La primera comprobación que hice al iniciar este proyecto fue que el hecho de haber escrito cuentos no te asegura efectividad con una novela: este es otro género, el cual tuve que aprender. En el caso de los cuentos, yo obtuve cierta comodidad. Ahora estoy aprendiendo de nuevo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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© Fotografías: Leslye Valenzuela
 

Los lectores, la crítica, los medios, evalúan la carrera de un escritor a partir de lo que publica, de la cantidad de libros, siendo este el medio físico a través del cual se conoce al autor. ¿Crees que un escritor debe ceñirse a esta situación, o consideras que debe primar la decisión personal para publicar un libro?

Yo creo que un escritor tiene que dedicarse solo a escribir y cuando considere que tiene un texto terminado, como para ser mostrado, puede publicar. Si existe el criterio de mantenerse a la vista de todos, por lo cual tiene que publicar con cierta regularidad, entonces, a no ser que coincida la voluntad con la capacidad para tener un texto bien hecho, pues bien por él.

Ahora, eso de publicar cuando uno cree que un texto está bien no suele suceder rápidamente. En mi caso yo sé que no publicaré con cierta regularidad, y es algo que no me desespera. En realidad prima en mí presentar algo que valga la pena, sin tener una presión externa. Me tomo mi tiempo, sin pensar que estaré o no en boca de los demás. Y esto porque soy muy lento para escribir y tener algo listo. Por ejemplo, hace poco he tenido que descartar una novela para dedicarme a otra, por el simple hecho que de pronto me he sentido distante, no del todo conectado con ese proyecto. Lo importante es no desesperarse si pasan los años y no publica. Así, yo vivo tranquilo, felizmente.

¿La novela que mencionabas es tu actual proyecto?

Sí. Como te decía tengo una que he dejado a medio acabar, y otra que está casi lista. Mi problema es la inseguridad, pues a veces pienso que he juntado historias independientes, como para un cuento, y que quizá les vaya mejor en ese género; en fin, supongo que esto es parte de la desventaja que tengo frente al resto. Pero lo importante es que sigo escribiendo. Y sí me interesa publicar, cómo no. Si uno escribe es porque quiere trasmitir o hacer llegar sus ideas e impresiones a otros, y ese medio es el libro. Quiero publicar, pero ahora no tengo nada que valga la pena, según mi criterio.

Háblanos de tu transición del cuento a la novela

Bueno, esto surge con la misma historia. El argumento requería desde un principio que fuera una novela. La primera comprobación que hice al iniciar este proyecto fue que el hecho de haber escrito cuentos no te asegura efectividad con una novela: este es otro género, el cual tuve que aprender. En el caso de los cuentos, yo obtuve cierta comodidad. Ahora estoy aprendiendo de nuevo. La novela requiere un aliento más largo, lento y pausado, a diferencia del cuento en donde empiezas a escribir y ya vislumbras el final, todo el corpus; en cambio en la novela, a pesar de que puedas tener establecido el argumento hay muchas cosas que varían, ya que la dimensión requiere de otra estrategia. Los efectos que se logran con un cuento no son los mismos, las descripciones, las elipsis, las narraciones mediatizadas, los diálogos, son recursos que van a ser tratados en relación con la dimensión. En la novela hay que desarrollar, a diferencia de un cuento en donde puedes sugerir un sentimiento o una emoción en tres o cuatro líneas. Aquí es muy importante la atmósfera, la dosificación de información. Imagino que sucederá lo mismo para quienes quieran pasar de la novela al cuento, y es que, definitivamente, son dos géneros distintos.

¿Cuáles son tus lecturas recurrentes?

Absalón, Absalón de Faulkner. De Rilke me gusta mucho Los Cuadernos de Malte Laurids Brigge. Pero ante todo prefiero a los italianos, como Italo Svevo, Giuseppe Tomasi di Lampedusa, Moravia y Calvino. De los peruanos tengo siempre a la mano los libros de Vargas Llosa, Arguedas. En el caso de cuentos me quedo con Otras tardes, de Luis Loayza, un libro que lamentablemente aún no ha sido valorado a plenitud. También Ribeyro; y Zavaleta, quien es un gran ejemplo de constancia. Tú observa mi caso, que tengo un solo libro, y el caso de él, que cada año saca uno nuevo. De Zavaleta admiro mucho su disciplina, su oficio de escritor.

¿Cómo has sabido conjugar tu lado de escritor con el aspecto laboral en tu vida?

Bueno, mi trabajo ha estado ligado a la prensa, a los diarios, básicamente escribiendo y corrigiendo artículos. Además he estado enseñando, aquí en Lima y ahora fuera del país. Bajo una óptica general, no creo que haya mucha dificultad en compaginar el trabajo con la escritura: siempre habrá tiempo para poder escribir. El hecho que no haya publicado últimamente no es porque no tenga tiempo, sino que soy un escritor muy lento e inseguro. Si uno tiene una vocación no la cambia nadie. Si uno sigue en la literatura es porque eso le gusta, y lo hará de por vida, sin buscarse excusas.

¿Qué consejos darías a los jóvenes que empiezan a escribir?

Para la escritura es importante creer en lo que uno hace, forjar la confianza personal. Así uno no esperará o estará al tanto de la opinión de terceros que rijan tu futuro como autor. Cuando uno consigue esto, las opiniones que descalifiquen lo que escribes no importan. La otra opción es publicar de prisa y esperar cruzando los dedos la opinión del resto. En la poesía uno puede ser precoz, pero en la narrativa eso es muy difícil, uno tiene que madurar necesariamente. La mirada del narrador es panorámica, no solo interior, lírica, como generalmente aparece en la poesía.

¿Qué opinas de la literatura en Internet?

Me parece una buena opción, por la comodidad y facilidad de difusión. La literatura no podía quedar fuera de todo lo nuevo que ha traído la globalización y la modernidad en general. Ahora la gente más joven está acostumbrada a leer en pantalla, y no solo revistas o periódicos, sino hasta un libro. Por ejemplo, yo recién me acoplo a eso, a leer un determinado tipo de letra que presenta la computadora y las distintas webs. A propósito de esto, recuerdo a un amigo que decía, hace muchos años, refiriéndose a las letras de las máquinas de escribir eléctricas: “Si yo hubiera tenido una de esas máquinas ganaba todos los concursos”, y cuando le preguntábamos, respondía que con esa letra tan bonita cualquier cuento es bueno (risas). Y es que uno lee influido también por la belleza de la diagramación y la tipografía. Actualmente yo escribo en computadora, y creo que es la mejor invención hecha por el hombre.

© Francisco Izquierdo*, 2004 descargar pdf

 

(*) Francisco Izquierdo Quea (Lima, 1980)

Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado en diversas revistas. Forma parte del comité editorial de El Hablador y La Unión Libre y del fenecido proyecto Segregación. Mención honrosa en el último concurso de cuentos organizado por la cadena de librerías Crisol con el cuento "Por las líneas", y en el concurso de cuentos de editorial Matalamanga por "Bonitas palabras". Ha sido incluido en la antología publicada por esta última editorial.

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