El Club Literario, fundado durante la “era del guano” se convertiría en una de las agremiaciones intelectuales más importantes del país, sin embargo esta cerraría sus puertas a raíz del conflicto bélico externo. Su reinauguración con bombos y platillos sería en 1885

 

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Manuel González Prada, El Germinal y la Unión Nacional
(1899-1902)

por Emilio Rosario

 

En ese mismo número saldría a la palestra publicado en el marco de los comicios presidenciales a realizarse en mayo de ese año sus ataques a quien sería más adelante el candidato del oficialismo (la alianza del Partido Civil y el Partido Demócrata) Eduardo López de la Romaña quien lo reducían como un títere del pierolismo(9).

Lo curioso del caso es que el candidato natural de dicha alianza era el otrora empresario salitrero Guillermo Billinghurts; sin embargo, este habría sido marginado por su partido según voces oficiales de dicha organización al no contar con la simpatía del resto de los militantes. No obstante, el propio Billinghurts señala en una carta dirigida a la opinión pública una versión totalmente distinta de su desaforación como candidato presidencial en donde señala haberse convertido en “una amenaza”(10) a la obra política de Piérola. Con estas palabras, dicho personaje deslindaba con el Partido Demócrata declarándose su enemigo acérrimo de ahora en adelante.

Destaquemos que como primer diario militante del país El Germinal se encontraba solo en la esfera periodística. Sus rivales naturales y con quienes causaron abierta polémica serían El Comercio y La Opinión Nacional quien este último lo tildarían como el periódico oficialista, ya que se encontraba abiertamente “prohijando al Sr. Romaña”(11). A estos “mercenarios o rufianes de pluma”(12) se les atacaba, permanentemente, por haber vendido su capacidad de informar a la población al mejor postor. Es interesante analizar como se configuró un nuevo escenario político, no porque apareció una polémica entre los medios informativos, sino en como uno de ellos desenmascaraba de una manera cruda los arreglos bajo la mesa y la prebenda a la que los otros diarios habrían caído.

La estructura de los ataques era sistemática y tenía un discurso reflejado en los mismos lineamientos que González Prada utiliza en la Politeama y en el Olimpo en donde habría de criticar por ejemplo al caudillaje el cual “ha engañado de tal suerte al Perú que esta duda con razón de cuantos aspiran a desempeñar semejante oficio”(13) (la Presidencia). Empero, es algo contradictorio porque en el Partido Radical se vivía también un sistema caudillista conciente o inconcientemente legitimado por la presencia de Manuel González Prada, una muestra de ello fue su desmembración en la década anterior mientras él se encontraba en Francia.

Las permanentes denuncias hechas por las tribunas germinalistas terminarían por acabar la paciencia del poder dominante. Su respuesta y la de sus allegados fue el cierre de la imprenta en donde se editaba el semanario (Basadre 2000).

Sin un medio de impresión el diario se traslado a otra imprenta para realizar una edición especial, casi en forma de volante, en donde denunciaba su castración pública, tal acto demostraba que en el Perú de 1899, “no se respetaban las garantías individuales ni los derechos del ciudadano”(14) para expresar libremente sus ideas. Según señalaban los radicales la violencia en contra de todas las opiniones independientes habrían de ser apoyadas por esa prensa vendida y mercenaria quienes no invertirán ni una sola línea sobre tal acontecimiento por el contrario “pregonaron y aconsejaron su extermino”(15) de las calles(16).

Su abierto desafío al gobierno lo conllevó a encontrar serias dificultades. Además de la destrucción de su imprenta, los miembros del Partido Radical sufrirían un permanente acoso personal y económico para que estos abandonen sus filas. Sumémosle la carencia de un medio informativo para afrontar la campaña electoral de ese año, lo que conllevó a la derrota de Manuel González Prada de forma estrepitosa lo cual es poco mencionado en los anales historiográficos(17). La derrota certificó por un lado lo vetusto que estaban los discursos gonzalezpradistas en el sentir colectivo, de otro lado dio a entender que no podía continuar solos si quería seguir participando en la lucha política; se debía cambiar algunos mecanismos y hacer alianzas políticas, situación que entendió la dirigencia política de la Unión Nacional mas no Prada.

 

Alianza y polémica

El Germinal volvería a la escena pública después de un año de forzoso retiro. Sería en septiembre de 1901 la fecha en donde la crítica directa y la política militante se pondrían de manifiesto una vez más, sin embargo, el Perú y sus condiciones endógenas eran muy distintas a la de fines de la centuria decimonónica. Un presidente civil estaba instalado en palacio de gobierno, la inversión nacional y extranjera permitieron consolidar una paz interna en el país. Esta situación fue entendida por los partidarios de la Unión Nacional quienes tuvieron que replantear su estrategia; dar un giro de un purismo político a uno de apertura y entendimiento con las otras fuerzas políticas. Esta situación habría de ser explicada en sus páginas. Sin embargo, el propio Prada no entendería o no quería entender estas actitudes que lo posicionaba en una mejor expectativa electoral, marcando ello su retiro de dicha organización hasta 1904.

Para septiembre de 1901 en las diversas calles de Lima se anunciaba que el espectro periodístico no era solo monopolizado por El Comercio, La Crónica, La Prensay La Opinión Nacional; sino haría su aparición nuevamente El Germinal con el fin decausar polémica en el mundo político. Como era de costumbre sus primeras palabras estuvieron enfocadas en su tradicional rival: Piérola pero no como persona sino como símbolo de corrupción. Como una evidente continuación del último número emitido en 1899 señala que la derrota de los radicales no fueron en las polentas públicas ni por un debate entre los programas políticos sino bajo la amenaza de los puños, las armas y el autoritarismo político(18).

Las expresiones en esta nueva etapa hacia sus rivales eran similares a la de su etapa anterior. Era evidente que si la Unión Nacional quería consolidar un espacio político debía presentar fortaleza externa y una actitud mucho más fuerte en contra de sus rivales quienes los atacaron, sin el menor escrúpulo:

cuando estos se ponen en campaña conceptúan lícitos todos los medios para llegar al poder. Si tiene un programa lo rasgan. Si el respeto a la constitución y a las leyes les estorba, pasan sobre ellas. Si la justicia y el decoro se oponen a sus planes, los olvidan. Autócratas en el mando, demagogos en la plazuela; cuando disponen de soldados todas las soluciones las libran a la violencia, y cuando carecen de fuerza todo lo esperan del embuste y del fraude: son lobos en la cumbre y serpientes en el llano(19).

Pero si bien conservó una posición dura y acida en contra de lo que ellos habrían tildado como los políticos tradicionales; lo que habría de sorprender a propios y extraños era la celebración de una alianza con uno de los llamados grupos maquiavélicos. Quizás el mal menor para ellos, según su entendimiento pero no para el de González Prada ya que había antecedentes en sus escritos de un repudio a otros partidos que eran parte de la tradición colonial y clientelística:

Los mil nombrado partidos del Perú son fragmentos orgánicos que se agitan y claman por un cerebro, pedazos de serpiente que palpitan, saltan i quieren unirse con una cabeza que no existe. Hai cráneos, pero no cerebros. Ninguno de nuestros hombres públicos asoma con la actitud vertical que se necesita para reducir i mandar, todos se alejan encorvados, llevando en sus espaldas una montaña de ignominias (González Prada 1991: 69).

Para llegar a dicho acuerdo las direcciones de ambas organizaciones se reunirían previamente para discutir los lineamientos y la plataforma que los llevaría a la unidad. A pesar de un compromiso electoral; el Partido Radical señaló su independencia ideológica en dicha fusión. Al parecer sus militantes comprendieron que su fracaso en las urnas en 1899 y la falta de “apoyos económicos” para mantener su diario —el cual estuvo inactivo durante más de un año— se debió a una actitud demasiado balcanizada.

Sin embargo, Prada se habría de oponer tenazmente, incluso intento ser disuadido por Abelardo Gamarra, pero este fracasaría en su intento. A pesar de ser rechazado en una reunión dicha unión sería aprobado en una posterior la cual fue hecha de forma secreta en donde según narra Adriana Vernuil: “los comités de provincias no fueron consultados y Manuel no tuvo más que callar, sin darse por aludido de la doble traición, esperando la ocasión de separarse del Partido que bien pensó, no tardaría en presentarse” (1947: 334).

Este escenario les haría tener a los radicales una actitud más permeable y abierta tal como lo señala en su línea editorial explicando a la opinión pública su decisión: “La Unión Nacional presente constituir una asociación esencialmente conciliadora, razonable y práctica, no una agrupación intolerable, agresiva, incapaz de plegarse a las circunstancias…”(20).

A la par con esos esfuerzos de unidad, El Germinal tuvo que hacer frente a uno de los mayores peligros para la libertad de expresión: el impuesto a la prensa. Dicha ley emitida por el régimen de Romaña era sancionar con una determinada cantidad de dinero al servicio de correos que les era el único medio para llegar a más lectores especialmente a los de provincias(21). Al no contar con un gran presupuesto ni grandes ventas para subvencionar las ediciones en otros departamentos, condenaría a El Germinal a la urbe capitalina.

Otra de las críticas que hizo El Germinal como diario fue la defensa del indígena colocado en su editoriales con el título “Los parias” (noviembre de 1901). En el mismo describían el sufrimiento al que estaba condenado durante siglos el indio, cuyas propiedades y libertad se encontraba en manos de los “párrocos y funcionarios civiles”(22).

El seguir criticando la ineficiencia de la burocracia estatal, reivindicar a los indígenas (eternos excluidos de la nación criolla) y el manejo del congreso no solo respondían a informar a la población, también minar la credibilidad e imagen del oficialismo con mira a las elecciones presidenciales de 1903, para ello denunciaban una posible alianza de los demócratas y civilistas dividido no por ideas según señalaba el periódico sino por “una serie de conveniencias, de manera que cuando la noten en peligro de sucumbir, se harán recíprocas concesiones y reanudaran su alianza”(23).

De hecho, gran parte de sus baterías eran dirigidas en contra de sus rivales y agitando incluso a las clases social que no votaban, como el caso de los obreros bajo la interrogante: “¿qué debe esperar la clase obrera de los políticos dominantes? Ninguna libertad, porque nada más opuesto a la libertad que las conveniencias de las banalerías de su programa”(24).

Si bien esta permanente crítica era vital para sus aspiraciones, este trabajo sería mermado por los problemas interiores del Partido Radical desenlazándose ello en la dimisión de González Prada, a raíz del poco apoyo interno que este tenía para la representación de su partido

 

Adiós al Aquiles

El 11 de abril de 1902 llegaba una misiva a las oficinas de la Unión Nacional en ella se anunciaba la salida de Manuel González Prada cuya causa fundamental era su oposición frente a la alianza con el Partido Liberal. El argumento central de su separación era que dicha unidad había violentado los principios del partido de ir en contra de todo lo que él por tantos años había luchado y criticado. Con esas palabras el Aquiles daría un paso al costado de la agrupación que él mismo había creado con un grupo de soñadores(25). Esa polémica actitud trajo no solo los debates entre los partidarios del radicalismo sino llamaría la atención de otros periódicos. Si bien el objetivo mediático se habría de convertir en las elecciones municipales de 1902 esta serían un fracaso por segunda vez, teniendo otra derrota y por ende su crisis existencial.

La respuesta inmediata del partido no se hizo esperar. En un pronunciamiento público por parte de la Unión Nacional se responsabilizaba al propio González Prada de haberse alejado de ellos sin tener un argumento válido y que el distanciamiento era producto de un capricho personal, y no saber secuencialmente los por menores que lo llevaron a aliarse con los liberales y las ventajas que ello traería. Además los radicales se oponían al calificativo hecho por el Aquiles al señalarlos como clericales, conservadores y pactistas con lo inmoral de la política(26).

La crítica hacia la posición que asumió Prada no quedaría en una única respuesta, el ataque de sus otrora correligionarios fue permanente incluso llegaron a señalar que él asumía “el papel de Torquemada, mandando a las hogueras a los fieles de una creencia que no sea la suya”(27).

El impacto de la renuncia de Prada fue muy comentado por la prensa de aquel entonces, diarios como La Integridad, La Evolución o La Idea Libre habrían de dedicarle páginas enteras a tal evento La aventura política del Aquiles al parecer había llegado a su fin y como se narra tradicionalmente abrazaría el anarquismo.

Incluso el mismo partido escribe diversas cartas a otros diarios como La Evolución en donde señalan con urgente necesidad y prioritaria llegar a los órganos de gobierno nacional(28) es por ello que justifican su alianza con los liberales. Incluso señalan con precisión las reuniones en donde se determino dicha sesión y donde ahora sería un frente político.

En ese marco los radicales hicieron sus elecciones internas para determinar su directiva nacional, lo que determinaba un alejamiento simbólico y concreto de Prada de dicho partido.

Después de pasado esta coyuntura volvería arremeter en la política nacional. Acompañado con la constante crítica Romaña: “un presidente sin sentido moral, sin aliento para acometer empresas saludables, sin voluntad para seguir el camino de la honradez y las virtudes cívicas, sin decoro, ni energía para libertarse del automatismo a que le condenan sus consejeros”(29).

Pero, podrían intentar imitar el discurso y tratar de poseer la marca del pasado, pero no llegaron hacerlo, la no presencia de Prada fue una herida abierta que los llevaría a desangrar hondamente.

El Partido Radical, junto a su aliado, habría de enfrentar su primer reto: las elecciones municipales. Aunque el discurso pospradista era mucho menos crítico al rival tradicional. De hecho criticarían a la sociedad peruana colocando ya no la trilogía del mal, sino el cuarteto del terror siendo el último socio la juventud quien se hundía “con facilidad al yugo de Cáceres, Valcárcel, Piérola o Candamo”(30). Rompiendo quizás la imagen de quienes eran los malos y los buenos, ya los jóvenes no eran los llamados a la obra.

La salida de González Prada habría de ser catastrófica hasta para ellos ya que daban la libertad a sus miembros para que puedan postular con otra agrupación siempre y cuando conserven en la gestión los principios del partido(31) algo muy etéreo de creer y conservar.

El 25 de septiembre El Germinal cumplía su primer aniversario de su nueva aparición. Según su línea editorial se expresaba que seguía fiel a sus principios y al servicio de la Unión Nacional quien exteriorizaba a través del periódico “su independencia y el odio que profesaba a las banderías personalistas”(32), resaltando que ya no estaba en su “proyecto” aquello que se alejó sin respetar las decisiones colectivas (en alusión a Prada)

Sin embargo, sus límites de su era todavía distante denotando su debilidad inicial del objetivo primigenio, de llegar a todos los peruanos

se hallan incomunicados con el mundo civilizado, enteramente ignorantes de los adelantos de la ciencia, del rumbo de las naciones, de las modernas prescripciones de la higiene, de los progresos del arte, del carácter que debe tener la escuela popular, de las condiciones políticas, morales y sociológicas de su propia patria, de los derechos que como a ciudadanos les corresponde, de los deberes y leyes que les toca acatar y cumplir(33).

El último mes de circulación fue en noviembre. En dicho espacio temporal harían un balance de la crítica situación política desde la revolución pierolista de 1895. En conclusión ellos se presentaban así como lo haría González Prada como la mejor opción política desde su fundación

fundado hace once años el objeto de levantar a la República de entre los escombros despasado, nadie ni nada ha podido apartarle de ese rumbo. Enteramente fiel al programa de principios que exhibió y mantiene, en su conducta pública e interna ha probado que es capaz de llevarle al terreno de la práctica y convertirle en fuente de honor y prosperidad para el país(34).

Con estas palabras el diario terminaría su existencia ante la falta de expectativas de sus financistas y militantes de un partido que se contradecía y se dividía. Empero, su desangramiento duraría unos años más en donde probarían suerte electoral en 1904 contando en sus filas con González Prada, contando con un tercer fracaso y por ende el ascenso del civilista José Pardo y Barreda a la primera magistratura nacional.

 

Conclusiones

Esta primera experiencia habría de hacer serias reflexiones en el Aquiles, quien por esos años se “contentaba con mirar de lejos las maronas politiqueras aquellos que antes estaban a su lado (Vernuil 1947: 342).

El Germinal fue una iniciativa excelente para que se denotara la importancia de los medios de información, más aún de cómo estos influían en la opinión pública y de cómo, a través de ellos, podíamos enterarnos, en el caso de los diarios militantes, del devenir de las organizaciones políticas.

Sin embargo, a la par de su existencia con la Unión Nacional este no tuvo gran repercusión tanto por el boicot como por los enfrentamientos intestinos que terminaron por socavarlo.

© Emilio Rosario, 2009

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Emilio Rosario: (Lima-Perú) Licenciado en Historia por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Entre su reciente producción bibliográfica destacan La guerra del Pacífico: Ensayos para repensar su historia (2 tomos), así como el artículo “Horas de escritos. Una aproximación bibliográfica a la vida de Manuel González Prada (1844-1918)”, aparecido recientemente en la revista Tiempos. Además, prepara algunas investigaciones en torno a las elecciones presidenciales de los años 1899, 1904, 1908 y 1912.

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9 Lo curioso del caso es que los miembros de la Unión Nacional en el marco de las elecciones presidenciales de 1899 estuvieron en conversaciones con los demócratas, los constitucionalistas y la Unión Cívicaloque se conocería como el“concierto electoral”para llevar acabo la alianza con miras a los comicios presidenciales de 1899 pero esta se vio boicoteada por el civilismo ya que la presencia de otras canteras políticas mermaba su influencia en los órganos de gobierno. Es por ello que El Germinal se emitiría con dureza la imagen del califa como la de su enemigo más cercano en los comicios electorales: Eduardo López de Romaña.

10 El Germinal, 7 de enero de 1899.

11 Op. cit.

12 El Germinal, 18 de febrero de 1899.

13 El Germinal, 11 de febrero de 1899.

14 El Germinal, 28 de febrero de 1899.

15 Op. cit.

16 Uno de los pocos diarios que se manifestarían en contra de dicha acción sería El Libre Pensamiento.

17 Los resultados fueron los siguientes: “Eduardo López de la Romaña 55918 votos; Manuel Candamo 1337 votos; Manuel González Prada 549 votos; Guillermo Billinghurst 129 votos” (Basadre 2000).

18 El Germinal, 21 de septiembre de 1901.

19 El Germinal, 21 de septiembre de 1901.

20 El Germinal, 26 de septiembre de 1901.

21 El Germinal, 10 de octubre de 1901.

22 El Germinal, 7 de noviembre de 1901.

23 El Germinal, 27 de febrero de 1902.

24 El Germinal, 13 de mayo de 1902.

25 Este argumento es también respaldado por su esposa (Vernuil 1947: 338).

26 El Germinal, 17 de abril de 1902.

27 El Germinal, 24 de abril de 1902.

28 Carta a la Evolución fechada el 26 de abril de 1902, publicada en el Germinal, 1 de mayo de 1092.

29 El Germinal, 14 de agosto de 1902.

30 El Germinal, 4 de septiembre de 1902.

31 El Germinal, 18 de septiembre de 1902.

32 El Germinal, 25 de septiembre de 1902.

33 El Germinal, jueves 16 de octubre de 1902.

34 El Germinal, sábado 8 de noviembre de 1902.

 

 

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