Ericka Ghersi
Carlos Arturo Caballero Medina
Omar Ardila Murcia
Yukyko Takahashi Martínez
César Eugenio Vásquez López

Ariel Bustos: "Pan y cebolla y menos todavia"

Jhonny Zevallos Estupiñán: "Una y otra vez Eróstrato"

José Donayre: "La enramada de Leona"

Luis Tamargo: "Más que un juego"

Rolando Revagliatti: "Mario y yo"

Alejandro Neyra: "Con Perec, Vernier y el amigo de mi pueblo en Ginebra"

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Ericka Ghersi

por Ericka Ghersi

 

Galería de arte

Para mi flor de quinua

I

Picnic sobre la hierba (1862) de Edouard Manet

No dejes que las moscas acaben con el banquete, muchacha.
La comida que está servida es poca,
el resto hay que buscarla entre los objetos
menos imaginados.
Los que se mueven dentro
necesitan
una lamida de este doméstico animal.
Si estás quieta,
podrás acariciar el pelaje arisco
y el cuerpo flexible de algún gato comiendo
lo que más tarde lo habrá de cazar.
Quiero cargar esas piezas destrozadas por las hormigas
y como una mosca satisfecha
mirar desde arriba,
sacar mi lengua
y afilarme el ala izquierda
para caer y romper la ruta de carga:

el ir y venir de l a s h o r m i g a s.

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II

Flores nocturnas (1918) de Paul Klee

Estás en la hierba del gran cuadro,
y en tu piel
se han posado hormigas.

Estás echada sobre azahares
y desde tu vientre
la nube que elegiste
gira y ya no ves su perfil,
pero su cuerpo es aún perfecto,
se desvanece.

Voltea la mirada, muchacha.
Ve y hiere la hierba,
que no sea la luz la que interfiera,
sino el cielo.
Sube hacia el rojo más rápido
y lánzate hacia el fondo del cuadro .
Una vez allí, recoge a las hormigas que reposan a las orillas del río
y llévalas al jardín,
circularán por los charcos de la noche.

Corre hacia afuera. No voltees.
Los golpes que vienen de adentro
podrían agobiar tu andar

en el camino

que no has de volver a ver.

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III

Paseo de a tres (1914) de Auguste Macke

Otro agente ha llegado,
y la identidad es

el pasaporte difícil de esconder.

Tomó de la sangre

aún derramada en los rosales.

Limpió su rostro
y en sus ojos cansados estabas tú,
tatuada sobre un fondo blanco.

Deja abiertas las ventanas que dan al jardín
para que las hojas vuelen
y caigan como cuando no hay nada que decir.
Recuerda que en el último cuerpo

hubo culpa

y los gatos rasgaron el óleo.
Las hormigas guardaron algo de los cadáveres,
aquello que servirá para invierno. Y tú,
regresaste a besar mi pecho. Pero
tengo la nostalgia de un vientre vacío,
y tus hormigas se angustian mientras camino,
esperando que mi cuerpo caiga
sobre las rutas abandonadas.

Es fácil para ti hundirme en la firmeza

de los huesos de tus muertos.

Herirme entre los rosales.
Sin embargo, me levantas.
No me quieres
para

l s

a mos

ca s

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IV

Mujer de vestido verde (1912) de Jean Metzinger

Ofrecí mostrarte los elementos del cuadro,
pero insistes en observar desde las gradas.
Mi pequeña flor de quinua
no estás lista para recorrer este jardín.

Fuera de aquí
busco ser una mosca
y aplastar los ojos sobre el papel.
Tu terquedad viene de mí,
y tus ansias de vomitar
hacen que me lance sobre el charco,
pero aún no soy la mosca que quiero ser
y el tiempo pasa,
y la muchacha me empuja hacia sus rosales.

Las hormigas de tu cuerpo serán iguales a las mías,
pero deja que llegue el agente apropiado
con su misión casi terminada.
En el cuadro siempre habrá árboles
de moras y limones
para prepararte helados.

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V

El sueño (1910) de Henri Rousseau

Te he escrito un poema.
Tú corres y estás muy segura:

puedes saltar las gradas

sola.
Pero yo no estaba allí para animarte,

sino aquel que trajo con su llegada

a los guardianes de tu descanso.
Las flores de los sueños han construido tu celda
donde las hormigas y las moscas
caen envenenadas en su intento de cruzar los límites.

Gracias, mi flor de quinua.
Ahora puedo mirar a través del pequeño cristal
del gran cuadro
y sin miedo sin dudas

alejarme

sin llevar pertenencias.

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Entre faroles

Detén esa música que ahoga, pequeña.
Apaga el silencio de esta noche.
Dame tu espalda, muchacha
ve hacia la hierba
y hiere tus ojos con los rosales.
Dile al heladero que aquí no hay niños,
sólo hormigas
en luz y blanco.

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Son las seis

El camión blanco ha llegado.
Nubes de limón y mora para mi lengua
y aún estás lejos de mis planes.
No te enojes, mi flor de quinua,
del campo de guerra

nadie se libra.

Ven, ya llegará el momento.
No esperes allí agazapada
las rosas hieren cuando estamos en otoño.
Quédate fuera del gran cuadro

donde los ramos de flores nacen

sin polvo

sin alba.

 

© Ericka Ghersi, 2005

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Ericka Ghersi (Lima-Perú, 1972) Estudió Ciencias de la Comunicación en la Universidad San Martín de Porres. Publicó Zenobia y el anciano (1994) y Contra la ausencia (2002). Actualmente se encuentra haciendo un doctorado en Literatura Latinoamericana y enseñando en la Universidad de Florida .

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/poesia9_1.htm


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