Nº 20
revista virtual de literatura
 
Siguenos en:
 
 
 
Contacto Quiénes Somos Colaboraciones Legal Enlaces Buscador Primer Hablador
 
 
 

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Artículos
 
Gregorio de Tours: entre historia eclesiástica e historia nacional
 

En el verano de 2009, cuando estaba cavilando sobre la elección de un tema para tesis, el profesor que sería mi director me recomendó la Historia de los francos de Gregorio de Tours. Mi primera reacción fue el silencio. Los francos y su autor, el santo obispo, al igual que la sede de su obispado, se me hacían remotísimos. Veamos, me dije, un Señor que escribía en el siglo VI, en un latín en evolución hacia el francés, o sea, decadente y, probablemente, en el estilo preciosista de sus contemporáneos, ese mismo estilo que alcanzó su clímax en la escritura no sólo indigesta sino hermética de Gildas. Había que pensarlo… Pero no, Gregorio de Tours, no obstante su siglo, tenía la firme intención de darse a entender, y las anécdotas vivas de las que él es la fuente, o que obtuvo de testigos privilegiados y que transmite como charla, cubren la mayor parte de su obra. En otras palabras, me divertí traduciendo los libros 2 y 9 de las Historias, si bien a partir de la traducción francesa de 1823 de François Guizot y no del latín.

El artículo a continuación constituye un análisis histórico que, un poco a la zaga de René Girard, revaloriza la lectura eclesiástica de la Historia de los francos, imprescindible para su comprensión, al tiempo que comento la lectura laica en boga desde el siglo XIX y patente en la edición de Guizot.

 

A. Gregorio de Tours: la fusión de la clase senatorial con el obispado

El niño Georgius Florentius Gregorius, Florencio como su padre, Jorge como su abuelo y Gregorio como su tatarabuelo y su abuelo maternos, nació al inicio de la reconquista bizantina de la península itálica por parte de Justiniano. Dos fechas se manejan para su nacimiento: 539(1) y 543(2). La primera parece ser la más favorecida siguiendo la idea de que la edad mínima para el diaconato es de 30 años, si bien no hay prueba de que esa limitante se haya aplicado en el siglo VI. Las dos principales fuentes para su biografía las constituyen las abundantes informaciones dadas por el mismo autor en sus obras(3) respecto a él y a su familia, y a la Vida de San Gregorio de Tours escrita por San Odón, segundo abad de Cluny. Ambas nos muestran a Gregorio como miembro de la aristocracia terrateniente de las Galias, miembro de la clase senatorial y dentro de la división de lo que constituiría el territorio franco, en la esfera del reino de Reims, que ya por entonces empezaba a llamarse de Austrasia. Dice San Odón:

Gregorio era originario de la región celta de las Galias, nació en la región de Auvernia. […] sus padres eran ricos y provenían ambos de familias ilustres. Pero, cosa aún más importante, todos los de su linaje eran de una devoción notable… Jorge [el abuelo paterno] fue senador y se desposó con Leocadia que descendía de la raza de Vectius Epagatus(4) el cual -relata Eusebio en el libro 5 [cap. I-IV] de sus Historias- sufrió el martirio y murió en Lyon junto a otros cristianos… Esta Leocadia dio luz a San Galio, obispo de Auvernia, y a Florencio cuyo hijo es el niño de quien hablamos [Gregorio]… Es de esta ascendencia que dio senadores, jueces y todo lo que se puede nombrar como perteneciente al primer rango entre los más distinguidos ciudadanos, de la que provenía Gregorio(5).

Por el lado materno, Gregorio se inscribe dentro de la esfera de los reyes francos de Burgundia. En 563 fue ordenado diácono y en 573, tras la muerte de su primo San Eufronio,  fue nombrado obispo de Tours gracias al apoyo del rey de Reims Sigeberto y de su esposa, la famosa reina Brunegilda. Gregorio inició la redacción de su Historia dos años después de su nombramiento y la continuaría hasta su muerte en 594.

Con abuelos senadores y, por lo menos, cinco obispos entre sus miembros, la familia de Gregorio se presenta como un ejemplo de la fusión de la romanidad con el catolicismo e ilustra también la continuidad de la fortuna material y de la preeminencia política de la clase senatorial, a pesar de las invasiones bárbaras. Cultura y civilización romanas pasaban por los miembros de la clase senatorial, quienes las practicaban o eran sus principales destinatarios. De esta manera, la cultura latina correría con la misma fortuna que la aristocracia terrateniente, yendo desde su colapso en Inglaterra hasta los grandes espacios de continuidad, como lo fueron en cierta medida las Galias bajo dominio franco, la España visigótica –al menos hasta la conquista islámica- y, a otro nivel, Italia, con Boecio y Casiodoro, todavía activos, bajo los reinados de Odoacro y el ostrogodo Teodorico(6). Precisamente, será Italia la que durante una generación mostrará la dramática dependencia de la romanidad al destino de la clase senatorial, al decaer en el lapso de una generación a resultas de las guerras de reconquista romano-bizantina que devastaron el país y terminaron con el soporte material de la mayoría de las familias senatoriales(7).

La identificación católica de estas familias se remonta, para el caso de la de Gregorio, a los albores del establecimiento del cristianismo en las Galias: Vectius Epagathus, fue martirizado junto al primer obispo de Lyon y de las Galias, San Potino. En el capítulo XXIX, del libro 1, recuerda que la iglesia de las Galias, cuya historia el autor se prepara a narrar, posee una dignidad que la sitúa en occidente como la segunda iglesia después de Roma, no sólo por la fecha de su fundación, sino por el origen evangélico del pontificado de Lyon, merced a San Irineo, sucesor de San Potino, “enviado a esta ciudad por el bienaventurado Polycarpo”(8), discípulo de San Juan Evangelista.

Se trata, sin lugar a dudas, de una historia de la Iglesia. Pero ¿cuál es el papel que la Iglesia desempeña en esta obra de Gregorio de Tours? ¿Es acaso lo suficientemente importante como para que se pueda hablar de una historia eclesiástica de los francos? ¿O estaríamos frente a una historia de los francos como nación?

 

B. ¿Historia eclesiástica de los francos o Historia de los francos?

Para responder esta cuestión debemos seguir dos pistas. Por un lado, el título adoptado por los traductores al francés en sus diferentes ediciones de los 10 libros de la Historia del obispo de Tours y, por el otro, las intenciones que el autor explicita en el cuerpo de la obra.

Debido a su valor fundacional para la historia gala, con la narración no sólo de los hechos de sus primeros monarcas sino de la instauración misma de lo que devendría el Estado francés, la obra sumó numerosas ediciones. La mejor fue, durante largo tiempo(9), la que preparó en 1699 Dom Thierry Ruinart. Posteriormente fue integrada al segundo volumen de La Recopilación de historiadores de las Galias y Francia elaborada bajo la dirección de Dom Bouquet dentro del proyecto de publicación de fuentes para la historia de Francia y que se inscribía en la tradición erudita y de divulgación de la Congregación de San Mauro(10). Esta publicación serviría de base a la Colección de Memorias relativas a la Historia de Francia. Desde la fundación de la monarquía hasta el siglo XIII. Se trata, en realidad, de una traducción del latín al francés realizada por François Guizot que resultaría en una renovación de la historiografía de la primera mitad del siglo XIX al vulgarizar las fuentes y hacerlas accesibles a un público amplio.

La versión latina de la Historia de Gregorio de Tours fue editada en el siglo XVI en Francia y se traduciría a partir de 1610 para, en 1859 contar ya con siete traducciones distintas. Los títulos empleados en cada una de estas traducciones varían(11). Es de notarse que la denominación de “Historia eclesiástica” sólo apareció tras la revolución burguesa de 1830(12).

Por lo que atañe a la posición del autor, el prólogo al segundo libro resulta sumamente  esclarecedor:

“Relataremos […] las virtudes de los santos y las catástrofes de los pueblos […]. Eusebio, Severo, Jerónimo y Orosio mezclaron similarmente en sus crónicas las guerras de los reyes a las virtudes de los mártires. De esa misma manera y por esa razón así escribimos la nuestra, a fin de que sea más fácil seguir la serie de los tiempos y el cálculo de los años, inscribiéndonos en la continuidad de las historias de los autores anteriores, contaremos pues con la ayuda de Dios las cosas acaecidas después”(13).

Como es sabido, la historia de Eusebio, continuada por San Jerónimo, es una auténtica “historia eclesiástica”. En lo que se refiere a la Historia de Gregorio de Tours, J. Guadet y Taranne, en su traducción al francés de 1838 editada por los Libreros de la Historia de Francia, la titulan Historia eclesiástica de los francos. Por su parte, Henri Bordier utilizó el mismo título en 1859 en la edición que preparó para los Impresores del Instituto, mientras que el año anterior Alfred Jacobs se había referido a dicha obra con el mismo nombre siempre que la aludía en su Geografía de Gregorio de Tours(14). En 1824, sin embargo, François Guizot(15) optó por el título de Historia de los francos.

A primera vista, pareciera que este cambio es fruto de la revolución y que entre Dom Bouquet y Guizot media la ruptura que significó la Revolución(16) y que el recorte del epíteto “eclesiástico” corresponde a la lectura laica que hizo el profesor de enseñanza pública superior(17), interesado en marcar de esa manera su independencia frente al conservadurismo reaccionario del gobierno restaurado de los Borbones. Pero, precisamente, el título dado por los mauristas es Historia francorum, historia de los francos. El calificativo de “eclesiástico” utilizado en las ediciones de 1838 y 1859 tiene, por ende, otro significado. Se trata de la constatación, por estos editores científicos, de que la separación entre el catolicismo y el Estado francés es posible(18), y de que “los francos” del título de la Historia de Gregorio no indica a sus lectores el gentilicio de la primera nación germana en haber adoptado el catolicismo. Elegir como título “Historia de los francos”, una vez aprobada la Carta Magna de 1830(19), ha dejado de ser la marca de una postura política de oposición, pues el peso respectivo de cada posicionamiento (conservador versus liberal/republicano) ha tenido tiempo suficiente para cambiar, y la que entonces constituyera la postura opositora ha pasado a representar aquella política y mayoritariamente aceptada(20).

Dentro del contexto laico imperante en occidente, en la centuria pasada, no sorprende el título Historia de los francos dado por Robert Latouche para la colección Los Clásicos de la Edad Media, publicada a partir en la segunda mitad de dicha centuria(21). Y aunque no es aquí el lugar para preguntarse sobre la legitimidad para un editor de cambiar el título de una obra, queda el hecho de que para el lector contemporáneo, aún más que para los lectores de la segunda mitad del siglo XIX, la omisión del adjetivo “eclesiástico” los priva de la connotación religiosa antes explícita en la versión escueta del nombre “Historia francorum”. Connotación no complementaria sino esencial cuya ausencia aumenta el ya de por sí siempre existente peligro de las lecturas descontextualizadas(22).

 

C. La estructura

Las Historia tienen un prefacio general pero únicamente cuatro de los diez libros cuentan con un prólogo (libros 1, 2, 3 y 5). Constatación que lleva al estudioso de la obra de Tours a preguntarse si Gregorio no inició con esmero su obra para descuidarla después, quedándosele en el tintero los prólogos faltantes.

El gusto por contar y la facilidad con la que conduce el relato hacen olvidar la dificultad de discriminación que se impone a todo escritor, a saber, el criterio para la inclusión de contenido, sus principios organizadores y el lenguaje.

 

1. El lenguaje
[…] Decidí conservar, aunque en un lenguaje inculto, la memoria de las cosas pasadas para que lleguen al conocimiento de los hombres futuros […](23). No obstante el alegato famoso sobre la rusticidad de su escritura que encabeza el prefacio general de su obra y, expresa una opinión compartida entre los clérigos de entonces aunque en relación a la decadencia literaria de la época, esta confesión habla sobre todo de un parti pris. Gregorio ha optado por redactar en el latín prosaico de uso epistolar y/o diplomático, una prosa fundamentalmente funcional: “Me impulsó sobre todo aquello que dicen mis contemporáneos, a saber que pocos entienden a un retor filósofo, pero las palabras de un hombre sencillo y sin arte las comprenden casi todos”(24).  A la que ha de haber contribuido su experiencia en el púlpito.

2. El principio organizador temporal como lugar de confluencia de dos historias: la eclesiástica y la pagana (el antecedente de Eusebio y Jerónimo)
“Relataremos confusamente y sin otro orden que el cronológico, las virtudes de los santos y las catástrofes de los pueblos”(25). Ya en 1840 J. J. E. Roy elegía el vocablo “crónica” como el título para su traducción de la Historia de Gregorio. Nombre que nos remite a la otra obra de Eusebio traducida y continuada por Jerónimo(26), quien la llama Chronicon omnimodae historiae(27). La importancia que el ordenamiento cronológico de los sucesos tenía para este padre y doctor de la Iglesia resalta aquí claramente. La cronología soporta la anexión de historias de diferente origen e índole [omnimodae historiae]: la cristiana y la pagana. Años más tarde, Jerónimo prefiere llamarla Temporum Liber(28), el Libro de las épocas o de los tiempos(29), haciendo énfasis en la concepción cristiana del tiempo.

La intención de Jerónimo de Estridón, como antes la de Eusebio(30), fue brindar a los cristianos del imperio un relato en la que hallaran integrada la historia bíblica. La diferencia estriba en los destinatarios. La Historia de Eusebio pertenece a la esfera romano oriental y está escrita en la lengua franca y de cultura de esa área, el griego; mientras que la Historia de San Jerónimo es su traducción al latín y estaba dirigida a los romanos de occidente.

El cristianismo nace en el interior del imperio romano, pero únicamente cuando pasa a formar parte de la identidad es que el romano cristiano de Roma, Jerusalén, Alejandría o Antioquía siente el requerimiento de una perspectiva conjunta que lo explique. Pero, ¿por qué la necesidad de esta historia aparece en ese momento y no antes?

Ciertos elementos resaltan de los conflictos más dramáticos entre los cristianos y el Estado romano, a saber, el de las persecuciones. En particular cuando emanan de un emperador como Diocleciano(31), de cuyas motivaciones debe de excluirse la culpabilización de una minoría con la finalidad de aplacar el descontento popular en períodos de crisis(32), llevando a plantear la incompatibilidad no sólo teórica sino práctica de ser cristiano en el Imperio(33). El hecho de que el Temporum breviarium de Eusebio de Cesárea se termine de escribir durante el gobierno de Constantino, primer emperador cristiano(34), demuestra esa incompatibilidad de manera retrospectiva: el impedimento que existía a la plena identificación como romano de un cristiano ya no existe(35). La historia que reúne las dos tradiciones es de pronto posible y la cierra el obispo de Cesárea significativamente con los festejos del vigésimo aniversario del gobierno de Constantino(36).

3. El sistema de datación
“Quise también empezar este libro por el cálculo de los años transcurridos desde el origen del mundo […]”(37). Es necesario tener en mente la innovación que constituyó la concepción creacionista introducida por los cristianos(38), con su corolario indispensable: si el mundo tuvo un comienzo tendrá también un fin. La historia se convierte en una y lineal a partir de ese momento. Creer en esto es un acto de fe y su formulación tiene un lugar en la obra de cualquier historiador cristiano. Sin esta constatación, el prólogo al libro 1 de Gregorio no se entiende, aparece como un llamado a la prudencia contra el temor apocalíptico por parte de nuestro obispo, si bien ubicado al principio:

“A punto de escribir […] deseo antes asentar mi profesión de fe, a fin de que quienes me lean no duden de que soy católico. La opinión de los que temen el fin del mundo, me lleva también a anotar en las crónicas e historias, el número de años transcurridos para que se lleve con exactitud su cómputo desde el inicio del mundo”(39).

Una historia lineal para la que aún no se ha tenido la idea de tomar a Jesús como punto de partida, y cuyo sistema de datación se cree que debe de empezar con la creación y el inicio de los tiempos. La resurrección, y no el nacimiento de Cristo, inicia el comienzo del período actual que no es el único(40).

4. La función temporal de la exposición bipolar. Su originalidad
Esa bipolaridad, presente en Eusebio y Jerónimo, la erige Gregorio en criterio de organización del contenido(41), por un lado y, en sistema de datación, por el otro, a través de la figura de los obispos y de los reyes francos(42). Sólo que mientras estos historiadores datan los acontecimientos mediante la contabilidad de los años de gobierno de cada emperador y de los años de pontificado de los obispos de diócesis(43), la originalidad del décimo noveno obispo de Tours estribará en elevar a un monarca germano, gobernante de una región que no es Roma, a la dignidad de los emperadores en tanto principio cronológico.

En efecto, tras la ruina en occidente del sistema de datación por la inscripción del nombre de los cónsules(44), la cuenta de los años en la Historia de los francos tomará dos puntos de partida: el obispado de San Martín y el reinado de Clodoveo(45). La duración de los pontificados de las principales sedes episcopales de las Galias conforma una referencia cronológica complementaria. El recuento de los sucesivos obispos no se limita, para Gregorio, a brindar el puro nombre o breves datos biográficos, sino que participan de la anécdota siendo redactadas en la forma del conjunto de la Historia y, contrariamente a lo que se podría esperar, sólo en ocasiones tributaria de la hagiografía. Antes expone, sin ambages (no todos los obispos son santos), una galería con frecuencia bien poco edificante de pontífices del Señor, representantes de un período de crisis de la res pública, del concepto de Estado y del bien común; personajes, al final, bastante correctos para el nivel de barbarie imperante en las costumbres.

 

D. Intenciones políticas y religiosas englobadas en su práctica historiográfica

1. Filiaciones y diferencias con Orosio
Para el presbítero Orosio, en su Historia contra los paganos, el mundo antes de Cristo es la preparación para su advenimiento. El mundo después de Cristo es, por fuerza, mejor de lo que fue, no sólo por la salvación asequible a los creyentes, sino de manera casi estadística por los efectos materiales y humanos, a saber, por el número menor de las catástrofes acaecidas y ese estado de gracia relativo se manifiesta aún en los más mínimos detalles de la naturaleza.

Para Orosio, la significación de la historia es religiosa y su sentido profundo reside en la posibilidad de la salvación mediante la Encarnación. Significación con sus principios en la religión cristiana y, hay que recalcar, en un cristianismo exclusivamente católico, ya que el compendio de narraciones que conforman su historia funge, también, como una argumentación de facto a favor de la gracia y contra la herejía del pelagianismo y su concepción de la voluntad humana como suficiente para alcanzar la salvación.

Pero, ¿acaso Gregorio retomaría la significación de la historia universal de Orosio en una aplicación limitada a la historia de las Galias? Si ese es el caso, surgen de inmediato varias preguntas.

¿La equivalencia entre pax christiana y pax augusta, el remanso de orden civil preparado para recibir al Salvador y los posteriores tiempos mejores, se verían seriamente en entredicho por los tres saqueos de la Ciudad Eterna(46), por el fin del imperio de occidente, por el traspaso de los limes con la subsecuente pérdida de territorios a favor de bárbaros heréticos o paganos(47)? El obispo-historiador de Tours no parece cuestionarse al respecto. Aunque consciente de la ruptura política y de la decadencia cultural, para él tampoco hay lugar a dudas: la posibilidad de salvación convierte a los tiempos después de Cristo en mejores.

Es en la práctica historiográfica donde la filiación con Orosio se vuelve evidente: los hechos, al igual que para el autor de la Historia contra los paganos, tienen la función de demostrar la tesis del autor: “Quisiera comparar los triunfos alcanzados por los cristianos que confiesan la Santa Trinidad, a los desastres incurridos por los heréticos que la dividen […]”(48). Donde la figura del adversario toma, para Gregorio, la doble forma de amenaza política(49) y de amenaza religiosa de los bárbaros arrianos.

2. El arrianismo
Es bajo el primer emperador cristiano, Constantino, que se define esta aún no declarada herejía, merced sobre todo a la impecable exposición dialéctica que realiza su promotor, el sacerdote Arrio. La apuesta -sostiene Ferdinand Lot- era nada más y nada menos que la redención: “[…] sólo posible si Dios “entra en la humanidad”. En consecuencia, el Cristo-Logos es Dios, plenamente Dios. De otra manera no sería el Salvador, sería un héroe de la antigüedad, un hombre convertido en Dios”(50). Los partisanos arrianos y sus opositores, bajo la égida del diácono Atanasio(51), dividieron a la Iglesia de oriente; el obispo de Alejandría expulsó y excomulgó a Arrio, mientras que las diócesis de Palestina y de Nicomedia lo apoyaron. Fue entonces cuando intervino Constantino, quien convoca al Concilio de Nicea: “[…] 318 obispos se encontraron reunidos. Un símbolo completo fue adoptado(52), la herejía arriana condenada, el emperador aprobó las decisiones episcopales […](53).

Pero tiempo después, cuando Constancio(54) tuvo que enviar un misionero a los godos, eligió a un arriano, al obispo Ulfila. El alcance de esta decisión fue inconmensurable: los visigodos eran entonces federados, y nadie, ni siquiera el emperador, podía imaginarse que éstos junto a otras naciones germanas(55) ocuparían espacios importantes del imperio y que la diferencia de religión los opondría a los habitantes del Imperio, dificultando su aceptación de la romanidad y favoreciendo la supeditación, destrucción o apropiación de las provincias, personas y bienes.

3. La función demostrativa de los hechos. La lógica de la ordalía
Una de las lecturas de la Historia de los francos es la marcha hacia la recreación en las Galias de la unidad romana en su doble acepción de religiosa y cultural que inició con Clodoveo y finalizó con la conversión al catolicismo del rey visigodo Recaredo, quien reinaba sobre la Septimania(56), situada al sur de la actual Francia.

El reino que recibe Clodoveo de su padre Childeric cubre la región alrededor de la ciudad de Tournai. En 481, Clodoveo no es más que uno entre otros reyezuelos francos, parientes suyos, señores de una región identificable por su ciudad(57) y reducida a su territorio(58). Para 486, gracias a su victoria sobre Siagrio, rey de los romanos de Soissons, y a una serie de complots exitosos en contra de sus parientes, su reino, que es ahora el reino de los francos, se extiende hasta el Loira. En 507, los visigodos fueron derrotados por Clodoveo en la batalla de Vouillé y el reino franco se extendió sobre Aquitania y alcanzó parcialmente los Pirineos.

La diferencia entre Clodoveo y los demás reyes bárbaros asentados en otros territorios del imperio romano reside en su conversión al catolicismo, en algún momento nos informa Gregorio, después de su victoria en 505 contra los alemanes(59), a raíz de un episodio calcado sobre aquel que dio lugar a la conversión de Constantino(60). Este acto es fundacional y Clodoveo será percibido por sus contemporáneos como un nuevo Constantino(61). De pronto, la lucha por territorios entre los reyes bárbaros adquiere la dimensión de una ordalía. En efecto, la labor de distinguir entre la religión y la herejía se le deja a Dios y en el campo de batalla vencerán aquellos que profesan la verdad: “El rey Clodoveo […] quien la confesó [la Trinidad] aplastó a los heréticos con su ayuda extendiendo su reino a todas las Galias. Alarico quien la negó, perdió su reino, su pueblo y, lo que es mucho peor, la vida eterna”(62).

 

E. La lectura de los actos de los príncipes por Gregorio: ¿una moral de hombre de Estado?

Y siempre después de las muertes, Clodoveo recuperaba los reinos y los tesoros. Mató a muchos otros reyes, sus parientes, y aún a los más cercanos, de miedo que le quitaran su reino, logrando extender su dominio sobre toda la Galia. Se comenta, sin embargo, como en cierta ocasión… llegó a comentar…: -¡Ay de mí! ¡Que me quede como un peregrino en país extranjero, sin parientes para socorrerme cuando venga la adversidad! Si bien no hablaba así porque estuviera acongojado, sino para ver si alguien le revelaba la existencia de algún pariente que pudiera aún matar”(63).

De casualidad, ¿Gregorio estaría otorgando su asentimiento a una política donde la finalidad excusa los medios o donde el sacrificio de unos cuantos encuentra su justificación en el bien de la colectividad? Pero, ¿cómo explicar entonces que se aplique a la única persona de Clodoveo, y que el ejemplo de sus procedimientos, llenos de una astucia que termina en los asesinatos, corra paralelo a la descripción de la vida de bienaventurados según los valores cristianos?

La pregunta se impone de tal manera que, en las notas a su edición, Guizot atribuye a un error del latín de Gregorio la expresión “porque caminaba con el corazón recto”(64) con el que concluye el capítulo de la eliminación de Sigeberto y Cloderic e inaugura la serie de asesinatos de los parientes. La incomprensión de Guizot se asienta como sigue:

“[…] esta expresión en medio de los crímenes narrados aquí denotaría en Gregorio una perversión de la que hay lugar de sorprenderse, y respecto a la cual los historiadores se han con razón indignado. Nos parece más natural [creer] que el latín algo deficiente del santo obispo lo desvió del camino que seguían sus pensamientos”(65).

Dejando a un lado el aspecto de la trascendencia de este rey(66), mi hipótesis apuntaría a una sobrevivencia de las tradiciones de las leyendas de héroes germanos, donde hay una valorización de la malicia en estos héroes y que Gregorio se permite recuperar porque para él la gracia divina en un rey católico se manifiesta no por su retiro del mundo, sino por la promoción y consecución efectiva de la paz interna del reino, en tanto condición para el éxito de las guerras externas:

Recuerden lo que hizo Clodoveo -amonesta el obispo de Tours a los reyes merovingios en el prólogo al libro 5 antes de narrar las guerras civiles-, él que marchó a la cabeza en todas sus victorias, que dio muerte a los reyes enemigos, aniquilando a las naciones contrarias y subyugando territorios y poblaciones. Merced a lo cual les dejó un reino en toda su fuerza e integridad… Pero, ¿qué hacen?, ¿qué piden?... Nada les falta más que una cosa, la gracia de Dios, puesto que son incapaces de mantener la paz entre ustedes […](67).

____________
1 539: Gregorio escribe que su madre estuvo 34 años aquejada por un dolor en la pierna desde que le diera a luz hasta que realizó una plegaria sobre la tumba de San Martín, infiriéndose sin mayores precisiones que la visita a Tours tuvo lugar inmediatamente después de la elevación al episcopado de su hijo en 573. Milagros de San Martín, libro 3, cap. X in Historia eclésiastica de los francos por San Gregorio, Seguida de un resumen de sus obras, y precedida de su vida escrita en el siglo X por Odón; nueva trad. de Henri Bordier, París, Firmin-Didot frères, 1859-1862, 2 vol. (291, 481 p.)
2 543: Su biógrafo del siglo X, afirma que Gregorio aún no cumplía 30 años cuando fue nombrado obispo. San Odón, Vida de San Gregorio de Tours, cap. XXVI, ibíd. / http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/vie.htm Consultado el 14-09-2011.
3 Cf. Sobre los milagros de San Martín, Sobre la gloria de los confesores, Sobre la gloria de los mártires, Vidas de santos padres e Historia eclesiástica de los francos. http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/index.htm Consultado el 14-09-2011.
4 Uno de los 48 mártires de Lyon, ejecutado en 177 durante la persecución de Marco Aurelio. Gregorio de Tours, Historia de los francos por Gregorio de Tours, París, J.-L.-L. Brière, 1823, 2 vol. (418, 514 p.), in-8. - (Colección de memorias relativas a la Historia de Francia, publ. por Guizot, 1-2), libro I, cap. XXIX /
http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs1.htm
Consultado el 14-09-2011.
5 San Odón de Cluny, Vida de San Gregorio de Tours, cap. I op. cit. nota 1.
6 Bajo el título de patricio otorgado por el emperador de oriente, fue el gobernante de facto de Italia de 476 a 493. Es por su intervención que se depone a Rómulo Augústulo y asesina a Julio Nepote, los últimos emperadores romanos de occidente.
7 El poeta Venancio Fortunato contemporáneo y amigo de Gregorio, huye de Italia para refugiarse en las cortes francas.
8 Gregorio de Tours, op. cit. nota 4, libro I, cap. XXIX.
9 Hasta las ediciones alemanas del XIX.
10 Un trabajo monumental que comprende más de 30 volúmenes, y corrió en paralelo con la publicación de la Historia literaria de Francia, al que remiten algunas notas al pie de la Historia de Gregorio.
11 La Historia francesa de Gregorio de Tours, trad. en français par Claude Bonet, Paris, Sebastien du Moulin, 1610, 1 vol. In-8
La historia de los franceses de S. Gregorio, obispo de Tours, que vivía hace casi 11 siglos; con el Suplemento de Fredegario, escrito por las órdenes de Childebrand, hermano de Carlos Martel. Traducción de M. de Marolles con comentarios. La segunda parte de las Historias de S. Gregorio contiene los libros de la gloria de los mártires y de los confesores, junto con los cuatro libros de la vida de San Martín, y el de la vida de los [santos] padres. Trad. de M. de Marolles con los comentarios y la vida de S. Gregorio, París, F. Léonard, 1668, 2 vol. in-8°.
Ensayos históricos sobre los usos y costumbres de los franceses o Traducción abreviada de las crónicas y obras de otros contemporáneos, de Clodoveo a San Luis por M. de Sauvigny, Tomo I. Historia de los Francos, por San Gregorio, obispo de Tours, trad. por M. de Sauvigny, Tomo II, París, Clousier, 1785, 2 vol. in-8°.
Historia de los Francos, por San Gregorio de Tours, op. cit. nota 4.
Historia ecclésiastica de los francos, por Georg. Flor. Gregorio, obispo de Tours, en diez libros, revisado y colegido con nuevos manuscriptos, por. J. Guadet et Taranne, París, J. Renouard, 1836-1838, 2 vol. in-8 °.
Crónica de Gregorio de Tours, nueva trad. de J. J. E. Roy. 2e edición, revisada por la socieda de ecclésiasticos, Tours: A. Mame, 1840,  In-16, 312 p. Historia de los Francos, por San Gregorio de Tours, op. cit. nota 1.
12 Llamada de las Tres Gloriosas.
13 Gregorio de Tours, op. cit. nota 4, libro 2, prólogo/ http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs2.htm Consultado el 14-09-2011.
14 Alfred Jacobs, Geografía de Gregorio de Tours. El pagus la administración en las Galias, París, Furne Librero-editor, Rue Saint-Andrés-des-Arts 45, 1858, In-8, 154 p.
15 En su Collección de memorias relativas a la historia de Francia, desde la instauración de la monarquía francesa hasta el siglo 13, con una introducción, suplementos, y notas, por M. Guizot,  París, Déposito central de la librería J.-L.-J. Brière, 1823-1835, 30 vol. in-8°, una publicación al francés con base en Recopilación de los historiadores de las Galias y de Francia... Rerum gallicarum et francicarum scriptores.... [Tom. 1-8. Por Dom Martin Bouquet; Tom. 9-13. Por los religiosos benedictinos de la congregacieon de San Mauro; Tom. 14-18. Por Dom. Mich.-Jean-Jos. Brial; Tom. 19. Por Jos. Brial,...] París, 1738-1904, 24 vol. in-fol., la recopilación en latín bajo la dirección de Dom Bouquet.
16 Basta decir que durante de la Revolución iniciada en 1789 desaparecen las órdenes religiosas [1790], que el último superior general de San Mauro, Ambrosio Augustín Chevreux, es linchado junto a 40 correligionarios en la masacre del 2 de septiembre [1792], y que los manuscritos que habían reunidos para la publicación de una geografía de las Galias y de Francia fueron destruidos en un incendio durante ese mismo período.
17 François Guizot fue profesor de la Sorbona donde impartió la cátedra de historia moderna.
18 En el art. 6º de la Carta de 1830, que corona la Revolución liberal de ese año, el catolicismo ha dejado de ser la religión del Estado para pasar a llamarse “religión de la mayoría de los franceses”.
19 En oposición a la Carta Magna que se asimila a la constitución de un Estado, la Charte en Francia tenía sus orígenes en el antiguo régimen y partía del principio de concesión de derechos por el monarca.
20 En Francia: Leyes del 15 de marzo de 1850, del 12 de julio 1875, del 28 de marzo 1882, del 30 de octubre 1886, la ley del 9 de diciembre de 1905 que culminan con la separación de la Iglesia y el Estado.
21 Gregorio de Tours, Historia de los Francos, trad. Robert Latouche, París, Sociedad de edición Les Belles Lettres, 1999, 354 p. pp. 5-326. Editada en diversas ocasiones desde 1963, fecha de la traducción.
22 Al respecto, resultan ilustrativas las notas al pie al final del libro 2 donde Guizot, político liberal y hugonote practicante, expresa su sorpresa frente a los procederes de Clodoveo. Ver infra punto E.
23 Gregorio de Tours, op. cit. nota 4, prólogo general.
24 Ibid.
25 Gregorio de Tours, op. cit. nota 13.
26 Eusebii Caesariensis Episcopi Chronicon id est Temporum breuiarium. Jerónimo sólo retoma el resumen de la historia universal, y deja de lado la mayor parte correspondiente a tablas cronológicas, cf. Ferdinand Cavallera, San Jerónimo, su vida y su obra, Estudios y documentos, fascículo 1, Louvain, “Spicilegium sacrum lovaniense”, Bureaux, Rue de Namur 40/ París, Librero Honoré Champion, Édouard Champion, Quai Malaquais 5, 1922, vol. I, 344 p.,  45-71pp., cf. p. 63.
27 San Jerónimo, De Viris illustribus, CXXXV loc. cit. por Cavallera, Ferdinand, ver supra.
28 San Jerónimo, Epíst. XVIII, I, ibíd.
29 La historia temporal se opone a lo que está fuera del tiempo: Dios.
30 Dom Ruinart en la nota xvii del libro 9 afirma que: “Rufino agregó dos libros a la Historia eclesiástica de Eusebio. [Y que:] Gregorio de Tours junto con los demás autores de esa época sólo conocían esta historia por la traducción latina de Rufino, citaban la obra como siendo de la autoría de Eusebio”.
31 En las antípodas de Nerón.
32 Utilidad adicional al atractivo de la confiscación masiva de bienes.
33 La secta cristiana de los montanistas se oponía al servicio militar, a diferencia de los cristianos católicos que condenaron esa prohibición. Pero la distinción  para un pagano entre los católicos y las sectas cristianas no debía de ser clara. Cf. Ferdinand Lot, El fin del mundo antiguo y el principio de la Edad Media, edición de abril 1989, París, Albin Michel, 1989 (18-Saint-Amand : Impr. Bussière), 562 p., 17-433 pp., cf. 35-37 pp.
34 Edicto de tolerancia de 313, sigue al Edicto de Nicomedia de 311 por el emperador Galiano, enfermo de cáncer.
35 La religión imperial por poco exigente que fuera no podía sino ser un impedimento para un monoteísta.
36 Termina con las Vicennalia en 325 para la obra de Eusebio.
37 Gregorio de Tours, op. cit. nota 4, prefacio general.
38 Tanto para Aristóteles como para Platón, el mundo ha existido desde siempre y continuará su existir.
39 Gregorio de Tours, íbid., libro 1, prólogo.
40 La suma total de los años del mundo es la siguiente:
De la creación hasta el diluvio, IIMCCXLII años [2242].
Del diluvio hasta el paso del mar Rojo por los hijos de Israel, MCCCCIIII años [1404].
Del paso del mar hasta la resurrección del Señor MDXXXVIII años [1538].
De la resurrección del Señor hasta el deceso de San Martín CCCCXII años [412]. Del deceso de San Martín hasta el año supra dicho; a saber, el vigésimo primero de nuestra ordinación que fue el quinto de Gregorio, papa romano, el trigésimo primero del rey Gontrán y el décimo noveno del rey Childeberto, el Joven, CXCVII años [197].
Gregorio de Tours, op. cit. nota 4, libro 10, cap. XXXI / http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs10.htm Consultado el 14-09-2011.
41 A punto de escribir las guerras de los reyes contra las naciones enemigas, la de los mártires contra los paganos y la de la Iglesia contra los heréticosIbid., prólogo al libro 1.
42 Eusebio es el primero en utilizar este sistema sincrónico, San Jerónimo amplía el número de sedes.
43 Las cuatro de oriente en Eusebio, vg. Roma, Jerusalén, Alejandría y Antioquía.
44 La datación anno Domini aparece bajo Gregorio Magno, contemporáneo del obispo de Tours, pero su difusión empieza con Alcuino bajo Carlomagno. Otro principio cronológico lineal más reciente y, por lo tanto, más exacto, era el de ab Urbe condita que partía de la fundación de Roma, pero que Gregorio de Tours no utiliza. La ausencia de una referencia cronológica estable es causa de la confusión que se percibe en el libro 2 en los capítulos anteriores al advenimiento de Clodoveo [XXVII] o ajenos a los pontificados de Tours.
45 La contabilidad con referencia al obispado de San Martín abre el libro 2. A partir del cap. XXVII, la referencia es al reinado de Clodoveo.
46 Urbs, la ciudad por antonomasia, Roma: en 410 por Alarico y sus visigodos; en 455 por los vándalos liderados por Genseric; y el año después, en 456, por los ostrogodos a las órdenes de Totila.
47 Como eran paganos, los lombardos, en la época de Gregorio, o lo habían sido los francos antes de la conversión de Clodoveo.
48 Gregorio de Tours, íbid., libro 3, prólogo / http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs3.htm Consultado el 14-09-2011.
49 Amenaza política remota porque las Galias fueron uno de los territorios de mayor continuidad de la romanidad en occidente, según se concluye de la preservación de la mayoría de los asentamientos humanos y de sus nombres.
50 Lot, Ferdinand, op. cit. nota 33, cf. p. 54.
51 Y en menor medida de Alejandro, obispo de Alejandría.
52 Conocido como símbolo de Nicea, se identifica con el dogma de la Trinidad.
53 La crónica de Sulpicio Severo, vol. 2, texto, traducción y comentarios de André Lavertujon, Paris, Hachette, 1896-1899, cap. 35. / http://remacle.org/bloodwolf/eglise/sulpice/chroniques2.htm Consultado el 14-09-2011.
54 El hijo de Constantino.
55 A las que se aunaban tribus de otro origen como los alanos que eran iranias.
56 Recaredo acabó la discusión y sometiéndose a la ley católica… creyó que nuestro Señor Jesús Cristo es igual a su Padre y al Espíritu Santo… Luego envió mensajeros a la provincia Narbonense para ponerlo en conocimiento del pueblo con el que se reunía en una misma fe.Gregorio de Tours,op. cit. nota 4., libro 9, cap, XV
/ http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs9.htm Consultado el 14-09-2011.
57 Civitas.
58 Pagus o su corespondiente germano gau.
59 Batalla de Tolbiac.
60 Los dos ejércitos se batían con encarnecimiento, pero el de Clodoveo empezaba a ser desbaratado, por lo que […] alzó las manos al cielo, y con el corazón compungido y las lágrimas que le arreciaban en los ojos, dijo: Jesús Cristo, ése que Clotilde afirma ser el Hijo del Dios vivo y que, se asegura, otorgas tu socorro a quienes están en peligro y das la victoria a los que esperan en ti […]: Concédeme el triunfo sobre mis enemigos, dame la prueba de esa potencia, de la que tu pueblo afirma tener tantas evidencias, y creeré en ti… Gregorio de Tours, op. cit. nota17, libro 2, cap. XXX.
61 El nuevo Constantino avanza hacia el baptisterio a… lavar en esa agua nueva, las máculas repugnantes de su vida anterior. Gregorio de Tours,op. cit. nota 13, libro 2, cap. XXXI.
62 Gregorio de Tours,op. cit. nota 48, libro 3, prólogo.
63 Gregorio de Tours,op. cit. nota 13, libro 2, cap. XLII.
64 Clodoveo recibió pues los tesoros de Sigeberto y su reino que agregó a su dominio. Y así a diario, Dios hacía caer a sus enemigos bajo su brazo y acrecentaba su reino, porque caminaba con el corazón recto y realizaba las cosas que son agradables a sus ojos. Ibid., libro 2, cap. XL.
65 Cf. nota cxii al libro 2 de la edición de Guizot.Gregorio de Tours,op. cit. nota 13.
66 Al respecto, basta recordar que si Constantino modificó el curso de los acontecimientos con su conversión al cristianismo, Clodoveo probablemente salvó el catolicismo y la cultura romana en Europa occidental, y se entiende que, a los ojos de un autor cristiano, ambos personajes participaran de una indudable gracia divina.
67 Gregorio de Tours,op. cit. nota 4, libro 5, prólogo. / http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs5.htm Consultado el 14-09-2011.
 
 
© Ana Xochitl Ávila, 2012
 
Ana Xochitl Ávila (D.F.- México). Escritora de trayectoria variada, con estudios en historia medieval, filosofía política y pintura. Ha vivido en México, Estados Unidos y Francia. Actualmente estudia en la Universidad Libre de Berlín. Autora del libro Alegría de Enola y de la muestra pictórica La violence au Mexique. El presente artículo es parte del estudio introductorio a su traducción para la UNAM de La historia de los francos. Libros 2 y 9, de Gregorio de Tours.
 
 
Deje su comentario
 
Nombre:
 
 
 
El Hablador 2003-2012 © Todos los derechos reservados | ISSN: 1729-1763
           
Especial   Creación   Debate  
Artículos   Reseñas   Biblioteca  
Entrevistas   Periódico   Estudios