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Las constantes alusiones a los reyes de España revelaría las estrechas relaciones entre los Pérez de Vargas y las autoridades ibéricas, de donde se determina la influencia real hacia el padre del cronista por sobre los demás integrantes de la campaña conquistadora. Esta cercanía con la monarquía castellana le confiere a los descendientes de Garci Pérez los títulos nobiliarios, tan reclamados por el heredero mestizo. Sin duda, las peticiones asumidas en la Relación no sólo no llegaron a manos del soberano español, sino, fueron rechazados por casi todos los familiares legítimos del capitán Garcilaso.
No obstante, si se asume la relación garcilasiana como un alegato de su condición hispana se excluiría el lado indígena que, aunque en menor medida, también se adjudica en el presente texto. Los lazos con la élite andina contienen la apreciación exótica que todo cronista peninsular atribuye en su descripción del Otro americano: “El qual empleo treynta años de su vida hasta que se le acabo en ayudar a conquistar y poblar el Nuevo Mundo principalmente los grandes reynos y prouincias del Perú. Donde con palabra y el exemplo enseño y doctrino a aquellos gentiles nuestra sancta Fe catholica” (44). Si bien las alusiones al modelo occidental para interpretar las costumbres indígenas se verán luego plasmadas en los Comentarios Reales , en la Relación de la descendencia la descripción del parentesco inca se confunde con el patrón europeo: “han hecho costumbre de tomar por sobre nombre despues del bautismo el nombre proprio o apelativo que antes del tenian. Y estales muy bien por la repressentación y memoria de los nombres y sobre nombres reales que en sus magestades antiguas solían tener” (44).
El modelo discursivo asevera el orgullo por la sangre peninsular: para tal fin, el autor real (Garcilaso) expone un autor modelo que se asemeje a un historiador hispano. Es verdad que el destinatario de la célebre crónica garcilasiana estaría relacionado con un lector metropolitano (García-Bedoya 2000), no obstante, la transculturalidad del Inca dista de la representación simbólica del sujeto andino que proponen Guamán Poma de Ayala y Joan de Santa Cruz Pachacuti. El espacio indiano expuesto en los Comentarios Reales se aproximaría a la perspectiva ficcional del discurso narrativo criollo. Garcilaso se reclama historiador y productor de un discurso veraz, sin embargo, su lejanía respecto del espacio por representar debía someterse a las anotaciones de cronistas hispanos anteriores a él.
III. Garcilaso y la supuesta
utopía andina
Investigadores y estudiosos han incidido
en una evidente identificación andina en la obra
del cronista cuzqueño. Desde José de la
Riva Agüero hasta José Durand y Christian
Fernández, la asociación con una utopía
reinstauradora del Estado inca supuso la influencia
de los Comentarios Reales hacia los movimientos
indígenas del siglo XVIII. ¿Pudo, no obstante,
la desarticulada jerarquía cuzqueña identificarse
con los modelos estatales de los invasores peninsulares?
Es bastante conocido el patrón occidental con
que describe a la sociedad andina el inca Garcilaso;
en consecuencia, resulta paradójico imaginar
a los descendientes de las panacas cuzqueñas
asumiendo la reivindicación del antiguo Tawantinsuyu
desde parámetros renacentistas. Por el contrario,
el rechazo hacia las huestes españolas por parte
de la élite andina fue constante durante el periodo
colonial.
La necesidad de asociar al cronista con el levantamiento tupamarista recaería en su vínculo familiar con una noble indígena. Garcilaso relaciona a su madre con Tupac Huallpa, hermano del inca Huayna Cápac, enlazándola con los privilegios nobiliarios de las panacas cuzqueñas. Valdría recordar, empero, que los hermanos del Inca en ejercicio no formaban panacas y, por consiguiente, no tenían derecho a ser incluidos en tales distinciones (2). John Rowe (1985) encontró un documento esencial acerca de la descendencia del inca Túpac Yupanqui, donde no se consigna a Isabel Chimpu Ocllo, madre del cronista cuzqueño. La pequeñísima raíz genealógica del lado materno aspiraba a ser expuesta ante la élite peninsular, la misma que jamás advertiría si en Indias tal enmienda fuese cierta.
3.1. Garcilaso andino: ¿Verdad
o invención?
La insistencia de Garcilaso en ser reconocido como heredero de los títulos de su padre le impulsó a negar el legado materno. El modelo genealógico no desmerece el lado materno por su condición amerindia, pues, en su afán de sublimar las virtudes españolas de su familia, la descendencia del inca Túpac Yupanqui se concibe como un apéndice, el mismo que rescata un linaje de apenas de tres generaciones. No era, por consiguiente, su rama familiar indígena el eje textual de su Relación , puesto que en los Comentarios Reales sólo engrandecerá al Tawantinsuyu para afianzar su vínculo con los descendientes de los señores incas.
Gómez Suárez de Figueroa se precia de su extenso conocimiento del pasado inca en los Comentarios Reales para persuadir a la comunidad letrada española de su evidente sangre imperial, mientras que en la Historia General del Perú exalta los títulos adquiridos por su padre en la empresa conquistadora de Francisco Pizarro. En ningún caso, hubo una defensa discursiva de la identidad étnica, sino, un cerrado resguardo de las propiedades del capitán extremeño:
…y yo escribo lo que fue, no por abonar a mi padre ni por esperar mercedes ni con pretensión de pedirlas, sino por decir verdad de lo que pasó, porque deste delito que aplican a Garcilaso, mi señor, yo tengo hecha la penitencia a Su Majestad por los servicios de mi padre y por la restitución patrimonial de mi madre, que, por haber muerto en breve tiempo la segunda vida de mi padre, quedamos los dos hermanos desamparados (1959, II: V, xxiii, 536).
Proveyeron que el capitán Juan Ramón fuese Corregidor de la Ciudad de la Paz , donde tenía su repartimiento de indios, y que el capitán Don Juan de Sandoval lo fuese de la Ciudad de la Plata y sus provincias. Y que Garcilaso de la Vega fuese Corregidor y gobernador de la ciudad del Cozco.
(…) Estando los Oidores en aquella ciudad del Cozco, que fueron pocos días, trataron con ellos importunadamente los capitanes y soldados pretendientes de repartimientos de indios que les hiciesen mercedes de dárselas por los servicios que en aquella guerra y en las pasadas habían hecho a Su Majestad (1959, II: VII, xxx, 780-781).
Tras tomar partido por su herencia hispánica, Garcilaso sólo reconoce la restitución patrimonial de la madre para asegurar la continuidad de la encomienda. El cuzqueño no menciona con el mismo afán las cualidades maternas de Isabel Chimpu Ocllo, puesto que su identidad dominante se hallaba en la península. La ausencia de la madre cobra notoriedad en la Segunda parte de los Comentarios Reales en dos sentidos: a) se elogian las virtudes heroicas de los prosélitos del rebelde Gonzalo Pizarro —entre ellos, el capitán Garcilaso de la Vega , Pedro de Candía y Gonzalo Silvestre—; y b) se condena el levantamiento de Manco Inca en el Cuzco, puesto que implicaba la pérdida de las supuestas encomiendas de Chimpu Ocllo (3).
…y para que lo creyese, enviaron a Francisco de Espinosa para que apercibiese indios y bastimentos por aquella vía; mas Diego Centeno tuvo noticia, por vía de los indios, del camino de Espinosa y del viaje de Gonzalo Pizarro, porque los indios andaban muy solícitos en traerle nuevas de todo lo que Pizarro hacía y esto era por orden y mandado de Don Cristóbal Paullu Inca (Garcilaso 1959, II: V, xviii, 517).
Garcilaso toma partido contra Paullu Inca, al clasificarlo de traidor contra Gonzalo Pizarro, gobernador rebelde que favoreciera al capitán natural de Badajoz. Además, el cronista cuzqueño desmerece la actuación de Manco Inca atribuyéndole una personalidad cobarde y resignada tras abandonar el asedio del Cuzco ante el ejército invasor. A diferencia de Titu Cusi Yupanqui y el anónimo de la Relación del sitio del Cuzco quienes encomian la rebeldía de Manco, el cuzqueño desautoriza el litigio inca por recuperar las tierras arrebatadas. Evidentemente, era más conveniente para el mestizo que se desarticulara la panaca de Huayna Cápac a fin de que las nuevas autoridades tomaran en cuenta su pedido:
—¡Hermanos y hijos míos! Bien he visto el amor que habéis mostrado en mi servicio, pues con tanto ánimo y tanta prontitud habéis ofrecido vuestras vidas y haciendas, mujeres y hijos, por verme restituído en mi Imperio (…). Pero pues no lo puedo remediar, no es bien porfiar en mi demanda tan a costa de vuestras vidas y salud, deseándoos yo lo contrario. Más quiero verme privado y desposeído de mi Imperio, que ver muertes de mis vasallos, que los amo como a hijos (Garcilaso 1959, I: II, xxix, 201-202).
En la producción literaria del Inca, el sujeto andino no existe por cuanto el autor no lo conocía a totalidad. Aunque las interpretaciones en torno a los códigos andinos recogidos por Mazzotti (1996) —en los Comentarios Reales — están regidas por citas de otros cronistas como Blas Valera, Cieza, Molina, Sarmiento, entre otros; es evidente que las lecturas de Garcilaso durante su estancia en España, le posibilitaron un acercamiento más preciso sobre las Indias occidentales para construir una aproximación fidedigna de quienes habitaban el Nuevo Mundo. Las anotaciones sugeridas por el Inca Garcilaso para referirse al pensamiento indígena siguen las observaciones señaladas por los cronistas ya citados. La construcción de lo andino en la crónica se explicaría por su intenso acercamiento con la orden jesuita; hecho que quedaría plasmado en las fuentes españolas en torno a la mitología incaica (4). La religión andina expuesta por Garcilaso no difiere, en consecuencia, con lo expuesto por otros cronistas peninsulares.
De otro lado, su conocimiento del quechua podría explicarse a partir de su permanencia en el Cuzco; sin embargo, ¿cómo aprendió a manejar tan acertadamente el español? ¿O es que siempre lo habló, mas no así el quechua? La representación de la gramática quechua en los Comentarios evidencia una erudición previa de los vocabularios y artes recogidos por los dominicos y jesuitas establecidos hacía varios años en el naciente Virreinato del Perú; muy por debajo de su espléndida prosa castellana. Contrariamente, el autor de La Florida del Inca nunca se propuso corregir los postulados lexicales y lingüísticos de quienes estudiaron conscientemente la lengua general de los incas. Sus anotaciones al uso de la lengua indígena remiten, necesariamente, a los estudios de los sacerdotes españoles.
3.2. A manera de conclusión
A partir de lo expuesto se podría concluir que los caracteres hispanos en la obra de Garcilaso de la Vega superan a los andinos en la construcción del marco discursivo expuesto en sus crónicas. Desde la relación genealógica de los Pérez de Vargas se anuncia un reclamo por ser reconocido como autor español, a pesar de que en más de una ocasión reafirme su origen amerindio. La propuesta por mantener los lazos con su raíz indígena pasa por mantener la custodia de los presuntos patrimonios de la madre. El texto en cuestión permite precisar, no obstante, la consciente inclinación por favorecer su lado paterno. Por consiguiente es posible afirmar que:
- En la Relación de la descendencia de Garci Pérez de Vargas se expone un primer informe hereditario y judicial que incluya al descendiente mestizo dentro de los títulos otorgados al capitán Garcilaso de la Vega , padre del cronista y conquistador de las Indias occidentales peruanas. Esta pretensión será posteriormente formulada, aunque para confrontar el rechazo a su exclusión como hijo de conquistador en la Historia General del Perú .
- Las proezas heroicas y literarias de la antigua familia toledana constituyen el marco histórico-discursivo de legitimación por parte de Garcilaso. Así, las hazañas que canta en La Florida del Inca permiten observar la destreza escritural del autor así como las virtudes heroicas de los soldados peninsulares ser verán retratadas en las contiendas contra los indígenas americanos. De ahí se entiende su identificación verbal de CON LA ESPADA Y CON LA PLUMA , propia de los poetas españoles como su pariente el insigne toledano Garcilaso de la Vega.
- La estrategia discursiva operada por el Inca en la Relación obedece a los mismos recursos adaptados por los cronistas peninsulares en su intención de describir los asuntos históricos referidos en España como en Indias. De esta manera, Garcilaso recurre a modelos bíblicos para sostener la legitimidad de su origen ante los familiares legítimos del capitán extremeño.
- La escasa representación otorgada a la madre indígena supone la ficticia legitimación de la misma ante la élite andina. De hecho, las únicas propiedades a las que Garcilaso podía aspirar eran las otorgadas a su padre como conquistador del Perú. Los españoles que accedieron a encomiendas, tras la promulgación de las Leyes Nuevas, fueron quienes contrajeron nupcias con indias nobles; razón por la que el cronista cuzqueño tuvo que emigrar a la península.
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2 La aseveración de Garcilaso no tendría sustento, en la medida en que cada inca engendraba un número significativo de hijos. Como él mismo declara, al referirse a Huayna Cápac, “dejó más de doscientos hijos e hijas” (Dumbar 1937: 107). Al respecto, para Cabello de Balboa, “tuvo más de cien hijos” (104) y en la Declaración de los quipocamayos a Vaca de Castro se dice que “tuvo muchos hijos habidos en las mujeres concubinas” (108), mientras que para Guamán Poma de Ayala “tuvo quinientos hijos” (114). Frente a este problema, ¿podía Garcilaso referirse a sí mismo, como hijo de una descendiente real inca?
3 El mismo año que Garcilaso decide radicar en Montilla (1561), el licenciado Polo de Ondegardo (1940) presenta un informe acerca de la posibilidad de perpetuar las encomiendas en las conquistas incas. Polo menciona los tributos que ya pagaban los indios asimilados a la administración cuzqueña, los mismos que podrían pasar a poder de los encomenderos. Nuestro cronista ve en esta información la probabilidad de reclamar los títulos paternos y maternos en Indias.
Al respecto, la “primera encomienda que tuvo el capitán Garcilaso fue la de Tapacarí, en las cercanías de Cochabamba, pero luego le fue cambiada por las de Cotanera y Guamanpallpa (…). Las encomiendas fueron otorgadas en ‘segunda vida’ a la hija de Garcilaso [padre], pero ante su pronta muerte pasaron a la real corona” (Varón 1991-1992: 96). De esta manera, el hijo mestizo creía tener suficientes razones para reclamar los títulos adjudicados a quienes lucharon por la conquista de las nuevas tierras españolas.
4 La adoración al sol y a la luna, sugerida por diversos investigadores, Mazzotti (1996) y Fernández (2004), como propuesta exclusiva del mundo andino no sería tal, por cuanto la religión de los europeos también la toma en cuenta. Así, la fiesta de navidad se produce en el solsticio de invierno (25 de diciembre): claro ejemplo del culto solar. La referencia del escudo garcilasiana, donde los símbolos amerindios remiten a los astros, no debería sugerir algo extraño para sociedades no andinas.
Garcilaso recoge los aportes de otros cronistas para proponer su visión del Tawantinsuyu; contrariamente, agrega construcciones ficcionales donde su imaginación le permite. Así, la Primera parte de los Comentarios Reales está constituida por una compilación de distintos cronistas, españoles y amerindios, y la grandiosa ficción narrativa del escritor mestizo.
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Johnny Zevallos: (Huacho, Perú, 1974) Bachiller en Literatura por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado relatos y artículos de crítica literaria en la revistas Apeiron y Ajos & Zafiros . Colaborador del suplemento cultural Identidades del diario oficial El Peruano y del diario La Primera . |
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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/garcilazo1.htm |
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