ¿cómo esta corona intenta
                                quitarme tu atrevimiento?
Nación                   Los Reyes antecedentes
                                no niego que tuyos fueron,
                                mas por ser yo el Nuevo Mundo
                                debe ser mío el Rey Nuevo (206).

A continuación, la Nación Peruana enuncia una extraña argumentación, por medio de la cual llega a la conclusión que Fernando VI es propio del Nuevo Mundo. Lo interesante es que La Europa acepta los argumentos y admite que tiene razón (una conquista pacífica). La idea de una conquista peruana de España, por tanto, es el mismo reconocimiento de Atahualpa ante la llegada de la religión “verdadera”.

Por otro lado, la discusión entre dos personajes, que responden a los nombres de Europa y Nación Peruana, trae inmediatamente a la cabeza la escena entre Atahualpa y Valverde, escena que, para cualquier lectura medianamente atenta, simboliza. Si la única intención de Del Castillo al escribir su Loa era homenajear al nuevo rey, no estaba obligado a escribir una escena que represente los sucesos de Cajamarca. Esto implica que, puesto así lo decidió, debe tener algún significado, que no puede ser otro que la inversión de roles: una conquista peruana de España. Esta conquista es un hecho que trasciende los deseos de los mismos españoles. Así lo comprueba la siguiente cita:

Nac. (a Eur.)         Ya soy contigo tan una
                                que la separación niego,
                                porque la unión de sangre
                                cuasi identidad se ha hecho.
                                Y para mostrar mejor
                                la razón que en esto tengo,
                                por un brevísimo símil
                                dar larga prueba someto:
                                Si de distintos licores
                                dos vasos mezclas es cierto
                                que el deshacer su mixtición
                                es un imposible intento (211).     
                

Es evidente que la Nación Peruana se refiere al mestizaje y a la imposibilidad de deshacerlo. Podríamos sugerir que la conquista de España que proponemos está imbricada con este proceso de mestizaje, y que tal vez es éste el gran logro de esta segunda conquista, pero ello excedería los límites de este trabajo. En todo caso, es una veta que se podría explotar en el futuro.

Por último, incluyamos a un personaje, a nuestro juicio, decisivo: La Obligación. ¿Por qué Del Castillo llamó así al octavo personaje? Si lo que necesitaba era una palabra que empiece con la letra ‘O’ para completar el nombre del nuevo rey, ¿por qué descartó, por ejemplo, ‘orden’ u ‘orgullo’, más acordes con la figura real, y eligió una dura y poco virtuosa ‘obligación’? La respuesta a esta cuestión es clave, y la decisión de Del Castillo no pudo ser aleatoria. Nuestra respuesta es la siguiente: en un primer nivel, era obligatoria una conquista peruana a modo de respuesta frente a la española. Era una  obligación histórica que el Perú conquiste España como simple reacción a las acciones de los conquistadores. Y esta conquista es visible, como dijo La Nación Peruana, en un mestizaje ya irreversible. En un segundo nivel, para seguir con la simetría que presenta toda la obra, Del Castillo tuvo la obligación de escribir una conquista de España que guarde el equilibrio de su obra.     

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1. Inca Garcilaso de la Vega. Comentarios reales de los Incas, 1991: 25 y siguientes.

2. López Barralt, Mercedes. Icono y conquista: Guamán Poma de Ayala. Madrid, Editorial Hiperión, 1988: 189-267.

 

BIBLIOGRAFÍA

BURGA, Manuel (1988). Nacimiento de una utopía. Muerte y resurrección de los Incas. Lima: Instituto de Apoyo Agrario.

CHANG-RODRÍGUEZ, Raquel (1992). “Entre la tradición colonial y la ruptura ilustrada: La conquista del Perú, de Fray Francisco del Castillo”. Beatriz González Stephan y Lúcia Helena Costigan (coordinadores). Crítica y descolonización: El sujeto colonial en la cultura latinoamericana. Caracas: Academia Nacional de la Historia / Ediciones de la Universidad Simón Bolívar / The Ohio State University: 467-489.

GARCÍA-BEDOYA M., Carlos (2000). La literatura peruana en el período de estabilización colonial (1580-1780). Lima: Fondo Editorial de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

GARCILASO DE LA VEGA, Inca (1991). Comentarios reales de los Incas. Edición, prólogo, índice analítico y glosario de Carlos Araníbar. Lima: Fondo de Cultura Económica.

GARRIDO-LECCA, Hernán (1998). “La dignificación de la nobleza inca. Un análisis de ‘Loa’ y La conquista del Perú, de Fray Francisco del Castillo, ‘El Ciego de la Merced’”. Aura 2: 12-21.

© Francisco Ángeles, 2010

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Francisco Ángeles: (Lima, Perú, 1977) Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado textos de crítica y ficción en diversos medios. Administró los blogs de literatura Porta9 y El Hablador. En 2008 publicó su primera novela, La línea en medio del cielo. Pertenece al comité editorial de El Hablador.

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