Es posible leer en varios fragmentos de este texto el préstamo de la voz autorial a una viuda del terror de la sierra central peruana, precisamente una de las viudas que dejó la masacre de Pucayacu

 

 

 

 

Este poema de Mendizábal fue escrito en 1985 y se publicó por primera vez en la página cultural de El Diario (5 de noviembre de 1987, 12) e inmediatamente se incluyó en La última cena (VV. AA. 30-1), de donde lo tomamos. Posteriormente, formaría parte de Dedeálade, publicado por Asaltoalcielo en Filadelfia en 1995, y único libro del autor hasta el momento. Es posible leer en varios fragmentos de este texto el préstamo de la voz autorial a una viuda del terror de la sierra central peruana, precisamente una de las viudas que dejó la masacre de Pucayacu. En ese sentido, el poema puede ser leído como una forma de elegía.

Desde su título, pero también con la historia contada y la fecha de escritura puesta al final del texto (que funciona como un paratexto que remite al día en que la opinión pública tuvo conocimiento de las dimensiones de la masacre), se nos ofrecen unas marcas temporales e históricas claras del contexto político-social de la violencia vivida en el Perú durante esa década. A mediados de los años ochenta, cinco años después de iniciada la lucha armada senderista, las noticias sobre los muertos se toman "como si fuese lo ordinario"; se ha banalizado la violencia que antes tenía carácter excepcional. Por ello, la tristeza va desapareciendo porque este tipo de hechos luctuosos y dolorosos se tornan costumbre. Pero ¿para quién o quiénes? Esos muertos producto de la guerra provienen de la sierra central peruana (departamentos de Junín, Pasco, Huánuco y la parte norte de Huancavelica) y "las noticias" de las que da cuenta el poema pueden interpretarse como las escuchadas o leídas por habitantes de otras zonas del país. Un habitante de la sierra central no llamaría a su zona con esta denominación; eso lo dice alguien que proviene de afuera. De ahí que podamos pensar que se trata de una proyección del yo poético que traslada su propia costumbre ante las noticias diarias que los medios de comunicación escritos y los noticieros radiales y televisivos propagaban sobre esta guerra que en 1984-1985 aún se situaba casi exclusivamente en esta fundamental zona del Perú. De nuevo aparece el distanciamiento entre el yo poético y la otredad, en este caso representada por los campesinos reprimidos a los que hace referencia el poema.

Hay que destacar también que tal actitud de indiferencia comenzó a formar parte de la mayoría de los habitantes del país y que lo interesante de este texto es precisamente dar cuenta de tal hecho y reaccionar ante la modorra o costumbre que en el fondo puede tomarse también como una forma de complicidad —a través del silencio o el miedo— con tal estado de cosas. De ahí que la elocuente descripción de esa terrible "foto de paseo en campo / con botellas rotas de degüello al lado / y los vientres hinchados y los brazos / durmiendo en el pasto" pueda ser tomada como expresión de esta actitud de no querer ver lo evidente, de no querer ver como propios los padecimientos del Otro. O, más terrible aún, como si se tuviera la convicción de que la represión tiene principios diferentes en las alturas de la sierra que en la ciudad. El Perú oficial y el Perú profundo conviviendo sin verse. Como siempre.

Y, como siempre también, la poesía brindando su invalorable cuota de belleza en medio del caos y el horror para invitar a salvar(nos) o librar(nos). La segunda parte del poema adquiere un carácter más personal y lírico. Empieza con ese "sin embargo", ese "a pesar de" que dará cuenta de las cosas en su exacta dimensión. Y es precisamente aquí cuando podemos comenzar a escuchar esa voz de la viuda del terror a la que nos referimos. La autorrepresentación del Otro enmarca el testimonio que conforma elpoema. La voz lírica sigue siendo testigo, ya que no participante. El carácter de autenticidad y verdad reside en el personaje que ha presenciado y padecido en carne propia estos hechos.

Ya Mazzotti (2002a: 108-9) ha establecido la comparación entre la idea de oscurecimiento con el cese del ciclo vital y el prevalecimiento del no-nacimiento y la no-regeneración. "Mira de lejos", le dice la viuda a su esposo muerto, asesinado y enterrado en una fosa común. De lejos, desde la otra vida, con la esperanza de seguir viendo a sus hijos cuyos nombres son puestos en minúsculas para enfatizar el carácter anónimo y colectivo de estos niños o jóvenes de la comunidad andina. Jóvenes como "abel / que ahora cuida de su hermano", elemento subvertido del conocido relato bíblico de los hijos de Adán y Eva (Caín, como se recuerda, precisamente mata a su hermano Abel) (7). Y las diferencias y desplazamientos son tanimportantes como la repetición de un texto (o de una historia) en el nuevo texto. Una pequeña utopía regenerativa.

 

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