Vargas Llosa habla de la “utopía arcaica” de Arguedas, cuando su propia utopía también es arcaica porque ha nacido con el liberalismo económico de principios del siglo XIX

 

 

 

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Entrevista con Birger Angvik

por Mario Granda
 

¿Y entonces cuál sería la función de la crítica?

La función de la crítica literaria es trabajar en función de la literatura y no en función de amistades. Yo, como crítico literario, debo estar a favor de la literatura y no de la política o una tendencia teórica. Cuando mis colegas descalifican parte de la literatura peruana a partir de esquemas dogmáticos de lectura, me provoca. ¿Cómo se puede conocer la literatura peruana si no dialogamos? ¿También con la literatura? Yo no vendo libros, yo no hago crítica literaria para vender libros. A lo mejor la hago para guiar al lector. Pero yo, sobre todo, escribo crítica literaria por mi propio gusto.

La crítica está vista aquí como algo secundario.

Y para mí es algo primario y es un goce. Para mí es un trabajo que me genera placer y no es secundario, es primario, me encanta. Luego, también he escuchado que soy difícil de leer. ¿Es cierto esto? El lector lo dirá. Pero, ¿por qué tiene que ser fácil la crítica literaria?

En La narración como exorcismo usted dice que con el pasar de los años Vargas Llosa cambia el juicio que tiene sobre Arguedas.

En mi crítica digo que Vargas Llosa, en su pensamiento, pasa de la obra de Arguedas a la de Riva Agüero. Vargas Llosa, desde la década de los 1950, venía publicando artículos sobre las novelas de Arguedas. La figura de Arguedas le ha acompañado durante toda la carrera, como una especie de figura paterna peruana. Luego, a finales de la década de los 1990, cambia de actitud cuando publica el libro La utopía arcaica. La característica de Riva Agüero era su autoritarismo, y esto se ve en Vargas Llosa. Autor-itarismo, el autor que dirige. Es intransigente, como ahora en su posición de extrema derecha en la política. Pero, además, Vargas Llosa deja siempre de definir conceptos centrales de sus discursos, y esto le reserva grandes espacios de reconsideración. Vargas Llosa utiliza grandes metáforas, como aquella que dice que “la literatura es fuego”. Este “fuego”, que sale de la literatura, ¿a dónde se dirige? ¿A la burguesía o al proletariado? ¿Hacia la clase media o la alta? ¿Hacia la derecha o hacia la izquierda? O cuando dice que el novelista “es como un buitre que se alimenta de la carroña social”. Este “buitre” busca y encuentra la carroña, ¿dónde? ¿Qué “carroña social”, de quiénes? Vargas Llosa habla de la “utopía arcaica” de Arguedas, cuando su propia utopía también es arcaica porque ha nacido con el liberalismo económico de principios del siglo XIX. El pensamiento de Arguedas no era arcaico para nada porque veía el futuro en procesos de mejoramiento, con cambios. En su literatura también se encuentran cambios interesantes. Pero algo que también digo en mi libro es que Mario Vargas Llosa pasa del melodrama social al melodrama personal en La tía Julia y el escribidor. Cada cual es el forjador de su propio destino, y la culpa ya es del individuo, no de la sociedad. En el Perú no hay una gran tradición melodramática, y Vargas Llosa se inscribe como uno de los mejores cultivadores, aunque sí se puede ver en Diez Canseco, antes, y en Bayly, después, quien dice que ha aprendido de Vargas Llosa.

¿Y qué trato le da Vargas Llosa al homosexualismo?

Vargas Llosa no tiene una idea positiva del homosexualismo. Una vez escribió un artículo a favor de los homosexuales y bisexuales, que eran mal vistos por la iglesia católica. Pero en su escritura literaria se pueden encontrar representaciones que pueden tomarse como homofóbicas. También diría que no maneja muy bien el registro de lo que se llama “la novela erótica”. En un seminario en Alemania sobre erotismo y literatura descalificaron casi por completo los intentos de Vargas Llosa en la escritura erótica

Usted acaba de decir que leyó La ciudad y los perros en la España de Franco. Pero, ¿cómo se podían leer los autores del Boom si había tanta censura?

Los tecnócratas del Opus Dei, jóvenes bien formados y casi siempre educados en el extranjero, entraron al gobierno con la finalidad de renovar las estructuras de la dictadura y modernizarla. Se mejora la infraestructura de las ciudades para poder albergar más turistas, se abren las fronteras para abrir un poco más el comercio. Y también abren poco a poco una línea editorial de primera. Esto es, hacer de España un productor y exportador de libros, aunque no un país de literatura libre. Es así que Seix y Barral, barceloneses, juntaron su capital y sus proyectos y fundan una editorial que hace concursos y publica a los autores del boom. Los escritores españoles estaban censurados, pero los extranjeros no tenían el mismo problema.

Es curiosa la situación en la que los autores del boom publicaron sus obras. Además, esta era una época en la que los jóvenes protestaban en contra de las dictaduras.

1968 fue un año en que ocurrieron muchas cosas. Recordamos todos el Mayo francés, pero también fue el año en el que ocurrió el primer caso Padilla, contra el que protestó Mario Vargas Llosa. Pero es curioso, como dices tú, que Vargas Llosa, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez no se hayan pronunciado en contra de Franco y su dictadura y la censura de España. Vivían con holgura bajo el gobierno de Franco. Pero sí protestaron, como también protesté yo, en contra de Fidel y su apoyo, en agosto de ese año, a la invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia, Nosotros los noruegos estábamos asustados porque formamos parte de la OTAN y teníamos frontera con Rusia en el norte. Luego, en octubre de 1968, sucede la matanza de Tlateloco en México, donde mataron a los estudiantes que se manifestaron contra la organización de los juegos olímpicos en México, nuestros hermanos. Luego, en 1971, con el segundo caso Padilla y la protesta de los intelectuales, Vargas se ganó todo el odio de los socialistas y comunistas latinoamericanos. Aquí en el Perú, en un congreso de Literatura en Huampaní, en 1971, casi no lo dejaron hablar. Apareció, habló y se fue, y los amigos de antaño se habían convertido en enemigos.

Digamos que el interés de los estudiantes europeos por Latinoamérica nació en lo político.

Sí, era un interés político. Pero eso también hizo que comenzaran a interesarse por la cultura latinoamericana, como sucede hasta ahora. En los países nórdicos (Dinamarca, Islandia, Noruega, Finlandia y Suecia) había departamentos de Estudios Hispánicos, y los más importantes en Dinamarca y Suecia (en Suecia se encuentran las universidades más antiguas de la región, la de Uppsala, y la de Lund). En la ciudad de Reikiavik, con solo 50 mil habitantes y un país de sólo 200 mil, había un departamento de Estudios Hispánicos. Pero Latinoamérica brillaba con su ausencia entre ellos, porque el énfasis estaba puesto en la Península Ibérica. En Noruega había dos departamentos de Estudios Hispánicos, en Oslo y en Bergen. A comienzos de los ’70, con mi doctorado, solicité un puesto en el departamento de Estudios Hispánicos de Bergen, y con el tiempo lo iba convirtiendo en un Departamento de Lengua Española y Estudios Latinoamericanos, con el énfasis puesto en Hispanoamérica. Hoy en día es el departamento de lenguas y culturas extranjeras de la Universidad de Bergen que más estudiantes atrae, más que los departamentos de inglés, alemán o francés. Los estudiantes estudian tanto en el nivel básico como a nivel de maestría y de doctorado, y se pueden graduar en las asignaturas de lengua, literatura e historia de la cultura. Noruega ofrece becas para estudiantes hispanoamericanos, y a nivel de maestría y de doctorado hay alumnos de Chile, de Argentina, de Ecuador, de Costa Rica, de Colombia y de Cuba. Todos estos estudiantes representan sus países entre nosotros, y representan también recursos para el departamento, ya que dialogan con sus compañeros noruegos, que tienen que estudiar y saber español para asistir a clases. Ayudan a la creación de un ambiente único para el estudio de las culturas hispanoamericanas entre nosotros.

¿Cuáles son los temas que se enseñan en la maestría?

El catedrático Miguel Ángel Quesada, de Costa Rica, quien dirige la asignatura de lengua en el Departamento, se concentra en estudios de dialectología, y se ven ahí las particularidades del español en cada región de Latinoamérica. Una colega nacida en Asturias, María Alvarez, se encarga de dirigir la asignatura de historia hispanoamericana, y son muchos los estudiantes que se gradúan en una diversidad de temas en la asignatura, Para todo el Departamento rige el principio de intentar incluir en los currículos a un 50% de textos de mujeres. Por mi parte, doy énfasis en la enseñanza de la literatura peruana del siglo XX, con gran representación de mujeres, de la literatura hispanoamericana escrita por mujeres, y de la literatura hispanoamericana escrita por mujeres lesbianas y hombres homosexuales. Pero lo que también trato de hacer, sin embargo, y en lo que recibo todo el apoyo del departamento, es dar opción tanto a los hombres como a las mujeres. El equilibrio genérico me parece siempre importante en las aulas.

¿Y no hay estudiantes latinoamericanos que estudian literatura europea?

Sí, los hay. Y hay hispanoamericanos en Bergen estudiando literatura y cultura de Noruega. Conozco a un argentino que ha llegado a la Universidad de Bergen para estudiar lengua y literatura noruega. Parece que está enamorado de una muchacha noruega (risas), y ahí, en el amor, nace también el amor por la cultura de mi país.


Para terminar, ¿crees que tu condición de extranjero prevalece en la mirada que tienes del Perú?

Ser extranjero me sirve encontrar y experimentar el Perú de manera distinta, diría que de manera estética. Yo me baño en el idioma de los peruanos, de los limeños sobre todo. Me gusta vivir e investigar en Lima, porque la gente me inspira. Me gusta la heterogeneidad que se muestra en todo —la gente de las diferentes etnias indias, la gente trigueña, la gente blanca, la negra, los chinos, los japoneses— la heterogeneidad que enriquece las experiencias de un noruego que se encuentra de visita. Los noruegos nos enamoramos del Perú y de su gente. Sin querer comparar, anoto que Thor Heyerdal llegó a Túcume para darse cuenta de que había llegado al “paraíso” buscado, y quería quedarse para el resto de su vida. En la literatura comencé a viajar por el Perú desde que leí a Vargas Llosa. Recuerdo que la edición de La ciudad y los perros que leí tenía un plano de Miraflores, y yo lo recorría mientras leía. Conocí partes de Miraflores ya antes de llegar a Lima. Luego, con Arguedas, despertaron las ganas de viajar por la parte andina del Perú, y luego, con La Casa Verde, el descubrimiento de la selva.

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Mario Granda Rangel (Londres, 1978) Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Fue director de la revista Cántaro y actualmente forma parte del comité editorial de El Hablador. Ha participado en diversos coloquios de literatura peruana y latinoamericana.

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/entrevista7_granda2.htm


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