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Eres el demoledor del mito, entonces...
(Risas) Si tú lo dices.
Frente a eso, la pregunta sería: ¿eres parte del mito?
No, no. Por ese tiempo Elqui y yo éramos jóvenes y no teníamos conciencia de lo que podía venir luego. Como lo dije en mi texto, el trabajo que realizamos fue hecho con mucho respeto para una chica, compañera de San Marcos, que se había suicidado en plena juventud. Elqui y yo hicimos con sus textos lo que ya antes habíamos practicado con otra poeta en ciernes que falleció en un accidente. Una suerte de homenaje póstumo.
¿Qué poeta?
Poco importa su nombre. La cosa es que estudiaba con nosotros en San Marcos y falleció ahogada junto a su novio. Rosina Valcárcel, que era su amiga, publicó esos poemas en una revista. Pero también, Elqui y yo, habíamos leído los textos de una supuesta poeta ecuatoriana, publicados en El Dominical de El Comercio a fines de los sesenta. La cuestión es que esa poeta no existía y que quien había escrito los poemas “femeninos” era un destacado poeta de los sesenta. Lo curioso es que, al parecer, actualmente en Ecuador, la figura de esta poeta inexistente ha cobrado un vuelo inusitado. Es lo que me han dicho.
¿Entonces, ese fue el antecedente?
Sí. Ya con eso Hildebrando, que sabía lo que habíamos hecho con los textos de nuestra compañera de universidad, nos encuentra un día, nos entrega unos manuscritos de María Emilia y nos dice: “A ver qué pueden hacer con esto”. Nosotros cogemos los papeles, los revisamos y nos pusimos a trabajar...
Pero Hildebrando afirma que eso fue una labor del taller de poesía…
Mira, Hildebrando ha sido ya muy leal en aceptar públicamente que los tres poemas famosos de María Emilia habían sido retrabajados por Elqui y yo. Qué más pedirle. Yo sólo puedo precisar que en lo que me concierne no concurría regularmente al taller. Una vez fui, pero invitado, a leer unos poemas. Es todo. Elqui quizá sí asistía con mayor frecuencia.
Hildebrando dice que esto se ha dicho un poco tarde…
Bueno, se ha dicho ahora porque los jóvenes intelectuales de Intermezzo saben que la búsqueda de la verdad es importante. Por lo general, en el Perú, a nadie le importaba mucho la verdad de las cosas. Y cuando quise decirlo, como cuento en mi artículo, no se publicó.
¿Qué es lo más importante entonces?
Para mí, contribuir al derrumbe del mito creado alrededor de María Emilia Cornejo. Principalmente porque me da rabia la forma cómo esos tres poemas han sido utilizados de manera acrítica, absurda, demagógica, por el Flora Tristán y algunas feministas.
¿Por qué crees que Elqui no quiere hablar al respecto?
Elqui no quiere tener problemas con nadie. Esa es su principal virtud y, a la vez, su mayor defecto. Él es amigo de Martos y, como yo, de Hildebrando. Sabe que lo que he dicho le ha causado problemas a Hildebrando y lo pone en aprietos a Martos, y por eso asume esa postura. Cuando le dije que quería publicar un texto aclarando el misterio de los tres poemas, le propuse también que lo escribiéramos los dos. En un primer momento no se negó, pero luego se fue al Perú por unas semanas. A su regreso yo ya había escrito mi nota. Al leerla, recuerdo que me dijo: “Buscas problemas por las puras”. A lo que yo le respondí: “Con tal de que tú no me desmientas, la verdad no es un problema para mí” (risas).
¿Eres consciente de que a partir de tus declaraciones se han llegado a extremos respecto a lo que representa Cornejo en la poesía peruana?
No sé qué repercusión real hayan tenido mis declaraciones. Sé, en cambio, que lamentablemente mucha gente andaba diciendo desde antes que María Emilia nunca escribió nada y que todo fue inventado, lo cual no es cierto.
A tu juicio, ¿Cornejo fue o no poeta?
No. Ella era una chica que empezaba a escribir. En sus cuadernos y en hojas sueltas apuntaba cosas acerca de sus malestares existenciales, su vida conyugal, su compromiso social de estudiante católica. La cuestión es simple: sin esos tres poemas ella no existiría hoy como poeta reconocida.
Eso suena muy categórico…
A María Emilia le faltó tiempo para escribir. Quizá hubiera llegado a ser una poeta interesante. Sin embargo, los textos que escribió, los que quedaron tal como ella los hizo, son por lo general poemas sociales bastante mediocres, ingenuos. Las cosas que decía las decía sin tener una verdadera conciencia de estar haciendo poesía.
¿María Emilia Cornejo es José Rosas y Elqui Burgos?
En parte sí. Digamos que vamos a medias, 50 y 50. María Emilia dijo en el fondo lo que sentía, lo que pensaba. Todo eso lo escribió en muchas hojas de sus cuadernos. Ya luego nosotros compusimos los tres poemas que todos conocen.
Parece bastante simple...
Bueno, Hildebrando nos dio los apuntes de una chica que no tenía mucha noción de lo que es la poesía y nosotros hicimos los montajes y la construcción necesaria para que esos apuntes se convirtieran en poemas. De, por ejemplo, dos o tres páginas, nosotros extrajimos los pocos versos que constituyen cada uno de los famosos tres poemas. Recuerdo que, cuando leíamos sus apuntes, nos gustaron frases fuertes como “soy la muchacha mala de la historia”, la que fornicó con cuatro hombres y etcétera, o sea cosas que nunca antes se habían escrito en el Perú de manera tan directa e impúdica. Y, menos aún, por una mujer. A Elqui y a mí, en 1973, nos interesó meternos en esa voz, ese cuerpo, ese espíritu torturado, esa intimidad de una mujer, transformar eso en poesía y hacerlo público.
¿Cómo explicar que Hildebrando haya tenido en su poder esos textos de Cornejo?
Supongo que la hermana gemela de María Emilia le pasó los cuadernos y demás apuntes a Hildebrando. Él cuando nos los entregó sabía muy bien que, así como estaban, los textos no tenían gran valor. Por otro lado, los únicos “manuscritos” que alguna vez existieron de esos tres poemas son los que salieron de mi máquina de escribir. En fin, todo quedaría hoy más claro, al menos para quienes aún tienen dudas, si Isaac Rupay no se hubiera muerto tan pronto. Eso fue también muy triste.
¿Quién es María Emilia Cornejo?
María Emilia Cornejo no fue una poeta pero sí una muchacha que existió, vivió, sufrió, se suicidó. Ella pertenecía al grupo estudiantil de los católicos de izquierda y no tenía nada que ver con el feminismo. Lo único que llegó a dar a conocer en vida son unos poemitas sociales que reflejan su compromiso con la teología de la liberación. En paralelo anotaba cosas ligadas a su intimidad, a sus contradicciones como mujer y como esposa de alguien, a sus sufrimientos. Ella era, creo, de esas personas que escriben lo que les pasa como luchando contra el suicidio. Pero incluso esa escritura de lo íntimo no logró salvarla.
¿Entonces?
Entonces, si bien como poeta no existió, los tres poemas esos sí que existen y muchos los consideran valiosos. En eso tiene razón Carmen Ollé: eso es lo más importante. No se puede hacer literatura sin tener un mínimo de conciencia de lo que se está haciendo. María Emilia, con lo que había escrito, no da muestras de tener ese mínimo de conciencia. En verdad, la poesía, la literatura, no eran su mayor preocupación. Ella vivía la preocupación por el compromiso social, la fe cristiana, en contradicción con sus profundos problemas personales. Como ya te dije, si hubiera vivido más quizá hubiera llegado realmente a ser poeta. O quizá hubiera abandonado la literatura para dedicarse a otras cosas.
¿Qué te ha dejado todo esto?
La sensación de que quizá violamos algo, ya que los textos de María Emilia que utilizamos pertenecían al campo de lo íntimo, lo privado, de una persona. Pero como te digo, nuestra intención fue hacer algo que fuera un homenaje a esa chica que habíamos visto pasar raudamente entre nosotros, una compañera de la universidad. No éramos conscientes para nada de lo que vendría luego.
¿Cómo observas el panorama luego de tus declaraciones?
Bastante bien (risas). Bueno, es un hecho que lo dicho no debe de haberle gustado nada a las feministas y a los creadores del mito MEC, como Marco Martos. Para quienes sostienen la existencia de la llamada “literatura femenina”, esto debería hacerles reflexionar también. Tal vez, finalmente, la literatura sea una sola y diversa al mismo tiempo, y el género (si masculino o femenino) no sea sino una más de las diversidades.
¿Falta mayor reflexión frente a este tema?
Sin duda, sin duda. Acá ninguna persona dijo: “Bueno, tenemos estos tres poemas redondos. Pero, ¿y el resto? ¿Por qué los otros no tienen el mismo nivel?”. Nadie cuestionó, nadie se preguntó por eso, aparte de los que intervinieron en la encuesta que figura en el Intermezzo N° 4. Yo creo que una buena idea sería hacer una especie de deconstrucción del mito y emprender nuevas reflexiones sobre la literatura peruana. Desgraciadamente, salvo uno que otro post de Paolo de Lima y Gustavo Faverón, en sus blogs respectivos, nadie ha hecho esto después de mis declaraciones. ¿Qué han dicho por ejemplo las mujeres de Flora Tristán que publicaron la “obra completa” de María Emilia? Nada. Falta la reflexión sobre lo que he dicho y ahí radica mi gran desencanto luego de la publicación de mi texto, pues sólo se me ha respondido con ataques ridículos, groseros y con pura mala leche, como lo ha hecho Marco Martos, o con tonterías que no van al fondo de las cosas, como las que ha escrito en su blog la señora Silva Santisteban o, simplemente, con él fácil recurso del silencio. Cuando atacas con insultos todo se estanca y nadie piensa ya nada interesante. Nadie.
Más sobre el tema:
Artículo en Caretas de Carlos Cabanillas
Testimonio de Marco Martos
Artículo de Liliana Bringas en La República (1 y 2)
Blog de Armando Arteaga
Poemas de María Emilia Cornejo
Artículo de José Rosas Ribeyro
Apunte de Iván Thays
Artículo de Rocío Silva Santisteban. Versión original en el suplemento Domingo de La República
Primera respuesta de Giovanna Pollarolo
Comentario de Paolo de Lima
Segunda respuesta de Giovanna Pollarolo
Segundo comentario de Paolo de Lima
Artículo "Respuesta a Silva y Polllarolo", de José Rosas Ribeyro, en la Bitácora de El Hablador
Apunte sobre conversatorio sobre la polémica de María Emilia Cornejo en la UNMSM, organizado por la revista Discursiva.
Respuesta de José Rosas Ribeyro a Diana Miloslavich
Agradecimientos: Ketty Romero y Hernán Rivera
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Francisco Izquierdo Quea (Lima, Perú, 1980). Egresado en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, actualmente cursa una maestría en Literatura General en París III (Sorbonne Nouvelle). Ha realizado trabajos de edición para las áreas de publicaciones de distintas entidades, como Editorial Norma, Grupo Chaski, ESAN y los diarios El Comercio y La Primera. Es codirector de la revista El Hablador y autor del libro de cuentos Bonitas palabras (Mundo Ajeno, 2007).
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