Nº 20
revista virtual de literatura
 
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creación
 
Gina Saraceni

Casa de Pisar Duro(*)
(Selección 2010/2011)

 

En la casa se oye crecer una raíz:

se extiende

se abre paso

recorre cada hueco que encuentra en su transcurso.

Es sangre la que corre por esa vena inmensa.

Es toda la casa que germina
en el piso abierto de junio.

Una araña mueve la tierra

la arrastra más abajo.

Los helechos saben
que las raíces crecen hacia adentro

   

a Carole

Hay ciudades que sólo saben excederse:
no conocen el control
tampoco la mesura
sólo la abundancia de dar
lo que desborda de sus calles
                                      y memoria.                  

Nápoli es una mujer que grita en la ventana,
leche de almendras es  
pescado fresco
tomates y ricotta
ropa tendida al sol
crimen y mafia.

Es el Vesuvio de lavas luminosas,
olor a naranja y a romero,
mar redondo que repite su belleza.

Aquí el único lenguaje es la pasión,

sin palabras a medias
sin medias tintas:

sólo el sólido color del todo por el todo.

Hay que dejar en las ciudades algo.
¿Para qué vamos hacia ellas si cuando nos
marchamos no sentimos en el pecho una pequeña
piedra oscura golpeándonos?
Luz Machado

 

El regreso es el final de todo viaje.

De pronto, algo se interrumpe
y es indiferencia la que sienten
los ojos agotados de mirar.

Delgada es la tristeza
entre breves trayectos de entusiasmo.

Las maletas pesan demasiado
pero en ellas no cabe
lo que excede el viaje y su traslado.

Partir es un animal que muerde.

21/31

a Luis Lizardo

Del cielo puede decirse sólo que es abierto.
Su vastedad tamaña adquiere, a cada instante,
la vibración de lo que cambia y no regresa.
Cielo que se rompe y se traslada de un cielo a otro cielo,
de un álamo que se mece en la canícula meridiana
hasta el techo de una iglesia que un corte horizontal
                                                    engulle con su filo.
Cielo que junta y separa la vastedad de su traslado
y que se hace y deshace sin encontrar lugar ninguno
que detenga el devenir insatisfecho de sus nubes.
Cielo que vuelve a sus umbrales sin
comprender la indecisión de sus contornos
y que  insiste en el deseo de fugarse
de la forma estable de una obra
      que quiere ser un cielo roto
y no puede volver a sus raíces.   
          

No se puede abandonar
el cuerpo que se ama.
No se puede dejar el lugar
en que cava sus raíces.
No se puede morder el viento
ni caminar derecho, no,
ya no se puede.

Allí donde los labios se abren
para exigir la rotación de la espalda,
que el deseo responda
al llamado de la lengua.

En la nuca el silencio
duele más que en otro lado:
es el cuerpo que llevamos
a cuestas del amor; el espacio
que cede al alfabeto que se acaba,
es un temblor que sacude
los huesos y los quiebra,

un largo y sostenido temblor.

No siempre se puede 
volver de un paisaje
que perturba la mirada.

Será temblor de párpados
lo que vendrá después de abandonarlo.

Será volver
a los puentes caídos del camino
a las vacas que duermen sobre el pasto
al niño que come naranjas y zapotes
al llamado de la madre y al hijo que responde
al samán de la memoria que impone su dictado
a un techo de zinc que vibra por la lluvia
a la infancia que retorna impredecible
a la lejanía del campo donde el alba es más salvaje
al solar del padre donde  reina la intemperie
al tanque que se oxida por el agua del pasado
a la casa que se quiebra donde la ausencia no perdona
al juego que perdura en el tacto del recuerdo
al tiempo
              que interroga y no sabemos responderle.

Todo esto será el paisaje
después de que lo nombre,

después 

será su falta

el paisaje 

adentro,

su caída

No saber cómo habitar
la falta que impone
la forma de su cuerpo.

Esa cavidad donde los pájaros
pierden los ojos
y se desploman partiéndose las alas.

Ese accidente de la lengua
que quiebra la voz y la disuelve.
Ese saber que no hay
de un mandato que renueva
su sentencia.

Allí donde los pies
pierden el acierto

sólo quedan 

las tercas uñas

 creciendo

los dedos que faltan

la lengua que falla

el cuerpo que no tiene cabida.

____________
* Selección de poemas de Casar de pisar duro (2011).
 
 
© Gina Saraceni, 2012
 
Gina Saraceni (Caracas - Venezuela). Gina Saraceni es investigadora, crítica literaria, traductora y poeta. Es egresada de la Universidad de Bologna (Italia), Magíster en Literatura Latinoamericana y Doctora en Letras por la Universidad Simón Bolívar (Venezuela), donde es actualmente profesora titular del Departamento de Lengua y Literatura. Ha sido profesora invitada de la Universidad de Rice (Houston) y en el 2012 de la Universidad de Buenos Aires. Ha traducido al italiano a los poetas venezolanos Rafael Cadenas y Yolanda Pantin y al castellano a la poeta italiana Alda Merini. Es especialista en literatura de viajes, poesía venezolana contemporánea y estéticas/políticas de la memoria. Es autora de las antologías El verde más oculto (2002) del poeta mexicano Fabio Morábito y Travesía (en prensa) del venezolano Luis Enrique Belmonte. Como investigadora ha publicado numerosos artículos especializados, así como los libros Nicolás Federmann y la derrota del deseo (1998), La llegada inconclusa. Tránsito y desembarco de tres viajeros británicos en La Guaira (1830-1871) (1997), Escribir hacia atrás. Herencia, lengua, memoria (2008) y como coordinadora Miradas peregrinas, escrituras errantes. Viaje, cultura e identidad en América Latina (2001).
 
 
 
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