Borges
en la carnicería
"¿Y
para esto me revienta el corazón? ¿Para
esto casi muero del miedo de hablarle en público
al cegato? ¡Doscientas personas delante! ¡Cágate!
Le voy a esperar fuera, pienso. Le voy a esperar
fuera y le voy a decir: Te has pasado, te has pasado
de la raya. O mi frase célebre: Que os den
por culo y os quedéis ciegos."
Rodrigo
García es un autor argentino (Buenos Aires,
1964) que vive en España hace varios años
(1989 para ser más exactos) y presenta sus
obras de teatro no sólo en España sino
también en salas francesas y, por extensión,
en la Suisse Romande, parte de Suiza en la que se
habla el francés y donde se encuentra Ginebra.
El
resumen de la obra decía que se trataba de
cómo un joven porteño fanático
de Boca y de Borges conoce al maestro en el café
Tortoni de la capital argentina. Buen argumento si
uno recuerda además que Borges odiaba el fútbol
por considerarlo una muestra de frivolidad, un espectáculo
comercial rodeado de un barullo insoportable y una
odiosa muestra del nacionalismo exacerbado que Borges
decía detestar (razón por la cual apreciaba
tanto Suiza, pues consideraba que en este país
no existía el nacionalismo).
La
puesta en escena de Rodrigo García (en colaboración
con Mathias Langhoff y con la actuación de
Marcial Di Fonzo Bo) en el teatro de Saint-Gervais
de Ginebra fue impecable, sobre todo teniendo en cuenta
que la obra se desarrolla en una carnicería
española en la que el protagonista el
joven que quiso ser escritor y admiraba a Borges
se despacha con un monólogo de aproximadamente
45 minutos en el que recuerda no sólo el encuentro
con el maestro sino también la dictadura, la
guerra de Las Malvinas, los títulos de Boca,
el campeonato de Argentina 78. Admirable porque aquello
que los críticos denominan la tensión
dramática no decae en ningún momento,
porque el protagonista cuenta las cosas mientras corta
una cabeza de chancho, pela un conejo y prepara embutidos
pues después de todo es carnicero
y porque esos recuerdos de Argentina de fines de los
70 e inicios de los 80 se muestran con imágenes
de la época que se proyectan sobre una tela
traslúcida que se ubica delante de la carnicería-escenario
con gran nitidez (incluyendo también una hermosa
escena de la visita del personaje a la tumba de Borges
en el cementerio de Plainpalais).
Pero
lo más interesante en esta suerte de memoria
sobre el autor argentino es que el personaje critica
también mordazmente el silencio o quizás
mejor dicho ceguera de Borges frente a la dictadura,
su erudición y elitismo, humanizando así
al sabio, bajando del pedestal al maestro, recordándolo
como un ser de carne y hueso entre jamones, perniles,
chorizos y salchichas. Después de todo, Borges
sí, el gran Borges no fue sino
uno de nosotros, un pedazo más de tejido animal,
que incluso ahora ha cambiado de reino, pues ya pertenece
sólo al mineral, en su actual terruño
ginebrino.
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