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¿Y
entonces cuál sería la función
de la crítica?
La
función de la crítica literaria es trabajar
en función de la literatura y no en función
de amistades. Yo, como crítico literario, debo
estar a favor de la literatura y no de la política
o una tendencia teórica. Cuando mis colegas descalifican
parte de la literatura peruana a partir de esquemas
dogmáticos de lectura, me provoca. ¿Cómo
se puede conocer la literatura peruana si no dialogamos?
¿También con la literatura? Yo no vendo
libros, yo no hago crítica literaria para vender
libros. A lo mejor la hago para guiar al lector. Pero
yo, sobre todo, escribo crítica literaria por
mi propio gusto.
La
crítica está vista aquí como algo
secundario.
Y
para mí es algo primario y es un goce. Para mí
es un trabajo que me genera placer y no es secundario,
es primario, me encanta. Luego, también he escuchado
que soy difícil de leer. ¿Es cierto esto?
El lector lo dirá. Pero, ¿por qué
tiene que ser fácil la crítica literaria?
En La narración como exorcismo
usted dice que con el pasar de los años Vargas
Llosa cambia el juicio que tiene sobre Arguedas.
En mi crítica digo que Vargas Llosa, en su pensamiento,
pasa de la obra de Arguedas a la de Riva Agüero.
Vargas Llosa, desde la década de los 1950, venía
publicando artículos sobre las novelas de Arguedas.
La figura de Arguedas le ha acompañado durante
toda la carrera, como una especie de figura paterna
peruana. Luego, a finales de la década de los
1990, cambia de actitud cuando publica el libro La
utopía arcaica. La característica
de Riva Agüero era su autoritarismo, y esto se
ve en Vargas Llosa. Autor-itarismo, el autor que dirige.
Es intransigente, como ahora en su posición de
extrema derecha en la política. Pero, además,
Vargas Llosa deja siempre de definir conceptos centrales
de sus discursos, y esto le reserva grandes espacios
de reconsideración. Vargas Llosa utiliza grandes
metáforas, como aquella que dice que “la
literatura es fuego”. Este “fuego”,
que sale de la literatura, ¿a dónde se
dirige? ¿A la burguesía o al proletariado?
¿Hacia la clase media o la alta? ¿Hacia
la derecha o hacia la izquierda? O cuando dice que el
novelista “es como un buitre que se alimenta de
la carroña social”. Este “buitre”
busca y encuentra la carroña, ¿dónde?
¿Qué “carroña social”,
de quiénes? Vargas Llosa habla de la “utopía
arcaica” de Arguedas, cuando su propia utopía
también es arcaica porque ha nacido con el liberalismo
económico de principios del siglo XIX. El pensamiento
de Arguedas no era arcaico para nada porque veía
el futuro en procesos de mejoramiento, con cambios.
En su literatura también se encuentran cambios
interesantes. Pero algo que también digo en mi
libro es que Mario Vargas Llosa pasa del melodrama social
al melodrama personal en La tía Julia y el
escribidor. Cada cual es el forjador de su propio
destino, y la culpa ya es del individuo, no de la sociedad.
En el Perú no hay una gran tradición melodramática,
y Vargas Llosa se inscribe como uno de los mejores cultivadores,
aunque sí se puede ver en Diez Canseco, antes,
y en Bayly, después, quien dice que ha aprendido
de Vargas Llosa.
¿Y
qué trato le da Vargas Llosa al homosexualismo?
Vargas
Llosa no tiene una idea positiva del homosexualismo.
Una vez escribió un artículo a favor de
los homosexuales y bisexuales, que eran mal vistos por
la iglesia católica. Pero en su escritura literaria
se pueden encontrar representaciones que pueden tomarse
como homofóbicas. También diría
que no maneja muy bien el registro de lo que se llama
“la novela erótica”. En un seminario
en Alemania sobre erotismo y literatura descalificaron
casi por completo los intentos de Vargas Llosa en la
escritura erótica
Usted acaba de decir que leyó La
ciudad y los perros en la España de Franco.
Pero, ¿cómo se podían leer los
autores del Boom si había tanta censura?
Los tecnócratas del Opus Dei, jóvenes
bien formados y casi siempre educados en el extranjero,
entraron al gobierno con la finalidad de renovar las
estructuras de la dictadura y modernizarla. Se mejora
la infraestructura de las ciudades para poder albergar
más turistas, se abren las fronteras para abrir
un poco más el comercio. Y también abren
poco a poco una línea editorial de primera. Esto
es, hacer de España un productor y exportador
de libros, aunque no un país de literatura libre.
Es así que Seix y Barral, barceloneses, juntaron
su capital y sus proyectos y fundan una editorial que
hace concursos y publica a los autores del boom.
Los escritores españoles estaban censurados,
pero los extranjeros no tenían el mismo problema.
Es curiosa la situación en la que los
autores del boom publicaron sus obras. Además,
esta era una época en la que los jóvenes
protestaban en contra de las dictaduras.
1968 fue un año en que ocurrieron muchas cosas.
Recordamos todos el Mayo francés, pero también
fue el año en el que ocurrió el primer
caso Padilla, contra el que protestó Mario Vargas
Llosa. Pero es curioso, como dices tú, que Vargas
Llosa, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez
no se hayan pronunciado en contra de Franco y su dictadura
y la censura de España. Vivían con holgura
bajo el gobierno de Franco. Pero sí protestaron,
como también protesté yo, en contra de
Fidel y su apoyo, en agosto de ese año, a la
invasión de la Unión Soviética
a Checoslovaquia, Nosotros los noruegos estábamos
asustados porque formamos parte de la OTAN y teníamos
frontera con Rusia en el norte. Luego, en octubre de
1968, sucede la matanza de Tlateloco en México,
donde mataron a los estudiantes que se manifestaron
contra la organización de los juegos olímpicos
en México, nuestros hermanos. Luego, en 1971,
con el segundo caso Padilla y la protesta de los intelectuales,
Vargas se ganó todo el odio de los socialistas
y comunistas latinoamericanos. Aquí en el Perú,
en un congreso de Literatura en Huampaní, en
1971, casi no lo dejaron hablar. Apareció, habló
y se fue, y los amigos de antaño se habían
convertido en enemigos.
Digamos que el interés de los estudiantes
europeos por Latinoamérica nació en lo
político.
Sí, era un interés político. Pero
eso también hizo que comenzaran a interesarse
por la cultura latinoamericana, como sucede hasta ahora.
En los países nórdicos (Dinamarca, Islandia,
Noruega, Finlandia y Suecia) había departamentos
de Estudios Hispánicos, y los más importantes
en Dinamarca y Suecia (en Suecia se encuentran las universidades
más antiguas de la región, la de Uppsala,
y la de Lund). En la ciudad de Reikiavik, con solo 50
mil habitantes y un país de sólo 200 mil,
había un departamento de Estudios Hispánicos.
Pero Latinoamérica brillaba con su ausencia entre
ellos, porque el énfasis estaba puesto en la
Península Ibérica. En Noruega había
dos departamentos de Estudios Hispánicos, en
Oslo y en Bergen. A comienzos de los ’70, con
mi doctorado, solicité un puesto en el departamento
de Estudios Hispánicos de Bergen, y con el tiempo
lo iba convirtiendo en un Departamento de Lengua Española
y Estudios Latinoamericanos, con el énfasis puesto
en Hispanoamérica. Hoy en día es el departamento
de lenguas y culturas extranjeras de la Universidad
de Bergen que más estudiantes atrae, más
que los departamentos de inglés, alemán
o francés. Los estudiantes estudian tanto en
el nivel básico como a nivel de maestría
y de doctorado, y se pueden graduar en las asignaturas
de lengua, literatura e historia de la cultura. Noruega
ofrece becas para estudiantes hispanoamericanos, y a
nivel de maestría y de doctorado hay alumnos
de Chile, de Argentina, de Ecuador, de Costa Rica, de
Colombia y de Cuba. Todos estos estudiantes representan
sus países entre nosotros, y representan también
recursos para el departamento, ya que dialogan con sus
compañeros noruegos, que tienen que estudiar
y saber español para asistir a clases. Ayudan
a la creación de un ambiente único para
el estudio de las culturas hispanoamericanas entre nosotros.
¿Cuáles
son los temas que se enseñan en la maestría?
El catedrático Miguel Ángel Quesada, de
Costa Rica, quien dirige la asignatura de lengua en
el Departamento, se concentra en estudios de dialectología,
y se ven ahí las particularidades del español
en cada región de Latinoamérica. Una colega
nacida en Asturias, María Alvarez, se encarga
de dirigir la asignatura de historia hispanoamericana,
y son muchos los estudiantes que se gradúan en
una diversidad de temas en la asignatura, Para todo
el Departamento rige el principio de intentar incluir
en los currículos a un 50% de textos de mujeres.
Por mi parte, doy énfasis en la enseñanza
de la literatura peruana del siglo XX, con gran representación
de mujeres, de la literatura hispanoamericana escrita
por mujeres, y de la literatura hispanoamericana escrita
por mujeres lesbianas y hombres homosexuales. Pero lo
que también trato de hacer, sin embargo, y en
lo que recibo todo el apoyo del departamento, es dar
opción tanto a los hombres como a las mujeres.
El equilibrio genérico me parece siempre importante
en las aulas.
¿Y
no hay estudiantes latinoamericanos que estudian literatura
europea?
Sí,
los hay. Y hay hispanoamericanos en Bergen estudiando
literatura y cultura de Noruega. Conozco a un argentino
que ha llegado a la Universidad de Bergen para estudiar
lengua y literatura noruega. Parece que está
enamorado de una muchacha noruega (risas), y ahí,
en el amor, nace también el amor por la cultura
de mi país.
Para terminar, ¿crees que tu condición
de extranjero prevalece en la mirada que tienes del
Perú?
Ser
extranjero me sirve encontrar y experimentar el Perú
de manera distinta, diría que de manera estética.
Yo me baño en el idioma de los peruanos, de los
limeños sobre todo. Me gusta vivir e investigar
en Lima, porque la gente me inspira. Me gusta la heterogeneidad
que se muestra en todo —la gente de las diferentes
etnias indias, la gente trigueña, la gente blanca,
la negra, los chinos, los japoneses— la heterogeneidad
que enriquece las experiencias de un noruego que se
encuentra de visita. Los noruegos nos enamoramos del
Perú y de su gente. Sin querer comparar, anoto
que Thor Heyerdal llegó a Túcume para
darse cuenta de que había llegado al “paraíso”
buscado, y quería quedarse para el resto de su
vida. En la literatura comencé a viajar por el
Perú desde que leí a Vargas Llosa. Recuerdo
que la edición de La ciudad y los perros
que leí tenía un plano de Miraflores,
y yo lo recorría mientras leía. Conocí
partes de Miraflores ya antes de llegar a Lima. Luego,
con Arguedas, despertaron las ganas de viajar por la
parte andina del Perú, y luego, con La Casa
Verde, el descubrimiento de la selva. 
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