Nº 19
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Libros que no llegan, lecturas que se retrasan(1)
 

¿Por qué no llega ese libro? ¿Por qué se demora tanto en llegar? Estas preguntas nos las hemos hecho en alguna ocasión ya que responden a uno de los problemas que afronta nuestro pequeño circuito literario: la poca y tardía presencia, en Lima, de libros publicados en el extranjero. Esto es lo que ha ocurrido con libros como Blanco nocturno de Ricardo Piglia, Los sinsabores del verdadero policía de Roberto Bolaño, Formas de volver a casa de Alejandro Zambra, Aeropuertos de Alberto Fuguet(2), libros de narrativa contemporánea que aparecieron en España y/o en los países de origen de sus autores pero que se demoraron o, en algunos casos, aún no llegan a Lima.

La presente crónica intenta describir, desde mi propia experiencia y a partir de las opiniones de algunas personas relacionadas al circuito editorial, el desconcierto que provoca tener lecturas atrasadas, reseñas tardías e ideas ya comentadas y discutidas en otros lugares.
Q trabaja como vendedor de libros en Quilca desde hace varios años y conoce muy bien la relación entre las distribuidoras y las librerías en Lima. P tiene un amplio conocimiento sobre el tema de las librerías así como de la importación de libros a Lima. Estas personas me ayudarán a comprender mejor el problema señalado en el rubro de libros de literatura contemporánea.

Internet y distribución

Internet ha redefinido las formas de acceso a la información sobre los libros que se publican en el extranjero. Desde que tenemos ingreso a noticias inmediatas, a páginas web de escritores, sellos editoriales y las redes sociales, no hay excusa para no saber si algo se ha publicado o no en el extranjero. Por supuesto, a Internet se suman las noticias de revistas y periódicos –y las conversaciones entre amigos-. Por todo esto sorprende en demasía la poca presencia, en las librerías más conocidas de Lima, de los libros de escritores que están dando la hora en el medio literario internacional.

“Los clientes creen que porque han visto un libro en Internet ya lo vamos a tener todos los vendedores de Quilca”, se queja Q frente a los diversos pedidos que recibe a diario en su puesto. Lo que hace es recibir el pedido y verificar si las distribuidoras con las que trabaja ya poseen el ejemplar. Su experiencia le dice que nada es preciso en este terreno: “Algunos libros llegan rápido, otros se demoran mucho y algunos nunca llegan”, dice. ¿Qué decir de las librerías como Crisol o El Virrey? El stock que poseen va de acuerdo con las relaciones que establecen con las principales distribuidoras en Lima. Esto explica la razón de que un vendedor en Quilca tenga mayor diversidad de sellos editoriales que una librería grande como las citadas, ya que mientras Crisol o El Virrey trabajan con una o dos distribuidoras, un vendedor de Quilca, como Q, trabaja con muchas distribuidoras. Su stock es pequeño pero más variado.  

Desconocimiento y desconsideración

Dos de las principales distribuidoras en Lima son Océano e Íbero. Ellas son las encargadas de traer los libros, las que deciden qué traer y cuándo traerlo. Actualmente Íbero tiene la responsabilidad de los sellos de Random House Mondadori, es decir, traen los libros de Mondadori, Debolsillo, Grijalbo y Sudamericana. Los distribuyen a las principales librerías y libreros de la capital. Asimismo, Océano tiene la responsabilidad de los libros de Anagrama. Entonces, la cuestión es saber quién o qué tipo de persona es la que decide un pedido. Así, sintetizan las irregularidades de estas elecciones dos adjetivos: desconocimiento y desconsideración.

El perfil de la persona encargada de tomar decisiones está, generalmente, inclinado a aspectos puramente comerciales. Hay que comprender que la venta de libros es un negocio pero ello no implica, necesariamente, dejar de lado a un pequeño sector de clientes que gusta y accede a libros de temática como la que señalamos al inicio. A las decisiones comerciales se le une, por consecuencia, el desconocimiento de lo que aparece y se publica afuera. Como dijimos al inicio, no hay excusa para no estar enterado.

P contó algunas anécdotas respecto a este punto. Cuando en abril de 1997 se publicó Seda, de Alessandro Baricco, en Anagrama, rápidamente se convirtió en uno de los libros más vendidos. Era de esperarse pues el libro, que apareció en 1996, en Italia, fue traducido a diecisiete idiomas y en España tuvo 40 ediciones. Durante la visita de Jorge Herralde a Lima, en una reunión privada, una persona le preguntó por las razones de la ausencia de Seda en las librerías limeñas, pues infería que en España no lo habían vuelto a reeditar. El editor español, entre incómodo e indignado, respondió que no era cierto, que en España había millones de ejemplares. Esto nos grafica muy bien el problema: no es que no haya libros disponibles para traer, sino que no hay decisión de traerlos.

Hace unos años se produjo el redescubrimiento de la obra de Irène Nèmirovsky. Así, el sello Salamandra publicó las obras completas. La gente buscaba sus libros en las librerías más conocidas. Cuando P le preguntó a los distribuidores sobre la llegada de los libros a Lima, ellos no sabían quién era la autora ni si se había generado un pequeño “boom” por sus obras. Este caso se condice directamente con un tema de ignorancia y, en consecuencia, con un desconocimiento que traduce en una indignante desconsideración.

Son pocas las personas encargadas de las decisiones que poseen un perfil o formación literaria dentro de las librerías, las distribuidoras e, incluso, las editoriales. Quizá remediar este problema podría ayudar a que las pequeñas demandas de grupos minoritarios puedan ser atendidas. Se deben enfrentar con la incertidumbre de la venta, pero son riesgos propios del negocio. Por ejemplo, hace unos años llegó a Lima el primer libro de la trilogía Tu rostro mañana de Javier Marías. Pero como para los distribuidores y vendedores “no funcionó comercialmente”, nunca llegaron los otros dos libros. Al respecto, P contó que cuando tuvo una reunión con un representante de la librería El Virrey le revelaron que Antonio Muñoz Molina vendía mucho en España pero no tenía mucha acogida en Lima. Por eso, no se debe realizar un pedido excesivo de ejemplares (de 1000, por ejemplo) sino de 20 o 30 y, de esta forma, ya se satisface una demanda pequeña. Esta es la forma más justa y realista de pensar las cosas, una forma de sopesar lo comercial con algo más literario.    

Es cierto que nuestro medio literario, en términos editoriales, es incipiente a diferencia de otras capitales extranjeras, pero eso no justifica que no se puedan encontrar algunos títulos de suma importancia para la literatura mundial. Con suma indignación, P comenta otro caso. “El hombre sin atributos, de Robert Musil, que es considerado como uno de los libros más representativos del siglo XX, en España lo han reeditado muchas veces pero hasta hace unos años era imposible encontrarlo en Lima”, dijo. Hoy, después de una larga espera, ya lo podemos encontrar en algunas librerías. Casos como este y los anteriores deben haber muchos, por eso, las librerías no solo deberían estar más al tanto de lo que se publica actualmente, sino también de los pedidos que ese pequeño grupo de lectores hace, pedidos de libros que no tienen nada de extraño, lo único extraño es que no estén en las librerías.

Peleas internas, consecuencias externas

El papel del lector/comprador es simple: obtener el libro deseado en una u otra librería. Si buscamos en un lugar y no encontramos nada, vamos a otro sitio. Generalmente el lector no es consciente de lo que ocurre dentro de la librería, ni tiene por qué estarlo, pero es un agraviado indirecto cuando no encuentra lo que busca. En ese sentido, otra de las razones por las cuales no encontramos los libros que buscamos son las peleas internas entre librerías y distribuidoras o, en otros casos, variantes de estos dos actores.

Q comentó sobre la escasez de libros de Anagrama en Crisol hasta hace unos meses. Nos dijo que la librería tuvo unas diferencias con Océano por las cuales cortaron relaciones comerciales. Asimismo, hace unos años Zeta Book Store dejó de mantener relaciones comerciales con Norma, razón por la cual es un poco difícil encontrar gran variedad de ese sello en dicha librería. Estos dos casos sintetizan, seguramente, muchos otros similares. Lo que los protagonistas de estas peleas no miden son los saldos negativos que pueden tener al perder clientes que se van de sus negocios por no encontrar lo que buscaban.

Las razones de estas riñas van desde los desacuerdos en la forma de venta de libros entre las distribuidoras y las librerías hasta las mermas que pueden presentar algunos textos que fueron dejados en consignación. Por otro lado, los gerentes comerciales o encargados de la adquisición de productos de venta tratan de subsanar estas desavenencias con otras formas de obtención de libros. Por ejemplo, es común que se aprovechen las ferias internacionales para traer muchos ejemplares que logren abastecer al mercado local. “Muchas veces he tenido que traer muchos libros en la maleta”, dice P sobre esta práctica. Pero, ¿dónde queda el trabajo de las distribuidoras en Lima? ¿Están cumpliendo su papel en el medio?

Legalmente, no hay ningún problema en que el dueño de una librería vaya a otro país y adquiera muchos libros, tampoco hay un problema con las distribuidoras pues estas pueden vender sus productos a quien deseen. En España, las distribuidoras compran los libros a los sellos editoriales (como Anagrama), luego se lo pueden vender a cualquier distribuidora peruana que lo solicite. Pero también hay un trato directo, como el que cumple Océano cuando adquiere los libros de Anagrama y los trae a Lima, sin pasar por una distribuidora española. Así, una mayor variedad comercial va a depender de las mejores conexiones que una librería establezca con las distribuidoras, una relación comercial que va a repercutir en la satisfacción o frustración de un lector/comprador en potencia.

Al iniciar este texto llamamos la atención sobre algunos libros que no encontramos en las librerías de Lima. Hay un problema muy marcado en el caso de los libros publicados por Anagrama. Quizá el caso más comprensible sea el de Zambra ya que Formas de volver a casa se publicó en mayo de 2011, hace muy poco. El otro caso importante es el de Bolaño y Los sinsabores del verdadero policía. Este libro fue publicado a inicios de año y hasta hace algunas semanas no lo hemos visto en las librerías. Sin embargo se trata de un autor no solo literariamente importante sino también comercial, pues Bolaño es un autor muy conocido, y sus libros se venden siempre. Y el caso de Piglia también es desconcertante. Un escritor con una trayectoria notable, con muchos libros publicados en Anagrama y con una presencia mediática considerable (reforzada por su reciente obtención del Premio Rómulo Gallegos así como de otros galardones) no puede estar ausente en las principales librerías, como es el caso de su última novela, Blanco nocturno, un texto que apareció en setiembre de 2010 en España y Argentina, para citar dos lugares desde donde se podía conseguir ejemplares. En la opinión de P, Océano deja mucho que desear como distribuidor de un importante sello editorial en Lima. Asimismo, dice que es probable que le puedan quitar esa responsabilidad.

¿Cómo llegan y cómo se venden los libros a Lima?

Cuando vamos a buscar un libro nosotros los vemos listos para ser cogidos y comprados en las librerías, sin embargo, no nos percatamos de las razones por las cuales, necesariamente, deben demorarse en llegar a Lima. Entonces, no solo es el tiempo que se pierde por la probable indecisión de los encargados de traerlos, sino también de la dinámica misma de la importación. P comentó que son dos las formas de llegada de los libros: la vía marítima y la aérea. Para que un pedido de, digamos, 1500 o 2000 ejemplares llegue a su destino debe pasar, como máximo, tres meses desde que se consolida el pedido, se coloquen los libros en el barco, la travesía en el barco, alguna parada previa antes de llegar a Lima y, finalmente, los trámites de desembarco en nuestra capital. Cuando un cliente necesita los libros lo antes posible es necesario usar la vía aérea, con lo cual se aumentan los costos pero se obtiene el pedido en un mes.

Lo anterior es un factor a tomar en cuenta, pero muchas veces son otros los motivos del retraso. Por ejemplo, el caso de la Editorial Planeta en Perú nos refiere algunos aspectos importantes. El Pacto Andino está conformado por Colombia (casa matriz), Venezuela, Ecuador, Bolivia y Perú; pero todas le responden a la sede de Colombia. En ese sentido, cuando un libro se edita no lo traen desde España sino desde Colombia ya que allí también se imprime. “Esto lo hacen para abaratar los costos”, dice P. Sale más rentable imprimir en Colombia para exportar hacia los países del Pacto Andino que traerlos desde la sede de España. Por esto, a veces el pedido se demora ya que se debe esperar la impresión en Colombia. Sin embargo, esta demora es relativa. A veces un libro puede demorarse meses en llegar, pero en otras ocasiones no. Por ejemplo, en el 2011, cuando se otorgó el Premio Biblioteca Breve del sello Seix Barral (perteneciente al Grupo Planeta), a Elena Poniatowska, por su novela Leonora, el libro fue publicado en febrero del mismo año, Colombia lo imprimió en marzo y llegó a Lima entre abril y mayo. Quizá la cuestión coyuntural haya ayudado a que el libro llegue más rápido o quizá fue producto de una oportuna petición; a partir de esto, la pregunta sería ¿quién es más conocido por el público en general para llegar primero?, ¿Poniatowska o Bolaño?

Muchas veces las formas de venta de los libros generan, entre otras cosas, desavenencias como las que ya vimos más arriba. Hay dos variables que debemos tener en cuenta sobre las razones de encontrar algunos títulos en las librerías y en los vendedores de Quilca. Las distribuidoras venden los libros “en firme” y “a consignación”. “En firme” los libros pueden ser comprados al contado o de repente a crédito pero sin derecho a devolución. Cuando se adquieren “a consignación”, los libros se van pagando al mes, es decir, todo lo que se vendió en ese tiempo es facturado y cancelado a la distribuidora específica; modalidad que, por lo demás, genera más problemas. Cuando los libros son cedidos están en un estado físico que, muchas veces, no es el mismo cuando se devuelve lo no vendido pues la merma es considerable cuando se trata de un alto número de ejemplares consignados ¿Cómo solucionar ese daño físico? Por otro lado, hay algunas estrategias que tienen algunas librerías para acrecentar sus ventas en desmedro de la consignación. Q comentó que cuando le consignan libros (un número pequeño en comparación con lo que piden librerías grandes), las distribuidoras le están cobrando inmediatamente vencido el plazo. Dice que existe el mismo trato con las librerías grandes, aunque a veces estas no cancelan su deuda mensual y compran más libros con el dinero ganado. Esto hace que tengan problemas con la distribuidora y que se generen antecedentes que repercuten en una próxima transacción comercial, es decir, menos títulos y más demandas insatisfechas de los compradores.

A modo de conclusión

La problemática en torno al libro es compleja. A los aspectos desarrollados debemos sumar otras variables como la piratería o el papel de la ley del libro. Sin embargo, se puede ver que las cuestiones externas están fuertemente condicionadas con un tema de decisión interna. ¿Qué libro traer? ¿Cuándo traerlo? Son preguntas que se esclarecen en el fuero interno de las empresas editoriales. Así, en nuestro país, donde el índice de lectura es bajo y la demanda de libros mínima, las decisiones estrictamente comerciales recrudecen más el problema. Y no olvidemos que ocurre algo muy similar en otras áreas de las humanidades, decoro de historia y filosofía.

Quizá un libro de autoayuda o la historia de un hombre que se hizo millonario venda más que la última novela de Ricardo Piglia, pero eso no implica que se deje de satisfacer esa pequeña demanda. La venta de libros es un negocio y, como tal, debe generar ganancia. Así, mantener pequeños grupos de clientes que piden libros poco comerciales es más beneficioso que solo poseer a los compradores de Best Sellers. Una buena decisión empresarial implica satisfacer todas las demandas posibles, no solo las más comerciales.

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1 Esta crónica fue pensada, reflexionada y escrita antes de la FIL 2011 de Lima. Algunas cosas han cambiado, pero el problema sigue latente.
2 En este número de la revista hay reseñas sobre algunos libros referidos como inhallables. El Hablador tuvo que conseguirlos, no sin dificultad, desde el extranjero.
 
 
© Lenin Pantoja Torres, 2012
 
 
Lenin Pantoja Torres (Lima - Perú, 1988). Estudiante de Literatura de la UNMSM. Formó parte del comité organizador del Concurso de Cuento y Poesía Manuel Scorza, de las tres jornadas iniciales de los recitales Ese puerto existe, también del Congreso sobre Literatura y Violencia Política. Homenaje a Óscar Colchado Lucio. Se desempeñó como orientador en la Casa de la Literatura Peruana. Actualmente colabora con textos sobre literatura y cine en los blogs Germinal y Textura artefacto. Asimismo, es el administrador de la bitácora de la revista virtual El Hablador.
 
 
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Todo eso se solucionaria con el libro digital y los e-reader.
Comentado por: vp
 
Buena apreciacion Lenin, sin embargo quería agregar algo: hace un mes charlaba en un café con García bedoya catedratico de UNMSM y me comentaba que la razón por la que Lima ( y pòr ende el Perú)no tenía una cantidad de afés y librerias como Buenos Aires era por las gran desigualdad de los estratos sociales, es decir en Lima no tenemos una clase solida como sila hay en Argentina, por ello el poder adquisitivo es muy restringido en los que leemos literatura selecta. Además esos focos de lectores no cubren las demandas que esperan tener las grandes editoriales extranjeras y por ello el poco interes de dosificar con títulos actuales y de calidad literaria a este país.Yo recuerdo haber trabajado para una editorial española que vendía libros de autoayuda y tenía su sede en surquillo donde la propietaria me comentaba que el costo subía por el flete del barco, es decir un libro de feng shui que en Barcelona costaba 10 euros aquí valía en los supermercados a 99 soles. Talvez en el caso de textos literarios comom novelas o poemas premiadas se repita esa cuestión y haga dudar a las editoriales en adquirir una cantidad de ejemplares que cubra sus gastos y remonte en altas ganancias.Recordemos que en el negocio bissnes son bisnes y así un texto literario sea genial si no cubre las expectatiivas de ganancia seguirá en los anaqueles extranjeros esperando la voluntad de un eventual viajante samaritano que se recuerde de sus anhelantes lectores peruanos.
Comentado por: suscriptor exitoso
 
 Muy buena! Y muy interesante...efectivamente son varios factores. El de la escogencia, tiene que ver un poco con la "civilización del espectáculo" (MVLL dixit). Este servidor tratará de reflexionar al respecto y comentar en extenso en un próximo blog!
Comentado por: A
 
 
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