Nº 20
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entrevistas
 
"La literatura es una casa de raíces transversales"
 
 

Gina Saraceni es una referencia importante en la poesía venezolana, bien sea por su labor como crítica literaria o por su oficio de poeta. De su trabajo crítico, compuesto por numerosos artículos y libros destacan Escribir hacia atrás. Herencia, lengua, memoria (Rosario, Beatriz Viterbo Editora. 2008) y La soberanía del defecto. Legado y pertenencia en la literatura latinoamericana contemporánea (Caracas, Editorial Equinoccio. En prensa). En ambos, a partir de ciertas problematizaciones en torno a la herencia y a la memoria, temas que han ocupado un lugar central en su reflexión crítica, la autora trabaja con un corpus latinoamericano compuesto por relatos y poemas signados por la migración, el exilio, el bilingüismo, el estar en la frontera para rastrear el modo como la literatura se hace cargo de las herencias culturales, simbólicas, lingüísticas, afectivas, y como pone en escena el acto de lectura e interpretación que todo legado supone.

Ha conjugado sus roles de crítica y poeta en las antologías que ha preparado. La más reciente, En-obra. Antología de la poesía venezolana contemporánea (1983-2008) (Caracas, Editorial Equinoccio. 2008) es una muestra de ello. En este texto, presenta una antología de los poetas venezolanos nacidos entre 1960 y 1980 para mostrar las tendencias poéticas que han surgido en Venezuela en los últimos veinticinco años. Este libro evidencia su gusto como lectora de poesía, propone un recorrido por algunas voces de la  poesía venezolana,  hace un mapa del campo cultural venezolano, especialmente en el ámbito literario, de las últimas dos décadas del siglo XX y lo que va del XXI y ofrece un estudio crítico panorámico que contextualiza al lector y lo invita a aproximarse a estas voces cuya obra aún está en progreso.  

De su trabajo poético, resaltan los poemarios Entre objetos, respirando (Caracas, Grupo Editorial Eclepsidra. 1998), Salobre (Coro, Ediciones Casa de la Poesía de Falcón. 2004) y el aún inédito Casa de pisar duro (2010-2011). Con el primero, obtuvo el Primer Premio del Concurso de Poesía “Víctor José Cedillo” (1995); con el segundo, la Bienal de  Coro “David Elías Curiel” mención Poesía (2001); con el tercero, el XI Concurso Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (Caracas, 2011). Este último galardón ha sido la excusa para acercarnos a la autora y entrevistarla.

Según Igor Barreto, la poesía  es “un habla que habla de otra habla” (2006: 78) . ¿De qué habla el habla de Gina Saraceni?
Este verso de Igor Barreto me parece iluminador porque define la poesía como una lengua que habla de otra, como si la poesía fuera un oído fino que tiene la capacidad de escuchar y hablar de una vida secreta, apenas audible que sólo se puede nombrar de manera lateral y oblicua.
En relación a mi trabajo poético la apuesta mayor –no necesariamente lograda- está en el lenguaje, en hacer del lenguaje, a través de sus modulaciones, tonos, formas de enunciación, el centro de atención mayor.  Quizás entonces, si bien la mía no es una poesía metapoética, su habla da cuenta de una búsqueda verbal, de una inconformidad con el lenguaje que va de la mano con la necesidad de rastrear y explorar algunas zonas atenuadas de la experiencia donde algo está a punto de desaparecer o se ha perdido.

Lo primero con lo que se topa el lector al acercarse a Casa de pisar duro (2011) es una serie de citas sobre la casa. La primera de Miyó Vestrini, de la cual se toma el título del poemario,  la segunda de Fiorella Mannoia y la tercera de Marina Tvietáieva. ¿Qué máquinas de conexiones activan esos versos? ¿Cuáles son las tramas de significación que aparecen a partir de su vecindad? ¿Hay en esa escogencia una herencia que se decide recibir?
El tema de la casa y de la pertenencia han sido temas recurrentes en mi trabajo crítico y Casa de pisar duro constituye otro modo de abordarlos, esta vez  desde la creación y el lenguaje poético. Los epígrafes que abren el libro, pensados a la luz de tu pregunta, dan cuenta de una herencia literaria y cultural que se ha ido construyendo a lo largo de los años y que muestra, en qué medida, la literatura es una casa de raíces transversales y de filiaciones clandestinas, una trama de citas de las que se ha perdido el origen y que se resignifican según cómo se usen y cómo se pongan a dialogar entre sí.

La imagen y el peso de la casa es evidente en este poemario. ¿Por qué la imagen de la casa, del habitar, es tan importante en una escritura donde la casa se quiebra, se oye crecer una raíz en ella y “No sabe cómo habitar…”[la] (Saraceni, 2011)?
El verso “casa de pisar duro” de Vestrini me inquietó desde la primera vez que lo leí porque parece sugerir –desde mi lectura- la idea de la presencia de algo esquivo e inhabitable en la casa que requiere de una pisada firme y pesada que evite su huida. En este sentido, el poemario lo que busca es explorar cómo la pertenencia  se funda paradójicamente en la imposibilidad de habitar  el origen que nos funda y constituye. Es decir, la casa no es sólo el piso y el techo que nos sostiene y cobija sino también esa zona siniestra donde lo más familiar e íntimo se enrarecen y donde la descolocación, la pérdida, la nostalgia son otros modos de estar “en casa”.

¿Habría alguna casa habitable? ¿Cuál sería?
Pienso que no hay casa habitable si habitar supone una pertenencia sin fisuras a una geografía, un apellido, una lengua, una cultura. Habitar es también intervenir los más propio, torcerlo, cambiarle el rumbo; es saberse “afuera”, sin las garantías que supone el orden de la casa, es perder o traicionar el legado para poseerlo de otro modo.

Veo una especie de diálogo entre Casa de pisar duro (2011) y tus últimos trabajos críticos. Leo en este poemario una poética crítica si puede decirse, un hacer escriturario que conjuga imagen poética con reflexión crítica. ¿Hay una conciencia, en tu caso, a la hora de escribir de hacer una poética crítica?
Esta pregunta me muestra algo que no había pensado hasta ahora. Si bien, reconozco algunos puntos de contacto entre mi trabajo crítico y el poético, no me había percatado de que esa relación pudiera ser además de temática también formal. No estaba del todo consciente de ese avecinamiento entre lenguaje poético y reflexión crítica aunque en los últimos años he intentado deslastrarme un poco de la retórica académica y “permitirme” una escritura más audaz y arriesgada en términos ensayísticos. Esto ha significado una mayor libertad a la hora de usar imágenes poéticas o darle a las frases una cadencia más rítmica, menos rígida.

Para una poeta bilingüe y bicultural como tú ―venezolana, de padres italianos― cómo piensas/vives la relación lengua/arraigo. ¿Compartes la postura de Per Johns “El arraigado es uno con su lengua. El bilingüe es dos y ninguno”?
La lengua es la metáfora más elocuente de la casa entendida, como decía más arriba, como un espacio roto que, en la misma medida en que te ancla a una tradición y a un origen, en esa misma medida, te muestra sus límites, sus fisuras, sus múltiples derivas. Como bilingüe que soy, pienso que no se puede elegir una lengua si bien se elige el idioma con el que uno escribe. La lengua es mucho más que una elección que responde a una voluntad racional. Cuando uno escribe, la lengua es el lugar donde es posible hablar y sentir en más de una lengua, un entre-lugar cultural y lingüístico donde van y vienen las corrientes y las herencias que nos conforman. Entonces para mí son incontables las lenguas de un bilingüe porque la lengua siempre es más que una y esa tribu que la recorre/constituye es también una forma de identidad.

Ya para finalizar, y siguiendo con la imagen de la casa y el problema de la lengua ¿Es posible sentirse en casa en la lengua? ¿En cuál lengua Gina se siente en casa?
Considero que es posible sentirse en casa en la lengua. El problema es que me siento en casa en más de una lengua. Por ejemplo, si se trata de sentir la lengua con el cuerpo, físicamente, diría que la lengua con la que me siento en casa es el italiano porque es para mí un oído, un tacto, un olfato que definen mi infancia, mi pasado más íntimo. Ahora bien, si tuviera que referirme a la escritura como una forma de estar en casa –más allá de sus quiebres y fracturas- la lengua sería el español. Entonces ambas hablan a la vez, me hablan de esa “otra habla” a la que se refiere Barreto, que es la que mi poesía intenta escuchar para traducir su secreto.

 
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1 Barreto, Igor (2006). El llano ciego. San Fernando de Apure: Ediciones Sociedad de amigos de Santo Sepulcro.
Igor Barreto (1952), destacado poeta venezolano. Miembro del taller Calicanto. Luego cofundó, tras su ruptura, el conocido Grupo Tráfico. Realizó estudios de teoría del cine y del teatro en Bucarest, Rumania. Ha escrito Tiempo de ausencia (1971), ¿Y si el amor no llega? (1983), Soy el muchacho más hermoso de esta ciudad (1987, Premio Municipal de Literatura), Crónicas llanas (1989), Tierra negra (1994, Premio Universidad Central de Venezuela), El duelo (2010) y Carreteras nocturnas (2010), entre otros. Ha desarrollado una importante carrera durante la cual ha sido editor de catálogos de arte para diversos museos de Venezuela, colaborador como articulista de prestigiosos diarios y revistas literarias nacionales e internacionales. Es profesor de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela. Ha representado a Venezuela en diferentes encuentros internacionales  de poesía en Rumania, Nicaragua, España, Estados Unidos, Colombia, Cuba y Argentina. Sus poemas son incluidos en las antologías de poesía venezolana contemporánea y algunos de ellos han sido traducidos al inglés,  al francés y al alemán. Destacan dos antologías de sus textos, una en España: Ed. Idea 2008 y otra en Italia: Rafaelli Editore. 2010.
 
 
© Adlin Prieto, 2012
 
 
Adlin de Jesús Prieto (Valencia - Venezuela). Magíster en Literatura Latinoamericana por la Universidad Simón Bolívar, Diplomada en Formación Docente para la Educación a Distancia y Lic. en Educación, mención Lengua y Literatura, por la Universidad de Carabobo. Profesora investigadora adscrita al Departamento de Lengua y Literatura de la Universidad Simón Bolívar (Venezuela). Divide sus tareas de investigación entre el estudio de la escritura de la memoria, representaciones y autorrepresentaciones en los discursos testimoniales latinoamericanos pero principalmente venezolanos, la cultura venezolana, la enseñanza mediada por tecnologías de información o comunicación y la lectoescritura digital. Forma parte del Consejo Editorial de la revista literaria El Hablador. Acaba de publicar el libro Del testimonio a la autobiografía. Ángela Zago y su proyecto de escritura (2012)
 
 
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