Frente a sus creaciones más ambiciosas, es aquí donde se asume como lo mejor del Nuevo Mundo: desciende de Pedro de Vargas, notable súbdito del rey de España, y del inca Túpac Yupanqui. La extensa prole de los Pérez de Vargas concluiría, así, en la majestuosa presencia del cronista mestizo.

 

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Garcilaso Inca también es español: Genealogía e identidad peninsular en la Relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas

por Johnny Zevallos

 

I. Introducción

Los estudios dedicados a la obra del Inca Garcilaso de la Vega han agotado, al parecer, los distintos acercamientos hermenéuticos por parte de historiadores y críticos literarios. De hecho, su condición de mestizo le otorgó una posición predilecta dentro de apasionadas disertaciones en torno a su identidad, al confluir en él las sangres de un capitán español y una noble indígena. Este creciente interés ha ocultado, sin embargo, la verdadera imagen del cuzqueño sobre quien, aparentemente, no queda duda de su origen. Aunque Max Hernández (1993) ha mostrado una apreciación psicológica del mestizo, mantiene el mismo acercamiento de los historiadores en torno a la personalidad del Inca.

Se ha repetido hasta la saciedad que con la publicación de los Comentarios Reales de los Incas , Garcilaso pretendió legitimar su condición de descendiente de la nobleza indígena ante la élite peninsular; sin embargo, ello contrasta en la Segunda parte de los Comentarios al reclamar las encomiendas de su padre. En efecto, el discurso reivindicatorio del cuzqueño hacia lo indígena adopta un giro distinto en la llamada Historia General del Perú y, especialmente, en La Florida del Inca , donde el cronista mestizo construye una visión peninsular de la empresa conquistadora de Hernando de Soto.

Su estancia en Montilla (España) le permitió, sin embargo, relacionarse con las familias hispanas e incursionar en los altos abolengos toledanos (Porras 1955). El presente artículo pretende acercar el sentido discursivo y jurídico del texto garcilasiana, además de discernir sobre su pretensión de acceder a los títulos concedidos a su padre, pero arrebatados por decisión real. Además, se reestructurará la apreciación en torno a la figura andina del autor mestizo a partir de tres operaciones imbricadas: a) reconocer el discurso peninsular del Inca en el texto en cuestión; b) advertir en los marcos históricos y literarios en la obra del autor para decodificar la genealogía; y c) dilucidar los supuestos modelos andinos en la personalidad creadora de Garcilaso.

 

II. Garcilaso Inca se reclama español: Marco histórico-genealógico de la Relación

La búsqueda de su linaje hispánico fue un constante interés en la azarosa vida de Gómez Suárez de Figueroa (como fuera bautizado el Inca Garcilaso de la Vega ). Si bien la rama familiar hispana del cronista lo acogió con avenencia, se le negó toda participación hereditaria en la misma; hecho que motivó su ardua lucha escritural en construir una memoria alternativa a la que le otorgaba el aspecto legal (1).

El Inca persistió interminablemente en ser reconocido heredero del capitán español Garcilaso de la Vega , aunque sin conseguirlo, pues no era “un hidalgo completo, ni español ni indio, ni vecino ni forastero. Su situación es la de un criado noble dependiente de la magnanimidad y de la protección de su tío” (Porras 1955: XX). El cronista mestizo, sin embargo, asistió a ciertos privilegios que su padre afortunadamente había reparado: educación, pensión y lazos de familiaridad con los Pérez de Vargas (Porras 1955), hecho que queda demostrado en el Testamento del capitán Garcilaso: “Ytem mando a Gomez Suarez mi hijo natural, cuatro mil pesos de oro y plata ensayada e marcada para cuando que se vaya a Castilla a estudiar y en los Reynos de España se le emplee en rentas conforme al parecer” (Valcárcel 1939: 52).

La Relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas se presenta como la versión alegatoria del Inca para con su lado hispánico. Construye toda una genealogía que le autorice su presencia en el legado hereditario en la encomienda destinada a su padre como partícipe de los hechos de la Conquista. El capitán Garcilaso de la Vega había intervenido en la rebelión de Gonzalo Pizarro para impedir el ingreso de las nuevas autoridades impuestas por la Corona en favor del recientemente creado Virreinato del Perú.

Si bien Garcilaso sería para siempre considerado de los “segundos conquistadores” por no haber estado en la captura del Inca en Cajamarca, esa condición era de todos modos bastante favorable, porque desde su llegada en 1534 había tenido ocasión de participar en algunos de los más importantes episodios de la guerra de conquista (Varón 1991-1992: 83).

El cuzqueño siempre tuvo presente los favores que obtendría al reclamar los títulos de su padre, antes que demandar su presunto abolengo indígena. Para Garcilaso no había duda de que establecer la descendencia de quien “arresgo a perder su vida muchas vezes por ella peleando contra los moros que ocuparon la Andaluzia ” (1951: 34), podía proporcionarle una igualdad patrimonial con respecto a los hijos del capitán español.

 

2.1. Garcilaso y su fuente hispánica en la Relación

El alegato propuesto por el Inca sugiere una evidente vinculación con su lado hispánico, sin embargo, ella está presente en toda su obra. Así, es posible distinguir la presencia de un narrador peninsular en el discurso de La Florida del Inca y en la Segunda parte de los Comentarios Reales de los Incas , ante quien los nativos aparecen dentro de la masa indígena. Garcilaso no se reconoce entre los naturales; prefiere, por el contrario, reivindicar la expedición española en la península norteamericana donde los pasajes de una crónica colindan con la belleza de una epopeya clásica.

Los cuidados que le brindara Alonso de Vargas tuvieron una respuesta inmediata en la identidad peninsular del Inca. Garcilaso no duda, pues, en privilegiar su ascendencia hispana por sobre la indígena en la genealogía de los Pérez de Vargas como en la llamada Historia General del Perú . Las riquezas que podía obtener con su demanda aspiraban a aliviar las pesadumbres económicas albergadas durante su estancia en las tierras de su padre. De esta manera, recurre a fuentes familiares con el propósito de indagar en la construcción documental de un glorioso pasado hispánico. El autor de los Comentarios Reales se ufana en describir, pues, las proezas heroicas de su ascendencia española: “Boluiendo a las grandes virtudes del famoso Garci Perez de Vargas vuestro antecesor digo que se deuen tener en perpetua memoria para las ymitar principalmente la que uso en guardar y conservar la honrra de aquel cauallero” (35). Se antepondría un carácter ético en la figura de Garci Pérez para dimensionar la figura del ilustre soldado extremeño ante el remitente del texto: el rey de España. Las virtudes resaltadas por el Inca para con su ancestro remitiría a las hazañas heroicas y morales de los caballeros medievales cantadas en los antiguos cantares de gesta.

En efecto, el Inca se apoya en el honor y la justicia de los cantares de gesta españoles para proclamar su representación de súbdito de la Corona , además de suscribir la presencia de caballeros cristianos e insignes poetas castellanos.

Hercules me edifico
Julio Cesar me cerco
De torres y cercas largas
El Rey Sancto me gano
con Garci Perez de Vargas.

Los quales versos es fama: que estuvieron años ha escritos en una de las puertas de la ciudad de donde los gasto y consumio el tiempo como ha hecho y hara otras obras mayores (34).

(…)

El qual apellido se ha perdido por auerse juntado con el de los Vargas y Figueroas, y los descendientes han dado en llamarse Sanchez de Vargas y Sanchez de Figueroa por tener de todo. Y fuera razon no hauer dexado perder el de Badajoz por ser tan noble y antiguo. Solamente lo he visto conseruado hasta aquel famoso y enamorado cauallero Garci Sanchez de Badajoz nascido en la muy yllustre y generosa ciudad de Ecija (aunque sus padres fueron a ella de Estremadura) Fenix de los Poetas Españoles sin hauer tenido ygual, ni esperança de segundo (36).

La importancia de los autores líricos en la época de Garcilaso registraba la inserción de la familia dentro de la comunidad letrada peninsular. Esta inclusión en el ámbito intelectual legitimaba el abolengo necesario que el Inca reclamaba ante la familia del capitán, por cuanto su conocimiento del arte verbal y los méritos heroicos y culturales de los Pérez de Vargas habrían de recaer en Garcilaso de la Vega , padre e hijo respectivamente. El cuzqueño establecía, de esta manera, sus cualidades intelectuales ante los hijos legítimos del capitán natural en Badajoz.

El autor cuzqueño registra dos ramas de la genealogía extremeña: los Pérez de Vargas, capitanes de infantería, que el Inca conocerá durante su estancia en Montilla, y los Hinostroza de Vargas, de quienes descenderá Alonso de Vargas, caro personaje para el escritor mestizo, como lo acota en el texto: “El segundo hijo de Alonso de Hinestrosa de Vargas y de Doña Blanca de Sotomayor fue Don Alonso de Vargas capitan de cauallos por el Emperador Carlos Quinto Rey de España (…). Falleció Don Alonso de Vargas sin hijos de cuya causa me adopto por tal aunque indigno yo de serlo suyo” (43). El aprecio que sintió el hermano del capitán Garcilaso hacia su sobrino indiano fue recíproco, lo que sin duda reforzó su amor a España:

Muerto su padre, el joven Gómez había buscado ávidamente un sustituto paterno y lo encontró en Alonso de Vargas. Capitán hazañoso y hombre de mundo, ya mayor y sin hijos, don Alonso pudo facilitar la expresión de los afectos de su sobrino (…). Muy pronto esos afectos se deslizarían por las vertientes de la identificación (Hernández 1993: 117).

El sujeto peninsular en la obra del Inca tiene mayor hegemonía que el andino, hecho que desmiente todo atisbo de mestizaje en sus producciones literarias. A diferencia de los Comentarios Reales (primera y segunda partes) en que el carácter ficcional supera al histórico en el corpus textual, en la Relación de Garci Pérez el autor construye un testimonio de su procedencia hispana, y en menor medida, de la su origen amerindio, para adscribir su petición de súbdito del rey al igual que toda su ascendencia paterna.

 

2.2. Genealogía y discurso peninsular del Inca

A partir del modelo discursivo que plantea la Relación de la descendencia se infiere, como ya se dijo, la línea directa hispánica del Inca. Garcilaso recurre a un recurso bíblico para delinear su ascendencia a manera de una estrategia mesiánica que le otorgue una participación hegemónica cultural frente a quienes duden de su procedencia. Frente a sus creaciones más ambiciosas, es aquí donde se asume como lo mejor del Nuevo Mundo: desciende de Pedro de Vargas, notable súbdito del rey de España, y del inca Túpac Yupanqui. La extensa prole de los Pérez de Vargas concluiría, así, en la majestuosa presencia del cronista mestizo.

Garcilaso se remonta al progenitor del capitán extremeño que participará en la conquista de las tierras de sus hermanos “de los reinos y provincias del grande y riquísimo Imperio del Perú” (1959, I: Prólogo, 9). Pedro de Vargas, cristiano viejo, “natural de Toledo descendiente de los Godos que en aquella ciudad quedaron quando se perdio España” (1951: 36), representaría la pureza de quienes se reclamaban legítimos cristianos y herederos de la Reconquista española contra los moros. De allí el perfecto derecho del padre del Inca en llevar la cristiandad en tierras no evangelizadas, pues su imagen de caballero incide en la defensa de los valores cristianos dentro de la península como en las colonias de ultramar.

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1 Discrepamos con Carlos García-Bedoya (2000), quien ubica al cronista cuzqueño en el discurso barroco andino; creemos, por el contrario, que la obra de Garcilaso no difiere de los autores criollos y peninsulares. A diferencia de Felipe Guamán Poma de Ayala, quien expone su crónica desde sus propias categorías mentales, evidenciando un auténtico discurso mestizo, el autor cuzqueño prefirió adoptar los códigos del invasor español.

La existencia de un Garcilaso andino fue sustentada previamente por José de la Riva-Agüero (1908) y reforzada después por Luis E. Valcárcel (1939). Esta tesis sigue cobrando vigencia entre estudiosos contemporáneos como, además del ya citado García-Bedoya, José Antonio Mazzotti (1996) y Christian Fernández (2004).

Valcárcel confunde el mestizaje biológico con el cultural del Inca Garcilaso cuando lo cataloga de indio autóctono. Si bien el cronista cuzqueño se precia de su sangre imperial, su propuesta discursiva se aleja del mestizaje cultural expuesto por sus contemporáneos indígenas. Nuestro interés es resaltar el discurso criollo, aunque inconsciente, del Inca para dilucidar las dudas al respecto.

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