Relatos basados en la fábula tradicional, satírica, de animales humanizados: La mosca sabia, de Clarín, donde una mosca habla con el narrador para contarle su historia y exponerle su filosofía desengañada y pesimista.

 

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Lo fantástico y lo maravilloso en El pájaro verde de Juan Valera

por José A. Vázquez Pérez

 

I. Irrupción De Un Elemento Extraño En Un Medio Que Ya Es Maravilloso

El elemento extraño ha de poseer un carárter prodigioso e inhabitual en el lugar en que se produce. Se comprenderá al instante que semejante modalidad cubra la mayor parte de la literatura maravillosa, desde sus orígenes hasta hoy. Es, desde luego, el tipo de acción más frecuente en las antiguas narraciones orientales, lo que equivale a decir que asimismo lo es en los llamados cuentos de hadas, ya que muchos de éstos son descendientes de maravillosas historias milenarias.

Temas orientales, griegos y latinos fueron invadiendo la Europa Occidental a lo largo de la Edad Media y marcando de modo indeleble su literatura narrativa e incluso su folklore y acabaron por pasar al pueblo incorporándose a su patrimonio, esto es, a leyendas autóctonas, celtas, germánicas, etc. Ha habido un proceso de asimilación cultural, pero ello no impide que la tradición del cuento de hadas hunda sus raíces en el cuento mesopotámico, egipcio, indio o persa. La diferencia fundamental entre las antiguas colecciones de cuentos orientales u occidentales inspirados en aquéllos y los cuentos de hadas renacentistas y barrocos está en que los segundos van quedando confinados a un público infantil, pero el funcionamiento y el sentido de unos y otros relatos no dejan de ser parecido.

A su vez todo ello será reestilizado por prestigiosos autores decimonónicos hasta la literatura de vanguardia de principios del siglo XX, cuando se libera verdaderamente la fantasía y se produce al respecto una completa renovación.

 

II. Tradición De Lo Maravilloso

Esta tradición procede del mundo del exotismo, desde la tradición grecolatina, pasando por el mundo oriental, hasta llegar al simbolismo decimonónico español. De inspiración oriental: El caudillo de las manos rojas (tradición india), de Bécquer, que puede resultar dudosa la inclusión de esta leyenda en el grupo de lo maravilloso y no tanto en el de lo fantástico ya que se muestran intervenciones sobrenaturales en un medio que resulta tan exótico para el narrador como para el narratario. El pájaro verde , de Juan Valera que pretende desarrollarse en China o Cuento de Navidad, de Amado Nervo en el que existe un exilio total en un país asiático maravilloso, donde reina la magia y todos los prodigios son posibles.

De inspiración grecolatina: El sátiro y el centauro , de Rubén Darío, donde ambos dialogan sobre el final de su mundo pagano y narran su encuentro respectivo con San Antonio ermitaño. Relatos basados en la fábula tradicional, satírica, de animales humanizados: La mosca sabia , de Clarín, donde una mosca habla con el narrador para contarle su historia y exponerle su filosofía desengañada y pesimista. Febea , de Rubén Darío, que es el nombre de la pantera de Nerón, la cual habla para negarse a destrozar a una bella vírgen y desdeñar los versos de su amo.

Procedentes del simbolismo decimonónico: El tesoro , de Emila Pardo Bazán, que trata de un misterioso anciano que se aparece a una muchacha en una gruta para entregarle una caja que jamás debe abrir y que guarda su inocencia. De este modo, semejante plantel de ejemplos valiosos, refleja la larga tradición de lo maravilloso.

 

III. Estructura Del Cuento

El cuento se divide en siete capítulos. El primero se inicia con la descripción del país del rey Venturoso, toda hecha a base de enumeraciones hiperbólicas: todo es abundante, rico, inmenso: el oro, la plata, la porcelana fluyen a raudales; personajes de todo tipo hacen divertir toda la corte; fastuosas bandejas repletas de los mejores alimentos, manipulados por excelsos cocineros; filósofos, poetas, príncipes y princesas con sus pretendientes. Ningún otro personaje del cuento es descrito con tanto detalle, sobre todo en su aspecto externo.

En el capítulo II se nos refiere de los sucesivos robos del pájaro verde, enlazados por diminutos resúmenes que los articulan. La enfermedad de la princesa y la opinión de los sabios acerca del pájaro, con una pequeña escena intercalada en que tales sabios expresan sus conclusiones al rey, que recogen su total ignorancia.

En el capítulo III, el relato se remansa para narrar paso a paso la sorprendente aventura de una lavandera en una serie de escenas más largas. También aquí se hace más prolija la descripción para dar cuenta del palacio encantado. Comparaciones varias de objetos que se dan a entender como conocidos por el lector; una voz misterios que advierte de lo que puede ocurrir en un futuro no muy lejano, repitiéndo tres veces la misma frase como es frecuente en los cuentos tradicionales: “Tate... que es para mi señor el Príncipe”.

El capítulo IV prosigue la misma secuencia en escenas coordinadas. Es en él donde se muestra al príncipe contemplando las prendas de la amada. En los capítulos V y VI empiezan los desenlaces de las aventuras, los duelos finles y un ritmo cardíaco alto. En el VII y último capítulo se recoge la escena definitiva del cuento: el encuentro de la princesa con el ermitaño; toma de posesión del papel del narrador por parte del ermitaño y desenlace “curioso” de la historia. El resultado es una obra maestra en su género, rotunda, y sugerente.

 

IV. Personajes Básicos

El cuento combina los siguientes personajes: Un rey inmensamente rico y feliz , pero tan brutal en sus afectos, que da muerte a su esposa abrazándola, produciéndose una pena inconsolable, por lo que resulta un personaje acusadamente contrastado en su propio carácter, hasta en la comicidad (estiliza elementos de literatura primitiva, popular e infantil para ese resultado burlesco).

  1. La princesa , uno de los protagonistas del relato: tan bella e inteligente como arisca, apática y exigente, es una manifestación, del modelo tradicional de la belleza esquiva; imposible para todos los pretendientes que la rodean.
  2. El príncipe-pájaro verde , víctima temporal de los poderes del mal, acumula asimismo toda suerte de cualidades positivas, incluso en su belleza física, que conserva cuando está metamorfoseado en pájaro, con su radiante color verde, cargado de esperanza, que , devenido el hombre recogerá en su diadema de esmeraldas, signo de su rango y autoridad.

Los poderes del mal se encarnan en la figura del Kan de Tartaria , causante del encantamiento del príncipe. Personaje sólo aludido, que no desempeña una acción directa en el presente de la historia, pero que es el responsable de la misma. Otros personjes son la lavandera , la doncella , el ermitaño y el valiente capitán .

 

V. Exotismo En El Cuento

El ambiente exótico que se inscribe en la obra nos traslada a un Oriente vago, mítico, el que siempre ha soñado el Occidente, colmado de exuberancias y prodigios. Junto al país innominado en que gobierna el rey Venturoso, se alude a los imperios de China y de Tartaria, en razón de dos personajes de la historia como son el príncipe-pájaro verde y el malvado Kan. En otro momento se hace referencia al sánscrito como a la lengua diplomática, internacional de aquellos tiempos.

No son muchos, sin embargo, los elementos propiamente exóticos que se indican: las cebras de postín a que se hace referencia en cierta ocasión. Principalmente, este Oriente de Las mil y una noches , mágico, propicio a toda manifestación maravillosa, se figura de modo cuantitativo a base de acumulación de riquezas, lujos, fastuosidades, en la exageración de todo lo que se hace, en el exeso generalizado: Occidente proyectaba sus deseos en este tipo de enclaves antes del descubrimiento de América.

 

VI. Escenario En Donde Se Desarrolla La Acción

En lo que respecta al escenario, mención especial merece el palacio encantado oculto en el intrincado bosque, donde habita el príncipe de China con sus dos ayudantes, el secretario y el escudero.

Todo él es prodigio, claro está, suntuoso edificio que brilla como el oro: escalera de jaspe, salones inimaginables en su riqueza y elegancia, iluminados por mil lámparas de oro, con aceite perfumado; primorosos objetos nunca vistos, cocina abundantísima con infinito número de vasijas al fuego que encierran los manjares más exquisitos que se presentan en las mesas de los reyes, emperadores y papas, e incluso muy superiores a los que éstos ingieren; alcoba en la que sólo dos o tres luces amortecidas en vasos de alabastro derraman una claridad que invita al sueño, con una cama comodísima; puerta de sándalo y nácar, escalera de caracol de mármol blanco, el invernáculo con plantas y flores aromáticas y extrañas, y en la fuente hecha de un solo topacio con un surtidor gigantesco, dotado de todos los colores del iris y luz propia. Al bañarse en esa fuente, los tres pájaros recuperan su condición de hombres. Luego, comen en el lujosísimo comedor acompañados por músicas invisibles y servidos por criados invisibles.

Este palacio encantado representa la proyección onírica (mágica) del primer espacio míticamente oriental, ya que el segundo ha sido creado por los poderes ocultos, cumpliendo de este modo su modelo anhelado. Por lo que el escenario del cuento se profundiza en dos ámbitos: la consciencia y la subconsciencia. Es el conjunto lo que se exalta, referido a una vida alzada a lujos supremos anhelados por el hombre.

Pocos detalles se ofrecen, por lo demás, pero entre ellos destaca la fuente en que han de bañarse los tres pájaros para recuperar su condición humana, como si de un bautismo regenerador se tratara. El bautismo ha de repetirse diariamente porque diariamente se produce la fatal metamorfosis. El amor en su forma más pura los liberará de esa maldición devolviéndolos al mundo normal de los hombres.

 

VII. Marcos Ficticios Y Reales

Esta obra incita al narratario a asentarse en un punto de vista histórico y geográfico, desde que la obra fuera redactada, a fines del siglo XIX, comparando a menudo objetos y circunstancias del país del rey Venturoso con equivalentes del Occidente contemporáneo, y alude, por ejemplo, a la reina Victoria (“Los primorosos objetos que en los salones había, eran para espantar con su riqueza y exquisito gusto, no ya a la lavanderilla, que poco de esto había disfrutado, sino a la mismísima reina Victoria, que hubiera confesado la relativa inferioridad de la industria inglesa, y hubiera dado patentes y medallas a los fabricantes de todos aquellos artículos”), a la Puerta del Sol madrileña, con motivo del surtidor a que ya he aludido (“Se levantaba del medio de la taza un surtidor tan gigantesco como el que ahora hay en la Puerta del Sol, pero con la diferencia de que el agua de la Puerta del Sol es natural y ordinaria, y la de éste era agua de olor, y tenía todos los colores del arco iris y luz propia”) o a populares platos españoles (“y hasta vio platos al lado de los cuales los imperiales, papales y regios, serían tan groseros, como al lado de éstos un potaje de judías o un gazpacho”; “El secretario se levantó de la mesa y volvió de allí a poco con la cajita más preciosa que han visto ojos mortales. Aquella en que encerró Alejandro la Illiada era, en comparación de ésta, más chapucera y pobre que una caja de turrón de Jijona”: el juego distanciador a base de contrastes no puede ser más evidente).

En efecto tales familiaridades de contrastes parecen ayudar a advertir al narratario a que no tome demasiado en serio lo que se cuenta. Pese, al talante de purismo estético con que enfoca el tema, el narrador muestra una cordialidad tan viva, que atrae fácilmente la complicidad hasta del lector adusto.

 

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